1º BACHILLERATO
FILOSOFÍA
Tema 5
La naturaleza
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, Tema 5: La naturaleza
1. ¿Qué es la filosofía de la naturaleza?
Disciplina filosófica que, teniendo en cuenta los hallazgos aportados por las ciencias
naturales (física, astronomía) y en estrecha relación con la epistemología y la ontología, intenta
ofrecer una comprensión integral del universo, de la naturaleza: cómo funciona y por qué
principios se rige. Considera desde la perspectiva filosófica aquellos fenómenos naturales que
siempre han sido un interrogante para el hombre, tales como la materia, el tiempo, el
movimiento, el espacio, el cambio, etc. También recibe el nombre de cosmología
El determinismo, el mecanicismo, el finalismo, entre otras, no son doctrinas propiamente
científicas —aunque aparezcan en las teorías de los científicos— sino filosóficas, originadas en
la filosofía de la naturaleza o aplicables en ella.
2. Cosmovisiones científicas
Nuestra mente intenta siempre tener una visión total de la realidad. Cuando tratamos de
representarnos una imagen completa del universo (cosmos) surge lo que se llama una
cosmovisión. Si esa cosmovisión se alcanza a través de la ciencia, se trata de una cosmovisión
científica. Esto quiere decir que nos basamos en datos empíricos y en teorías parciales sobre la
realidad, para construir una teoría mayor, que nos dé una «imagen de conjunto» del
cosmos.Pero existen también cosmovisiones no científicas como las religiosas.
Filosofía y ciencia constituían en un principio una misma realidad, y lo siguieron siendo hasta
hace históricamente poco tiempo (siglos XVI-XVII). Los primeros filósofos, en la antigua
Grecia, se dedicaron principalmente al conocimiento de la naturaleza (physis), buscando para
ello su principio (arjé). Fueron los creadores de las primeras cosmovisiones que pueden
llamarse propiamente «científicas», por lo que pueden considerarse también los primeros
cosmólogos. Algunas de estas primeras teorías responden a intuiciones geniales que, a pesar de
un desarrollo inevitablemente imperfecto, acabaron teniendo una relevancia extraordinaria.
Destacamos a los pitagóricos, a Anaxágoras y a los atomistas.
3. El universo aristotélico
Aristóteles (siglo IV a. C.) concibió su cosmovisión a partir del sistema de esferas
homocéntricas ideado por Eudoxo de Cnido (siglo IV a. C). Esta cosmovisión, adoptada por el
cristianismo y el islam, se mantuvo -con las mejoras del astrónomo alejandrino Ptolomeo (siglo
II d.C.)- hasta ser sustituida por la teoría heliocéntrica de Copérnico. Tan asentada estuvo
durante siglos, que las evidencias aportadas por Galileo tardaron en imponerse.
El sistema aristotélico-ptolemaico presentaba las siguientes características fundamentales:
1. Geocentrismo. La Tierra es una diminuta esfera inmóvil situada en el centro del universo.
Se trata de un sistema antropocéntrico, pues se basa en el punto de vista del observador humano
que contempla cómo los astros parecen girar en órbitas circulares alrededor de una Tierra
estática.
2. Esfericidad. Alrededor de la Tierra gira una serie de esferas concéntricas de éter en las que
se sitúan, por este orden, la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno. En la
última esfera se sitúan las estrellas fijas. Más allá de la esfera de las estrellas fijas se encuentra
el primer motor o motor inmóvil, causante del movimiento circular y uniforme de esa última
esfera. Este movimiento se transmite por fricción de una esfera a otra, con alguna pérdida, hasta
afectar al mundo sublunar.
3. Finitud. Es un universo finito: más allá de la esfera de las estrellas fijas no hay nada material.
Tiene, por tanto, unos límites establecidos
4. Eternidad. Es un universo eterno, ni tuvo principio ni tendrá final.
5. Es un universo lleno, porque no existe el espacio vacío (horror vacui): todo está ocupado por
los cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire) o por el éter o quinta esencia, elemento divino
del que se componen los astros.
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, 6. Heterogeneidad. El universo es heterogéneo, porque está compuesto de dos partes
absolutamente diferentes, muy distintas: el mundo sublunar y el mundo supralunar, situados
respectivamente por debajo y por encima de la esfera de la Luna.
• En el mundo sublunar -es decir, la Tierra donde vivimos- se encuentran los seres compuestos
por los cuatro elementos. Es el mundo de la generación y la corrupción: de lo que nace, muere y
es imperfecto.
• En el mundo supralunar, en cambio, se encuentran los seres divinos e incorruptibles, y está
compuesto de éter. De este elemento celeste -que solo es visible cuando se concentra en masas
que forman los planetas- se componen las esferas concéntricas que giran en torno a la Tierra.
