El período de regencias durante el reinado de Isabel II:
revolución liberal y Primera Guerra Carlista (1833-1843)
En 1829 murió la tercera mujer de Fernando VII, aún sin descendientes, lo que daba posibilidades de
sucesión al hermano del rey, D. Carlos María Isidro. El cuarto matrimonio del rey con su sobrina,
María Cristina de Borbón, supuso el nacimiento de su hija Isabel. La publicación de la Pragmática
Sanción (1830) derogaba la Ley Sálica (1713) que impedía reinar a las mujeres, arrebatándole a
Carlos cualquier posibilidad de ser rey. En 1833 falleció el rey y María Cristina se hizo cargo de la
regencia hasta 1843. Los carlistas vieron la ocasión de que triunfara su causa, pero la regente,
decidida a defender a su hija, buscó apoyos en los liberales, con los que personalmente no
simpatizaba, pero a los que necesitaba.
Tras la muerte de Fernando VII (1833), se reactivó la dinámica de guerra y revolución que
caracterizó el proceso de disolución del Antiguo Régimen en España. Los sectores absolutistas
partidarios de Carlos María Isidro (Carlos V), hermano del difunto rey, iniciaron una insurrección
armada para impedir el acceso al trono de Isabel. Esta derivó en una guerra civil, que no fue una
simple cuestión dinástica, sino un conflicto social e ideológico: absolutistas, defensores del Antiguo
Régimen, contra isabelinos/cristinos, defensores del liberalismo.
★ Los carlistas se agrupaban bajo el lema Dios, Patria y Rey, que representaba los intereses del
legitimismo absolutista, de la Iglesia, del mantenimiento de la economía del Antiguo
Régimen y la conservación de los fueros vascos y navarros. Los apoyos estuvieron en zonas
rurales del País Vasco, Navarra, parte de Cataluña, Aragón y Valencia. Contó con el
respaldo social de sectores antiliberales por diversos motivos: miembros del clero regular
(desamortización), parte de la baja nobleza agraria (desvinculación y mayorazgos), oficiales
reaccionarios del Ejército, artesanos arruinados (abolición de los gremios) y campesinos
arrendatarios. Parte del campesinado se unió al carlismo ante el temor de verse expulsados
de sus tierras por la reforma de la propiedad liberal y los nuevos impuestos estatales.
★ La causa isabelina contó con el apoyo de la alta nobleza, de funcionarios y clases
ilustradas-reformistas y de un sector de la jerarquía eclesiástica. Sin embargo, la guerra
carlista y los problemas económicos obligaron a ampliar esta base social a la burguesía, que
adquirieron bienes desamortizados, y a los sectores populares, que participaron en la Milicia
Nacional.
Carlos María Isidro reivindicó sus derechos dinásticos en Portugal en el Manifiesto de Abrantes
(1833), poco después de la muerte de su hermano. No tardaron en producirse insurrecciones armadas
dando paso a la Primera Guerra Carlista (1833-1840). El conflicto carlista, aparte de ser una guerra
civil, comportó también una dimensión internacional: los carlistas recibieron el apoyo de potencias
contrarrevolucionarias como Rusia, Prusia, Austria y Nápoles, mientras que los liberales recibieron
la ayuda de Portugal, Francia y el Reino Unido, con las que firmaron la Cuádruple Alianza de 1834.
Los carlistas se hicieron fuertes en Navarra, el País Vasco y en zonas aisladas de Valencia y Aragón,
donde organizaron sus efectivos en partidas armadas. En 1834, Carlos María Isidro se instaló en
zona carlista y logró organizar un pequeño Estado y formar un ejército al mando de Zumalacárregui.
La guerra se desarrolló en tres etapas:
1) Entre 1833 y 1835. El ejército carlista, conocedor del territorio rural, avanzó hasta la muerte del
general Zumalacárregui en 1835 durante el asedio de Bilbao, donde los carlistas perdieron a su mejor
organizador y estratega. Se delimitaron las áreas y zonas de influencia.
2) Entre 1835 y 1837. En el momento más crítico de la regencia, los carlistas organizaron expediciones
militares para romper su aislamiento. En 1836, extendieron su actividad hasta Andalucía y en 1837,
encabezados por Don Carlos, llegaron a Madrid con la intención de pactar con la regente, pero fue
rechazada por las tropas liberales. El general isabelino Baldomero Espartero se hizo con Bilbao en la
batalla de Luchana.
