Trabajo infantil y trabajo peligroso:
Kohen, JA. / Canteros, GR.:
I. Situación del trabajo infantil en la Argentina
Investigaciones sobre el trabajo infantil en el Gran Rosario permitió construir una tipología
del trabajo infantil:
Trabajo infantil insertado: Se realiza regularmente y está vinculado a un oficio o
tiene características de empleo. Ejemplo, trabaja en una ladrillera o en un
supermercado.
Trabajo infantil informal: Vinculado a tareas que están relacionadas al
cuentapropismo del trabajador adulto. Ejemplo, vender flores o estampitas,
lustrabotas, cirujeo.
Trabajo infantil marginal: Vinculado con actividades próximas a la mendicidad.
Ejemplo, limpiaparabrisas, abrir puertas de taxis.
Uno de los principales riesgos lo constituye la migración a la ilegalidad que es el paso de
actividades o trabajos lícitos que se desarrollan para obtener los recursos para la subsistencia, hacia
las actividades penalizadas por la ley o sancionadas socialmente; este pasaje aparece reflejado en la
prostitución infantil y el empleo de niños para el tráfico de drogas y tiene una fuerte vinculación
con la relación que el niño mantiene con la escuela: los niños que trabajan han repetido de grado,
han faltado por más de un mes o dejaron la escuela por trabajar. Además, los chicos que trabajan
informalmente o próximos a la mendicidad están expuestos a las inclemencias del clima, gases del
tránsito, esfuerzo físico excesivo, posturas inadecuadas.
Los chicos que trabajan están sometidos al triple desgaste: desgaste que les ocasiona el
trabajo; desgaste al concurrir a la escuela después del trabajo; y desgaste por el trabajo doméstico.
En cuanto a las alteraciones de la salud, hay cefalea, manifestaciones de un importante y prematuro
desgaste osteoarticular, decaimiento, nerviosismo; todo asociado al desgaste que sufren.
Teniendo en cuenta la pobreza, uno de los aspectos centrales en la evaluación de los
programas de erradicación del trabajo infantil tiene que contemplar esta realidad y ser la base para
establecer nuevas metas. El segundo aspecto a tener en cuenta se refiere a cómo se piensa y se
define la infancia y qué lugar ocupa la organización de los chicos en la posibilidad de establecer
estrategias alternativas y elaborar proyectos que los recuperen como sujetos de derecho. Hay que
pensar a los chicos como sujetos escindidos lo que permite comprender los procesos de
identificaciones múltiples de los niños en relación con los ámbitos y lugares de pertenencia,
recuperar las historias de vida y entenderlas como el capital cultural fundamental para introducirnos
en esquemas de representación y desplazarlos al lugar del menosprecio y la desvalorización.
1
, II. Criterios para analizar el impacto de la salud en el trabajo infantil peligroso
Peores formas de trabajo infantil:
1. ¿Qué alteran el desarrollo del sistema óseo y el desarrollo armónico peso – talla acorde
con la edad?
2. ¿Qué alteran la maduración y el desarrollo neurológico, inmunológico y metabólico?
3. ¿Qué alteran el desarrollo sexual y la capacidad reproductiva?
4. ¿Qué generen problemas en la estructuración y el desarrollo de la esfera psíquica y la
adaptación social?
5. ¿Qué provoquen traumatismos, lesiones y/o deformidades crónicas irreversibles en el
aparato locomotor?
6. ¿Qué provoquen alteraciones irreversibles en otros órganos, aparatos y sistemas del niño?
7. ¿Qué provoquen cáncer y tengan efectos mutagénicos y teratogénicos?
8. ¿Qué provoquen intoxicaciones agudas?
9. ¿Qué pueda poner en riesgo inminente de muerte?
