10.1. La Guerra Civil: aproximación a la historiografía sobre el conflicto. Desarrollo de la guerra
y consecuencias.
I.- Aproximación a la historiografía sobre el conflicto:
La Guerra Civil constituyó el hecho más relevante y trágico de la historia de España del siglo XX, y con
influencias todavía presentes en nuestro país en el debate público en el siglo XXI. Su historia se aborda
desde las primeras obras publicadas durante el conflicto, teñidas de una marcada ideologización y
carácter propagandístico, características que se mantienen en la historiografía franquista (Ricardo De
La Cierva, Martínez Bande. Se trata de obras justificativas del golpe de estado y del propio régimen
franquista), al tiempo que la generada en el exilio incide en la justificación personal y de grupos y está
teñida de fuertes recriminaciones sobre las responsabilidades de la guerra. La influencia de los
hispanistas desde finales de los años 60 se traducirá en el predominio del modelo anglosajón de
análisis de la guerra y sus circunstancias, destacando en este sentido las obras de Hugh Thomas, Ian
Gibson o Paul Preston. A finales del franquismo se produce un importante desarrollo de la historiografía
propiamente española con la figura de Tuñón de Lara, esencial en la renovación historiográfica del
estudio de la guerra. Ya con la Transición democrática y las décadas de la conmemoración de los
50 y 60 aniversarios de la contienda la renovación historiográfica es protagonizada por una nueva
generación de historiadores, discípulos de Tuñón, como Aróstegui, Viñas, Fusi, o Santos Juliá. La
efemérides de los 70 años ha supuesto un nuevo relanzamiento de la historiografía de la guerra de
la mano del movimiento de recuperación de la memoria histórica, con una nueva generación de
historiadores como Casanova o Moradiellos, sin olvidar la importante labor historiográfica de Ángel
Viñas sobre la República en guerra; y la persistencia de la historiografía revisionista profranquista
que se ha reavivado desde la década de los noventa del siglo pasado, bien es verdad que con
pseudohistoriadores (Pío Moa, Vidal…) que repiten los caducos argumentos franquistas.
II. Desarrollo de la guerra:
La sublevación militar y el estallido de la guerra: Para explicar las causas de la guerra se han dado
dos teorías que acentúan el papel de las fuerzas externas y el contexto europeo, y minimizan los factores
internos: a) la teoría de la guerra como consecuencia de una intervención fascista, visión predomínate
en la historiografía liberal y de izquierdas. Y b) la teoría de la guerra como resultado de la reacción
justificada de un sector de españoles para frenar el avance del comunismo internacional, visión
tradicional de la historiografía conservadora. Para ambos, la guerra, no sería más que una ramificación
del choque entre las concepciones políticas opuestas y enfrentadas en la Europa en crisis de los años
treinta, democracia contra fascismo, o comunismo contra nacionalismo totalitario. Sin embargo, la
realidad era mucho más compleja: la guerra civil fue el resultado final de una multiplicidad de factores
(desigualdades económicas, mecanismos de dominación social, actitudes religiosas, nacionalismo,
ideologías extremistas…) que interactuaron y se reforzaron entre sí hasta provocar una profunda división
en la sociedad española. En todo caso, a esta complejidad vinieron a sumarse las corrientes europeas
y la fractura social que reinaba en España.
Tal y como hemos visto la República debió enfrentarse desde el primer momento a tramas conspiratorias
(Sanjurjo). Siguiendo al historiador Ángel Viñas, los monárquicos estuvieron en contacto con los
fascistas de Mussolini desde bien temprano, y ya es evidente que el golpe de Estado del 18 de julio fue
debido a una conspiración militar, pero también a una conspiración civil. Desde el año 1933 y 1934, los
monárquicos empiezan a agitar al Ejército y a contactar con los italianos. Hasta ahora se mantenían
dudas sobre hasta qué punto Calvo Sotelo había estado implicado en el golpe o no. Pero ahora ya no
hay dudas del papel tan importante que jugaron. El golpe fue instigado por los monárquicos en
connivencia con la Italia fascista. Se acaba el mito de que la Guerra Civil se explica únicamente por
factores o vericuetos de la política interna de España. El apoyo de Italia es decisivo para el inicio de la
misma, tal y como demuestran los contratos firmados entre Mussolini y los conspiradores
monárquicos el 1 de julio de 1936 para la compra de aviones de guerra, bombas y material bélico.
Viñas acuña, en este sentido, el término “conflicto internacional por interposición”.
Un grupo de generales monárquicos y conservadores, con la adhesión de grupos de derecha
(falangistas, monárquicos, carlistas) preparaba, por tanto, una conspiración militar que contaba con el
apoyo financiero del empresario Juan March y contactos extranjeros (con Italia). El director de la
conspiración era Mola, y en sus planes no aparece por ningún lado la figura del general Franco como
figura relevante. El general Franco tenía una misión específica, que era sublevar a la guarnición de
Canarias (y para ello no dudó incluso en inducir el asesinato del General Balmes para hacerse con la
y consecuencias.
