TEMA 5 - GUERRA DE INDEPENDENCIA, CORTES DE
CÁDIZ Y CONSTITUCIÓN DE 1812. FERNANDO VII.
Tras la muerte de Carlos III, surge un conflicto entre absolutismo y liberalismo. Con
el inicio de la Guerra de Independencia en 1808, el liberalismo aprovecha para
instaurarse en España, pero el regreso de Fernando VII, absolutista, no lo permitirá
mucho tiempo. La guerra supuso la creación de las Cortes de Cádiz y la
Constitución de 1812, el primer gran texto liberal, hasta que Fernando VII la abolió
y trajo de vuelta el absolutismo, iniciando el largo conflicto y alternancia entre
absolutismo y liberalismo. Mientras tanto, el imperio de Napoleón ocupaba España
durante la guerra.
Antes de la guerra, durante el reinado de Carlos IV, que coincidió con la Revolución
Francesa, él y su ministro Floridablanca evitaron contagios mediante censuras y
cierre de fronteras. En 1792, Manuel Godoy fue nombrado ministro, y al año
siguiente, Luis XVI de Francia fue ejecutado, rompiendo la alianza franco-española.
España y Francia se enfrentaron en la Guerra de Convención (1793-1795), que
terminó con la Paz de Basilea de 1795, que recuperó la alianza. Pero tras el Tratado
de San Ildefonso (1796) y la llegada de Napoleón al poder francés (1799), España
pasó a depender de Francia, como en la Batalla de Trafalgar (1805), en la que
perdieron ante los ingleses.
En España, a principios del siglo XIX se produjo una rebelión por las polémicas
reformas de Godoy, como la subida de impuestos o las desamortizaciones. Pero la
gota que colmó el vaso fue el Tratado de Fontainebleau (1807), que permitía el paso
de tropas francesas por España para supuestamente invadir Portugal. Esto desató
en el motín de Aranjuez (19 marzo 1808), que destituyó a Godoy y forzó la abdicación
de Carlos IV en Fernando VII. Carlos IV pidió ayuda a Napoleón, por lo que se
produjeron las Abdicaciones de Bayona en mayo de ese mismo año, en las que
Fernando VII fue obligado a devolver la corona a su padre, este se la cedió a
Napoleón, y este a su hermano José Bonaparte. La llegada de un rey francés supuso
polémica, por lo que intentó ganarse al pueblo mediante el Estatuto de Bayona, que
prometía reformas del Despotismo Ilustrado, una soberanía compartida
(manteniendo la monarquía absoluta pero limitada), la religión católica, y una serie
de libertades básicas. Sin embargo, nunca llegó a entrar en vigor por la guerra que
había comenzado, la Guerra de Independencia (1808-1814), en la que se
enfrentaban los afrancesados (partidarios José Bonaparte) y el frente patriótico
(partidarios Fernando VII).
Esta guerra tuvo 3 fases, la primera siendo la de ocupación y levantamiento, a lo
largo de 1808. Ante la obvia intención de Napoleón de invadir España, se produjo
una insurrección en Madrid en mayo, liderada por los capitanes Daoiz y Velarde,
pero fue suprimida. La insurrección y las Abdicaciones de Bayona dejaron un vació
de poder, que llenaron las Juntas Provinciales, que asumieron el gobierno municipal
en ausencia del rey. También se produjo el Sitio de Zaragoza, en el que Napoleón
CÁDIZ Y CONSTITUCIÓN DE 1812. FERNANDO VII.
Tras la muerte de Carlos III, surge un conflicto entre absolutismo y liberalismo. Con
el inicio de la Guerra de Independencia en 1808, el liberalismo aprovecha para
instaurarse en España, pero el regreso de Fernando VII, absolutista, no lo permitirá
mucho tiempo. La guerra supuso la creación de las Cortes de Cádiz y la
Constitución de 1812, el primer gran texto liberal, hasta que Fernando VII la abolió
y trajo de vuelta el absolutismo, iniciando el largo conflicto y alternancia entre
absolutismo y liberalismo. Mientras tanto, el imperio de Napoleón ocupaba España
durante la guerra.
Antes de la guerra, durante el reinado de Carlos IV, que coincidió con la Revolución
Francesa, él y su ministro Floridablanca evitaron contagios mediante censuras y
cierre de fronteras. En 1792, Manuel Godoy fue nombrado ministro, y al año
siguiente, Luis XVI de Francia fue ejecutado, rompiendo la alianza franco-española.
España y Francia se enfrentaron en la Guerra de Convención (1793-1795), que
terminó con la Paz de Basilea de 1795, que recuperó la alianza. Pero tras el Tratado
de San Ildefonso (1796) y la llegada de Napoleón al poder francés (1799), España
pasó a depender de Francia, como en la Batalla de Trafalgar (1805), en la que
perdieron ante los ingleses.
En España, a principios del siglo XIX se produjo una rebelión por las polémicas
reformas de Godoy, como la subida de impuestos o las desamortizaciones. Pero la
gota que colmó el vaso fue el Tratado de Fontainebleau (1807), que permitía el paso
de tropas francesas por España para supuestamente invadir Portugal. Esto desató
en el motín de Aranjuez (19 marzo 1808), que destituyó a Godoy y forzó la abdicación
de Carlos IV en Fernando VII. Carlos IV pidió ayuda a Napoleón, por lo que se
produjeron las Abdicaciones de Bayona en mayo de ese mismo año, en las que
Fernando VII fue obligado a devolver la corona a su padre, este se la cedió a
Napoleón, y este a su hermano José Bonaparte. La llegada de un rey francés supuso
polémica, por lo que intentó ganarse al pueblo mediante el Estatuto de Bayona, que
prometía reformas del Despotismo Ilustrado, una soberanía compartida
(manteniendo la monarquía absoluta pero limitada), la religión católica, y una serie
de libertades básicas. Sin embargo, nunca llegó a entrar en vigor por la guerra que
había comenzado, la Guerra de Independencia (1808-1814), en la que se
enfrentaban los afrancesados (partidarios José Bonaparte) y el frente patriótico
(partidarios Fernando VII).
Esta guerra tuvo 3 fases, la primera siendo la de ocupación y levantamiento, a lo
largo de 1808. Ante la obvia intención de Napoleón de invadir España, se produjo
una insurrección en Madrid en mayo, liderada por los capitanes Daoiz y Velarde,
pero fue suprimida. La insurrección y las Abdicaciones de Bayona dejaron un vació
de poder, que llenaron las Juntas Provinciales, que asumieron el gobierno municipal
en ausencia del rey. También se produjo el Sitio de Zaragoza, en el que Napoleón