III. Criterios para trabajos peligrosos en distintos niveles
Se tiene que partir de un enfoque integrador que podría resultar de los siguientes criterios:
a) Relación entre riesgos e impactos en la salud y con otras dimensiones de la vida de
los niños.
b) La gravedad de los impactos en la salud y en la vida que resultan de la exposición a
factores de riesgos específicos y a formas de trabajo definidas.
c) La vulnerabilidad de la población infantil, determinada por las particularidades
anatomo-funcionales de los niños y de las condiciones familiares y sociales.
d) Sobre la base de la identificación de esa relación factor de riesgo/impactos, es posible
señalar las ramas de actividad económica, puestos de trabajo, actividades y tareas en
las que pueden expresarse esa relación.
e) Varios niveles de criterios para el trabajo infantil peligroso:
i. Criterios generales: tienen que ver con las características individuales y
sociales del niño y con los impactos en la salud y en la vida.
ii. Criterios para la exposición cero: relaciones específicas entre factores de
riesgo/impactos y ramas de la actividad económica, puestos, tareas en las que
por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia podrían trabajar los menores
de 18 años.
Deben ser considerados como trabajos peligrosos todos los que respondan afirmativamente a
las preguntas del punto II, más los que sometan al niño a abuso sexual, con la posibilidad de ser
contagiado de SIDA o cualquier otra ETS y de sufrir otras consecuencias morales, emocionales y
sociales, o los que lo sometan a violencia y maltrato.
IV. Ley 26061 – Ley de Protección Integral de los Derechos del Niño
Expresa que las políticas públicas de los organismos del Estado deben garantizar con absoluta
prioridad el ejercicio de los derechos de las niñas, niños y adolescentes. Derecho a la vida, a la
salud, a la educación, al deporte y al juego, al medioambiente, a opinar y ser oídos.
2
, V. Ley 26390 – Contrato de Trabajo – Prohibición del Trabajo Infantil
Esta ley, promulgada en 2008, atañe al trabajo de los niños, niñas y adolescentes menores de
18 años. Por ella se eleva la edad mínima de admisión al empleo en 16 años y se establecen las
condiciones de la jornada de trabajo para los menores de 18 años con el objetivo de firmar contratos
de trabajo, participar en juicios, etc.
Trabajo infantil “versus” juego:
Castelli, B / Zilli, M. A. - ¿Cuándo trabajan los niños? ¿Cuándo tienen tiempo libre?:
desarrollado en UP2.
Annoni, G. – La función del jugar: desarrollado en la UP2.
Niñez y exclusión social:
Riquelme, H. – Zona de omisión perceptiva del niño en América Latina:
Las cuatro tendencias más importantes que se oponen al respeto y al cultivo de los derechos
de los niños en América Latina son:
1. Naturalización. Confiere al niño una condición de ser natural antes que social: la relación
que se establece con el niño es de sujeto a objeto o a aún-no-sujeto. El niño es considerado como
parte de la naturaleza y no es oportuno tomar medidas en contra de su esencia original. En términos
generales, conduce a que políticas de ahorro en el área de salud conduzcan a la supresión de
medidas preventivas. En términos particulares, favorece la apatía social frente a la situación
concreta de los niños.
2. Trascendencia. En base a la división entre cuerpo y alma se atribuye importancia
fundamental a los avatares espirituales, en detrimento de la atención a la salud física: el niño es
depositario de un alma inmortal y la salvación de ella tiene prioridad. Suena paradójico que para los
niños se plantee la alternativa entre cuidar la vida o el alma y que los servicios para cuidar el alma
sean asequibles mientras la atención de salud es inexistente. Una oferta tan unilateral de servicios
promueve condiciones de fatalismo entre los padres de los afectados.
3. Reificación. El niño constituye materia siempre disponible y es el eslabón más débil en
una cadena de dependencias. Se percibe al niño como un instrumento de uso, del que se puede
disponer a discreción ya que carece de derechos propios. La esclavitud de los niños como forma de
relación productiva sigue vigente en vastas regiones de América Latina. En el área de salud, lo
habitual y casi no cuestionado son los accidentes laborales de los niños que trabajan en condiciones
de gran peligrosidad dentro de una infraestructura creada sin interés en la seguridad laboral sino en
maximizar las ganancias.
