6. EL DESPLIEGUE DEL CAPITALISMO: TRANSFORMACIONES
ECONÓMICAS DEL SIGLO XIX.
El nuevo modelo liberal en España provocó muchos cambios políticos y sociales que influyeron sobre todo en la economía, favoreciendo el
desarrollo del capitalismo y afectando especialmente a la agricultura, la industria y los transportes.
Agricultura:
Para entender la agricultura en la España del siglo XIX hay que fijarse sobre todo en los cambios en la propiedad de la tierra provocados por el
liberalismo, que defendía la propiedad privada y llevó a varias desamortizaciones con las que el Estado vendió tierras de la Iglesia y de los
municipios, como la de Godoy en 1798 que afectó de forma limitada a bienes de hospitales, la de José I que tuvo poco efecto, la de Mendizábal
desde 1836 que vendió bienes de conventos para financiar la guerra carlista aplicar el liberalismo y debilitar el Antiguo Régimen y la de Madoz en
1855 que incluyó tierras del clero y de los ayuntamientos para reducir la deuda pública financiar obras como el ferrocarril y aumentar la
productividad aunque en la práctica no mejoró mucho la situación de los campesinos sin tierra.
En el caso de la nobleza no se vendieron sus tierras, sino que se eliminaron los mayorazgos, lo que hizo que las propiedades dejaran de estar ligadas
a una familia y pasarán a ser propiedad personal del noble, que podía venderlas o administrarlas libremente.
Las desamortizaciones no cambiaron la estructura de la propiedad, se mantuvieron los latifundios, no surgió una clase media agraria y
aumentaron las desigualdades sociales entre propietarios y jornaleros pobres.
Las desamortizaciones aumentaron la superficie cultivada y la producción agrícola, fomentando cultivos regionales especializados como maíz,
patata, cítricos, olivar, viñedos y cereales, con gran parte destinada a la exportación, pero a finales del siglo XIX la agricultura entró en crisis por la
competencia de importaciones más baratas de otros países.
Industria:
La burguesía española invirtió su dinero en bienes lujosos y tierras para parecerse a la nobleza, por lo que la industrialización dependió
principalmente de capital extranjero, sobre todo inglés y francés.
En el siglo XIX, la industria textil catalana, basada primero en lana y luego en algodón, se mecanizó con tecnología inglesa y se comercializó
inicialmente en las colonias, luego en el mercado nacional, generando conflictos sociales; la industria siderúrgica se desarrolló según los recursos
de hierro y carbón, comenzando en el sur y extendiéndose al norte, destacando los Altos Hornos de Vizcaya desde 1882.
A finales del siglo XIX, además de las grandes industrias, surgieron industrias menores derivadas de manufacturas caseras, como agroalimentarias,
químicas, de transporte y de servicios industriales, localizadas cerca de ciudades para abastecer sus necesidades y las de sus áreas cercanas.
Hasta mediados del siglo XIX, la industria española usaba energía humana, animal, hidráulica y eólica, con leña como principal combustible, y a
partir de la segunda mitad se incrementó el uso de carbón nacional e importado de países europeos para generar fuerza motriz.
El desarrollo industrial en España dependió de la banca, principalmente extranjera, con apoyo de bancos españoles creados tras las leyes del Bienio
Progresista y de la Bolsa de Madrid (1831), que facilitaba financiación mediante acciones de capital privado.
Transportes y comunicaciones:
La complicada orografía de España, junto con guerras como la de la Independencia y las carlistas y la pobreza de las clases bajas, dificultó mucho
las comunicaciones terrestres en el siglo XIX y fomentó el bandolerismo, formado por prófugos, desertores y pobres que atacaban viajeros y
mercancías, afectando especialmente zonas montañosas como Sierra Morena.
La red radial de carreteras en España comenzó con Carlos III y el ingeniero Ward en 1761, aprovechando vías romanas, musulmanas y pecuarias,
pero tenía problemas para transportar mercancías pesadas; aun así, hasta finales del siglo XIX se construyeron o arreglaron unos 10.000 km de
carreteras.
El ferrocarril permitió transportar grandes cantidades a largas distancias y se generalizó para mercancías y personas; en España comenzó con el
Barcelona-Mataró (1848) y Madrid-Aranjuez (1851), impulsado por leyes de concesiones estatales que atrajeron capital y tecnología extranjeros,
aumentando la red de 28 km en 1850 a más de 13.000 km en 1900.
