Hepatitis .
La hepatitis es un proceso inflamatorio del hígado que produce lesión de los hepatocitos y
puede alterar, en diferente grado, las funciones metabólicas, excretoras y sintéticas
hepáticas. Según su etiología, puede dividirse en:
● Hepatitis virales: causadas principalmente por los virus de hepatitis A, B, C, D y E.
● Hepatitis no virales: incluyen hepatitis autoinmune, hepatitis asociada al consumo de
alcohol, lesión hepática inducida por fármacos o tóxicos, causas metabólicas y
hepatitis isquémica.
Según su duración, una hepatitis puede ser aguda o crónica. Esta
distinción es especialmente importante en las hepatitis virales, porque A y
E habitualmente producen infecciones agudas que se resuelven, mientras
que B, C y D pueden producir enfermedad crónica. Además, muchas
infecciones virales pueden ser asintomáticas, por lo que una persona
puede desconocer la infección. Esto adquiere particular importancia en las
hepatitis B y C crónicas.
La hepatitis viral aguda es una infección sistémica. Casi todos los casos son causados por
uno de los cinco agentes virales: el virus de la hepatitis A (VHA), el virus de la hepatitis B
(VHB), el virus de la hepatitis C (VHC), el agente delta asociado al VHB o virus de la
hepatitis D (VHD) y el virus de la hepatitis E (VHE). Si bien estos agentes se pueden
distinguir por sus propiedades moleculares y antigénicas, todos los tipos de hepatitis viral
producen enfermedades agudas clínicamente similares. Estas varían desde infecciones
agudas asintomáticas e inaparentes hasta infecciones agudas fulminantes y fatales, que
pueden observarse en todos los tipos. Por otro lado, los tipos transmitidos por la sangre
(VHB, VHC, VHD) también pueden manifestar un espectro de enfermedad crónica, desde
infecciones subclínicas y persistentes hasta enfermedad hepática crónica de rápida
progresión con cirrosis e incluso carcinoma hepatocelular. En raras ocasiones, las
infecciones por otros virus (p. ej., citomegalovirus, virus de Epstein-Barr, otros virus del
herpes, SARS-CoV-2) pueden asociarse con hepatitis leve o grave, incluso fulminante, más
frecuentemente en personas inmunocomprometidas, pero también en personas sanas.
Fisiopatología general de las hepatitis virales
Los virus A, C, D y E poseen genoma de ARN, mientras que el virus de hepatitis B posee
ADN parcialmente bicatenario. El VHB pertenece a la familia Hepadnaviridae. Es particular
porque durante su replicación utiliza una transcriptasa reversa, pero eso no lo convierte en
un retrovirus. Una vez que el virus infecta al hepatocito, utiliza distintos mecanismos
celulares y virales para replicarse y producir nuevas partículas virales.
¿Cómo se produce el daño hepático?
En muchas hepatitis virales, especialmente en hepatitis B, gran parte de la lesión
hepatocelular no se debe a que el virus simplemente rompa o lise directamente al
hepatocito, sino a la respuesta inmunitaria contra las células infectadas. Los hepatocitos
infectados presentan péptidos derivados de proteínas virales mediante moléculas de MHC
, clase I. Estos son reconocidos por los linfocitos T CD8+ citotóxicos, que pueden inducir la
apoptosis de las células infectadas mediante diferentes mecanismos, incluyendo perforinas
y granzimas. Además, se liberan mediadores inflamatorios y citocinas que contribuyen a la
inflamación hepática y a las manifestaciones sistémicas.
¿Por qué aparecen los síntomas?
Durante la respuesta inflamatoria se liberan citocinas como IL-1, IL-6 y TNF-α, entre otras.
Estos mediadores contribuyen a las manifestaciones sistémicas de la infección, como fiebre,
astenia, anorexia y malestar general. Las náuseas, vómitos y pérdida del apetito también
forman parte del síndrome sistémico asociado a la inflamación y a las alteraciones
metabólicas producidas por la enfermedad hepática. La inflamación hepática también puede
producir hepatomegalia y molestias o dolor en el hipocondrio derecho.
