Didáctica de la lengua y la literatura
Grado en Magisterio de Educación Infantil (Universidad de Alcalá)
Prof.: Rocío Díaz Moreno (autora) y Marta Nogueroles López
Curso: 2023/2024
TEMA 4. Aprender y enseñar a escribir
Parte I: La escritura infantil
0. Introducción
Los niños comienzan a escribir a muy temprana edad, y esos comienzos suelen pasar
desapercibidos. Por eso no somos capaces de ver, al principio, sino garabato allí donde
hay verdadera escritura; por eso confundimos después la copia ciega de un modelo (es
decir, el dibujo de las letras) con una escritura real.
En la actualidad, se sabe que el proceso de aprendizaje de la escritura no es lineal, ni
consiste en la suma de conocimientos aislados (consciencia fonológica, conocimiento de
las relaciones sonido-grafías, dominio del trazo y reconocimiento de distintos usos
sociales de la escritura), sino que los niños llegan a comprender el funcionamiento del
código a través de distintas aproximaciones intelectuales en las que interrelacionan los
distintos aspectos. Por lo que se puede decir que cada niño aprende a escribir a su propia
manera, resulta complicado encontrar dos niños que den los mismos pasos y en los
mismos intervalos de tiempo. Ante una misma situación cada niño responde a su
manera (Fons y Palou, 2016: 195).
1. Características de la escritura
Los niños reconocen muy rápidamente dos de las características básicas de cualquier
sistema de escritura:
- las formas son arbitrarias (porque las letras no reproducen la forma de los
objetos) y
- están ordenadas de modo lineal (a diferencia del dibujo).
La linealidad y la arbitrariedad de las formas son las dos características que aparecen
muy tempranamente en las producciones escritas de los niños pequeños (“Sobre la
enseñanza del lenguaje escrito y temas aledaños”, Myriam Nemirovsky, México, Paidós,
1999).
2. Evolución del proceso de escritura en los niños (Teberosky)
A) Primer nivel: escribir como reproducción del acto de escribir de la persona alfabetizada
En este nivel los niños reproducen los gestos del acto de escribir y algunas de las
características gráficas formales, como la ausencia de elementos figurativos, la
linealidad y la separabilidad de los elementos gráficos. Las producciones que realizan
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, son: círculos, palos, ganchos y otras formas no icónicas. Por eso también se reconoce a
este nivel con el nombre de “escrituras indiferenciadas”, porque las unidades gráficas
producidas no son diferenciables ni analizables.
Como podemos comprobar, el resultado de Roberto dista de parecerse a un dibujo, hay
que destacar la linealidad y arbitrariedad como propiedades esenciales, que comparte
con las escrituras sociales, así como el trazo continuo.
Los niños atribuyen a la escritura la función de designar, para ellos el escrito es el
nombre del objeto, sin artículo. Para ellos la escritura es una escritura de nombres. Por
eso se observa también una relación entre el tamaño del objeto y el número de grafías.
Así es posible que hormiga tenga pocas grafías, porque su tamaño es pequeño, y león
tenga muchas, porque su tamaño es mayor.
La escritura de Maite es del mismo nivel que la de Roberto, aunque utiliza trazos
discontinuos.
A medida que avanzan en este nivel los niños establecen exigencias cuantitativas
(cuántas letras debe tener como mínimo una palabra) y exigencias cualitativas (qué
variaciones debe haber entre las letras); ambas exigencias constituyen "dos principios
organizadores".
Los niños no admiten que dos escrituras iguales puedan servir para decir cosas
diferentes.
Es necesario destacar que las características correspondientes a los aspectos
cuantitativos tienen una evolución relativamente independiente de los aspectos
cualitativos, y viceversa. De ahí que un niño puede escribir sin control sobre la cantidad
de grafías (aspecto cuantitativo) y con diferenciación de estas (aspecto cualitativo),
como también cabe la posibilidad de que lo haga con control sobre la cantidad de grafías
y sin diferenciación entre grafías. Es decir: el avance en los aspectos cuantitativos no
corresponde paso a paso con el respectivo a los aspectos cualitativos.
Aunque por momentos ambos aspectos se retroalimentan, en absoluto avanzan al
unísono.
