Los Invasores
Egon Wolff
Desde una edad temprana, Wolff había sentido inquietud por la
creación literaria y por las dinámicas sociales del país. Al venir de
una familia burguesa, donde existía presión por lograr el éxito a
través de una carrera “decente”, Wolff suprimió su pasión por el
teatro y estudió Ingeniería Química. Más adelante, su esposa lo
empujaría a seguir su sueño, a pesar de la carga que ésto
significaba para la familia.
Una de las características más importantes en las obras de Wolff es
la idea de circulación permanente, y, por lo mismo, sus obras no
tienen resolución, sino una nueva interpretación. En “Los Invasores”,
Wolff hace un llamado a la acción a la clase burguesa, dueña del
dinero, a despertar y hacer cambios que favorezcan al resto de los
ciudadanos.
Recuerda que, igual que sus obras, aunque en mayor escala,
momentos como la Revolución Cubana y la elección de Allende
engendraron mucho temor y polarización, puesto que “Si hay algo
que a la gente le da miedo es que le quiten el piso debajo de los
pies”.
Según Wolff, ésa es la verdadera función del teatro; plantear una
situación que la gente evita vivir. La gente le teme al cambio, y por
lo mismo prefieren creer que el equilibrio social es estable y justo,
aunque ése equilibrio esté realmente basado en desequilibrios.
Así como la sociedad prefiere lo inmediato y superficial, el teatro
también ha perdido su intimidad, y privilegiado la inmediatez.
Según Wolff, éste es un gran problema, porque “dentro de todo ese
mundo (...), viven seres humanos solos, sufriendo su problema
mudamente”.
Wolff se preguntaba si sus obras realmente aportaban lo necesario
para crear cambio. Aún tras la publicación de “Los Invasores”, hay
gente que gana el sueldo mínimo, y otras que ganan 20 millones.
En 2012, Wolff comunicó que ya no escribiría más. Decía ya no
tener cabida, y estaba seguro de que, en caso de presentar otra
obra, los productores la rechazarían. Aún así, espera que, siguiendo
, su lógica de circulación permanente, algún día vuelva el “buen
teatro, basado en el humanismo y las buenas formas”.
Personajes
Lucas Meyer
Pietá
Marcela
Bobby
China
Toletole
El Mariscal
El Manigua
El Cojo
Familia Andreani
Cuadro 1
Nos situamos en un living de la alta burguesía. Hay una puerta que
da hacia la entrada, una ventana y unas escaleras que desembocan
en el segundo piso. Lucas Meyer, de 50 años, y Pietá, su mujer,
regresan de una junta nocturna en la casa de los Andreani, muy
felices. Pietá luce radiante y da giros en la habitación. “La vida es un
sueño! Somos ricos!” dice. Menciona que entre ella y Lucas jamás
ha habido una discusión ni nada por el estilo, que siempre han
vivido en armonía. A pesar de que Meyer dice que ser rico significa
tener felicidad y estabilidad, Pietá siente un poco de miedo. Desde
su matrimonio, hace 20 años, todo ha ido perfectamente; cada
inversión de Lucas, cada producto, cada estrategia. ¡Hasta habían
comprado la mansión! Pietá teme que sus bendiciones se vayan tan
pronto como llegaron. Meyer le dice que no fue tan fácil como ella
dice, pero ella insiste que siente vértigo o “peligroso desequilibrio”
por la gran velocidad a la que han avanzado. Meyer lo niega y
cuenta que unos días atrás unas monjas habían ido a la fábrica a
pedir limosna. Meyer, instintivamente, les escribió un cheque
gigante antes de que ellas pudieran hablar. Dice que es algo
instintivo, algo moral, pero tal vez tiene que ver con la culpa…
Lucas y Pietá tienen dos hijos, Marcela y Bobby, quien resalta por su
ideología.
Egon Wolff
Desde una edad temprana, Wolff había sentido inquietud por la
creación literaria y por las dinámicas sociales del país. Al venir de
una familia burguesa, donde existía presión por lograr el éxito a
través de una carrera “decente”, Wolff suprimió su pasión por el
teatro y estudió Ingeniería Química. Más adelante, su esposa lo
empujaría a seguir su sueño, a pesar de la carga que ésto
significaba para la familia.
Una de las características más importantes en las obras de Wolff es
la idea de circulación permanente, y, por lo mismo, sus obras no
tienen resolución, sino una nueva interpretación. En “Los Invasores”,
Wolff hace un llamado a la acción a la clase burguesa, dueña del
dinero, a despertar y hacer cambios que favorezcan al resto de los
ciudadanos.
Recuerda que, igual que sus obras, aunque en mayor escala,
momentos como la Revolución Cubana y la elección de Allende
engendraron mucho temor y polarización, puesto que “Si hay algo
que a la gente le da miedo es que le quiten el piso debajo de los
pies”.
Según Wolff, ésa es la verdadera función del teatro; plantear una
situación que la gente evita vivir. La gente le teme al cambio, y por
lo mismo prefieren creer que el equilibrio social es estable y justo,
aunque ése equilibrio esté realmente basado en desequilibrios.
Así como la sociedad prefiere lo inmediato y superficial, el teatro
también ha perdido su intimidad, y privilegiado la inmediatez.
Según Wolff, éste es un gran problema, porque “dentro de todo ese
mundo (...), viven seres humanos solos, sufriendo su problema
mudamente”.
Wolff se preguntaba si sus obras realmente aportaban lo necesario
para crear cambio. Aún tras la publicación de “Los Invasores”, hay
gente que gana el sueldo mínimo, y otras que ganan 20 millones.
En 2012, Wolff comunicó que ya no escribiría más. Decía ya no
tener cabida, y estaba seguro de que, en caso de presentar otra
obra, los productores la rechazarían. Aún así, espera que, siguiendo
, su lógica de circulación permanente, algún día vuelva el “buen
teatro, basado en el humanismo y las buenas formas”.
Personajes
Lucas Meyer
Pietá
Marcela
Bobby
China
Toletole
El Mariscal
El Manigua
El Cojo
Familia Andreani
Cuadro 1
Nos situamos en un living de la alta burguesía. Hay una puerta que
da hacia la entrada, una ventana y unas escaleras que desembocan
en el segundo piso. Lucas Meyer, de 50 años, y Pietá, su mujer,
regresan de una junta nocturna en la casa de los Andreani, muy
felices. Pietá luce radiante y da giros en la habitación. “La vida es un
sueño! Somos ricos!” dice. Menciona que entre ella y Lucas jamás
ha habido una discusión ni nada por el estilo, que siempre han
vivido en armonía. A pesar de que Meyer dice que ser rico significa
tener felicidad y estabilidad, Pietá siente un poco de miedo. Desde
su matrimonio, hace 20 años, todo ha ido perfectamente; cada
inversión de Lucas, cada producto, cada estrategia. ¡Hasta habían
comprado la mansión! Pietá teme que sus bendiciones se vayan tan
pronto como llegaron. Meyer le dice que no fue tan fácil como ella
dice, pero ella insiste que siente vértigo o “peligroso desequilibrio”
por la gran velocidad a la que han avanzado. Meyer lo niega y
cuenta que unos días atrás unas monjas habían ido a la fábrica a
pedir limosna. Meyer, instintivamente, les escribió un cheque
gigante antes de que ellas pudieran hablar. Dice que es algo
instintivo, algo moral, pero tal vez tiene que ver con la culpa…
Lucas y Pietá tienen dos hijos, Marcela y Bobby, quien resalta por su
ideología.