MIS TESIS SOBRE EL PAPEL DE LA SEXUALIDAD
EN LA ETIOLOGÍA DE LAS NEUROSIS
Sigmund Freud (1906 [1905])
Resumen:
Opino que la mejor manera de entender mi teoría sobre la importancia del factor sexual en las neurosis es seguir su evolución . No
niego que haya cambiado con el tiempo, lo cual demuestra que se basa en experiencias continuas y profundas, más que en
especulaciones instantáneas. Inicialmente, me centré en la neurastenia y la neurosis de angustia, notando la frecuente presen cia
de trastornos sexuales en los neuróticos. A medida que investigaba estas perturbaciones, descubrí que estaban estrechamente
relacionadas con la forma en que se manifestaba la enfermedad, lo que me llevó a atribuir a los factores sexuales un papel
destacado en la etiología de las neurosis.
Al mismo tiempo, junto con Josef Breuer, investigábamos la psiconeurosis, como la histeria, y llegamos a la conclusión de que los
síntomas histéricos eran el resultado de traumas psíquicos no resueltos, a menudo relacionados con experiencias sexuales
infantiles. Esta conexión entre las psiconeurosis y las neurosis simples demostró la importancia crucial de las experiencias sexuales
en la génesis de ambas.
En resumen, mi teoría sostiene que las vivencias sexuales, especialmente en la infancia, tienen un impacto profundo en el
desarrollo de las neurosis y las psiconeurosis. Aunque pueda parecer extraño que eventos triviales de la infancia puedan caus ar
neurosis crónicas, esta idea destaca la necesidad de prestar atención a las secuelas de las experiencias infantiles, que han sido
subestimadas hasta ahora.
Reservo para más adelante profundizar en si las vivencias sexuales infantiles son la causa de la histeria y la neurosis obses iva. Por
ahora, vuelvo a la forma que mi teoría tomó en publicaciones breves de 1895 y 1896. En ese entonces, destacar los factores
etiológicos permitió contrastar las neurosis comunes, causadas por factores actuales, con las psiconeurosis, cuya raíz estaba en
experiencias sexuales pasadas. La doctrina culminó con la idea de que, dada una vida sexual normal, la neurosis era imposible.
Sin embargo, en diez años de investigación, he superado en gran medida mi punto de vista inicial. Me di cuenta de que había
sobreestimado la frecuencia de los traumas sexuales infantiles, y aprendí a distinguir entre las fantasías y los recuerdos reales de
los pacientes. Esto llevó a una enmienda en mi teoría: los traumas sexuales fueron reemplazados por el concepto de "infantili smo
de la sexualidad". También abandoné la idea de que la elección de neurosis estaba determinada por las experiencias sexuales
infantiles.
En lugar de enfocarme en influencias accidentales, como esperaba resolver el problema de la elección de neurosis, ahora recon ozco
la primacía de los factores constitucionales y hereditarios. En mi doctrina, la "constitución sexual" reemplazó a la disposición
neuropática general. En mis Tres Ensayos sobre Teoría Sexual, recientemente publicados, intenté describir los múltiples aspectos
de esta constitución sexual y las diversas fuentes orgánicas que contribuyen a ella.
Dentro del marco de la concepción modificada sobre los "traumas sexuales infantiles", mi teoría evolucionó en una dirección q ue
ya había señalado en publicaciones de los años 1894 a 1896. En aquel entonces, antes de atribuir a la sexualidad su posición
adecuada en la etiología, había señalado que la eficacia patógena de una experiencia dependía de si era intolerable para el yo y
provocaba un esfuerzo defensivo. Llamé a esta defensa "represión" y la asocié con la escisión psíquica en la histeria.
Investigaciones posteriores en personas normales revelaron que sus historias sexuales infantiles no diferían esencialmente de las
de los neuróticos, y que el papel de la seducción era similar en ambos casos. Esto hizo que los influjos accidentales retrocedieran
aún más ante los de la represión. Así, lo crucial no eran las experiencias sexuales infantiles en sí, sino la reacción del in dividuo ante
ellas: si respondía con represión o no. La represión de la sexualidad infantil a menudo interrumpía su desarroll o natural, dejando
una cuota de "represión sexual" que se manifestaba en la vida adulta, especialmente en situaciones de conflicto entre la libi do y
la represión sexual, dando lugar a síntomas neuróticos.
Para comprender mejor esta parte de la teoría, remito a mis Tres Ensayos sobre Teoría Sexual, donde intenté arrojar algo de l uz
sobre la naturaleza de la sexualidad y la represión. En resumen, la represión de ciertos impulsos sexuales infantiles forma l a base
de la norma sexual adulta, mientras que las perversiones y las neurosis surgen de disturbios en este proceso de represión. La
neurosis puede considerarse el "negativo" de la perversión, ya que las pulsiones perversas, reprimidas en la neurosis, son las
mismas que forman los síntomas neuróticos.
Considero importante resaltar que, en mis concepciones sobre la etiología de las psiconeurosis, siempre mantuve dos puntos de
vista fundamentales: la importancia de la sexualidad y del infantilismo. Aunque cambié otros aspectos, como reemplazar los
influjos accidentales por factores constitucionales y la "defensa" por la "represión sexual" orgánica, nunca abandoné la idea de
que la sexualidad juega un papel crucial en estas enfermedades.
