Aspectos del lenguaje:
El juego de palabras comienza desde título mismo de la obra: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
Es en la segunda palabra donde se encuentra la doble significación que tanto se le reconoce al autor.
Ingenioso, de acuerdo con Rosenblat, “equivalía a luz del entendimiento, aptitud o talento natural, habilidad o
capacidad” (158). Don Quijote, en sus lapsos de cordura, demuestra tener un ingenio tal como lo describe el
autor de La lengua del “Quijote”; sin embargo, tal parece que en los lapsos de locura, este ingenio de Don
Quijote no persigue estas cualidades, lo que provoca que se produzca una situación no sólo humorística sino
también irónica.
Dentro del doble sentido al que hacen referencia los personajes se observan términos como: hombre de bien =
buen hombre y con bienes; curarse = cuidar y curarse de salud; presentar = mostrar algo y regalar, entre otros
ejemplos. Don Quijote, cuando por su culpa el mono de Maese Pedro escapa, dice a Sancho acerca de la
cantidad que les cobraba: “Dáselos, Sancho (…) no para tomar el mono, sino la mona” (II, 26, 232); asimismo,
cuando Sancho se encuentra con Tosilos y éste le dice que su amo deber ser un loco, el escudero responde:
“¿cómo debe? –respondió Sancho-. No debe nada a nadie; que todo lo paga, y más, cuando la moneda es
locura” (II, 66, 530).
La afectación de la lengua no sólo la presenta Don Quijote, sino que también Sancho abandona su llaneza
cuando se requiere un tratamiento que implique el uso de vuestra excelencia, vuestra alteza, etcétera Esto se
debe a que el tratamiento “vuestra merced” se había generalizado a todos los estratos sociales, por lo que
para diferenciar a personas de categoría superior se recurría a otros tipos de tratamiento más señoriales. Por
ejemplo, Don Quijote al dirigirse a los Duques lo hace mediante vuestra grandeza o vuestra excelencia (II, 32).
Sancho lo hace de igual forma al dirigirse a la Duquesa: hermosa señora, vuestra grandeza, vuestra alteza,
vuesa señoría (II, 29, 36, 41 respectivamente). El humor respecto a este tipo de tratamiento se da con Sancho
cuando debido a el engaño que prepara para su amo, habla a la labradora como si fuese su señora Dulcinea y
le dice: “Reina y princesa y duquesa de la hermosura, vuestra altivez y grandeza sea servida, de recibir en su
gracia y buen talante al cautivo caballero vuestro” (II, 10, 97).
Cervantes se encuentra inmerso en una larga tradición según la cual el empleo de antropónimos no obedece al
carácter arbitrario de la función lingüística general en el nombre propio- nada une al nombre con un
significado- sino que parte de criterios muy antiguos que hacen que el nombre presente a su personaje con un
valor altamente significativo. Toda la obra cervantina está impregnada por la aplicación de esta teoría:
Rinconete, Cortadillo, Monipodio (deformación popular de monopolio), Rocinante, Pedro ecio, Quijote,
Dulcinea.
Don Quijote habla con la naturalidad con que se esperaría que lo hiciese un hidalgo de pueblo que uniera a un
discreto juicio una gran afición a la lectura. Muchas personas hablan como él: el curo, el bachiller Sansón
Carrasco, maese Nicolás.
El juego de palabras comienza desde título mismo de la obra: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
Es en la segunda palabra donde se encuentra la doble significación que tanto se le reconoce al autor.
Ingenioso, de acuerdo con Rosenblat, “equivalía a luz del entendimiento, aptitud o talento natural, habilidad o
capacidad” (158). Don Quijote, en sus lapsos de cordura, demuestra tener un ingenio tal como lo describe el
autor de La lengua del “Quijote”; sin embargo, tal parece que en los lapsos de locura, este ingenio de Don
Quijote no persigue estas cualidades, lo que provoca que se produzca una situación no sólo humorística sino
también irónica.
Dentro del doble sentido al que hacen referencia los personajes se observan términos como: hombre de bien =
buen hombre y con bienes; curarse = cuidar y curarse de salud; presentar = mostrar algo y regalar, entre otros
ejemplos. Don Quijote, cuando por su culpa el mono de Maese Pedro escapa, dice a Sancho acerca de la
cantidad que les cobraba: “Dáselos, Sancho (…) no para tomar el mono, sino la mona” (II, 26, 232); asimismo,
cuando Sancho se encuentra con Tosilos y éste le dice que su amo deber ser un loco, el escudero responde:
“¿cómo debe? –respondió Sancho-. No debe nada a nadie; que todo lo paga, y más, cuando la moneda es
locura” (II, 66, 530).
La afectación de la lengua no sólo la presenta Don Quijote, sino que también Sancho abandona su llaneza
cuando se requiere un tratamiento que implique el uso de vuestra excelencia, vuestra alteza, etcétera Esto se
debe a que el tratamiento “vuestra merced” se había generalizado a todos los estratos sociales, por lo que
para diferenciar a personas de categoría superior se recurría a otros tipos de tratamiento más señoriales. Por
ejemplo, Don Quijote al dirigirse a los Duques lo hace mediante vuestra grandeza o vuestra excelencia (II, 32).
Sancho lo hace de igual forma al dirigirse a la Duquesa: hermosa señora, vuestra grandeza, vuestra alteza,
vuesa señoría (II, 29, 36, 41 respectivamente). El humor respecto a este tipo de tratamiento se da con Sancho
cuando debido a el engaño que prepara para su amo, habla a la labradora como si fuese su señora Dulcinea y
le dice: “Reina y princesa y duquesa de la hermosura, vuestra altivez y grandeza sea servida, de recibir en su
gracia y buen talante al cautivo caballero vuestro” (II, 10, 97).
Cervantes se encuentra inmerso en una larga tradición según la cual el empleo de antropónimos no obedece al
carácter arbitrario de la función lingüística general en el nombre propio- nada une al nombre con un
significado- sino que parte de criterios muy antiguos que hacen que el nombre presente a su personaje con un
valor altamente significativo. Toda la obra cervantina está impregnada por la aplicación de esta teoría:
Rinconete, Cortadillo, Monipodio (deformación popular de monopolio), Rocinante, Pedro ecio, Quijote,
Dulcinea.
Don Quijote habla con la naturalidad con que se esperaría que lo hiciese un hidalgo de pueblo que uniera a un
discreto juicio una gran afición a la lectura. Muchas personas hablan como él: el curo, el bachiller Sansón
Carrasco, maese Nicolás.