4. Fetichismo. En el ámbito de los símbolos de profunda raigambre y de seguro alcance, el
niño siempre alude a un futuro promisorio. Su uso como símbolo para propósitos políticos y
comerciales es imponderable. La presencia de niños en cualquier forma de propaganda tiene una
fuerte carga de simbología manifiesta y permite vender casi todo en América Latina. En este orden
de las ideas, no ha habido elección política en América Latina en los últimos dos decenios en que la
3
, infancia no fuera un recurso de gran peso propagandístico, sin que por ello la tasa de mortalidad
infantil sufriera cambios profundos en el país en cuestión. El fetichismo es uno de los fenómenos
más frecuentes de manipulación de conciencias.
Definir a los niños de América Latina como a un grupo en situación de riesgo significa
incidir en un terreno habitualmente olvidado en la discusión por ausencia de alternativas viables a lo
que parece ser un sobreentendido más de la vida cotidiana. Frente a sociedades que niegan de facto
cualquier derecho a sus ciudadanos menores de edad, en flagrante transgresión por todas las
declaraciones ya confirmadas y por confirmar, no extraña el hecho de que en el curso del último
decenio haya surgido en casi todos los países del subcontinente americano un movimiento de
organización infantil, especialmente de los niños de la calle, centrado en torno a intereses propios.
Esto constituye una novedad importante, ya que al asumir la defensa de sus derechos, estos niños
adquieren presencia dentro de una sociedad que hasta ahora cultiva una omisión sistemática de la
infancia marginalizada.
Giberti, E. – La niñez indudablemente útil:
Por medio de una operación semántica que inventó la niñez, se separó simbólicamente a los
niños de sus circuitos de pertenencia y se los universalizó, se los concibió como miembros de una
categoría de la cuál serían fundadores pero que no les pertenece. Cuando el psicoanálisis interpeló
al sujeto y descubrió los contenidos del mundo psíquico de la infancia, fue preciso enfrentarse con
una complejidad no prevista por quienes inventaron la semantización de la niñez.
Ese mundo psíquico se contextualiza en la relación con los otros y sitúa un lugar de “los
chicos” que se evidencia en la cotidianidad y que coadyuva a que cada uno asuma, como pueda, las
diferentes posiciones que les han sido asignadas, hasta que zafan de ellas o eligen otras, diferentes
de las previstas. Posicionamientos que se entrecruzan y se sobredeterminan.
Si acompañásemos la cotidianidad de cada niñx, encontraríamos mundos y contextos
diseñados por los adultos pero que son atribuidos a aquellos. No tenemos garantías de que los
mundos y contextos generados por los chicos resulten comprendidos por nosotros de acuerdo con
las necesidades y anhelos de chicxs concretos.
La palabra “niñez” transmitida de generación en generación no modifica los mundos que
crean los chicos para sí mismos si exceptuamos su presencia en los campos discursivos que la
incluyen. Los chicos son quienes están cambiando sus mundos y sus contextos, en tanto éstos son
parte constituyente de esos mundos.
Una vez instituida la idea de niñez en la cual se sostiene la palabra, se fusionó con una
determinada concepción de la pureza, la inocencia, y la ingenuidad, valores que adquirieron calidad
simbólica y le otorgaron un significado propio; el hábito cristalizó ese significado y mantiene la
vigencia de los valores que se eligieron para caracterizarla y que se consideran naturales durante esa
etapa de la vida. Tal como se continúa utilizando la palabra según la persistencia ésta adquirió la
consistencia de un concepto dominante incrustado en el imaginario social; instaura poder como
vocablo que conlleva una idea a la cual no es preciso revisar porque “todos sabemos de qué se
trata”.
