1ª Redacción: La cuestión del origen y del fundamento de la sociedad y el poder. Del pensamiento político
medieval a la teoría del contrato social + El proyecto ilustrado (Potencia y límites de la razón; Ilustración y
democracia; La lucha por los derechos: Mary Wollstonecraft y Olympe de Gouges).
La historia del pensamiento político ha estado marcada por la necesidad de justificar el poder y su relación
con la sociedad. Desde la Edad Media hasta la Ilustración, esta justificación ha cambiado radicalmente. En
la época medieval, la autoridad política se legitimaba a través de la religión, con la idea de que el poder
provenía de Dios. Sin embargo, con la llegada de la modernidad, surgen las teorías del “contrato social”,
que buscan fundamentar el poder en el consentimiento de los individuos. Este cambio se materializa en
las teorías de Hobbes, Locke y Rousseau, quienes desarrollan distintas versiones del contractualismo y
reflexionan sobre el origen del Estado, el papel de la sociedad civil y la relación entre autoridad y libertad.
Posteriormente, la Ilustración expande estas ideas, impulsando el desarrollo de la democracia y la lucha
por los derechos.
En la Edad Media, el poder político se legitimaba por la unión entre Iglesia y Estado: se creía que los
reyes gobernaban por voluntad divina. El orden social dependía de la fe común, y el Estado se encargaba
de mantener el control y la justicia. Pero con el paso a la Modernidad, se empieza a cuestionar esa
legitimidad religiosa. Maquiavelo y Bodino introducen ideas nuevas: el poder debe sostenerse con
habilidad política, no con justificaciones divinas. Comienza así la separación entre Iglesia y Estado y
aparece la idea de que el poder debe justificarse ante el pueblo.
Surgen entonces las teorías contractualistas, que explican que el poder político nace de un contrato entre
los individuos y el Estado. Todas parten del mismo esquema: antes de vivir en sociedad, los humanos
estaban en un *estado de naturaleza*, un estado hipotético sin leyes ni autoridad. Para salir de ese estado,
se firma un *contrato social*, un acuerdo libre y racional mediante el cual las personas ceden parte de su
libertad a un gobierno, a cambio de protección y normas de convivencia. A partir de este pacto se forma la
sociedad civil, con derechos y obligaciones para todos.
**Hobbes** piensa que el ser humano, por naturaleza, es egoísta y violento: vivimos en una "guerra de
todos contra todos". Para evitar el caos, los individuos firman un contrato por el cual ceden sus derechos a un
Estado fuerte y autoritario, que imponga orden. Ese Estado, llamado *Leviatán*, no puede ser
desobedecido: defiende el absolutismo y rechaza la rebelión.
**Locke**, en cambio, cree que las personas ya tienen derechos naturales (vida, libertad y propiedad)
incluso antes del contrato social. La función del Estado es proteger esos derechos. Si no lo hace, el pueblo
tiene derecho a cambiar de gobierno. Locke defiende un poder limitado, con separación de poderes, y es
considerado uno de los padres del liberalismo.
**Rousseau** tiene una visión más optimista: el ser humano es bueno por naturaleza, pero la sociedad
genera desigualdad. El contrato social no debe proteger privilegios, sino expresar la *voluntad general*,
es decir, el bien común. Propone una democracia directa, donde los ciudadanos educados participen
activamente en la política. Su propuesta defiende la soberanía popular y la igualdad. Estas tres visiones
marcaron el camino hacia la política moderna y los sistemas democráticos actuales.
La ilustración, surgida en el siglo XVIII, estuvo caracterizada por promover el universalismo y la
educación para lograr ciudadanos críticos y autónomos. Esto traería consigo un progreso infinito:
científico, con avances tecnológicos, y moral, aplicando la razón a política y sociedad para lograr libertad e
igualdad. Sin embargo, en el siglo XIX surge una crisis de la Ilustración, ya que el progreso industrial no
trajo igualdad, sino explotación y colonización.
Es en este contexto en el cual surgieron voces que defendían la igualdad entre hombres y mujeres,
ampliando el alcance del proyecto ilustrado y sentando un precedente clave para la democracia y los
derechos humanos. Este feminismo racionalista cuestionó el poder patriarcal y exigió igualdad jurídica,
acceso a la educación y participación política de las mujeres. También rechazó los argumentos biológicos
usados para justificar su supuesta inferioridad, así como la idea de que su único rol debía ser el hogar y la
familia.
