IDEAS QUE SE TRANSFORMAN EN OBJETOS
DEL SENTIDO COMÚN
Serge Moscovici (1979)
Resumen:
1. LA OBJETIVACIÓN
¿Cómo formamos la representación de un objeto social para eludir la amenaza que representa y restaurar la identidad que
cuestiona? No podemos responder de manera completa a esta pregunta. Además, el verbo "se forma" aquí no tiene significado
genético; más bien, designa un probable encadenamiento de fenómenos que se puede esperar que algún día la observación
experimental valide. Sin embargo, no se trata de simples hipótesis. Este encadenamiento se obtuvo a partir de relacionar una serie
de análisis y el material de la encuesta está presente para afianzar nuestras afirmaciones y corregir lo que pudiera tener de artificial.
Una representación social se elabora de acuerdo con dos procesos fundamentales: la objetivación y el anclaje. La lenta carga al
psicoanálisis ejercida por el cuerpo social, la influencia de sus valores de referencia sobre su evolución, se relacionan con la
consolidación. La objetivación lleva a hacer real un esquema-concepto y a duplicar una imagen con una contraparte material. El
resultado tiene una instancia cognoscitiva: la provisión de índices y de significantes que una persona recibe, emite y trama en el
ciclo de las infracomunicaciones puede ser superabundante. Para reducir la separación entre la masa de palabras que circulan y
los objetos que las acompañan, los "signos lingüísticos" se emparejan con "estructuras materiales".
El lenguaje, especialmente el científico, supone una serie de convenciones que determinan su adecuación a lo real. Por ejemplo,
el "complejo de Edipo" designa, desde Freud, una organización específica de relaciones entre padres e hijos. Los psicoanalistas
agrupan con esta fórmula un conjunto de vínculos entre individuos y la utilizan para interpretar ciertos síntomas. Pero su empleo
no implica la presencia de este complejo en alguna parte específica. Los individuos y los grupos que no conocen las reglas del
psicoanálisis toman esta palabra como el indicador de un fenómeno material comprobado.
Cuando se produce una ruptura entre las normas técnicas del lenguaje y el léxico corriente, el símbolo aparece como signo.
Entonces, resulta natural tratar de saber a qué corresponde una "realidad". Por esta descentralización, los elementos de la técnica
científica pasan al lenguaje corriente, donde obedecen a nuevas convenciones. Las palabras "complejo", "represión", investidas de
un nuevo poder, designan aquí manifestaciones ostensibles de lo real. En última instancia, el psicoanálisis podría olvidarse y,
durante largo tiempo, impregnar nuestra visión del mundo y su vocabulario serviría para designar comportamientos psicológicos.
Objetivar es reabsorber un exceso de significaciones materializándolas, trasplantando al plano de la observación lo que era
interferencia o significado.
En el capítulo precedente vimos cómo la difusión de una ciencia cuestiona la integridad de la colectividad, si esta escapa a su
control, y cómo crea un vínculo de dependencia frente al grupo que la representa. Para que una concepción científica armonice
con las conductas con las que nos identificamos, es necesario que se separe de ese grupo de "expertos". Con el contenido científico
del psicoanálisis, la sociedad ya no se ubica con respecto a él y a los psicoanalistas, sino con relación a una serie de fenómenos que
se toma la libertad de tratar como le parece. El testimonio de los hombres se transforma en testimonio de los sentidos, el universo
desconocido se convierte en familiar para todos.
Ahora trataré de analizar la relación entre la objetivación y las formas que puede tomar. La objetivación es un esfuerzo de
clasificación que coloca y organiza las partes del mundo circundante y, por sus rendijas, introduce un orden que se adapta al orden
preexistente, atenuando el choque de toda concepción nueva. Adaptada a los seres, a los gestos o a los fenómenos, la clasificación
responde a una necesidad psíquica. Se trata de cortar el flujo incesante de estímulos para llegar a una síntesis en él y decidir qué
elementos nos resultan sensoriales o intelectualmente accesibles. Se impone una clave que permite nombrar los diferentes
aspectos de la realidad y, por eso mismo, definirlos.