7. Circularidad. Cada cuerpo posee un movimiento que depende del elemento que predomine
en su composición, salvo en el caso de que un agente externo actúe sobre ellos. Los elementos
tienden a moverse para ocupar en el universo el lugar que les es natural. Los cuatro elementos
sublunares poseen un movimiento rectilíneo, que se desarrolla en dos sentidos: hacia el centro
del universo (tierra y agua) y alejándose de ese centro (aire y fuego). Así, en orden de gravedad,
la tierra ocuparía el centro, luego el agua, el aire y el fuego. Esto ocurriría si estuvieran en
reposo, algo que no ocurre, sino que se dan mezclados, en mayor o menor proporción, en los
cuerpos de los seres sublunares, lo que hace que estos sean más o menos pesados. El éter, por su
parte, posee un movimiento circular y uniforme. Las trayectorias que describen los planetas
(órbita) son circulares. El movimiento circular es el movimiento perfecto
8. Finalismo. Se trata de un universo ordenado, porque cada elemento ocupa el lugar que le
corresponde y tiende a realizar el fin que le es propio. Por ejemplo, un cuerpo pesado o grave
sigue un movimiento rectilíneo de caída hacia el centro de la Tierra porque ese es el fin al que
tiende debido a la naturaleza que posee, a que es un cuerpo grave.
9. Estabilidad. Es un universo estable porque no admite cambios ni novedades ni nada se
produce por azar.
Las cosmovisiones religiosas de origen bíblico (judaísmo, cristianismo e islam) consideran que
el mundo ha sido creado por Dios, extiende sobre él su providencia, y le dará fin cuando venga
el Juicio Final. La cosmovisión aristotélico-ptolemaica se adaptó fácilmente a este esquema
durante la Edad Media, eliminando la eternidad del mundo e identificando a Dios con el motor
inmóvil. En Occidente sobrevivió hasta el siglo XVII.
El universo aristotélico contenía numerosas anomalías. No explicaba, por ejemplo, la
retrogradación de los planetas, es decir, que estos en el cielo vayan aparentemente «hacia atrás»
(la palabra planétés significa en griego 'errante'), ni los cambios de intensidad en su brillo (que
se deben a una mayor o menor lejanía, cosa imposible si están encajados en una esfera y orbitan
circularmente en torno a la Tierra).
Para salvar las apariencias, el astrónomo Claudio Ptolomeo (siglo II) inventó un complicado
sistema de epiciclos y deferentes, que, pese a su éxito, no acababa de ser satisfactorio.
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FILOSOFÍA
Tema 5
La naturaleza
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, Tema 5: La naturaleza
1. ¿Qué es la filosofía de la naturaleza?
Disciplina filosófica que, teniendo en cuenta los hallazgos aportados por las ciencias
naturales (física, astronomía) y en estrecha relación con la epistemología y la ontología, intenta
ofrecer una comprensión integral del universo, de la naturaleza: cómo funciona y por qué
principios se rige. Considera desde la perspectiva filosófica aquellos fenómenos naturales que
siempre han sido un interrogante para el hombre, tales como la materia, el tiempo, el
movimiento, el espacio, el cambio, etc. También recibe el nombre de cosmología
El determinismo, el mecanicismo, el finalismo, entre otras, no son doctrinas propiamente
científicas —aunque aparezcan en las teorías de los científicos— sino filosóficas, originadas en
la filosofía de la naturaleza o aplicables en ella.
2. Cosmovisiones científicas
Nuestra mente intenta siempre tener una visión total de la realidad. Cuando tratamos de
representarnos una imagen completa del universo (cosmos) surge lo que se llama una
cosmovisión. Si esa cosmovisión se alcanza a través de la ciencia, se trata de una cosmovisión
científica. Esto quiere decir que nos basamos en datos empíricos y en teorías parciales sobre la
realidad, para construir una teoría mayor, que nos dé una «imagen de conjunto» del
cosmos.Pero existen también cosmovisiones no científicas como las religiosas.
Filosofía y ciencia constituían en un principio una misma realidad, y lo siguieron siendo hasta
hace históricamente poco tiempo (siglos XVI-XVII). Los primeros filósofos, en la antigua
Grecia, se dedicaron principalmente al conocimiento de la naturaleza (physis), buscando para
ello su principio (arjé). Fueron los creadores de las primeras cosmovisiones que pueden
llamarse propiamente «científicas», por lo que pueden considerarse también los primeros
cosmólogos. Algunas de estas primeras teorías responden a intuiciones geniales que, a pesar de
un desarrollo inevitablemente imperfecto, acabaron teniendo una relevancia extraordinaria.
Destacamos a los pitagóricos, a Anaxágoras y a los atomistas.
