Lengua y Literatura II. 2º de Bachillerato. Profesora: María José Herreros
TEMA 2. GENERACIÓN DEL 98. CARACTERÍSTICAS. PRINCIPALES
AUTORES Y OBRAS
1. LA GENERACIÓN DEL 98: DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS
1.1. Definición
Se dice que Azorín bautizó de ese modo, en una serie de artículos para
el ABC, a un grupo de escritores que habían empezado a publicar hacia
finales de siglo. Contemporáneos de los modernistas, compartían con éstos
una misma actitud de protesta contra la sociedad y contra el estado de la
literatura, pero sus preocupaciones eran otras, tanto en su temática
(reflexión sobre los problemas nacionales, visión existencial y dolorida de
Castilla, temas trascendentales y metafísicos), como en su escritura (más
reflexiva, sentenciosa y analítica, menos retórica). Parece ser que el
verdadero “inventor” de ese nombre fue el político Gabriel Maura y que
Azorín se limitó a popularizarlo.
Como hechos que permiten hablar de generación literaria1,
merecen destacarse la escasa diferencia de edad (todos nacieron entre
1864 –Unamuno– y 1875 –Machado-); las relaciones personales entre
ellos (frecuentaban los mismos ambientes y tertulias e incluso Azorín, Baroja
y Maeztu formaron el grupo “de Los Tres”; algunos compartieron posturas
revolucionarias en su juventud), si bien la trayectoria de unos y otros llegó a
ser muy diferente. El desastre del 98 es el acontecimiento generacional
que los une y da nombre al grupo. Además, entre sus precursores cabe citar
a los regeneracionistas, como Joaquín Costa, preocupados por sacar a
España de la decadencia en que se encontraba, y a Ángel Ganivet. Como
“director espiritual” situaríamos al propio Unamuno, que lidera el grupo sin
pretenderlo. En cuanto a su estilo, tienen en común el deseo de ruptura
con el realismo anterior, además de la sobriedad, la naturalidad, el gusto
por la descripción de paisajes.
Aunque no hay acuerdo en la lista de escritores que pertenecen a esta
generación, discutida por muchos, los nombres más relevantes son Miguel
de Unamuno, Pío Baroja, Azorín, Ramiro de Maeztu, Antonio
Machado y Valle-Inclán.
1.2. Características de la generación del 98
En cuanto a los temas, cabe destacar los siguientes:
Su preocupación por el problema de España. Coincidiendo con el
desastre del 98, se había extendido por todo el país una sensación
generalizada de crisis y decadencia. Sin embargo, frente a los problemas
1
Petersen estableció los requisitos de un grupo de autores para ser considerado “generación”: nacimiento en años poco
distantes, formación intelectual semejante, relaciones personales entre ellos, participación en actos colectivos propios,
existencia de un acontecimiento generacional que los una, presencia de un guía, lenguaje generacional (rasgos comunes de
estilo) y anquilosamiento de la generación anterior.
, económicos y sociales concretos los autores del 98 buscaron en general
respuestas abstractas y filosóficas, y la esencia de lo español en el idioma,
en la tradición, en la literatura medieval, en las vidas de las gentes sin
historia o en el paisaje castellano.
Las preocupaciones filosóficas. Cuestiones como el sentido de la
existencia o el destino del hombre son fundamentales en muchas de sus
obras. En estos temas se aprecia la influencia de Schopenhauer, Nietzsche y
Kierkegaard.
La literatura se convierte en tema de sus obras y a menudo vuelven
la mirada a los autores medievales (Berceo, Rojas…) y también, por
supuesto, a Cervantes (don Quijote se convierte en un símbolo del carácter
español).
La historia de gente anónima, gente que trabaja y lucha cada día sin
alcanzar ninguna notoriedad. Es lo que Unamuno llamó la “intrahistoria”.
En lo que respecta al estilo, los rasgos comunes son:
Un intenso subjetivismo, puesto que la realidad no se percibe tal
como es, sino a través de las sensaciones del autor (o del personaje, en el
caso de la novela). Hay una fusión entre el paisaje y el alma del autor, de
modo que a menudo la descripción del primero supone la manifestación de
profundas emociones y sentimientos.
Voluntad de renovación en todos los géneros literarios: el ensayo
experimenta un gran auge por ser un cauce idóneo para sus preocupaciones
patrióticas y existenciales. Por otra parte, desarrollan nuevas estructuras y
técnicas narrativas (véase “Niebla”), rechazando el realismo plano pero
también el exceso de retórica, buscando la naturalidad y la precisión
léxica.
En los dos rasgos anteriores el 98 hunde sus raíces en el Romanticismo: con los
escritores románticos comparten individualismo, subjetivismo, carácter rebelde
y crítico, además del ansia de originalidad. De hecho, uno de sus modelos fue
Mariano José de Larra.
Manifestaron un profundo interés por nuestro idioma, rescatando,
incluso, voces en desuso. Azorín afirmó que el mejor estilo era el que “con
menos y más elegantes palabras haga brotar más ideas”. Para Unamuno “lo
primero es dar con la idea y luego vendrá la forma”. Aspiran, en suma, a la
sobriedad, mediante un estilo cuidado, pulido, salpicado de palabras
castizas y antirretórico.
Es patente su predilección por los clásicos de la literatura española:
Cantar de Mio Cid, Cervantes, Fray Luis, Quevedo…
2. LA PROSA (NARRATIVA Y ENSAYÍSTICA): PÍO BAROJA, AZORÍN Y
MIGUEL DE UNAMUNO
Del mismo modo que sucede con el género lírico, la prosa demuestra
la crisis del realismo, que va dejando paso a tendencias innovadoras.