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Kohen, JA. / Canteros, GR.:
I. Situación del trabajo infantil en la Argentina
Investigaciones sobre el trabajo infantil en el Gran Rosario permitió construir una tipología
del trabajo infantil:
Trabajo infantil insertado: Se realiza regularmente y está vinculado a un oficio o
tiene características de empleo. Ejemplo, trabaja en una ladrillera o en un
supermercado.
Trabajo infantil informal: Vinculado a tareas que están relacionadas al
cuentapropismo del trabajador adulto. Ejemplo, vender flores o estampitas,
lustrabotas, cirujeo.
Trabajo infantil marginal: Vinculado con actividades próximas a la mendicidad.
Ejemplo, limpiaparabrisas, abrir puertas de taxis.
Uno de los principales riesgos lo constituye la migración a la ilegalidad que es el paso de
actividades o trabajos lícitos que se desarrollan para obtener los recursos para la subsistencia, hacia
las actividades penalizadas por la ley o sancionadas socialmente; este pasaje aparece reflejado en la
prostitución infantil y el empleo de niños para el tráfico de drogas y tiene una fuerte vinculación
con la relación que el niño mantiene con la escuela: los niños que trabajan han repetido de grado,
han faltado por más de un mes o dejaron la escuela por trabajar. Además, los chicos que trabajan
informalmente o próximos a la mendicidad están expuestos a las inclemencias del clima, gases del
tránsito, esfuerzo físico excesivo, posturas inadecuadas.
Los chicos que trabajan están sometidos al triple desgaste: desgaste que les ocasiona el
trabajo; desgaste al concurrir a la escuela después del trabajo; y desgaste por el trabajo doméstico.
En cuanto a las alteraciones de la salud, hay cefalea, manifestaciones de un importante y prematuro
desgaste osteoarticular, decaimiento, nerviosismo; todo asociado al desgaste que sufren.
Teniendo en cuenta la pobreza, uno de los aspectos centrales en la evaluación de los
programas de erradicación del trabajo infantil tiene que contemplar esta realidad y ser la base para
establecer nuevas metas. El segundo aspecto a tener en cuenta se refiere a cómo se piensa y se
define la infancia y qué lugar ocupa la organización de los chicos en la posibilidad de establecer
estrategias alternativas y elaborar proyectos que los recuperen como sujetos de derecho. Hay que
pensar a los chicos como sujetos escindidos lo que permite comprender los procesos de
identificaciones múltiples de los niños en relación con los ámbitos y lugares de pertenencia,
recuperar las historias de vida y entenderlas como el capital cultural fundamental para introducirnos
en esquemas de representación y desplazarlos al lugar del menosprecio y la desvalorización.
1
, II. Criterios para analizar el impacto de la salud en el trabajo infantil peligroso
Peores formas de trabajo infantil:
1. ¿Qué alteran el desarrollo del sistema óseo y el desarrollo armónico peso – talla acorde
con la edad?
2. ¿Qué alteran la maduración y el desarrollo neurológico, inmunológico y metabólico?
3. ¿Qué alteran el desarrollo sexual y la capacidad reproductiva?
4. ¿Qué generen problemas en la estructuración y el desarrollo de la esfera psíquica y la
adaptación social?
5. ¿Qué provoquen traumatismos, lesiones y/o deformidades crónicas irreversibles en el
aparato locomotor?
6. ¿Qué provoquen alteraciones irreversibles en otros órganos, aparatos y sistemas del niño?
7. ¿Qué provoquen cáncer y tengan efectos mutagénicos y teratogénicos?
8. ¿Qué provoquen intoxicaciones agudas?
9. ¿Qué pueda poner en riesgo inminente de muerte?