1
Realizado por MatyBuda
EN LA ETIOLOGÍA DE LAS NEUROSIS
Sigmund Freud (1906 [1905])
Resumen:
Opino que la mejor manera de entender mi teoría sobre la importancia del factor sexual en las neurosis es seguir su evolución . No
niego que haya cambiado con el tiempo, lo cual demuestra que se basa en experiencias continuas y profundas, más que en
especulaciones instantáneas. Inicialmente, me centré en la neurastenia y la neurosis de angustia, notando la frecuente presen cia
de trastornos sexuales en los neuróticos. A medida que investigaba estas perturbaciones, descubrí que estaban estrechamente
relacionadas con la forma en que se manifestaba la enfermedad, lo que me llevó a atribuir a los factores sexuales un papel
destacado en la etiología de las neurosis.
Al mismo tiempo, junto con Josef Breuer, investigábamos la psiconeurosis, como la histeria, y llegamos a la conclusión de que los
síntomas histéricos eran el resultado de traumas psíquicos no resueltos, a menudo relacionados con experiencias sexuales
infantiles. Esta conexión entre las psiconeurosis y las neurosis simples demostró la importancia crucial de las experiencias sexuales
en la génesis de ambas.
En resumen, mi teoría sostiene que las vivencias sexuales, especialmente en la infancia, tienen un impacto profundo en el
desarrollo de las neurosis y las psiconeurosis. Aunque pueda parecer extraño que eventos triviales de la infancia puedan caus ar
neurosis crónicas, esta idea destaca la necesidad de prestar atención a las secuelas de las experiencias infantiles, que han sido
subestimadas hasta ahora.
Reservo para más adelante profundizar en si las vivencias sexuales infantiles son la causa de la histeria y la neurosis obses iva. Por
ahora, vuelvo a la forma que mi teoría tomó en publicaciones breves de 1895 y 1896. En ese entonces, destacar los factores
etiológicos permitió contrastar las neurosis comunes, causadas por factores actuales, con las psiconeurosis, cuya raíz estaba en
experiencias sexuales pasadas. La doctrina culminó con la idea de que, dada una vida sexual normal, la neurosis era imposible.
Sin embargo, en diez años de investigación, he superado en gran medida mi punto de vista inicial. Me di cuenta de que había
sobreestimado la frecuencia de los traumas sexuales infantiles, y aprendí a distinguir entre las fantasías y los recuerdos reales de
los pacientes. Esto llevó a una enmienda en mi teoría: los traumas sexuales fueron reemplazados por el concepto de "infantili smo
de la sexualidad". También abandoné la idea de que la elección de neurosis estaba determinada por las experiencias sexuales
infantiles.
En lugar de enfocarme en influencias accidentales, como esperaba resolver el problema de la elección de neurosis, ahora recon ozco
la primacía de los factores constitucionales y hereditarios. En mi doctrina, la "constitución sexual" reemplazó a la disposición
neuropática general. En mis Tres Ensayos sobre Teoría Sexual, recientemente publicados, intenté describir los múltiples aspectos
de esta constitución sexual y las diversas fuentes orgánicas que contribuyen a ella.
Dentro del marco de la concepción modificada sobre los "traumas sexuales infantiles", mi teoría evolucionó en una dirección q ue
ya había señalado en publicaciones de los años 1894 a 1896. En aquel entonces, antes de atribuir a la sexualidad su posición
adecuada en la etiología, había señalado que la eficacia patógena de una experiencia dependía de si era intolerable para el yo y
provocaba un esfuerzo defensivo. Llamé a esta defensa "represión" y la asocié con la escisión psíquica en la histeria.
Investigaciones posteriores en personas normales revelaron que sus historias sexuales infantiles no diferían esencialmente de las
de los neuróticos, y que el papel de la seducción era similar en ambos casos. Esto hizo que los influjos accidentales retrocedieran
aún más ante los de la represión. Así, lo crucial no eran las experiencias sexuales infantiles en sí, sino la reacción del in dividuo ante
ellas: si respondía con represión o no. La represión de la sexualidad infantil a menudo interrumpía su desarroll o natural, dejando
una cuota de "represión sexual" que se manifestaba en la vida adulta, especialmente en situaciones de conflicto entre la libi do y
la represión sexual, dando lugar a síntomas neuróticos.
Para comprender mejor esta parte de la teoría, remito a mis Tres Ensayos sobre Teoría Sexual, donde intenté arrojar algo de l uz
sobre la naturaleza de la sexualidad y la represión. En resumen, la represión de ciertos impulsos sexuales infantiles forma l a base
de la norma sexual adulta, mientras que las perversiones y las neurosis surgen de disturbios en este proceso de represión. La
neurosis puede considerarse el "negativo" de la perversión, ya que las pulsiones perversas, reprimidas en la neurosis, son las
mismas que forman los síntomas neuróticos.
Considero importante resaltar que, en mis concepciones sobre la etiología de las psiconeurosis, siempre mantuve dos puntos de
vista fundamentales: la importancia de la sexualidad y del infantilismo. Aunque cambié otros aspectos, como reemplazar los
influjos accidentales por factores constitucionales y la "defensa" por la "represión sexual" orgánica, nunca abandoné la idea de
que la sexualidad juega un papel crucial en estas enfermedades.
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Realizado por MatyBuda