Evolución clínica de una hepatitis viral aguda
Los periodos de incubación varían según el agente responsable:
➔ Hepatitis A: 15-45 días (promedio 4 semanas)
➔ Hepatitis B y D: 30-180 días (promedio 8-12 semanas)
➔ Hepatitis C: 15-160 días (promedio 7 semanas)
➔ Hepatitis E: 14-60 días (promedio 5-6 semanas)
Cuando una hepatitis viral aguda es sintomática, clásicamente puede atravesar diferentes
fases.
1. Fase prodrómica o preictérica: Inicialmente pueden aparecer síntomas
inespecíficos como malestar general, cansancio, anorexia, náuseas, vómitos, fiebre
y molestias abdominales, especialmente en hipocondrio derecho.
2. Fase ictérica: Posteriormente puede aparecer ictericia, debido al aumento de
bilirrubina plasmática. También puede producirse coluria (orina oscura debido a la
eliminación renal de bilirrubina conjugada). Las heces pueden volverse más claras,
especialmente si existe un componente colestásico importante.
3. Fase de convalecencia: Si la infección se resuelve, disminuyen progresivamente la
inflamación y los síntomas y se normalizan las alteraciones bioquímicas. Pero esto
depende del virus: B, C y D tienen capacidad de producir infección crónica, mientras
que A no cronifica y E generalmente tampoco.
Muchos pacientes no desarrollan ictericia (hepatitis anictérica), y en la clínica, la
probabilidad de ictericia varía según el virus (por ejemplo, es sustancialmente más común
en la hepatitis B aguda que en la hepatitis C aguda). Con la aparición de ictericia clínica, los
síntomas prodrómicos constitucionales suelen disminuir, pero en algunos pacientes es
común una leve pérdida de peso (2,5-5 kg) y puede continuar durante toda la fase ictérica.
La hepatitis es un proceso inflamatorio del hígado que produce lesión de los hepatocitos y
puede alterar, en diferente grado, las funciones metabólicas, excretoras y sintéticas
hepáticas. Según su etiología, puede dividirse en:
● Hepatitis virales: causadas principalmente por los virus de hepatitis A, B, C, D y E.
● Hepatitis no virales: incluyen hepatitis autoinmune, hepatitis asociada al consumo de
alcohol, lesión hepática inducida por fármacos o tóxicos, causas metabólicas y
hepatitis isquémica.
Según su duración, una hepatitis puede ser aguda o crónica. Esta
distinción es especialmente importante en las hepatitis virales, porque A y
E habitualmente producen infecciones agudas que se resuelven, mientras
que B, C y D pueden producir enfermedad crónica. Además, muchas
infecciones virales pueden ser asintomáticas, por lo que una persona
puede desconocer la infección. Esto adquiere particular importancia en las
hepatitis B y C crónicas.
La hepatitis viral aguda es una infección sistémica. Casi todos los casos son causados por
uno de los cinco agentes virales: el virus de la hepatitis A (VHA), el virus de la hepatitis B
(VHB), el virus de la hepatitis C (VHC), el agente delta asociado al VHB o virus de la
hepatitis D (VHD) y el virus de la hepatitis E (VHE). Si bien estos agentes se pueden
distinguir por sus propiedades moleculares y antigénicas, todos los tipos de hepatitis viral
producen enfermedades agudas clínicamente similares. Estas varían desde infecciones
agudas asintomáticas e inaparentes hasta infecciones agudas fulminantes y fatales, que
pueden observarse en todos los tipos. Por otro lado, los tipos transmitidos por la sangre
(VHB, VHC, VHD) también pueden manifestar un espectro de enfermedad crónica, desde
infecciones subclínicas y persistentes hasta enfermedad hepática crónica de rápida
progresión con cirrosis e incluso carcinoma hepatocelular. En raras ocasiones, las
infecciones por otros virus (p. ej., citomegalovirus, virus de Epstein-Barr, otros virus del
herpes, SARS-CoV-2) pueden asociarse con hepatitis leve o grave, incluso fulminante, más
frecuentemente en personas inmunocomprometidas, pero también en personas sanas.