Después de la aparición del psicoanálisis ya no se dice solamente que alguien es testarudo o querellante, también se dice que es
agresivo o reprimido. Las categorías de lo normal y lo patológico han cambiado. Naturalizar, clasificar, son operaciones esenciales
de la objetivación. Una enriquece la gama de seres atribuidos a la persona, y en este sentido se puede decir que las imágenes
participan en nuestro desarrollo, la otra separa algunos de estos seres de sus atributos para poder conservarlos en un cuadro
general de acuerdo con el sistema de referencia que la sociedad instituye. En este capítulo, y en los dos siguientes, trataré de
mostrar que la cultura se extiende así, reduciendo todo a un denominador común.
1
Realizado por MatyBuda
, 2. DE LA TEORÍA A SU REPRESENTACIÓN SOCIAL
I - ¿QUÉ ES EL PSICOANÁLISIS?
Desde el comienzo reconocimos que transformar una teoría científica en una representación social era el principal desafío de
nuestro trabajo. Sabíamos que podríamos responder a esta pregunta explicando lo que es una ciencia explicativa. Sin embargo,
conscientes de las trampas filosóficas y epistemológicas, preferimos rodear estos obstáculos partiendo de un postulado: el
psicoanálisis es una ciencia explicativa.
Para calificar una teoría de "explicativa", es suficiente mostrar que sus leyes están implícitas en un principio fundamental. Por
ejemplo, en el sistema de Newton, el fenómeno de la gravitación universal explica la mayoría de los movimientos en nuestro
planeta y las acciones entre los planetas. La caída de los cuerpos, la trayectoria de los planetas y la gravitación eran fenómenos
aislados antes de que la síntesis newtoniana les diera un carácter unitario. De manera similar, la "libido" en el psicoanálisis de
Freud cumple una función epistemológica comparable a la gravitación en el sistema de Newton. La clasificación de neurosis, la
sintomatología, las relaciones familiares y la interpretación de sueños y símbolos giran en torno a este principio fundamental.
Cuando preguntamos a 950 personas de diversas categorías sociales "¿qué es para usted el psicoanálisis?", observamos que,
aunque algunos matices eran variados, predominaba la visión del psicoanálisis como una ciencia y una teoría. Sin embargo, muchos
encuestados no podían detallar su contenido, ubicándolo simplemente en un campo conocido. La noción de terapia era común,
aunque no siempre clara, y se percibía al psicoanálisis como una práctica, independientemente de si se consideraba beneficiosa o
no.
A veces, la distinción entre ciencia y terapia se desdibujaba, sustituyéndose por una práctica relacionada con la persona humana
en general. El psicoanálisis se percibía a través de atributos que, más que definir su campo, lo distinguían por su novedad y
originalidad en comparación con otras concepciones psicológicas. Se le veía como una técnica moderna, una medicina sin
medicamentos, y una práctica que consistía en explorar la historia personal de los individuos.
En resumen, el psicoanálisis se captaba principalmente por sus manifestaciones externas, sin un entendimiento profundo de su
teoría, pero con una precisión mayor cuando se lo reconocía como una concepción particular de la personalidad o el "alma".
El psicoanálisis, como ciencia de la personalidad con características estructurales inéditas, aparece en el espíritu del público
asociado a múltiples relaciones que el ser humano tiene consigo mismo en una dimensión imaginaria de profundidad. Estas
relaciones son como focos de simbolismo: oculto-aparente, voluntario-involuntario, auténtico-falso, superficial-fundamental,
entre otras. La oposición caracteriza estas relaciones, ordenando las similitudes de manera que la representación emerge de ellas
de forma depurada. Los pares de oposiciones se corresponden término a término (aparente a falso, oculto a auténtico) y se
encarnan en una de las instancias de la persona, ayudando a comprender su funcionamiento.
