El valor de la filosofía en la actualidad
Martina Arévalo IVºA
Según la Organización Mundial de la Salud (2025) la salud mental constituye una
de las preocupaciones más importantes en la actualidad, afectando a más de mil
millones de personas, lo que lleva a la necesidad de actuar de manera urgente, lo
que también hemos visto reflejado en nuestro entorno y el cómo va en aumento
llevando a problemas en otros ámbitos. En nuestra época debido a influencias
sociales y avances tecnológicos, las personas están expuestas desde la infancia a
ideas, creencias y modelos ya establecidos, muchas veces sin cuestionamiento.
Esto además de limitar la autonomía puede generar inseguridad, confusión e
incluso una crisis de sentido en etapas posteriores de la vida. Es en este contexto
donde la filosofía adquiere un valor fundamental en nuestra sociedad actual, la
cual es una disciplina que permite desarrollar el pensamiento crítico, y con ello el
autoconocimiento y una comprensión más consciente de la realidad, siendo
esencial para la sociedad contemporánea. Sin embargo, es precisamente en las
etapas de desarrollo donde la filosofía adquiere mayor importancia es cuando
menos se fomenta.
Como primer punto, la ausencia del pensamiento crítico nos puede llevar a una
crisis del sentido, tal como postula Bertrand Russell (Bertrand Russel, Los
problemas de la filosofía, p. 99) el no cuestionarnos ni detenernos a pensar en
nuestras propias acciones y pensamientos que recibimos del entorno, aceptar las
ideas sin reflexión y no rechazar el dogmatismo nos hace vivir de manera
automática y prisionero de lo conocido sin reflexionar sobre el propósito de ello ni
su significado acorde a nuestra propia visión y sentido de vida. Esto genera un
vacío existencial individual y de manera colectiva, formando personas sin una
identidad propia, siguiendo estándares sin propio juicio de valor, nula dirección
clara de nuestras decisiones ni una reflexión profunda de nosotros mismos, que
lleva a una gran interrogante propia de esta habilidad, ¿Quién soy?, en un mundo
de individuos que sigue y actúa en base a lo que espera el otro sin escucharse a si
mismos, incapaces de reconocer el propio yo.
Martina Arévalo IVºA
Según la Organización Mundial de la Salud (2025) la salud mental constituye una
de las preocupaciones más importantes en la actualidad, afectando a más de mil
millones de personas, lo que lleva a la necesidad de actuar de manera urgente, lo
que también hemos visto reflejado en nuestro entorno y el cómo va en aumento
llevando a problemas en otros ámbitos. En nuestra época debido a influencias
sociales y avances tecnológicos, las personas están expuestas desde la infancia a
ideas, creencias y modelos ya establecidos, muchas veces sin cuestionamiento.
Esto además de limitar la autonomía puede generar inseguridad, confusión e
incluso una crisis de sentido en etapas posteriores de la vida. Es en este contexto
donde la filosofía adquiere un valor fundamental en nuestra sociedad actual, la
cual es una disciplina que permite desarrollar el pensamiento crítico, y con ello el
autoconocimiento y una comprensión más consciente de la realidad, siendo
esencial para la sociedad contemporánea. Sin embargo, es precisamente en las
etapas de desarrollo donde la filosofía adquiere mayor importancia es cuando
menos se fomenta.
Como primer punto, la ausencia del pensamiento crítico nos puede llevar a una
crisis del sentido, tal como postula Bertrand Russell (Bertrand Russel, Los
problemas de la filosofía, p. 99) el no cuestionarnos ni detenernos a pensar en
nuestras propias acciones y pensamientos que recibimos del entorno, aceptar las
ideas sin reflexión y no rechazar el dogmatismo nos hace vivir de manera
automática y prisionero de lo conocido sin reflexionar sobre el propósito de ello ni
su significado acorde a nuestra propia visión y sentido de vida. Esto genera un
vacío existencial individual y de manera colectiva, formando personas sin una
identidad propia, siguiendo estándares sin propio juicio de valor, nula dirección
clara de nuestras decisiones ni una reflexión profunda de nosotros mismos, que
lleva a una gran interrogante propia de esta habilidad, ¿Quién soy?, en un mundo
de individuos que sigue y actúa en base a lo que espera el otro sin escucharse a si
mismos, incapaces de reconocer el propio yo.