TEMA 7 POESÍA DESDE 1939 HASTA LA ACTUALIDAD.
Tendencias, autores y obras principales
Al terminar la Guerra Civil, el panorama poético se encuentra empobrecido y
mermado. Se ha producido la pérdida de algunas de sus grandes figuras, ya sea por
fallecimiento (caso de Federico García Lorca, fusilado, o de Antonio Machado), ya
por el exilio (gran parte de los miembros de la Generación del 27). Además, en la
posguerra fallece, tras un triste peregrinar por diferente cárceles, Miguel
Hernández (1910-1942). Considerado como feliz epígono de la Generación del 27, su
obra había pasado del gongorismo de su primer libro al compromiso revolucionario y
al estilo neopopularista del último, Cancionero y romanero de ausencias. En ella se
expresa la angustia existencial producida por la ausencia de los suyos.
A la situación anterior, habrá que unir el profundo aislamiento debido al ambiente
de posguerra.
Poesía del exilio. Se caracteriza, sobre todo, por abordar temas humanos y, a
menudo, existenciales desde un sentimiento de lejanía y nostalgia. Aparte de los
miembros de la Generación del 27 (Salinas, Cernuda, Prados, Altolaguirre…), es
destacable la figura de León Felipe, poeta crítico que apoyó la causa republicana. A
partir de 1939 su poesía será desgarrada y pesimista (Antología rota).
Años 40. Poesía arraigada y poesía desarraigada. La poesía arraigada es la de
quienes, próximos ideológicamente al régimen, se muestran firmemente instalados en
el mundo, y practican una poesía formalmente armónica, de resonancias clásicas, con
una métrica tradicional (especialmente el soneto) y temas intimistas, religiosos,
familiares y paisajísticos. Se expresan a través de revistas como Escorial y
Garcilaso. Destacan García Nieto, Luis Rosales (La casa encendida), Luis Felipe
Vivanco, Dionisio Ridruejo. Por el contrario, la poesía desarraigada manifiesta un
malestar de raíz existencial. Desarrolla un sentimiento religioso, pero desde una
perspectiva crítica (soledad, vacío, miedo, angustia de vivir o morir). El contenido
prima sobre la forma y el léxico, en ocasiones, es hosco y violento. Surge a raíz del
ejemplo de Hijos de la ira (Dámaso Alonso 1944), desgarrador grito de angustia ante
un mundo en descomposición. Expresado en largos versículos cargados de imágenes
visionarias, con un lenguaje que no rehúye los términos soeces. El vehículo de
expresión de esta poesía desarraigada serán las revistas (Espadaña, de León, Proel,
Corcel). Entre sus cultivadores destacará Blas de Otero (Ancia que reúne Ángel
fieramente humano, Redoble de conciencia), cuyo tema principal es la difícil relación
del hombre con un Dios que no da señales de su existencia. En este contexto de
poesía existencial se inicia también el santanderino José Hierro (Tierra sin nosotros).
Otras tendencias de este periodo son el neobarroquismo del grupo Cántico de
Córdoba (Pablo García Baena, Ricardo Molina) y el vanguardismo del grupo
“postista” (Carlos Edmundo de Ory, Juan Eduardo Cirlot).
Años 50. Poesía social. Se abre paso, en buena medida como la derivación de la
poesía desarraigada. Es una poesía comprometida, que trata de llegar a los humildes
y a los trabajadores reivindicando la justicia social y la paz basada en la
reconciliación, y mostrando una gran preocupación por España. Su lenguaje, en
consecuencia, es sencillo y directo. Figuras destacadas son Gabriel Celaya (Cantos
íberos, 1955) y Blas de Otero (Pido la paz y la palabra, 1955). La poesía para ellos es
un vehículo de comunicación. “La poesía es un instrumento, entre nosotros, para
transformar el mundo” (Gabriel Celaya).
Tendencias, autores y obras principales
Al terminar la Guerra Civil, el panorama poético se encuentra empobrecido y
mermado. Se ha producido la pérdida de algunas de sus grandes figuras, ya sea por
fallecimiento (caso de Federico García Lorca, fusilado, o de Antonio Machado), ya
por el exilio (gran parte de los miembros de la Generación del 27). Además, en la
posguerra fallece, tras un triste peregrinar por diferente cárceles, Miguel
Hernández (1910-1942). Considerado como feliz epígono de la Generación del 27, su
obra había pasado del gongorismo de su primer libro al compromiso revolucionario y
al estilo neopopularista del último, Cancionero y romanero de ausencias. En ella se
expresa la angustia existencial producida por la ausencia de los suyos.
A la situación anterior, habrá que unir el profundo aislamiento debido al ambiente
de posguerra.
Poesía del exilio. Se caracteriza, sobre todo, por abordar temas humanos y, a
menudo, existenciales desde un sentimiento de lejanía y nostalgia. Aparte de los
miembros de la Generación del 27 (Salinas, Cernuda, Prados, Altolaguirre…), es
destacable la figura de León Felipe, poeta crítico que apoyó la causa republicana. A
partir de 1939 su poesía será desgarrada y pesimista (Antología rota).
Años 40. Poesía arraigada y poesía desarraigada. La poesía arraigada es la de
quienes, próximos ideológicamente al régimen, se muestran firmemente instalados en
el mundo, y practican una poesía formalmente armónica, de resonancias clásicas, con
una métrica tradicional (especialmente el soneto) y temas intimistas, religiosos,
familiares y paisajísticos. Se expresan a través de revistas como Escorial y
Garcilaso. Destacan García Nieto, Luis Rosales (La casa encendida), Luis Felipe
Vivanco, Dionisio Ridruejo. Por el contrario, la poesía desarraigada manifiesta un
malestar de raíz existencial. Desarrolla un sentimiento religioso, pero desde una
perspectiva crítica (soledad, vacío, miedo, angustia de vivir o morir). El contenido
prima sobre la forma y el léxico, en ocasiones, es hosco y violento. Surge a raíz del
ejemplo de Hijos de la ira (Dámaso Alonso 1944), desgarrador grito de angustia ante
un mundo en descomposición. Expresado en largos versículos cargados de imágenes
visionarias, con un lenguaje que no rehúye los términos soeces. El vehículo de
expresión de esta poesía desarraigada serán las revistas (Espadaña, de León, Proel,
Corcel). Entre sus cultivadores destacará Blas de Otero (Ancia que reúne Ángel
fieramente humano, Redoble de conciencia), cuyo tema principal es la difícil relación
del hombre con un Dios que no da señales de su existencia. En este contexto de
poesía existencial se inicia también el santanderino José Hierro (Tierra sin nosotros).
Otras tendencias de este periodo son el neobarroquismo del grupo Cántico de
Córdoba (Pablo García Baena, Ricardo Molina) y el vanguardismo del grupo
“postista” (Carlos Edmundo de Ory, Juan Eduardo Cirlot).
Años 50. Poesía social. Se abre paso, en buena medida como la derivación de la
poesía desarraigada. Es una poesía comprometida, que trata de llegar a los humildes
y a los trabajadores reivindicando la justicia social y la paz basada en la
reconciliación, y mostrando una gran preocupación por España. Su lenguaje, en
consecuencia, es sencillo y directo. Figuras destacadas son Gabriel Celaya (Cantos
íberos, 1955) y Blas de Otero (Pido la paz y la palabra, 1955). La poesía para ellos es
un vehículo de comunicación. “La poesía es un instrumento, entre nosotros, para
transformar el mundo” (Gabriel Celaya).