FICHA BIBLIOGRÁFICA
Foucault, Michel: Microfísica del Poder, Buenos Aires, La piqueta, 1998. Conferencias 8 y 9
8. CURSO DEL 7 DE ENERO DE 1976
¶5 El trabajo que hicimos podría justificarse diciendo que es adecuado al período en el que se
producen dos fenómenos que si bien no son realmente importante son bastante interesantes.
(p. 129)
¶6 Hay un período caracterizado por lo que podemos llamar la eficacia de la ofensiva dispersa
y discontinua. (p. 129)
¶7 Desde hace diez o quince años emerge la proliferante crítica de las cosas, las instituciones,
las prácticas y los discursos (…) se descubre en realidad algo que no estaba previsto al principio
y que podría llamarse el efecto inhibitorio propio de las teorías totalitarias. (p. 129)
¶8 Primera característica de estas cosas que han sucedido desde hace una quincena de años:
carácter local de la crítica (…) este indica algo que sería una especie de producción teórica
autónoma, no centralizada, que no necesita, para afirmar su propia validez, del beneplácito de
un sistema de normas comunes. (p. 130)
¶9 Segunda característica de esto que viene sucediendo desde hace algún tiempo: esta crítica
local se ha realizado, me parece, a través de lo que podríamos llamar los “retornos del saber”
(…) en el fondo de esta temática, a través de ella, hemos visto producirse lo que podría
llamarse la insurrección de los saberes sometidos. (p. 130)
¶10 Por saberes sometidos entiendo dos cosas: por una parte, los contenidos históricos que
han estado sepultados en el interior de coherencias funcionales o en sistematizaciones
formales (…) los saberes sometidos son estos bloques de saberes históricos que estaban
presentes y soterrados en el interior de los conjuntos funcionales y sistemáticos, y que la
crítica ha hecho reaparecer a través del instrumento de la erudición. (p. 130-131)
¶11 En segundo lugar, por saberes sometidos, pienso que debe entenderse también: toda una
serie de saberes calificados como incompetentes, o, insuficientemente elaborados (…) y es
mediante la aparición de este saber, de estos saberes locales de la gente, de estos saberes
descalificados como se ha operado la crítica. (p. 131)
¶12 Sin embargo, es una extraña paradoja querer poner juntos en la misma categoría de
saberes sometidos, por una parte los contenidos del conocimiento histórico meticuloso,
erudito, exacto, y por otra esto saberes locales, singulares, estos saberes de la gente que son
saberes sin sentido común. (p. 131)
¶13 En un caso como en otro tanto en este saber de la erudición como en aquellos
descalificados, en estas dos formas de saberes sometidos o soterrados, se trataba realmente
del saber histórico de la lucha. Se conservaba la memoria de los enfrentamientos. (p. 131)
¶14 Se ha perfilado así una genealogía, o más bien investigaciones genealógicas múltiples,
redescubrimiento conjunto de la lucha y memoria directa de los enfrentamientos. (p. 131)
¶15 Llamamos genealogía al acoplamiento de los conocimientos eruditos y de las memorias
locales que permite la constitución de un saber histórico de la lucha y la utilización de ese
saber en las tácticas actuales. (p. 132)
¶16 En esta actividad, que puede llamarse pues genealógica se trata de hacer entrar en juego
los saberes locales, discontinuos, descalificados, no legitimados, contra la instancia teórica
unitaria que pretende filtrarlos, jerarquizarlos, ordenarlos en nombre del conocimiento
verdadero. (…) las genealogías son precisamente anti-ciencias. (…) se trata de la insurrección
de los saberes contra los efectos del saber centralizador que ha sido legado a las instituciones
y al funcionamiento de un discurso científico organizado en el seno de una sociedad como la
, nuestra. (…) la genealogía debe dirigir la lucha contra los efectos de poder de un discurso
considerado científico. (p. 132-133)
¶17 Muchos se preguntaron si el marxismo era o no una ciencia, igual pregunta fue hecha, a
propósito del psicoanálisis o también de la semiología de los textos literarios; las genealogías o
los genealogistas responderían que todos ellos son una ciencia. (p. 133)
¶18 La genealogía sería, pues, oposición a los proyectos de una inscripción de los saberes en la
jerarquía del poder propia de la ciencia, una especie de tentativa para liberar a los saberes
históricos del sometimiento (…) la arqueología sería el método propio de los análisis de las
discursividades locales, y la genealogía la táctica que a partir de estas discursividades locales
así descritas, pone en movimiento los saberes que no emergían, liberados del sometimiento.