Nos preguntamos "¿qué es el psicoanálisis?" y encontramos respuestas que lo definen como una investigación profunda del ser
humano, buscando entender las reacciones y comportamientos influenciados por experiencias pasadas. Se percibe como un
estudio interior del sujeto y de su lado involuntario en relación con su lado voluntario, permitiendo conocer las reacciones más
íntimas y secretas hasta el subconsciente.
El psicoanálisis se moldea como un rostro nuevo, codificado y racional, sobre el antiguo mito de las "facultades" y "fuerzas"
inherentes a cada uno. Encarnamos la esperanza de romper con la opresión de la vida cotidiana sobre la historia finita y
microscópica del individuo. Lo interno, lo implícito, lo posible y lo exterior se cubren con el deseo de vivir, liberarse y restablecer
lo verdadero, lo que hay "más allá" de las apariencias. Así, el psicoanálisis se distingue como signo del restablecimiento de la
subjetividad y como práctica de desnudar la personalidad auténtica.
Las definiciones proporcionadas delimitan mejor el papel del inconsciente y el consciente como actores de la organización psíquica.
Se esbozan los rasgos de esta organización: el inconsciente y el consciente, como partes de la estructura psíquica, son vistos como
oculto-aparente, involuntario-voluntario, interior-exterior, elevados a conceptos dignos. Estos conceptos, impregnados de una
imaginería concreta y un dinamismo propio de la contradicción, reflejan tanto la teoría misma como una concepción estilizada y
preestablecida de los procesos existenciales.
Del conjunto de definiciones se desprende una estructura de la personalidad asociada al psicoanálisis, compuesta por dos partes:
inconsciente y consciente, entre las cuales se observa una acción de presión o una relación conflictiva expresada por nociones de
represión o rechazo.
Es posible preguntarnos cuál es el resultado de su funcionamiento; la respuesta es inmediata: el complejo. En conjunto, el esquema
es el siguiente:
2
Realizado por MatyBuda
DEL SENTIDO COMÚN
Serge Moscovici (1979)
Resumen:
1. LA OBJETIVACIÓN
¿Cómo formamos la representación de un objeto social para eludir la amenaza que representa y restaurar la identidad que
cuestiona? No podemos responder de manera completa a esta pregunta. Además, el verbo "se forma" aquí no tiene significado
genético; más bien, designa un probable encadenamiento de fenómenos que se puede esperar que algún día la observación
experimental valide. Sin embargo, no se trata de simples hipótesis. Este encadenamiento se obtuvo a partir de relacionar una serie
de análisis y el material de la encuesta está presente para afianzar nuestras afirmaciones y corregir lo que pudiera tener de artificial.
Una representación social se elabora de acuerdo con dos procesos fundamentales: la objetivación y el anclaje. La lenta carga al
psicoanálisis ejercida por el cuerpo social, la influencia de sus valores de referencia sobre su evolución, se relacionan con la
consolidación. La objetivación lleva a hacer real un esquema-concepto y a duplicar una imagen con una contraparte material. El
resultado tiene una instancia cognoscitiva: la provisión de índices y de significantes que una persona recibe, emite y trama en el
ciclo de las infracomunicaciones puede ser superabundante. Para reducir la separación entre la masa de palabras que circulan y
los objetos que las acompañan, los "signos lingüísticos" se emparejan con "estructuras materiales".
El lenguaje, especialmente el científico, supone una serie de convenciones que determinan su adecuación a lo real. Por ejemplo,
el "complejo de Edipo" designa, desde Freud, una organización específica de relaciones entre padres e hijos. Los psicoanalistas
agrupan con esta fórmula un conjunto de vínculos entre individuos y la utilizan para interpretar ciertos síntomas. Pero su empleo
no implica la presencia de este complejo en alguna parte específica. Los individuos y los grupos que no conocen las reglas del
psicoanálisis toman esta palabra como el indicador de un fenómeno material comprobado.