Olympe de Gouges fue una de las figuras más representativas. En su *Declaración de los Derechos de la
Mujer y la Ciudadana* propuso una igualdad legal real entre hombres y mujeres, el acceso a cargos
, según el mérito y la división de poderes. Aunque su postura moderada la alejó del republicanismo radical,
su legado es esencial para el feminismo moderno.
También destacó Mary Wollstonecraft, pensadora inglesa que en su *Vindicación de los Derechos de la
Mujer* defendió la educación igualitaria y la plena capacidad racional de las mujeres. Criticó su
marginación en la familia y la sociedad, y reclamó su presencia activa en la vida pública, sentando así
las bases del feminismo contemporáneo.
En definitiva, el pensamiento político moderno rompió con el modelo medieval apostando por la razón y los
derechos. Hobbes, Locke y Rousseau ofrecieron distintas visiones sobre el Estado y el contrato social. Y,
paralelamente, el feminismo ilustrado amplió esa reflexión hacia la igualdad de género, desafiando
estructuras injustas y abriendo el camino a futuras conquistas sociales.
ACTUALIZACIÓN:
Hoy, las ideas nacidas con la modernidad y el pensamiento ilustrado no solo siguen presentes, sino que han
moldeado los pilares de nuestras sociedades. El paso de una legitimación religiosa del poder a una
legitimación basada en el consentimiento popular sigue siendo el corazón de cualquier sistema democrático.
Cuando votamos, protestamos o exigimos transparencia, estamos reivindicando ese contrato social del que
hablaron Hobbes, Locke y Rousseau. Aún discutimos si el Estado debe ser más firme (como pensaba
Hobbes), más garantista de derechos individuales (como defendía Locke) o más igualitario y participativo
(como proponía Rousseau).
Por otro lado, las ideas del feminismo ilustrado han ganado terreno, pero su lucha continúa. Las demandas de
igualdad jurídica, educativa y política que plantearon Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft resuenan
hoy en cada campaña por la igualdad salarial, en los debates sobre el reparto de cuidados o en la necesidad
de una educación no sexista. En un mundo que sigue arrastrando desigualdades estructurales, sus ideas se
han convertido en herramientas de transformación. Así, los grandes debates de hoy no son nuevos, sino el
eco de ideas que, aunque nacieron hace siglos, siguen reclamando justicia, libertad e igualdad para todos y
todas.
medieval a la teoría del contrato social + El proyecto ilustrado (Potencia y límites de la razón; Ilustración y
democracia; La lucha por los derechos: Mary Wollstonecraft y Olympe de Gouges).
La historia del pensamiento político ha estado marcada por la necesidad de justificar el poder y su relación
con la sociedad. Desde la Edad Media hasta la Ilustración, esta justificación ha cambiado radicalmente. En
la época medieval, la autoridad política se legitimaba a través de la religión, con la idea de que el poder
provenía de Dios. Sin embargo, con la llegada de la modernidad, surgen las teorías del “contrato social”,
que buscan fundamentar el poder en el consentimiento de los individuos. Este cambio se materializa en
las teorías de Hobbes, Locke y Rousseau, quienes desarrollan distintas versiones del contractualismo y
reflexionan sobre el origen del Estado, el papel de la sociedad civil y la relación entre autoridad y libertad.
Posteriormente, la Ilustración expande estas ideas, impulsando el desarrollo de la democracia y la lucha
por los derechos.
En la Edad Media, el poder político se legitimaba por la unión entre Iglesia y Estado: se creía que los
reyes gobernaban por voluntad divina. El orden social dependía de la fe común, y el Estado se encargaba
de mantener el control y la justicia. Pero con el paso a la Modernidad, se empieza a cuestionar esa
legitimidad religiosa. Maquiavelo y Bodino introducen ideas nuevas: el poder debe sostenerse con
habilidad política, no con justificaciones divinas. Comienza así la separación entre Iglesia y Estado y
aparece la idea de que el poder debe justificarse ante el pueblo.
Surgen entonces las teorías contractualistas, que explican que el poder político nace de un contrato entre
los individuos y el Estado. Todas parten del mismo esquema: antes de vivir en sociedad, los humanos
estaban en un *estado de naturaleza*, un estado hipotético sin leyes ni autoridad. Para salir de ese estado,
se firma un *contrato social*, un acuerdo libre y racional mediante el cual las personas ceden parte de su
libertad a un gobierno, a cambio de protección y normas de convivencia. A partir de este pacto se forma la
sociedad civil, con derechos y obligaciones para todos.