(p. 133-134)
¶22 ¿Puede el análisis del poder o de los poderes de un modo o de otro deducirse de la
economía? (…) existe un cierto punto común entre la concepción jurídica, liberal del poder
político y la concepción marxista. Este punto común sería lo que llamaré el economicismo en la
teoría del poder. Con esto quiero decir que, en el caso de la teoría jurídica clásica, el poder es
considerado como un derecho, del que se es poseedor como de un bien, que en consecuencia
puede transferirse o alienarse mediante un acto jurídico o un acto fundador de derecho que
sería del orden de la cesión o del contrato. (…) En el otro caso, (me refiero a la concepción
marxista general del poder) hay algo distinto que podría denominarse la funcionalidad
económica del poder. (…) El poder político encontraría, pues, que en la economía está su razón
política, histórica de existencia. (p. 136-137)
¶23 Para hacer un análisis del poder que no sea económico disponemos en primer lugar de la
afirmación de que la apropiación y el poder no se dan, no se cambian ni se retoman sino que
se ejercitan, no existen más que en acto; disponemos además de que el poder es una relación
de fuerza. (…) el poder es esencialmente lo que reprime. El poder reprime la naturaleza, los
instintos, a una clase, a los individuos. (p. 137)
¶24 Si el poder es analizado en términos de lucha, de enfrentamientos, de guerra se estaría en
oposición con la primera hipótesis, según la cual el poder es esencialmente represión. Y podría
formularse una segunda hipótesis: el poder es la guerra, diciendo que la política es la guerra
continuada con otros medios. Esto quiere decir tres cosas: en primer lugar, que las relaciones
de poder se han instaurado en un momento determinado, históricamente localizable, de la
guerra (…) el poder político, según esta hipótesis, tendría el papel de reinscribir esta relación
de fuerza mediante una especie de guerra silenciosa (…) la política sería la corroboración y el
mantenimiento del desequilibrio de las fuerzas que se manifiestan en la guerra; quiere decir
también otra cosa: en el interior de esta “paz civil” en un sistema político no debe ser
interpretado más que como la continuación de la guerra, es decir, debe ser descifrado como
episodios, fragmentos, desplazamientos de la guerra misma. Una tercera cosa: la decisión final
no puede provenir más que de la guerra, de una prueba de fuerza en la que las armas serán los
jueces; la última batalla suspendería el ejercicio del poder como guerra continua. (p. 138-139)
¶25 Uno intenta liberarse de los esquemas economicistas para analizar el poder, se encuentra
frente a dos hipótesis: por una parte, los mecanismos del poder serían la represión (hipótesis
de Reich), y por otra, la base de las relaciones de poder sería el enfrentamiento belicoso de la
fuerza (hipótesis de Nietzsche). (p. 139)
¶27 Se contraponen dos sistemas de análisis del poder: uno sería el viejo sistema que se
articula en torno al poder como derecho originario que se cede; este poder se arriesgaría a
utilizar la opresión cuando se sobrepase a sí mismo, es decir, cuando va más allá de los límites
del contrato. El otro sistema busca analizar el poder político según el de guerra-represión; la
represión no sería más que la puesta en práctica de una relación perpetua de fuerza. (p. 139)
Foucault, Michel: Microfísica del Poder, Buenos Aires, La piqueta, 1998. Conferencias 8 y 9
8. CURSO DEL 7 DE ENERO DE 1976
¶5 El trabajo que hicimos podría justificarse diciendo que es adecuado al período en el que se
producen dos fenómenos que si bien no son realmente importante son bastante interesantes.
(p. 129)
¶6 Hay un período caracterizado por lo que podemos llamar la eficacia de la ofensiva dispersa
y discontinua. (p. 129)
¶7 Desde hace diez o quince años emerge la proliferante crítica de las cosas, las instituciones,
las prácticas y los discursos (…) se descubre en realidad algo que no estaba previsto al principio
y que podría llamarse el efecto inhibitorio propio de las teorías totalitarias. (p. 129)
¶8 Primera característica de estas cosas que han sucedido desde hace una quincena de años:
carácter local de la crítica (…) este indica algo que sería una especie de producción teórica
autónoma, no centralizada, que no necesita, para afirmar su propia validez, del beneplácito de
un sistema de normas comunes. (p. 130)
¶9 Segunda característica de esto que viene sucediendo desde hace algún tiempo: esta crítica
local se ha realizado, me parece, a través de lo que podríamos llamar los “retornos del saber”
(…) en el fondo de esta temática, a través de ella, hemos visto producirse lo que podría
llamarse la insurrección de los saberes sometidos. (p. 130)
¶10 Por saberes sometidos entiendo dos cosas: por una parte, los contenidos históricos que
han estado sepultados en el interior de coherencias funcionales o en sistematizaciones
formales (…) los saberes sometidos son estos bloques de saberes históricos que estaban
presentes y soterrados en el interior de los conjuntos funcionales y sistemáticos, y que la
crítica ha hecho reaparecer a través del instrumento de la erudición. (p. 130-131)
¶11 En segundo lugar, por saberes sometidos, pienso que debe entenderse también: toda una
serie de saberes calificados como incompetentes, o, insuficientemente elaborados (…) y es
mediante la aparición de este saber, de estos saberes locales de la gente, de estos saberes
descalificados como se ha operado la crítica. (p. 131)
¶12 Sin embargo, es una extraña paradoja querer poner juntos en la misma categoría de
