LA REPRESIÓN (141-7, 149-50)
Sigmund Freud (1915)
Resumen:
Tenemos motivos para pensar que una moción pulsional puede enfrentarse a resistencias que intenten hacerla ineficaz, lo que
lleva al estado de represión. Si se tratara de un estímulo externo, la huida sería adecuada, pero en el caso de la pulsión, escapar
no es posible, ya que el yo no puede evadirse de sí mismo.
Más tarde, el juicio adverso se convierte en un recurso contra la moción pulsional, pero antes de eso, la represión sirve como una
etapa intermedia entre la huida y el juicio adverso, cuyo concepto se desarrolló gracias a los estudios psicoanalíticos. La represión
no es fácil de deducir teóricamente; sin embargo, su condición se cumple cuando el logro de la meta pulsional resulta en displacer
en lugar de placer, lo que implica que el placer de satisfacción se convierte en displacer en algún punto.
La experiencia clínica muestra que la represión es necesaria cuando la satisfacción de la pulsión, aunque placentera en sí misma,
entra en conflicto con otras demandas y objetivos, produciendo placer en un lugar y displacer en otro. Además, la represión no es
un mecanismo de defensa original; surge después de la separación entre la actividad consciente e inconsciente del alma.
La represión y el inconsciente están estrechamente relacionados, y profundizar en la esencia de la represión requiere entender
mejor la composición de las instancias psíquicas y la diferenciación entre lo inconsciente y lo consciente.
Bajo la influencia del estudio de las psiconeurosis, tendemos a sobrestimar el contenido psicológico de la represión, olvidando que
esta no elimina la existencia ni el desarrollo de la agencia representante de pulsión en lo inconsciente. La represión perturba
principalmente el vínculo con el sistema psíquico consciente. Sin embargo, el psicoanálisis revela que la agencia representante de
pulsión se desarrolla con mayor riqueza y menos interferencias cuando está sustraída del influjo consciente.
Cuando los retoños de lo reprimido han alcanzado suficiente distancia del representante reprimido o han sido desfigurados lo
suficiente, tienen acceso directo a lo consciente. La práctica psicoanalítica muestra que estos retoños pueden superar la censura
consciente del paciente. Los síntomas neuróticos también cumplen esta condición y son retoños de lo reprimido que, a través de
estas formaciones, logran acceder a la conciencia.
La desfiguración y el distanciamiento de lo reprimido determinan hasta qué punto los retoños pueden acceder a lo consciente. La
represión opera de manera altamente individual, y pequeñas variaciones en la desfiguración pueden cambiar radicalmente el
resultado. Los objetos predilectos e ideales de las personas pueden originarse de las mismas percepciones que los objetos
aborrecidos, diferenciándose solo por mínimas modificaciones.
En algunos casos, la agencia representante original de pulsión se divide en fragmentos, donde uno sufre represión y el otro
experimenta idealización. Cambios en las condiciones de producción de placer-displacer pueden cancelar temporalmente la
represión, pero generalmente se restablece pronto. La represión es un proceso continuo y móvil, que requiere un constante gasto
de energía para mantenerla. El estado del sueño es el único en el cual se puede formar el sueño, ya que, al despertar, las
investiduras de represión se emiten de nuevo.
Por último, es importante recordar que cuando afirmamos que una moción pulsional está reprimida, estamos diciendo muy poco,
ya que incluso bajo represión puede encontrarse en diversos estados. Puede estar inactiva, con poca energía psíquica, o investida
en grados variables y lista para la actividad. Su activación no cancela directamente la represión, sino que activa procesos que
eventualmente llegan a la conciencia de manera indirecta.
En el caso de los retoños no reprimidos del inconsciente, la cantidad de activación o investidura suele determinar su destino. Es
común que un retoño permanezca no reprimido mientras tenga una energía baja, incluso si su contenido pudiese provocar conflicto
con lo consciente. El factor cuantitativo es crucial para el conflicto; cuando la representación alcanza cierto grado de intensidad, el
conflicto se vuelve actual y la activación conduce a la represión.
Por lo tanto, en el contexto de la represión, un aumento en la energía invertida actúa de manera similar a una aproximación al
inconsciente, mientras que una disminución actúa como un distanciamiento o desfiguración. Esto nos permite entender que las
tendencias represoras pueden encontrar en la disminución de lo desagradable un sustituto para su represión.
Es evidente que la especulación ya no nos sirve aquí, y debemos dejarla de lado en favor de un análisis detenido de los resultados
de la represión observables en las diferentes neurosis. Sin embargo, propongo que también posterguemos este trabajo hasta que
tengamos representaciones confiables sobre el vínculo entre lo consciente y lo inconsciente.