Cuando se produce una ruptura entre las normas técnicas del lenguaje y el léxico corriente, el símbolo aparece como signo.
Entonces, resulta natural tratar de saber a qué corresponde una "realidad". Por esta descentralización, los elementos de la técnica
científica pasan al lenguaje corriente, donde obedecen a nuevas convenciones. Las palabras "complejo", "represión", investidas de
un nuevo poder, designan aquí manifestaciones ostensibles de lo real. En última instancia, el psicoanálisis podría olvidarse y,
durante largo tiempo, impregnar nuestra visión del mundo y su vocabulario serviría para designar comportamientos psicológicos.
Objetivar es reabsorber un exceso de significaciones materializándolas, trasplantando al plano de la observación lo que era
interferencia o significado.
En el capítulo precedente vimos cómo la difusión de una ciencia cuestiona la integridad de la colectividad, si esta escapa a su
control, y cómo crea un vínculo de dependencia frente al grupo que la representa. Para que una concepción científica armonice
con las conductas con las que nos identificamos, es necesario que se separe de ese grupo de "expertos". Con el contenido científico
del psicoanálisis, la sociedad ya no se ubica con respecto a él y a los psicoanalistas, sino con relación a una serie de fenómenos que
se toma la libertad de tratar como le parece. El testimonio de los hombres se transforma en testimonio de los sentidos, el universo
desconocido se convierte en familiar para todos.
Ahora trataré de analizar la relación entre la objetivación y las formas que puede tomar. La objetivación es un esfuerzo de
clasificación que coloca y organiza las partes del mundo circundante y, por sus rendijas, introduce un orden que se adapta al orden
preexistente, atenuando el choque de toda concepción nueva. Adaptada a los seres, a los gestos o a los fenómenos, la clasificación
responde a una necesidad psíquica. Se trata de cortar el flujo incesante de estímulos para llegar a una síntesis en él y decidir qué
elementos nos resultan sensoriales o intelectualmente accesibles. Se impone una clave que permite nombrar los diferentes
aspectos de la realidad y, por eso mismo, definirlos.
Después de la aparición del psicoanálisis ya no se dice solamente que alguien es testarudo o querellante, también se dice que es
agresivo o reprimido. Las categorías de lo normal y lo patológico han cambiado. Naturalizar, clasificar, son operaciones esenciales
de la objetivación. Una enriquece la gama de seres atribuidos a la persona, y en este sentido se puede decir que las imágenes
participan en nuestro desarrollo, la otra separa algunos de estos seres de sus atributos para poder conservarlos en un cuadro
general de acuerdo con el sistema de referencia que la sociedad instituye. En este capítulo, y en los dos siguientes, trataré de
mostrar que la cultura se extiende así, reduciendo todo a un denominador común.
1
Realizado por MatyBuda
, 2. DE LA TEORÍA A SU REPRESENTACIÓN SOCIAL
I - ¿QUÉ ES EL PSICOANÁLISIS?
Desde el comienzo reconocimos que transformar una teoría científica en una representación social era el principal desafío de
nuestro trabajo. Sabíamos que podríamos responder a esta pregunta explicando lo que es una ciencia explicativa. Sin embargo,
conscientes de las trampas filosóficas y epistemológicas, preferimos rodear estos obstáculos partiendo de un postulado: el
psicoanálisis es una ciencia explicativa.
Para calificar una teoría de "explicativa", es suficiente mostrar que sus leyes están implícitas en un principio fundamental. Por
ejemplo, en el sistema de Newton, el fenómeno de la gravitación universal explica la mayoría de los movimientos en nuestro
planeta y las acciones entre los planetas. La caída de los cuerpos, la trayectoria de los planetas y la gravitación eran fenómenos
aislados antes de que la síntesis newtoniana les diera un carácter unitario. De manera similar, la "libido" en el psicoanálisis de
Freud cumple una función epistemológica comparable a la gravitación en el sistema de Newton. La clasificación de neurosis, la
sintomatología, las relaciones familiares y la interpretación de sueños y símbolos giran en torno a este principio fundamental.
