Estándar 29. Define el concepto de “unión dinástica” aplicado a Castilla y Aragón en
tiempos de los Reyes Católicos y describe las características del nuevo Estado.
La imagen muestra el mapa de los reinos de la Península Ibérica a finales del siglo XV, momento en
el que la corona de Aragón comenzaba su expansión hacia el Mediterráneo y tras el reconocimiento
de Isabel I como reina de Castilla, quien se había casado con Fernando I de Aragón, culminando
así la unión de los dos reinos más poderosos de la península.
Tal y como se observa en el mapa, en 1492 los Reyes Católicos conquistaron el reino nazarí de
Granada, expulsando a los musulmanes al norte de África. En 1493, Aragón recupera los
territorios del Rosellón y La Cerdaña, y Castilla concluye la conquista de Canarias en 1496. Ya
fallecida Isabel, Fernando I conquistó Navarra en 1512.
Esta monarquía debe entenderse como una unión dinástica de dos coronas, en las que cada reino
se rige por sus propias leyes e instituciones, conformando un Estado plural y no unitario,
adquiriendo cada uno la denominación de su propio reino.
En cuanto a las características del nuevo Estado, los Reyes Católicos impusieron su autoridad
dominando a la nobleza y al clero, controlando el nombramiento de los obispos. Establecieron una
uniformidad religiosa tras la expulsión de los judíos en 1492 y se persiguió a los mudéjares, que
tuvieron que convertirse al cristianismo. Esta uniformidad religiosa se controló con la creación del
Santo Oficio o Inquisición.
Se crearon una serie de instituciones eficaces para asegurar la autoridad real:
- Un ejército permanente pagado por la monarquía y funcionarios reales como
embajadores (asuntos política exterior), los corregidores (presidían los ayuntamientos) o
la Santa Hermandad encargada del orden público.
- Fortalecimiento de la Hacienda, permitiendo a los monarcas rescatar más de la mitad de
sus rentas.
- Reorganización de otras instituciones como el Consejo Real, el principal órgano de
gobierno, apartando a la nobleza e introduciendo letrados de la baja nobleza o burguesía;
Las Cortes, especialmente en Castilla, que perdieron importancia y reuniéndose en
limitadas ocasiones; y La Audiencia o cancillería de Valladolid para la administración de
la justicia.
tiempos de los Reyes Católicos y describe las características del nuevo Estado.
La imagen muestra el mapa de los reinos de la Península Ibérica a finales del siglo XV, momento en
el que la corona de Aragón comenzaba su expansión hacia el Mediterráneo y tras el reconocimiento
de Isabel I como reina de Castilla, quien se había casado con Fernando I de Aragón, culminando
así la unión de los dos reinos más poderosos de la península.
Tal y como se observa en el mapa, en 1492 los Reyes Católicos conquistaron el reino nazarí de
Granada, expulsando a los musulmanes al norte de África. En 1493, Aragón recupera los
territorios del Rosellón y La Cerdaña, y Castilla concluye la conquista de Canarias en 1496. Ya
fallecida Isabel, Fernando I conquistó Navarra en 1512.
Esta monarquía debe entenderse como una unión dinástica de dos coronas, en las que cada reino
se rige por sus propias leyes e instituciones, conformando un Estado plural y no unitario,
adquiriendo cada uno la denominación de su propio reino.
En cuanto a las características del nuevo Estado, los Reyes Católicos impusieron su autoridad
dominando a la nobleza y al clero, controlando el nombramiento de los obispos. Establecieron una
uniformidad religiosa tras la expulsión de los judíos en 1492 y se persiguió a los mudéjares, que
tuvieron que convertirse al cristianismo. Esta uniformidad religiosa se controló con la creación del
Santo Oficio o Inquisición.
Se crearon una serie de instituciones eficaces para asegurar la autoridad real:
- Un ejército permanente pagado por la monarquía y funcionarios reales como
embajadores (asuntos política exterior), los corregidores (presidían los ayuntamientos) o
la Santa Hermandad encargada del orden público.
- Fortalecimiento de la Hacienda, permitiendo a los monarcas rescatar más de la mitad de
sus rentas.
- Reorganización de otras instituciones como el Consejo Real, el principal órgano de
gobierno, apartando a la nobleza e introduciendo letrados de la baja nobleza o burguesía;
Las Cortes, especialmente en Castilla, que perdieron importancia y reuniéndose en
limitadas ocasiones; y La Audiencia o cancillería de Valladolid para la administración de
la justicia.