LO INCONSCIENTE (CAP. III)
Sigmund Freud (1915)
Resumen:
III. SENTIMIENTOS INCONCIENTES
Hemos delimitado el debate anterior a las representaciones, y ahora planteamos un nuevo problema: ¿Existen movimientos
pulsionales, sentimientos o sensaciones inconscientes, o es absurdo formar tales compuestos?
Opinamos que la oposición entre consciente e inconsciente carece de relevancia para la pulsión. Una pulsión nunca puede ser
objeto de conciencia; solo puede serlo la representación que la simboliza. Del mismo modo, en el inconsciente, la pulsión solo
puede estar representada a través de la representación. Por tanto, cuando hablamos de una pulsión inconsciente o reprimida, es
solo por un descuido en la expresión.
Respecto a los sentimientos y sensaciones inconscientes, encontramos una diferencia importante con las representaciones: estas
últimas persisten como formaciones reales en el sistema Icc, mientras que los afectos inconscientes solo tienen una posibilidad de
presentación, sin desarrollarse completamente.
Resumidamente, aunque en la práctica psicoanalítica se habla de afectos inconscientes, la diferencia con las representaciones
radica en que estas últimas tienen una existencia más sólida en el inconsciente que los afectos.
Hemos descubierto con especial interés que la represión puede inhibir la expresión de la pulsión en forma de afecto. Esto revela
que el sistema Cc normalmente controla tanto la afectividad como la motilidad, destacando el papel crucial de la represión al
coartar el desarrollo del afecto y la actividad muscular, no solo limitando la conciencia.
Podemos decir, en sentido inverso, que mientras el sistema Cc gobierna la afectividad y la motilidad, consideramos normal el
estado psíquico del individuo. Sin embargo, hay una clara diferencia en su relación con estas dos acciones de descarga. Aunque su
control sobre la motilidad voluntaria es firme, su dominio sobre el desarrollo del afecto es menos sólido, evidenciando una lucha
constante entre ambos sistemas.
La relevancia del sistema Cc para el desprendimiento del afecto y la acción también nos ayuda a entender el papel de la
representación sustitutiva en la formación de la enfermedad. A menudo, la pulsión debe esperar hasta encontrar una
representación sustitutiva en el sistema Cc para poder desarrollarse como afecto. En este proceso, el carácter cualitativo del afecto
es determinado por la naturaleza de este sustituto consciente.
Concisamente, la represión separa el afecto de su representación, pero el proceso real implica que el afecto no se manifieste hasta
que haya una nueva subrogación en el sistema Cc.
Explicación y conclusión:
El texto aborda la cuestión de si existen movimientos pulsionales, sentimientos o sensaciones inconscientes, planteando que la
distinción entre consciente e inconsciente carece de relevancia para la pulsión. Se argumenta que una pulsión nunca puede ser
objeto de conciencia directa, sino que solo puede ser representada por una representación simbólica. Del mismo modo, en el
inconsciente, la pulsión solo puede estar representada a través de la representación.
Respecto a los sentimientos y sensaciones inconscientes, se señala que, a diferencia de las representaciones, estas persisten solo
como posibilidades de presentación en el sistema Cc, sin llegar a desarrollarse completamente. En resumen, aunque se hable de
afectos inconscientes en la práctica psicoanalítica, la diferencia con las representaciones radica en que estas últimas tienen una
existencia más sólida en el inconsciente que los afectos.
Se destaca el descubrimiento de que la represión puede inhibir la expresión de la pulsión en forma de afecto, revelando que el
sistema Cc normalmente controla tanto la afectividad como la motilidad. Sin embargo, se observa una diferencia en su relación
con estas dos acciones de descarga: mientras su control sobre la motilidad es firme, su dominio sobre el desarrollo del afecto es
menos sólido, evidenciando una lucha constante entre ambos sistemas.
Se concluye que la represión separa el afecto de su representación, pero el proceso real implica que el afecto no se manifieste
hasta que haya una nueva subrogación en el sistema Cc. En resumen, el texto destaca la compleja relación entre la pulsión, los
afectos y las representaciones, así como el papel crucial de la represión en la regulación de la vida psíquica.