TEMA 2. GENERACIÓN DEL 98. CARACTERÍSTICAS. PRINCIPALES
AUTORES Y OBRAS
1. LA GENERACIÓN DEL 98: DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS
1.1. Definición
Se dice que Azorín bautizó de ese modo, en una serie de artículos para
el ABC, a un grupo de escritores que habían empezado a publicar hacia
finales de siglo. Contemporáneos de los modernistas, compartían con éstos
una misma actitud de protesta contra la sociedad y contra el estado de la
literatura, pero sus preocupaciones eran otras, tanto en su temática
(reflexión sobre los problemas nacionales, visión existencial y dolorida de
Castilla, temas trascendentales y metafísicos), como en su escritura (más
reflexiva, sentenciosa y analítica, menos retórica). Parece ser que el
verdadero “inventor” de ese nombre fue el político Gabriel Maura y que
Azorín se limitó a popularizarlo.
Como hechos que permiten hablar de generación literaria1,
merecen destacarse la escasa diferencia de edad (todos nacieron entre
1864 –Unamuno– y 1875 –Machado-); las relaciones personales entre
ellos (frecuentaban los mismos ambientes y tertulias e incluso Azorín, Baroja
y Maeztu formaron el grupo “de Los Tres”; algunos compartieron posturas
revolucionarias en su juventud), si bien la trayectoria de unos y otros llegó a
ser muy diferente. El desastre del 98 es el acontecimiento generacional
que los une y da nombre al grupo. Además, entre sus precursores cabe citar
a los regeneracionistas, como Joaquín Costa, preocupados por sacar a
España de la decadencia en que se encontraba, y a Ángel Ganivet. Como
“director espiritual” situaríamos al propio Unamuno, que lidera el grupo sin
pretenderlo. En cuanto a su estilo, tienen en común el deseo de ruptura
con el realismo anterior, además de la sobriedad, la naturalidad, el gusto
por la descripción de paisajes.
Aunque no hay acuerdo en la lista de escritores que pertenecen a esta
generación, discutida por muchos, los nombres más relevantes son Miguel
de Unamuno, Pío Baroja, Azorín, Ramiro de Maeztu, Antonio
Machado y Valle-Inclán.
1.2. Características de la generación del 98
En cuanto a los temas, cabe destacar los siguientes:
Su preocupación por el problema de España. Coincidiendo con el
desastre del 98, se había extendido por todo el país una sensación
generalizada de crisis y decadencia. Sin embargo, frente a los problemas
1
Petersen estableció los requisitos de un grupo de autores para ser considerado “generación”: nacimiento en años poco
distantes, formación intelectual semejante, relaciones personales entre ellos, participación en actos colectivos propios,
existencia de un acontecimiento generacional que los una, presencia de un guía, lenguaje generacional (rasgos comunes de
estilo) y anquilosamiento de la generación anterior.
, económicos y sociales concretos los autores del 98 buscaron en general
respuestas abstractas y filosóficas, y la esencia de lo español en el idioma,
en la tradición, en la literatura medieval, en las vidas de las gentes sin
historia o en el paisaje castellano.
Las preocupaciones filosóficas. Cuestiones como el sentido de la
existencia o el destino del hombre son fundamentales en muchas de sus
obras. En estos temas se aprecia la influencia de Schopenhauer, Nietzsche y
Kierkegaard.
La literatura se convierte en tema de sus obras y a menudo vuelven
la mirada a los autores medievales (Berceo, Rojas…) y también, por
supuesto, a Cervantes (don Quijote se convierte en un símbolo del carácter
español).
La historia de gente anónima, gente que trabaja y lucha cada día sin
alcanzar ninguna notoriedad. Es lo que Unamuno llamó la “intrahistoria”.
En lo que respecta al estilo, los rasgos comunes son:
Un intenso subjetivismo, puesto que la realidad no se percibe tal
como es, sino a través de las sensaciones del autor (o del personaje, en el
caso de la novela). Hay una fusión entre el paisaje y el alma del autor, de
modo que a menudo la descripción del primero supone la manifestación de
profundas emociones y sentimientos.
Voluntad de renovación en todos los géneros literarios: el ensayo
experimenta un gran auge por ser un cauce idóneo para sus preocupaciones
patrióticas y existenciales. Por otra parte, desarrollan nuevas estructuras y
técnicas narrativas (véase “Niebla”), rechazando el realismo plano pero
también el exceso de retórica, buscando la naturalidad y la precisión
léxica.
En los dos rasgos anteriores el 98 hunde sus raíces en el Romanticismo: con los
escritores románticos comparten individualismo, subjetivismo, carácter rebelde
y crítico, además del ansia de originalidad. De hecho, uno de sus modelos fue
Mariano José de Larra.
Manifestaron un profundo interés por nuestro idioma, rescatando,
incluso, voces en desuso. Azorín afirmó que el mejor estilo era el que “con
menos y más elegantes palabras haga brotar más ideas”. Para Unamuno “lo
primero es dar con la idea y luego vendrá la forma”. Aspiran, en suma, a la
sobriedad, mediante un estilo cuidado, pulido, salpicado de palabras
castizas y antirretórico.
Es patente su predilección por los clásicos de la literatura española:
Cantar de Mio Cid, Cervantes, Fray Luis, Quevedo…
2. LA PROSA (NARRATIVA Y ENSAYÍSTICA): PÍO BAROJA, AZORÍN Y
MIGUEL DE UNAMUNO
Del mismo modo que sucede con el género lírico, la prosa demuestra
la crisis del realismo, que va dejando paso a tendencias innovadoras.