TEMA 4.3
EL REINADO DE FERNANDO VII. LA CUESTIÓN SUCESORIA
Una vez termina la Guerra de Independencia y el reinado de José I Bonaparte, Fernando VII reina en
tres etapas: el sexenio absolutista (1814-1820), el trienio liberal (1820-1823) y la década ominosa
(1823-1833), que concluye con la muerte de Fernando VII y da paso a la regencia de su esposa, Mª
Cristina de Borbón (1833-1840).
A continuación se detallan esas etapas, comenzando por el ascenso de Fernando VII a la corona:
En diciembre de 1813, por el Tratado de Valençay entre Napoleón y Fernando VII, este se convierte
en rey y regresa a España, instalándose en Valencia, donde en 1814 recibe el Manifiesto de los Persas
en el cual, los diputados alaban el retorno del rey, informándole de los acontecimientos transcurridos
durante los seis años de destierro y solicitando al monarca que suprima las cortes y anule la
constitución de 1812. Fernando VII hace tal cosa en el Decreto de Valencia, prometiendo además
convocar cortes legítimas, garantizar las libertades y no caer en un gobierno despótico, buscando así
tener el apoyo popular. Pocos días más tarde entra en Madrid y el pueblo lo aclama como el rey
Deseado.
Sexenio absolutista (1814-1820): al iniciar su reinado, Fernando VII no cumple lo prometido, pues ni
convoca las cortes, ni hace las reformas acordadas. Restablece el Estado absolutista (quizá influido
por la Restauración del absolutismo en Europa) y al disolver las cortes, se encarcela a los diputados
liberales más prestigiosos, restableciendo la Inquisición y suprimiendo la libertad de imprenta.
En este contexto, surgen dos elementos liberales contra el absolutismo: la masonería y una parte del
ejército. Las logias masónicas son sociedades secretas de burgueses que conspiran contra el régimen
absolutista. En cuanto al apoyo del ejército, son militares jóvenes que pretenden implantar de nuevo
la Constitución de 1812, y organizan levantamientos militares (pronunciamientos) como el de Riego
en las Cabezas de San Juan (Sevilla, 1820). Ante ello, Fernando VII se ve obligado a jurar la
Constitución, publicando un manifiesto donde declara: “Marchemos francamente y Yo el primero,
por la senda constitucional”.
Durante el sexenio absolutista hay inestabilidad ministerial mientras un reducido grupo maneja la
débil voluntad del monarca. Son momentos con problemas económicos y aislamiento internacional
de España, que queda desplazada del nuevo orden europeo. Además durante esos años se
emancipan muchas de las colonias americanas.
Trienio liberal (1820-1823): la fuerte oposición de los absolutistas y la división de los liberales hacen
que esta etapa sea tan breve. Por un lado, los liberales moderados apoyan que el rey participe de
las decisiones del gobierno y que se limite el poder de las Cortes, eliminando además el sufragio
universal. Por otro lado, los liberales exaltados (más adelante transformados en progresistas),
defienden la Constitución de 1812, quieren reformas y la revolución liberal con participación popular.
Difunden sus ideas desde sociedades patrióticas y se reúnen en cafés como La Fontana de Oro.
Durante este trienio, el gobierno continúa la revolución liberal iniciada en Cádiz, restableciendo las
leyes y reformas como la desamortización o la libertad de imprenta.
La oposición de los absolutistas frente a liberales moderados y exaltados provoca sublevaciones en
el norte (Navarra, País Vasco, Cataluña o Aragón), impulsadas por parte de la nobleza y del clero, que
aprovechan el descontento de ciudadanos por la pérdida de fueros que supondría para ellos la
Constitución de 1812. En el exterior, las potencias europeas vencedoras de Napoleón (Prusia, Rusia,
Austria) pretenden también restablecer el absolutismo en Europa, actuando donde no se lograra
esto. En el Congreso de Verona (1822) se decide intervenir en España, donde en 1823 entran los
EL REINADO DE FERNANDO VII. LA CUESTIÓN SUCESORIA
Una vez termina la Guerra de Independencia y el reinado de José I Bonaparte, Fernando VII reina en
tres etapas: el sexenio absolutista (1814-1820), el trienio liberal (1820-1823) y la década ominosa
(1823-1833), que concluye con la muerte de Fernando VII y da paso a la regencia de su esposa, Mª
Cristina de Borbón (1833-1840).