1
Realizado por MatyBuda
Sigmund Freud (1915)
Resumen:
III. SENTIMIENTOS INCONCIENTES
Hemos delimitado el debate anterior a las representaciones, y ahora planteamos un nuevo problema: ¿Existen movimientos
pulsionales, sentimientos o sensaciones inconscientes, o es absurdo formar tales compuestos?
Opinamos que la oposición entre consciente e inconsciente carece de relevancia para la pulsión. Una pulsión nunca puede ser
objeto de conciencia; solo puede serlo la representación que la simboliza. Del mismo modo, en el inconsciente, la pulsión solo
puede estar representada a través de la representación. Por tanto, cuando hablamos de una pulsión inconsciente o reprimida, es
solo por un descuido en la expresión.
Respecto a los sentimientos y sensaciones inconscientes, encontramos una diferencia importante con las representaciones: estas
últimas persisten como formaciones reales en el sistema Icc, mientras que los afectos inconscientes solo tienen una posibilidad de
presentación, sin desarrollarse completamente.
Resumidamente, aunque en la práctica psicoanalítica se habla de afectos inconscientes, la diferencia con las representaciones
radica en que estas últimas tienen una existencia más sólida en el inconsciente que los afectos.
Hemos descubierto con especial interés que la represión puede inhibir la expresión de la pulsión en forma de afecto. Esto revela
que el sistema Cc normalmente controla tanto la afectividad como la motilidad, destacando el papel crucial de la represión al
coartar el desarrollo del afecto y la actividad muscular, no solo limitando la conciencia.
Podemos decir, en sentido inverso, que mientras el sistema Cc gobierna la afectividad y la motilidad, consideramos normal el
estado psíquico del individuo. Sin embargo, hay una clara diferencia en su relación con estas dos acciones de descarga. Aunque su
control sobre la motilidad voluntaria es firme, su dominio sobre el desarrollo del afecto es menos sólido, evidenciando una lucha
constante entre ambos sistemas.
La relevancia del sistema Cc para el desprendimiento del afecto y la acción también nos ayuda a entender el papel de la
representación sustitutiva en la formación de la enfermedad. A menudo, la pulsión debe esperar hasta encontrar una
representación sustitutiva en el sistema Cc para poder desarrollarse como afecto. En este proceso, el carácter cualitativo del afecto
es determinado por la naturaleza de este sustituto consciente.
Concisamente, la represión separa el afecto de su representación, pero el proceso real implica que el afecto no se manifieste hasta
que haya una nueva subrogación en el sistema Cc.
Explicación y conclusión:
El texto aborda la cuestión de si existen movimientos pulsionales, sentimientos o sensaciones inconscientes, planteando que la
distinción entre consciente e inconsciente carece de relevancia para la pulsión. Se argumenta que una pulsión nunca puede ser
objeto de conciencia directa, sino que solo puede ser representada por una representación simbólica. Del mismo modo, en el
inconsciente, la pulsión solo puede estar representada a través de la representación.
Respecto a los sentimientos y sensaciones inconscientes, se señala que, a diferencia de las representaciones, estas persisten solo
como posibilidades de presentación en el sistema Cc, sin llegar a desarrollarse completamente. En resumen, aunque se hable de
afectos inconscientes en la práctica psicoanalítica, la diferencia con las representaciones radica en que estas últimas tienen una
existencia más sólida en el inconsciente que los afectos.
Se destaca el descubrimiento de que la represión puede inhibir la expresión de la pulsión en forma de afecto, revelando que el
sistema Cc normalmente controla tanto la afectividad como la motilidad. Sin embargo, se observa una diferencia en su relación
con estas dos acciones de descarga: mientras su control sobre la motilidad es firme, su dominio sobre el desarrollo del afecto es
menos sólido, evidenciando una lucha constante entre ambos sistemas.
Se concluye que la represión separa el afecto de su representación, pero el proceso real implica que el afecto no se manifieste
hasta que haya una nueva subrogación en el sistema Cc. En resumen, el texto destaca la compleja relación entre la pulsión, los
afectos y las representaciones, así como el papel crucial de la represión en la regulación de la vida psíquica.
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