**Hobbes** piensa que el ser humano, por naturaleza, es egoísta y violento: vivimos en una "guerra de
todos contra todos". Para evitar el caos, los individuos firman un contrato por el cual ceden sus derechos a un
Estado fuerte y autoritario, que imponga orden. Ese Estado, llamado *Leviatán*, no puede ser
desobedecido: defiende el absolutismo y rechaza la rebelión.
**Locke**, en cambio, cree que las personas ya tienen derechos naturales (vida, libertad y propiedad)
incluso antes del contrato social. La función del Estado es proteger esos derechos. Si no lo hace, el pueblo
tiene derecho a cambiar de gobierno. Locke defiende un poder limitado, con separación de poderes, y es
considerado uno de los padres del liberalismo.
**Rousseau** tiene una visión más optimista: el ser humano es bueno por naturaleza, pero la sociedad
genera desigualdad. El contrato social no debe proteger privilegios, sino expresar la *voluntad general*,
es decir, el bien común. Propone una democracia directa, donde los ciudadanos educados participen
activamente en la política. Su propuesta defiende la soberanía popular y la igualdad. Estas tres visiones
marcaron el camino hacia la política moderna y los sistemas democráticos actuales.
La ilustración, surgida en el siglo XVIII, estuvo caracterizada por promover el universalismo y la
educación para lograr ciudadanos críticos y autónomos. Esto traería consigo un progreso infinito:
científico, con avances tecnológicos, y moral, aplicando la razón a política y sociedad para lograr libertad e
igualdad. Sin embargo, en el siglo XIX surge una crisis de la Ilustración, ya que el progreso industrial no
trajo igualdad, sino explotación y colonización.
Es en este contexto en el cual surgieron voces que defendían la igualdad entre hombres y mujeres,
ampliando el alcance del proyecto ilustrado y sentando un precedente clave para la democracia y los
derechos humanos. Este feminismo racionalista cuestionó el poder patriarcal y exigió igualdad jurídica,
acceso a la educación y participación política de las mujeres. También rechazó los argumentos biológicos
usados para justificar su supuesta inferioridad, así como la idea de que su único rol debía ser el hogar y la
familia.
Olympe de Gouges fue una de las figuras más representativas. En su *Declaración de los Derechos de la
Mujer y la Ciudadana* propuso una igualdad legal real entre hombres y mujeres, el acceso a cargos
, según el mérito y la división de poderes. Aunque su postura moderada la alejó del republicanismo radical,
su legado es esencial para el feminismo moderno.
También destacó Mary Wollstonecraft, pensadora inglesa que en su *Vindicación de los Derechos de la
Mujer* defendió la educación igualitaria y la plena capacidad racional de las mujeres. Criticó su
marginación en la familia y la sociedad, y reclamó su presencia activa en la vida pública, sentando así
las bases del feminismo contemporáneo.
En definitiva, el pensamiento político moderno rompió con el modelo medieval apostando por la razón y los
derechos. Hobbes, Locke y Rousseau ofrecieron distintas visiones sobre el Estado y el contrato social. Y,
paralelamente, el feminismo ilustrado amplió esa reflexión hacia la igualdad de género, desafiando
estructuras injustas y abriendo el camino a futuras conquistas sociales.
ACTUALIZACIÓN:
Hoy, las ideas nacidas con la modernidad y el pensamiento ilustrado no solo siguen presentes, sino que han
moldeado los pilares de nuestras sociedades. El paso de una legitimación religiosa del poder a una
legitimación basada en el consentimiento popular sigue siendo el corazón de cualquier sistema democrático.
Cuando votamos, protestamos o exigimos transparencia, estamos reivindicando ese contrato social del que
hablaron Hobbes, Locke y Rousseau. Aún discutimos si el Estado debe ser más firme (como pensaba
Hobbes), más garantista de derechos individuales (como defendía Locke) o más igualitario y participativo
(como proponía Rousseau).
Por otro lado, las ideas del feminismo ilustrado han ganado terreno, pero su lucha continúa. Las demandas de
igualdad jurídica, educativa y política que plantearon Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft resuenan
hoy en cada campaña por la igualdad salarial, en los debates sobre el reparto de cuidados o en la necesidad
de una educación no sexista. En un mundo que sigue arrastrando desigualdades estructurales, sus ideas se
han convertido en herramientas de transformación. Así, los grandes debates de hoy no son nuevos, sino el
eco de ideas que, aunque nacieron hace siglos, siguen reclamando justicia, libertad e igualdad para todos y
todas.