Fisiopatología general de las hepatitis virales
Los virus A, C, D y E poseen genoma de ARN, mientras que el virus de hepatitis B posee
ADN parcialmente bicatenario. El VHB pertenece a la familia Hepadnaviridae. Es particular
porque durante su replicación utiliza una transcriptasa reversa, pero eso no lo convierte en
un retrovirus. Una vez que el virus infecta al hepatocito, utiliza distintos mecanismos
celulares y virales para replicarse y producir nuevas partículas virales.
¿Cómo se produce el daño hepático?
En muchas hepatitis virales, especialmente en hepatitis B, gran parte de la lesión
hepatocelular no se debe a que el virus simplemente rompa o lise directamente al
hepatocito, sino a la respuesta inmunitaria contra las células infectadas. Los hepatocitos
infectados presentan péptidos derivados de proteínas virales mediante moléculas de MHC
, clase I. Estos son reconocidos por los linfocitos T CD8+ citotóxicos, que pueden inducir la
apoptosis de las células infectadas mediante diferentes mecanismos, incluyendo perforinas
y granzimas. Además, se liberan mediadores inflamatorios y citocinas que contribuyen a la
inflamación hepática y a las manifestaciones sistémicas.
¿Por qué aparecen los síntomas?
Durante la respuesta inflamatoria se liberan citocinas como IL-1, IL-6 y TNF-α, entre otras.
Estos mediadores contribuyen a las manifestaciones sistémicas de la infección, como fiebre,
astenia, anorexia y malestar general. Las náuseas, vómitos y pérdida del apetito también
forman parte del síndrome sistémico asociado a la inflamación y a las alteraciones
metabólicas producidas por la enfermedad hepática. La inflamación hepática también puede
producir hepatomegalia y molestias o dolor en el hipocondrio derecho.
Evolución clínica de una hepatitis viral aguda
Los periodos de incubación varían según el agente responsable:
➔ Hepatitis A: 15-45 días (promedio 4 semanas)
➔ Hepatitis B y D: 30-180 días (promedio 8-12 semanas)
➔ Hepatitis C: 15-160 días (promedio 7 semanas)
➔ Hepatitis E: 14-60 días (promedio 5-6 semanas)
Cuando una hepatitis viral aguda es sintomática, clásicamente puede atravesar diferentes
fases.
1. Fase prodrómica o preictérica: Inicialmente pueden aparecer síntomas
inespecíficos como malestar general, cansancio, anorexia, náuseas, vómitos, fiebre
y molestias abdominales, especialmente en hipocondrio derecho.
2. Fase ictérica: Posteriormente puede aparecer ictericia, debido al aumento de
bilirrubina plasmática. También puede producirse coluria (orina oscura debido a la
eliminación renal de bilirrubina conjugada). Las heces pueden volverse más claras,
especialmente si existe un componente colestásico importante.
3. Fase de convalecencia: Si la infección se resuelve, disminuyen progresivamente la
inflamación y los síntomas y se normalizan las alteraciones bioquímicas. Pero esto
depende del virus: B, C y D tienen capacidad de producir infección crónica, mientras
que A no cronifica y E generalmente tampoco.
Muchos pacientes no desarrollan ictericia (hepatitis anictérica), y en la clínica, la
probabilidad de ictericia varía según el virus (por ejemplo, es sustancialmente más común
en la hepatitis B aguda que en la hepatitis C aguda). Con la aparición de ictericia clínica, los
síntomas prodrómicos constitucionales suelen disminuir, pero en algunos pacientes es
común una leve pérdida de peso (2,5-5 kg) y puede continuar durante toda la fase ictérica.