A continuación se detallan esas etapas, comenzando por el ascenso de Fernando VII a la corona:
En diciembre de 1813, por el Tratado de Valençay entre Napoleón y Fernando VII, este se convierte
en rey y regresa a España, instalándose en Valencia, donde en 1814 recibe el Manifiesto de los Persas
en el cual, los diputados alaban el retorno del rey, informándole de los acontecimientos transcurridos
durante los seis años de destierro y solicitando al monarca que suprima las cortes y anule la
constitución de 1812. Fernando VII hace tal cosa en el Decreto de Valencia, prometiendo además
convocar cortes legítimas, garantizar las libertades y no caer en un gobierno despótico, buscando así
tener el apoyo popular. Pocos días más tarde entra en Madrid y el pueblo lo aclama como el rey
Deseado.
Sexenio absolutista (1814-1820): al iniciar su reinado, Fernando VII no cumple lo prometido, pues ni
convoca las cortes, ni hace las reformas acordadas. Restablece el Estado absolutista (quizá influido
por la Restauración del absolutismo en Europa) y al disolver las cortes, se encarcela a los diputados
liberales más prestigiosos, restableciendo la Inquisición y suprimiendo la libertad de imprenta.
En este contexto, surgen dos elementos liberales contra el absolutismo: la masonería y una parte del
ejército. Las logias masónicas son sociedades secretas de burgueses que conspiran contra el régimen
absolutista. En cuanto al apoyo del ejército, son militares jóvenes que pretenden implantar de nuevo
la Constitución de 1812, y organizan levantamientos militares (pronunciamientos) como el de Riego
en las Cabezas de San Juan (Sevilla, 1820). Ante ello, Fernando VII se ve obligado a jurar la
Constitución, publicando un manifiesto donde declara: “Marchemos francamente y Yo el primero,
por la senda constitucional”.
Durante el sexenio absolutista hay inestabilidad ministerial mientras un reducido grupo maneja la
débil voluntad del monarca. Son momentos con problemas económicos y aislamiento internacional
de España, que queda desplazada del nuevo orden europeo. Además durante esos años se
emancipan muchas de las colonias americanas.
Trienio liberal (1820-1823): la fuerte oposición de los absolutistas y la división de los liberales hacen
que esta etapa sea tan breve. Por un lado, los liberales moderados apoyan que el rey participe de
las decisiones del gobierno y que se limite el poder de las Cortes, eliminando además el sufragio
universal. Por otro lado, los liberales exaltados (más adelante transformados en progresistas),
defienden la Constitución de 1812, quieren reformas y la revolución liberal con participación popular.
Difunden sus ideas desde sociedades patrióticas y se reúnen en cafés como La Fontana de Oro.
Durante este trienio, el gobierno continúa la revolución liberal iniciada en Cádiz, restableciendo las
leyes y reformas como la desamortización o la libertad de imprenta.
La oposición de los absolutistas frente a liberales moderados y exaltados provoca sublevaciones en
el norte (Navarra, País Vasco, Cataluña o Aragón), impulsadas por parte de la nobleza y del clero, que
aprovechan el descontento de ciudadanos por la pérdida de fueros que supondría para ellos la
Constitución de 1812. En el exterior, las potencias europeas vencedoras de Napoleón (Prusia, Rusia,
Austria) pretenden también restablecer el absolutismo en Europa, actuando donde no se lograra
esto. En el Congreso de Verona (1822) se decide intervenir en España, donde en 1823 entran los