Cuando preguntamos a 950 personas de diversas categorías sociales "¿qué es para usted el psicoanálisis?", observamos que,
aunque algunos matices eran variados, predominaba la visión del psicoanálisis como una ciencia y una teoría. Sin embargo, muchos
encuestados no podían detallar su contenido, ubicándolo simplemente en un campo conocido. La noción de terapia era común,
aunque no siempre clara, y se percibía al psicoanálisis como una práctica, independientemente de si se consideraba beneficiosa o
no.
A veces, la distinción entre ciencia y terapia se desdibujaba, sustituyéndose por una práctica relacionada con la persona humana
en general. El psicoanálisis se percibía a través de atributos que, más que definir su campo, lo distinguían por su novedad y
originalidad en comparación con otras concepciones psicológicas. Se le veía como una técnica moderna, una medicina sin
medicamentos, y una práctica que consistía en explorar la historia personal de los individuos.
En resumen, el psicoanálisis se captaba principalmente por sus manifestaciones externas, sin un entendimiento profundo de su
teoría, pero con una precisión mayor cuando se lo reconocía como una concepción particular de la personalidad o el "alma".
El psicoanálisis, como ciencia de la personalidad con características estructurales inéditas, aparece en el espíritu del público
asociado a múltiples relaciones que el ser humano tiene consigo mismo en una dimensión imaginaria de profundidad. Estas
relaciones son como focos de simbolismo: oculto-aparente, voluntario-involuntario, auténtico-falso, superficial-fundamental,
entre otras. La oposición caracteriza estas relaciones, ordenando las similitudes de manera que la representación emerge de ellas
de forma depurada. Los pares de oposiciones se corresponden término a término (aparente a falso, oculto a auténtico) y se
encarnan en una de las instancias de la persona, ayudando a comprender su funcionamiento.
Nos preguntamos "¿qué es el psicoanálisis?" y encontramos respuestas que lo definen como una investigación profunda del ser
humano, buscando entender las reacciones y comportamientos influenciados por experiencias pasadas. Se percibe como un
estudio interior del sujeto y de su lado involuntario en relación con su lado voluntario, permitiendo conocer las reacciones más
íntimas y secretas hasta el subconsciente.
El psicoanálisis se moldea como un rostro nuevo, codificado y racional, sobre el antiguo mito de las "facultades" y "fuerzas"
inherentes a cada uno. Encarnamos la esperanza de romper con la opresión de la vida cotidiana sobre la historia finita y
microscópica del individuo. Lo interno, lo implícito, lo posible y lo exterior se cubren con el deseo de vivir, liberarse y restablecer
lo verdadero, lo que hay "más allá" de las apariencias. Así, el psicoanálisis se distingue como signo del restablecimiento de la
subjetividad y como práctica de desnudar la personalidad auténtica.
Las definiciones proporcionadas delimitan mejor el papel del inconsciente y el consciente como actores de la organización psíquica.
Se esbozan los rasgos de esta organización: el inconsciente y el consciente, como partes de la estructura psíquica, son vistos como
oculto-aparente, involuntario-voluntario, interior-exterior, elevados a conceptos dignos. Estos conceptos, impregnados de una
imaginería concreta y un dinamismo propio de la contradicción, reflejan tanto la teoría misma como una concepción estilizada y
preestablecida de los procesos existenciales.
Del conjunto de definiciones se desprende una estructura de la personalidad asociada al psicoanálisis, compuesta por dos partes:
inconsciente y consciente, entre las cuales se observa una acción de presión o una relación conflictiva expresada por nociones de
represión o rechazo.
Es posible preguntarnos cuál es el resultado de su funcionamiento; la respuesta es inmediata: el complejo. En conjunto, el esquema
es el siguiente:
2
Realizado por MatyBuda