La doctrina del punto de vista o perspectivismo es la teoría del conocimiento de
Ortega, en la que se articulan dos conceptos fundamentales: circunstancia y
perspectiva, que darán lugar a la verdad.
Además del sentido epistemológico que acabamos de mencionar, también tiene
un sentido ontológico, en tanto que la perspectiva forma parte de la realidad y la
organiza.
La doctrina es en primer lugar, una doctrina relacionada con la vida. Ortega
pretende poner de manifiesto la diferencia con la teoría del conocimiento
racionalista, insistiendo en el carácter vital de su teoría frente al racionalismo que
deja la vida fuera del conocimiento. Por ello, Ortega propone el cambio de la razón
pura, abstracta y universal del racionalismo por una razón vital, concreta, individual
formando parte de la vida.
En segundo lugar, se fija en el individuo como sujeto del conocimiento. La
vida es vida individual, es el yo y su circunstancia. Cada perspectiva es única e
insustituible. Las diferencias individuales, para Ortega, no son un problema, como
lo eran para los racionalistas, ya que para Ortega la verdad es múltiple y esa
multiplicidad le viene de la perspectiva. No hay una razón universal que pueda
captar la verdad, la única razón que existe es la razón individual. Para Ortega hay
tres circunstancias, en grado creciente de amplitud: individual (persona), social
(pueblo) e histórica (época).
En tercer lugar, toma a las diversas verdades como complementarias. La
verdad total, la omnímoda verdad, se obtiene de la suma de todas ellas.
En cada perspectiva hay una parte de la verdad, complementando una
perspectiva con otra podremos llegar a la verdad completa, que solo se puede
alcanzar poco a poco, a través de la historia.
El “error inveterado” (error antiguo, arraigado en viejas creencias o costumbres)
del realismo ingenuo y del racionalismo es pensar que existe una realidad
independiente del sujeto. Pero la realidad, es como un paisaje, tiene
innumerables perspectivas, todas igualmente verdaderas y auténticas.
El sujeto del conocimiento ya no es el yo puro, abstracto sino un yo anclado en su
circunstancia como el país, la ciudad, la cultura o la familia a que pertenecemos.
Esta circunstancia “forma la otra mitad de la persona”. Ortega lo expresa con su
famosa frase “yo soy yo y mi circunstancia”.
La perspectiva es el punto de vista individual, el único desde el que podemos
conocer (sentido epistemológico) y el lugar desde el que captamos la porción de
realidad que nuestro punto de vista nos permite conocer (sentido ontológico).
La verdad se adquiere por la complementariedad de todas las perspectivas
individuales. El individuo es sujeto-retícula que deja pasar por su retícula solo
algunos elementos de la realidad, otros quedan fuera, no percibidos. Cada
persona, pueblo, época, tienen su congrua (su correspondiente) porción de
verdad. Esa verdad tiene que enlazarse y unirse con la verdad de las
perspectivas de los demás, para llegar a una verdad más amplia e integradora y
así, convierte el concepto de mundo en horizonte. El mundo es algo cerrado y
fijo, pero el horizonte es algo móvil, que depende del lugar donde se sitúe el
sujeto.
Ortega, en la que se articulan dos conceptos fundamentales: circunstancia y
perspectiva, que darán lugar a la verdad.
Además del sentido epistemológico que acabamos de mencionar, también tiene
un sentido ontológico, en tanto que la perspectiva forma parte de la realidad y la
organiza.
La doctrina es en primer lugar, una doctrina relacionada con la vida. Ortega
pretende poner de manifiesto la diferencia con la teoría del conocimiento
racionalista, insistiendo en el carácter vital de su teoría frente al racionalismo que
deja la vida fuera del conocimiento. Por ello, Ortega propone el cambio de la razón
pura, abstracta y universal del racionalismo por una razón vital, concreta, individual
formando parte de la vida.
En segundo lugar, se fija en el individuo como sujeto del conocimiento. La
vida es vida individual, es el yo y su circunstancia. Cada perspectiva es única e
insustituible. Las diferencias individuales, para Ortega, no son un problema, como
lo eran para los racionalistas, ya que para Ortega la verdad es múltiple y esa
multiplicidad le viene de la perspectiva. No hay una razón universal que pueda
captar la verdad, la única razón que existe es la razón individual. Para Ortega hay
tres circunstancias, en grado creciente de amplitud: individual (persona), social
(pueblo) e histórica (época).
En tercer lugar, toma a las diversas verdades como complementarias. La
verdad total, la omnímoda verdad, se obtiene de la suma de todas ellas.
En cada perspectiva hay una parte de la verdad, complementando una
perspectiva con otra podremos llegar a la verdad completa, que solo se puede
alcanzar poco a poco, a través de la historia.
El “error inveterado” (error antiguo, arraigado en viejas creencias o costumbres)
del realismo ingenuo y del racionalismo es pensar que existe una realidad
independiente del sujeto. Pero la realidad, es como un paisaje, tiene
innumerables perspectivas, todas igualmente verdaderas y auténticas.
El sujeto del conocimiento ya no es el yo puro, abstracto sino un yo anclado en su
circunstancia como el país, la ciudad, la cultura o la familia a que pertenecemos.
Esta circunstancia “forma la otra mitad de la persona”. Ortega lo expresa con su
famosa frase “yo soy yo y mi circunstancia”.
La perspectiva es el punto de vista individual, el único desde el que podemos
conocer (sentido epistemológico) y el lugar desde el que captamos la porción de
realidad que nuestro punto de vista nos permite conocer (sentido ontológico).
La verdad se adquiere por la complementariedad de todas las perspectivas
individuales. El individuo es sujeto-retícula que deja pasar por su retícula solo
algunos elementos de la realidad, otros quedan fuera, no percibidos. Cada
persona, pueblo, época, tienen su congrua (su correspondiente) porción de
verdad. Esa verdad tiene que enlazarse y unirse con la verdad de las
perspectivas de los demás, para llegar a una verdad más amplia e integradora y
así, convierte el concepto de mundo en horizonte. El mundo es algo cerrado y
fijo, pero el horizonte es algo móvil, que depende del lugar donde se sitúe el
sujeto.