saberes sometidos, por una parte los contenidos del conocimiento histórico meticuloso,
erudito, exacto, y por otra esto saberes locales, singulares, estos saberes de la gente que son
saberes sin sentido común. (p. 131)
¶13 En un caso como en otro tanto en este saber de la erudición como en aquellos
descalificados, en estas dos formas de saberes sometidos o soterrados, se trataba realmente
del saber histórico de la lucha. Se conservaba la memoria de los enfrentamientos. (p. 131)
¶14 Se ha perfilado así una genealogía, o más bien investigaciones genealógicas múltiples,
redescubrimiento conjunto de la lucha y memoria directa de los enfrentamientos. (p. 131)
¶15 Llamamos genealogía al acoplamiento de los conocimientos eruditos y de las memorias
locales que permite la constitución de un saber histórico de la lucha y la utilización de ese
saber en las tácticas actuales. (p. 132)
¶16 En esta actividad, que puede llamarse pues genealógica se trata de hacer entrar en juego
los saberes locales, discontinuos, descalificados, no legitimados, contra la instancia teórica
unitaria que pretende filtrarlos, jerarquizarlos, ordenarlos en nombre del conocimiento
verdadero. (…) las genealogías son precisamente anti-ciencias. (…) se trata de la insurrección
de los saberes contra los efectos del saber centralizador que ha sido legado a las instituciones
y al funcionamiento de un discurso científico organizado en el seno de una sociedad como la
, nuestra. (…) la genealogía debe dirigir la lucha contra los efectos de poder de un discurso
considerado científico. (p. 132-133)
¶17 Muchos se preguntaron si el marxismo era o no una ciencia, igual pregunta fue hecha, a
propósito del psicoanálisis o también de la semiología de los textos literarios; las genealogías o
los genealogistas responderían que todos ellos son una ciencia. (p. 133)
¶18 La genealogía sería, pues, oposición a los proyectos de una inscripción de los saberes en la
jerarquía del poder propia de la ciencia, una especie de tentativa para liberar a los saberes
históricos del sometimiento (…) la arqueología sería el método propio de los análisis de las
discursividades locales, y la genealogía la táctica que a partir de estas discursividades locales
así descritas, pone en movimiento los saberes que no emergían, liberados del sometimiento.
(p. 133-134)
¶22 ¿Puede el análisis del poder o de los poderes de un modo o de otro deducirse de la
economía? (…) existe un cierto punto común entre la concepción jurídica, liberal del poder
político y la concepción marxista. Este punto común sería lo que llamaré el economicismo en la
teoría del poder. Con esto quiero decir que, en el caso de la teoría jurídica clásica, el poder es
considerado como un derecho, del que se es poseedor como de un bien, que en consecuencia
puede transferirse o alienarse mediante un acto jurídico o un acto fundador de derecho que
sería del orden de la cesión o del contrato. (…) En el otro caso, (me refiero a la concepción
marxista general del poder) hay algo distinto que podría denominarse la funcionalidad
económica del poder. (…) El poder político encontraría, pues, que en la economía está su razón
política, histórica de existencia. (p. 136-137)
¶23 Para hacer un análisis del poder que no sea económico disponemos en primer lugar de la
afirmación de que la apropiación y el poder no se dan, no se cambian ni se retoman sino que
se ejercitan, no existen más que en acto; disponemos además de que el poder es una relación
de fuerza. (…) el poder es esencialmente lo que reprime. El poder reprime la naturaleza, los
instintos, a una clase, a los individuos. (p. 137)
¶24 Si el poder es analizado en términos de lucha, de enfrentamientos, de guerra se estaría en
oposición con la primera hipótesis, según la cual el poder es esencialmente represión. Y podría
formularse una segunda hipótesis: el poder es la guerra, diciendo que la política es la guerra
continuada con otros medios. Esto quiere decir tres cosas: en primer lugar, que las relaciones
de poder se han instaurado en un momento determinado, históricamente localizable, de la
guerra (…) el poder político, según esta hipótesis, tendría el papel de reinscribir esta relación
de fuerza mediante una especie de guerra silenciosa (…) la política sería la corroboración y el
mantenimiento del desequilibrio de las fuerzas que se manifiestan en la guerra; quiere decir
también otra cosa: en el interior de esta “paz civil” en un sistema político no debe ser
interpretado más que como la continuación de la guerra, es decir, debe ser descifrado como
episodios, fragmentos, desplazamientos de la guerra misma. Una tercera cosa: la decisión final
no puede provenir más que de la guerra, de una prueba de fuerza en la que las armas serán los
jueces; la última batalla suspendería el ejercicio del poder como guerra continua. (p. 138-139)
¶25 Uno intenta liberarse de los esquemas economicistas para analizar el poder, se encuentra
frente a dos hipótesis: por una parte, los mecanismos del poder serían la represión (hipótesis
de Reich), y por otra, la base de las relaciones de poder sería el enfrentamiento belicoso de la
fuerza (hipótesis de Nietzsche). (p. 139)
¶27 Se contraponen dos sistemas de análisis del poder: uno sería el viejo sistema que se
articula en torno al poder como derecho originario que se cede; este poder se arriesgaría a
utilizar la opresión cuando se sobrepase a sí mismo, es decir, cuando va más allá de los límites
del contrato. El otro sistema busca analizar el poder político según el de guerra-represión; la
represión no sería más que la puesta en práctica de una relación perpetua de fuerza. (p. 139)