III. Criterios para trabajos peligrosos en distintos niveles
Se tiene que partir de un enfoque integrador que podría resultar de los siguientes criterios:
a) Relación entre riesgos e impactos en la salud y con otras dimensiones de la vida de
los niños.
b) La gravedad de los impactos en la salud y en la vida que resultan de la exposición a
factores de riesgos específicos y a formas de trabajo definidas.
c) La vulnerabilidad de la población infantil, determinada por las particularidades
anatomo-funcionales de los niños y de las condiciones familiares y sociales.
d) Sobre la base de la identificación de esa relación factor de riesgo/impactos, es posible
señalar las ramas de actividad económica, puestos de trabajo, actividades y tareas en
las que pueden expresarse esa relación.
e) Varios niveles de criterios para el trabajo infantil peligroso:
i. Criterios generales: tienen que ver con las características individuales y
sociales del niño y con los impactos en la salud y en la vida.
ii. Criterios para la exposición cero: relaciones específicas entre factores de
riesgo/impactos y ramas de la actividad económica, puestos, tareas en las que
por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia podrían trabajar los menores
de 18 años.
Deben ser considerados como trabajos peligrosos todos los que respondan afirmativamente a
las preguntas del punto II, más los que sometan al niño a abuso sexual, con la posibilidad de ser
contagiado de SIDA o cualquier otra ETS y de sufrir otras consecuencias morales, emocionales y
sociales, o los que lo sometan a violencia y maltrato.
IV. Ley 26061 – Ley de Protección Integral de los Derechos del Niño
Expresa que las políticas públicas de los organismos del Estado deben garantizar con absoluta
prioridad el ejercicio de los derechos de las niñas, niños y adolescentes. Derecho a la vida, a la
salud, a la educación, al deporte y al juego, al medioambiente, a opinar y ser oídos.
2
, V. Ley 26390 – Contrato de Trabajo – Prohibición del Trabajo Infantil
Esta ley, promulgada en 2008, atañe al trabajo de los niños, niñas y adolescentes menores de
18 años. Por ella se eleva la edad mínima de admisión al empleo en 16 años y se establecen las
condiciones de la jornada de trabajo para los menores de 18 años con el objetivo de firmar contratos
de trabajo, participar en juicios, etc.
Trabajo infantil “versus” juego:
Castelli, B / Zilli, M. A. - ¿Cuándo trabajan los niños? ¿Cuándo tienen tiempo libre?:
desarrollado en UP2.
Annoni, G. – La función del jugar: desarrollado en la UP2.
Niñez y exclusión social:
Riquelme, H. – Zona de omisión perceptiva del niño en América Latina:
Las cuatro tendencias más importantes que se oponen al respeto y al cultivo de los derechos
de los niños en América Latina son:
1. Naturalización. Confiere al niño una condición de ser natural antes que social: la relación
que se establece con el niño es de sujeto a objeto o a aún-no-sujeto. El niño es considerado como
parte de la naturaleza y no es oportuno tomar medidas en contra de su esencia original. En términos
generales, conduce a que políticas de ahorro en el área de salud conduzcan a la supresión de
medidas preventivas. En términos particulares, favorece la apatía social frente a la situación
concreta de los niños.
2. Trascendencia. En base a la división entre cuerpo y alma se atribuye importancia
fundamental a los avatares espirituales, en detrimento de la atención a la salud física: el niño es
depositario de un alma inmortal y la salvación de ella tiene prioridad. Suena paradójico que para los
niños se plantee la alternativa entre cuidar la vida o el alma y que los servicios para cuidar el alma
sean asequibles mientras la atención de salud es inexistente. Una oferta tan unilateral de servicios
promueve condiciones de fatalismo entre los padres de los afectados.
3. Reificación. El niño constituye materia siempre disponible y es el eslabón más débil en
una cadena de dependencias. Se percibe al niño como un instrumento de uso, del que se puede
disponer a discreción ya que carece de derechos propios. La esclavitud de los niños como forma de
relación productiva sigue vigente en vastas regiones de América Latina. En el área de salud, lo
habitual y casi no cuestionado son los accidentes laborales de los niños que trabajan en condiciones
de gran peligrosidad dentro de una infraestructura creada sin interés en la seguridad laboral sino en
maximizar las ganancias.