ECONÓMICAS DEL SIGLO XIX.
El nuevo modelo liberal en España provocó muchos cambios políticos y sociales que influyeron sobre todo en la economía, favoreciendo el
desarrollo del capitalismo y afectando especialmente a la agricultura, la industria y los transportes.
Agricultura:
Para entender la agricultura en la España del siglo XIX hay que fijarse sobre todo en los cambios en la propiedad de la tierra provocados por el
liberalismo, que defendía la propiedad privada y llevó a varias desamortizaciones con las que el Estado vendió tierras de la Iglesia y de los
municipios, como la de Godoy en 1798 que afectó de forma limitada a bienes de hospitales, la de José I que tuvo poco efecto, la de Mendizábal
desde 1836 que vendió bienes de conventos para financiar la guerra carlista aplicar el liberalismo y debilitar el Antiguo Régimen y la de Madoz en
1855 que incluyó tierras del clero y de los ayuntamientos para reducir la deuda pública financiar obras como el ferrocarril y aumentar la
productividad aunque en la práctica no mejoró mucho la situación de los campesinos sin tierra.
En el caso de la nobleza no se vendieron sus tierras, sino que se eliminaron los mayorazgos, lo que hizo que las propiedades dejaran de estar ligadas
a una familia y pasarán a ser propiedad personal del noble, que podía venderlas o administrarlas libremente.
Las desamortizaciones no cambiaron la estructura de la propiedad, se mantuvieron los latifundios, no surgió una clase media agraria y
aumentaron las desigualdades sociales entre propietarios y jornaleros pobres.
Las desamortizaciones aumentaron la superficie cultivada y la producción agrícola, fomentando cultivos regionales especializados como maíz,
patata, cítricos, olivar, viñedos y cereales, con gran parte destinada a la exportación, pero a finales del siglo XIX la agricultura entró en crisis por la
competencia de importaciones más baratas de otros países.
Industria:
La burguesía española invirtió su dinero en bienes lujosos y tierras para parecerse a la nobleza, por lo que la industrialización dependió
principalmente de capital extranjero, sobre todo inglés y francés.
En el siglo XIX, la industria textil catalana, basada primero en lana y luego en algodón, se mecanizó con tecnología inglesa y se comercializó
inicialmente en las colonias, luego en el mercado nacional, generando conflictos sociales; la industria siderúrgica se desarrolló según los recursos
de hierro y carbón, comenzando en el sur y extendiéndose al norte, destacando los Altos Hornos de Vizcaya desde 1882.
A finales del siglo XIX, además de las grandes industrias, surgieron industrias menores derivadas de manufacturas caseras, como agroalimentarias,
químicas, de transporte y de servicios industriales, localizadas cerca de ciudades para abastecer sus necesidades y las de sus áreas cercanas.
Hasta mediados del siglo XIX, la industria española usaba energía humana, animal, hidráulica y eólica, con leña como principal combustible, y a
partir de la segunda mitad se incrementó el uso de carbón nacional e importado de países europeos para generar fuerza motriz.
El desarrollo industrial en España dependió de la banca, principalmente extranjera, con apoyo de bancos españoles creados tras las leyes del Bienio
Progresista y de la Bolsa de Madrid (1831), que facilitaba financiación mediante acciones de capital privado.
Transportes y comunicaciones:
La complicada orografía de España, junto con guerras como la de la Independencia y las carlistas y la pobreza de las clases bajas, dificultó mucho
las comunicaciones terrestres en el siglo XIX y fomentó el bandolerismo, formado por prófugos, desertores y pobres que atacaban viajeros y
mercancías, afectando especialmente zonas montañosas como Sierra Morena.
La red radial de carreteras en España comenzó con Carlos III y el ingeniero Ward en 1761, aprovechando vías romanas, musulmanas y pecuarias,
pero tenía problemas para transportar mercancías pesadas; aun así, hasta finales del siglo XIX se construyeron o arreglaron unos 10.000 km de
carreteras.
El ferrocarril permitió transportar grandes cantidades a largas distancias y se generalizó para mercancías y personas; en España comenzó con el
Barcelona-Mataró (1848) y Madrid-Aranjuez (1851), impulsado por leyes de concesiones estatales que atrajeron capital y tecnología extranjeros,
aumentando la red de 28 km en 1850 a más de 13.000 km en 1900.