3. El universo aristotélico
Aristóteles (siglo IV a. C.) concibió su cosmovisión a partir del sistema de esferas
homocéntricas ideado por Eudoxo de Cnido (siglo IV a. C). Esta cosmovisión, adoptada por el
cristianismo y el islam, se mantuvo -con las mejoras del astrónomo alejandrino Ptolomeo (siglo
II d.C.)- hasta ser sustituida por la teoría heliocéntrica de Copérnico. Tan asentada estuvo
durante siglos, que las evidencias aportadas por Galileo tardaron en imponerse.
El sistema aristotélico-ptolemaico presentaba las siguientes características fundamentales:
1. Geocentrismo. La Tierra es una diminuta esfera inmóvil situada en el centro del universo.
Se trata de un sistema antropocéntrico, pues se basa en el punto de vista del observador humano
que contempla cómo los astros parecen girar en órbitas circulares alrededor de una Tierra
estática.
2. Esfericidad. Alrededor de la Tierra gira una serie de esferas concéntricas de éter en las que
se sitúan, por este orden, la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno. En la
última esfera se sitúan las estrellas fijas. Más allá de la esfera de las estrellas fijas se encuentra
el primer motor o motor inmóvil, causante del movimiento circular y uniforme de esa última
esfera. Este movimiento se transmite por fricción de una esfera a otra, con alguna pérdida, hasta
afectar al mundo sublunar.
3. Finitud. Es un universo finito: más allá de la esfera de las estrellas fijas no hay nada material.
Tiene, por tanto, unos límites establecidos
4. Eternidad. Es un universo eterno, ni tuvo principio ni tendrá final.
5. Es un universo lleno, porque no existe el espacio vacío (horror vacui): todo está ocupado por
los cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire) o por el éter o quinta esencia, elemento divino
del que se componen los astros.
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, 6. Heterogeneidad. El universo es heterogéneo, porque está compuesto de dos partes
absolutamente diferentes, muy distintas: el mundo sublunar y el mundo supralunar, situados
respectivamente por debajo y por encima de la esfera de la Luna.
• En el mundo sublunar -es decir, la Tierra donde vivimos- se encuentran los seres compuestos
por los cuatro elementos. Es el mundo de la generación y la corrupción: de lo que nace, muere y
es imperfecto.
• En el mundo supralunar, en cambio, se encuentran los seres divinos e incorruptibles, y está
compuesto de éter. De este elemento celeste -que solo es visible cuando se concentra en masas
que forman los planetas- se componen las esferas concéntricas que giran en torno a la Tierra.
7. Circularidad. Cada cuerpo posee un movimiento que depende del elemento que predomine
en su composición, salvo en el caso de que un agente externo actúe sobre ellos. Los elementos
tienden a moverse para ocupar en el universo el lugar que les es natural. Los cuatro elementos
sublunares poseen un movimiento rectilíneo, que se desarrolla en dos sentidos: hacia el centro
del universo (tierra y agua) y alejándose de ese centro (aire y fuego). Así, en orden de gravedad,
la tierra ocuparía el centro, luego el agua, el aire y el fuego. Esto ocurriría si estuvieran en
reposo, algo que no ocurre, sino que se dan mezclados, en mayor o menor proporción, en los
cuerpos de los seres sublunares, lo que hace que estos sean más o menos pesados. El éter, por su
parte, posee un movimiento circular y uniforme. Las trayectorias que describen los planetas
(órbita) son circulares. El movimiento circular es el movimiento perfecto
8. Finalismo. Se trata de un universo ordenado, porque cada elemento ocupa el lugar que le
corresponde y tiende a realizar el fin que le es propio. Por ejemplo, un cuerpo pesado o grave
sigue un movimiento rectilíneo de caída hacia el centro de la Tierra porque ese es el fin al que
tiende debido a la naturaleza que posee, a que es un cuerpo grave.
9. Estabilidad. Es un universo estable porque no admite cambios ni novedades ni nada se
produce por azar.
Las cosmovisiones religiosas de origen bíblico (judaísmo, cristianismo e islam) consideran que
el mundo ha sido creado por Dios, extiende sobre él su providencia, y le dará fin cuando venga
el Juicio Final. La cosmovisión aristotélico-ptolemaica se adaptó fácilmente a este esquema
durante la Edad Media, eliminando la eternidad del mundo e identificando a Dios con el motor
inmóvil. En Occidente sobrevivió hasta el siglo XVII.
El universo aristotélico contenía numerosas anomalías. No explicaba, por ejemplo, la
retrogradación de los planetas, es decir, que estos en el cielo vayan aparentemente «hacia atrás»
(la palabra planétés significa en griego 'errante'), ni los cambios de intensidad en su brillo (que
se deben a una mayor o menor lejanía, cosa imposible si están encajados en una esfera y orbitan
circularmente en torno a la Tierra).
Para salvar las apariencias, el astrónomo Claudio Ptolomeo (siglo II) inventó un complicado
sistema de epiciclos y deferentes, que, pese a su éxito, no acababa de ser satisfactorio.
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