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Grado en Magisterio de Educación Infantil (Universidad de Alcalá)
Prof.: Rocío Díaz Moreno (autora) y Marta Nogueroles López
Curso: 2023/2024
TEMA 4. Aprender y enseñar a escribir
Parte I: La escritura infantil
0. Introducción
Los niños comienzan a escribir a muy temprana edad, y esos comienzos suelen pasar
desapercibidos. Por eso no somos capaces de ver, al principio, sino garabato allí donde
hay verdadera escritura; por eso confundimos después la copia ciega de un modelo (es
decir, el dibujo de las letras) con una escritura real.
En la actualidad, se sabe que el proceso de aprendizaje de la escritura no es lineal, ni
consiste en la suma de conocimientos aislados (consciencia fonológica, conocimiento de
las relaciones sonido-grafías, dominio del trazo y reconocimiento de distintos usos
sociales de la escritura), sino que los niños llegan a comprender el funcionamiento del
código a través de distintas aproximaciones intelectuales en las que interrelacionan los
distintos aspectos. Por lo que se puede decir que cada niño aprende a escribir a su propia
manera, resulta complicado encontrar dos niños que den los mismos pasos y en los
mismos intervalos de tiempo. Ante una misma situación cada niño responde a su
manera (Fons y Palou, 2016: 195).
1. Características de la escritura
Los niños reconocen muy rápidamente dos de las características básicas de cualquier
sistema de escritura:
- las formas son arbitrarias (porque las letras no reproducen la forma de los
objetos) y
- están ordenadas de modo lineal (a diferencia del dibujo).
La linealidad y la arbitrariedad de las formas son las dos características que aparecen
muy tempranamente en las producciones escritas de los niños pequeños (“Sobre la
enseñanza del lenguaje escrito y temas aledaños”, Myriam Nemirovsky, México, Paidós,
1999).
2. Evolución del proceso de escritura en los niños (Teberosky)
A) Primer nivel: escribir como reproducción del acto de escribir de la persona alfabetizada
En este nivel los niños reproducen los gestos del acto de escribir y algunas de las
características gráficas formales, como la ausencia de elementos figurativos, la
linealidad y la separabilidad de los elementos gráficos. Las producciones que realizan
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, son: círculos, palos, ganchos y otras formas no icónicas. Por eso también se reconoce a
este nivel con el nombre de “escrituras indiferenciadas”, porque las unidades gráficas
producidas no son diferenciables ni analizables.
Como podemos comprobar, el resultado de Roberto dista de parecerse a un dibujo, hay
que destacar la linealidad y arbitrariedad como propiedades esenciales, que comparte
con las escrituras sociales, así como el trazo continuo.
Los niños atribuyen a la escritura la función de designar, para ellos el escrito es el
nombre del objeto, sin artículo. Para ellos la escritura es una escritura de nombres. Por
eso se observa también una relación entre el tamaño del objeto y el número de grafías.
Así es posible que hormiga tenga pocas grafías, porque su tamaño es pequeño, y león
tenga muchas, porque su tamaño es mayor.
La escritura de Maite es del mismo nivel que la de Roberto, aunque utiliza trazos
discontinuos.
A medida que avanzan en este nivel los niños establecen exigencias cuantitativas
(cuántas letras debe tener como mínimo una palabra) y exigencias cualitativas (qué
variaciones debe haber entre las letras); ambas exigencias constituyen "dos principios
organizadores".
Los niños no admiten que dos escrituras iguales puedan servir para decir cosas
diferentes.
Es necesario destacar que las características correspondientes a los aspectos
cuantitativos tienen una evolución relativamente independiente de los aspectos
cualitativos, y viceversa. De ahí que un niño puede escribir sin control sobre la cantidad
de grafías (aspecto cuantitativo) y con diferenciación de estas (aspecto cualitativo),
como también cabe la posibilidad de que lo haga con control sobre la cantidad de grafías
y sin diferenciación entre grafías. Es decir: el avance en los aspectos cuantitativos no
corresponde paso a paso con el respectivo a los aspectos cualitativos.
Aunque por momentos ambos aspectos se retroalimentan, en absoluto avanzan al
unísono.
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