1. INTRODUCCIÓN
La memoria y el aprendizaje son procesos interrelacionados, pero distintos. El aprendizaje
se define como un cambio relativamente permanente en la conducta debido a la experiencia,
lo que permite adquirir nueva información y modificar el sistema nervioso. La memoria, por
su parte, es una función cognitiva esencial que implica la codificación, almacenamiento y
recuperación de información previamente aprendida, facilitando la adaptación al entorno y el
cumplimiento de normas sociales. Somos el resultado de nuestras experiencias y memorias.
Gran parte del conocimiento actual sobre la memoria proviene del caso de Henry Gustav
Molaison (HM), quien, tras una cirugía para tratar sus crisis epilépticas, sufrió graves
problemas de memoria. Aunque su inteligencia y lenguaje permanecieron intactos, HM
desarrolló amnesia anterógrada, incapaz de consolidar nueva información y con una memoria
de corta duración. Sin embargo, era capaz de aprender nuevas habilidades motoras sin
conciencia de ello.
Los estudios sobre HM han revelado que:
a) El cerebro es el sustrato de la memoria
b) La memoria depende de la plasticidad cerebral
c) La plasticidad es dinámica y afecta a agrupaciones neuronales
d) Existen múltiples sistemas de memoria que reflejan diferentes estructuras cerebrales
e) Los recuerdos complejos se componen de recuerdos más simples.
2. DIMENSIONES DE LA MEMORIA
La memoria no es un proceso unitario y se puede clasificar en diversas dimensiones o
parámetros, aunque no hay un consenso total sobre sus divisiones. Las formas de memoria se
pueden categorizar según la dimensión temporal, el dominio o contenido, y la dimensión
secuencial o procesual.
Dimensión temporal
La memoria se puede clasificar según su duración en tres tipos principales: inmediata o
sensorial, a corto plazo y a largo plazo.
Memoria sensorial
Es la más efímera y se refiere a la capacidad de retener impresiones sensoriales breves
(milisegundos a segundos) después de que el estímulo original ha cesado. Aunque puede
incluir cualquier modalidad sensorial, las más comunes son la auditiva y la visual. Si la
información no se transfiere a una memoria de mayor duración, se pierde rápidamente.
Memoria a corto plazo
Esta memoria permite mantener información sensorial relevante durante un periodo breve
(segundos a minutos) si se evita la distracción. Un ejemplo típico es repetir un número de
teléfono hasta anotarlo. Dentro de esta categoría, se encuentra la memoria de trabajo, que se
utiliza para retener y manipular información de manera simultánea, lo que permite realizar
tareas cognitivas complejas como el razonamiento y la toma de decisiones. La memoria de
trabajo está asociada a la atención ejecutiva y se apoya en la actividad de un sistema ejecutivo
central, regulado por la corteza prefrontal dorsolateral, que coordina otros tres bucles: el
, bucle articulatorio-fonológico (relacionado con el lenguaje), la agenda visoespacial (que
maneja información visual y espacial) y el bucle episódico (menos definido
neurobiológicamente).
Memoria a largo plazo
Esta capacidad permite retener información o habilidades durante períodos prolongados, a
veces de forma permanente. Es fundamental para aprender contenidos académicos, usar
herramientas, adquirir idiomas, realizar actividades como bailar y recordar interacciones
sociales. En el lenguaje cotidiano, cuando se menciona la "memoria", generalmente se hace
referencia a este tipo.
Dimensión secuencial
La memoria a largo plazo tiene una dimensión secuencial que consta de varias fases:
1. Recepción y registro de información sensorial: Captación inicial de datos a través
de los sentidos.
2. Codificación: Proceso de adquisición y aprendizaje, donde la atención y el trabajo
sobre el material mejoran la calidad de la codificación, facilitando los procesos
posteriores.
3. Consolidación y almacenamiento: Creación de un registro que puede ser
permanente, permitiendo el acceso a la información cuando sea necesario.
4. Recuperación o recuerdo: Acceso a la información previamente almacenada.
5. Reconsolidación: Cada vez que recordamos algo, el recuerdo se vuelve más inestable
y puede ser modificado antes de volver a consolidarse.
La consolidación es fundamental para el almacenamiento de información a largo plazo.
Cuando se lleva a cabo de manera efectiva y la información es relevante, los recuerdos
recientes, inicialmente representados por cambios sinápticos en el hipocampo y el diencéfalo,
migran hacia la corteza cerebral. Los recuerdos complejos se descomponen en componentes
más simples y se distribuyen en diversas áreas de la corteza. Al rememorar, el hipocampo
permite reconectar estos fragmentos, otorgándoles significado y secuencia. Sin embargo, el
proceso de reconsolidación puede modificar la información original del recuerdo.
Dimensión de contenido
La memoria a largo plazo se clasifica comúnmente en dos grandes sistemas: la memoria no
declarativa (implícita) y la memoria declarativa (explícita), cada una con varios subtipos.
Memoria no declarativa (implícita o procedimental)
La memoria procedimental se caracteriza por cambios en el comportamiento sin necesidad de
una experiencia consciente del aprendizaje. Se divide en varias categorías:
1. Priming: Facilita el procesamiento de estímulos similares presentados previamente.
2. Aprendizaje no asociativo: Incluye la habituación, donde la respuesta a un estímulo
repetido disminuye, y la sensibilización, que implica un aumento de la respuesta ante
un estímulo.
3. Aprendizaje asociativo: Comprende el condicionamiento clásico y operante, que se
adquieren y mantienen con el tiempo. Este tipo de aprendizaje depende del cerebelo y
de estructuras subcorticales como los ganglios basales y la amígdala, mientras que el
hipocampo es clave en situaciones con demora entre estímulos.