1
Realizado por MatyBuda
Sigmund Freud (1915)
Resumen:
Tenemos motivos para pensar que una moción pulsional puede enfrentarse a resistencias que intenten hacerla ineficaz, lo que
lleva al estado de represión. Si se tratara de un estímulo externo, la huida sería adecuada, pero en el caso de la pulsión, escapar
no es posible, ya que el yo no puede evadirse de sí mismo.
Más tarde, el juicio adverso se convierte en un recurso contra la moción pulsional, pero antes de eso, la represión sirve como una
etapa intermedia entre la huida y el juicio adverso, cuyo concepto se desarrolló gracias a los estudios psicoanalíticos. La represión
no es fácil de deducir teóricamente; sin embargo, su condición se cumple cuando el logro de la meta pulsional resulta en displacer
en lugar de placer, lo que implica que el placer de satisfacción se convierte en displacer en algún punto.
La experiencia clínica muestra que la represión es necesaria cuando la satisfacción de la pulsión, aunque placentera en sí misma,
entra en conflicto con otras demandas y objetivos, produciendo placer en un lugar y displacer en otro. Además, la represión no es
un mecanismo de defensa original; surge después de la separación entre la actividad consciente e inconsciente del alma.
La represión y el inconsciente están estrechamente relacionados, y profundizar en la esencia de la represión requiere entender
mejor la composición de las instancias psíquicas y la diferenciación entre lo inconsciente y lo consciente.
Bajo la influencia del estudio de las psiconeurosis, tendemos a sobrestimar el contenido psicológico de la represión, olvidando que
esta no elimina la existencia ni el desarrollo de la agencia representante de pulsión en lo inconsciente. La represión perturba
principalmente el vínculo con el sistema psíquico consciente. Sin embargo, el psicoanálisis revela que la agencia representante de
pulsión se desarrolla con mayor riqueza y menos interferencias cuando está sustraída del influjo consciente.
Cuando los retoños de lo reprimido han alcanzado suficiente distancia del representante reprimido o han sido desfigurados lo
suficiente, tienen acceso directo a lo consciente. La práctica psicoanalítica muestra que estos retoños pueden superar la censura
consciente del paciente. Los síntomas neuróticos también cumplen esta condición y son retoños de lo reprimido que, a través de
estas formaciones, logran acceder a la conciencia.
La desfiguración y el distanciamiento de lo reprimido determinan hasta qué punto los retoños pueden acceder a lo consciente. La
represión opera de manera altamente individual, y pequeñas variaciones en la desfiguración pueden cambiar radicalmente el
resultado. Los objetos predilectos e ideales de las personas pueden originarse de las mismas percepciones que los objetos
aborrecidos, diferenciándose solo por mínimas modificaciones.
En algunos casos, la agencia representante original de pulsión se divide en fragmentos, donde uno sufre represión y el otro
experimenta idealización. Cambios en las condiciones de producción de placer-displacer pueden cancelar temporalmente la
represión, pero generalmente se restablece pronto. La represión es un proceso continuo y móvil, que requiere un constante gasto
de energía para mantenerla. El estado del sueño es el único en el cual se puede formar el sueño, ya que, al despertar, las
investiduras de represión se emiten de nuevo.
Por último, es importante recordar que cuando afirmamos que una moción pulsional está reprimida, estamos diciendo muy poco,
ya que incluso bajo represión puede encontrarse en diversos estados. Puede estar inactiva, con poca energía psíquica, o investida
en grados variables y lista para la actividad. Su activación no cancela directamente la represión, sino que activa procesos que
eventualmente llegan a la conciencia de manera indirecta.
En el caso de los retoños no reprimidos del inconsciente, la cantidad de activación o investidura suele determinar su destino. Es
común que un retoño permanezca no reprimido mientras tenga una energía baja, incluso si su contenido pudiese provocar conflicto
con lo consciente. El factor cuantitativo es crucial para el conflicto; cuando la representación alcanza cierto grado de intensidad, el
conflicto se vuelve actual y la activación conduce a la represión.
Por lo tanto, en el contexto de la represión, un aumento en la energía invertida actúa de manera similar a una aproximación al
inconsciente, mientras que una disminución actúa como un distanciamiento o desfiguración. Esto nos permite entender que las
tendencias represoras pueden encontrar en la disminución de lo desagradable un sustituto para su represión.
Es evidente que la especulación ya no nos sirve aquí, y debemos dejarla de lado en favor de un análisis detenido de los resultados
de la represión observables en las diferentes neurosis. Sin embargo, propongo que también posterguemos este trabajo hasta que
tengamos representaciones confiables sobre el vínculo entre lo consciente y lo inconsciente.
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Realizado por MatyBuda