4. Fetichismo. En el ámbito de los símbolos de profunda raigambre y de seguro alcance, el
niño siempre alude a un futuro promisorio. Su uso como símbolo para propósitos políticos y
comerciales es imponderable. La presencia de niños en cualquier forma de propaganda tiene una
fuerte carga de simbología manifiesta y permite vender casi todo en América Latina. En este orden
de las ideas, no ha habido elección política en América Latina en los últimos dos decenios en que la
3
, infancia no fuera un recurso de gran peso propagandístico, sin que por ello la tasa de mortalidad
infantil sufriera cambios profundos en el país en cuestión. El fetichismo es uno de los fenómenos
más frecuentes de manipulación de conciencias.
Definir a los niños de América Latina como a un grupo en situación de riesgo significa
incidir en un terreno habitualmente olvidado en la discusión por ausencia de alternativas viables a lo
que parece ser un sobreentendido más de la vida cotidiana. Frente a sociedades que niegan de facto
cualquier derecho a sus ciudadanos menores de edad, en flagrante transgresión por todas las
declaraciones ya confirmadas y por confirmar, no extraña el hecho de que en el curso del último
decenio haya surgido en casi todos los países del subcontinente americano un movimiento de
organización infantil, especialmente de los niños de la calle, centrado en torno a intereses propios.
Esto constituye una novedad importante, ya que al asumir la defensa de sus derechos, estos niños
adquieren presencia dentro de una sociedad que hasta ahora cultiva una omisión sistemática de la
infancia marginalizada.
Giberti, E. – La niñez indudablemente útil:
Por medio de una operación semántica que inventó la niñez, se separó simbólicamente a los
niños de sus circuitos de pertenencia y se los universalizó, se los concibió como miembros de una
categoría de la cuál serían fundadores pero que no les pertenece. Cuando el psicoanálisis interpeló
al sujeto y descubrió los contenidos del mundo psíquico de la infancia, fue preciso enfrentarse con
una complejidad no prevista por quienes inventaron la semantización de la niñez.
Ese mundo psíquico se contextualiza en la relación con los otros y sitúa un lugar de “los
chicos” que se evidencia en la cotidianidad y que coadyuva a que cada uno asuma, como pueda, las
diferentes posiciones que les han sido asignadas, hasta que zafan de ellas o eligen otras, diferentes
de las previstas. Posicionamientos que se entrecruzan y se sobredeterminan.
Si acompañásemos la cotidianidad de cada niñx, encontraríamos mundos y contextos
diseñados por los adultos pero que son atribuidos a aquellos. No tenemos garantías de que los
mundos y contextos generados por los chicos resulten comprendidos por nosotros de acuerdo con
las necesidades y anhelos de chicxs concretos.
La palabra “niñez” transmitida de generación en generación no modifica los mundos que
crean los chicos para sí mismos si exceptuamos su presencia en los campos discursivos que la
incluyen. Los chicos son quienes están cambiando sus mundos y sus contextos, en tanto éstos son
parte constituyente de esos mundos.
Una vez instituida la idea de niñez en la cual se sostiene la palabra, se fusionó con una
determinada concepción de la pureza, la inocencia, y la ingenuidad, valores que adquirieron calidad
simbólica y le otorgaron un significado propio; el hábito cristalizó ese significado y mantiene la
vigencia de los valores que se eligieron para caracterizarla y que se consideran naturales durante esa
etapa de la vida. Tal como se continúa utilizando la palabra según la persistencia ésta adquirió la
consistencia de un concepto dominante incrustado en el imaginario social; instaura poder como
vocablo que conlleva una idea a la cual no es preciso revisar porque “todos sabemos de qué se
trata”.
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