I.- Aproximación a la historiografía sobre el conflicto:
La Guerra Civil constituyó el hecho más relevante y trágico de la historia de España del siglo XX, y con
influencias todavía presentes en nuestro país en el debate público en el siglo XXI. Su historia se aborda
desde las primeras obras publicadas durante el conflicto, teñidas de una marcada ideologización y
carácter propagandístico, características que se mantienen en la historiografía franquista (Ricardo De
La Cierva, Martínez Bande. Se trata de obras justificativas del golpe de estado y del propio régimen
franquista), al tiempo que la generada en el exilio incide en la justificación personal y de grupos y está
teñida de fuertes recriminaciones sobre las responsabilidades de la guerra. La influencia de los
hispanistas desde finales de los años 60 se traducirá en el predominio del modelo anglosajón de
análisis de la guerra y sus circunstancias, destacando en este sentido las obras de Hugh Thomas, Ian
Gibson o Paul Preston. A finales del franquismo se produce un importante desarrollo de la historiografía
propiamente española con la figura de Tuñón de Lara, esencial en la renovación historiográfica del
estudio de la guerra. Ya con la Transición democrática y las décadas de la conmemoración de los
50 y 60 aniversarios de la contienda la renovación historiográfica es protagonizada por una nueva
generación de historiadores, discípulos de Tuñón, como Aróstegui, Viñas, Fusi, o Santos Juliá. La
efemérides de los 70 años ha supuesto un nuevo relanzamiento de la historiografía de la guerra de
la mano del movimiento de recuperación de la memoria histórica, con una nueva generación de
historiadores como Casanova o Moradiellos, sin olvidar la importante labor historiográfica de Ángel
Viñas sobre la República en guerra; y la persistencia de la historiografía revisionista profranquista
que se ha reavivado desde la década de los noventa del siglo pasado, bien es verdad que con
pseudohistoriadores (Pío Moa, Vidal…) que repiten los caducos argumentos franquistas.
II. Desarrollo de la guerra:
La sublevación militar y el estallido de la guerra: Para explicar las causas de la guerra se han dado
dos teorías que acentúan el papel de las fuerzas externas y el contexto europeo, y minimizan los factores
internos: a) la teoría de la guerra como consecuencia de una intervención fascista, visión predomínate
en la historiografía liberal y de izquierdas. Y b) la teoría de la guerra como resultado de la reacción
justificada de un sector de españoles para frenar el avance del comunismo internacional, visión
tradicional de la historiografía conservadora. Para ambos, la guerra, no sería más que una ramificación
del choque entre las concepciones políticas opuestas y enfrentadas en la Europa en crisis de los años
treinta, democracia contra fascismo, o comunismo contra nacionalismo totalitario. Sin embargo, la
realidad era mucho más compleja: la guerra civil fue el resultado final de una multiplicidad de factores
(desigualdades económicas, mecanismos de dominación social, actitudes religiosas, nacionalismo,
ideologías extremistas…) que interactuaron y se reforzaron entre sí hasta provocar una profunda división
en la sociedad española. En todo caso, a esta complejidad vinieron a sumarse las corrientes europeas
y la fractura social que reinaba en España.
Tal y como hemos visto la República debió enfrentarse desde el primer momento a tramas conspiratorias
(Sanjurjo). Siguiendo al historiador Ángel Viñas, los monárquicos estuvieron en contacto con los
fascistas de Mussolini desde bien temprano, y ya es evidente que el golpe de Estado del 18 de julio fue
debido a una conspiración militar, pero también a una conspiración civil. Desde el año 1933 y 1934, los
monárquicos empiezan a agitar al Ejército y a contactar con los italianos. Hasta ahora se mantenían
dudas sobre hasta qué punto Calvo Sotelo había estado implicado en el golpe o no. Pero ahora ya no
hay dudas del papel tan importante que jugaron. El golpe fue instigado por los monárquicos en
connivencia con la Italia fascista. Se acaba el mito de que la Guerra Civil se explica únicamente por
factores o vericuetos de la política interna de España. El apoyo de Italia es decisivo para el inicio de la
misma, tal y como demuestran los contratos firmados entre Mussolini y los conspiradores
monárquicos el 1 de julio de 1936 para la compra de aviones de guerra, bombas y material bélico.
Viñas acuña, en este sentido, el término “conflicto internacional por interposición”.
Un grupo de generales monárquicos y conservadores, con la adhesión de grupos de derecha
(falangistas, monárquicos, carlistas) preparaba, por tanto, una conspiración militar que contaba con el
apoyo financiero del empresario Juan March y contactos extranjeros (con Italia). El director de la
conspiración era Mola, y en sus planes no aparece por ningún lado la figura del general Franco como
figura relevante. El general Franco tenía una misión específica, que era sublevar a la guarnición de
Canarias (y para ello no dudó incluso en inducir el asesinato del General Balmes para hacerse con la