3) Entre 1837 y 1839. Se desarrolló la ofensiva isabelina bajo el mando de Espartero, que constató la
división del carlismo entre los transaccionistas de Maroto y los intransigentes o apostólicos de
Cabrera. Finalmente, Maroto acordó con Espartero la firma del Convenio de Vergara (1839). El
revolución liberal y Primera Guerra Carlista (1833-1843)
En 1829 murió la tercera mujer de Fernando VII, aún sin descendientes, lo que daba posibilidades de
sucesión al hermano del rey, D. Carlos María Isidro. El cuarto matrimonio del rey con su sobrina,
María Cristina de Borbón, supuso el nacimiento de su hija Isabel. La publicación de la Pragmática
Sanción (1830) derogaba la Ley Sálica (1713) que impedía reinar a las mujeres, arrebatándole a
Carlos cualquier posibilidad de ser rey. En 1833 falleció el rey y María Cristina se hizo cargo de la
regencia hasta 1843. Los carlistas vieron la ocasión de que triunfara su causa, pero la regente,
decidida a defender a su hija, buscó apoyos en los liberales, con los que personalmente no
simpatizaba, pero a los que necesitaba.
Tras la muerte de Fernando VII (1833), se reactivó la dinámica de guerra y revolución que
caracterizó el proceso de disolución del Antiguo Régimen en España. Los sectores absolutistas
partidarios de Carlos María Isidro (Carlos V), hermano del difunto rey, iniciaron una insurrección
armada para impedir el acceso al trono de Isabel. Esta derivó en una guerra civil, que no fue una
simple cuestión dinástica, sino un conflicto social e ideológico: absolutistas, defensores del Antiguo
Régimen, contra isabelinos/cristinos, defensores del liberalismo.
★ Los carlistas se agrupaban bajo el lema Dios, Patria y Rey, que representaba los intereses del
legitimismo absolutista, de la Iglesia, del mantenimiento de la economía del Antiguo
Régimen y la conservación de los fueros vascos y navarros. Los apoyos estuvieron en zonas
rurales del País Vasco, Navarra, parte de Cataluña, Aragón y Valencia. Contó con el
respaldo social de sectores antiliberales por diversos motivos: miembros del clero regular
(desamortización), parte de la baja nobleza agraria (desvinculación y mayorazgos), oficiales
reaccionarios del Ejército, artesanos arruinados (abolición de los gremios) y campesinos
arrendatarios. Parte del campesinado se unió al carlismo ante el temor de verse expulsados
de sus tierras por la reforma de la propiedad liberal y los nuevos impuestos estatales.
★ La causa isabelina contó con el apoyo de la alta nobleza, de funcionarios y clases
ilustradas-reformistas y de un sector de la jerarquía eclesiástica. Sin embargo, la guerra
carlista y los problemas económicos obligaron a ampliar esta base social a la burguesía, que
adquirieron bienes desamortizados, y a los sectores populares, que participaron en la Milicia
Nacional.
Carlos María Isidro reivindicó sus derechos dinásticos en Portugal en el Manifiesto de Abrantes
(1833), poco después de la muerte de su hermano. No tardaron en producirse insurrecciones armadas
dando paso a la Primera Guerra Carlista (1833-1840). El conflicto carlista, aparte de ser una guerra
civil, comportó también una dimensión internacional: los carlistas recibieron el apoyo de potencias
contrarrevolucionarias como Rusia, Prusia, Austria y Nápoles, mientras que los liberales recibieron
la ayuda de Portugal, Francia y el Reino Unido, con las que firmaron la Cuádruple Alianza de 1834.
Los carlistas se hicieron fuertes en Navarra, el País Vasco y en zonas aisladas de Valencia y Aragón,
donde organizaron sus efectivos en partidas armadas. En 1834, Carlos María Isidro se instaló en
zona carlista y logró organizar un pequeño Estado y formar un ejército al mando de Zumalacárregui.
La guerra se desarrolló en tres etapas:
1) Entre 1833 y 1835. El ejército carlista, conocedor del territorio rural, avanzó hasta la muerte del
general Zumalacárregui en 1835 durante el asedio de Bilbao, donde los carlistas perdieron a su mejor
organizador y estratega. Se delimitaron las áreas y zonas de influencia.
2) Entre 1835 y 1837. En el momento más crítico de la regencia, los carlistas organizaron expediciones
militares para romper su aislamiento. En 1836, extendieron su actividad hasta Andalucía y en 1837,
encabezados por Don Carlos, llegaron a Madrid con la intención de pactar con la regente, pero fue
rechazada por las tropas liberales. El general isabelino Baldomero Espartero se hizo con Bilbao en la
batalla de Luchana.
3) Entre 1837 y 1839. Se desarrolló la ofensiva isabelina bajo el mando de Espartero, que constató la
división del carlismo entre los transaccionistas de Maroto y los intransigentes o apostólicos de
Cabrera. Finalmente, Maroto acordó con Espartero la firma del Convenio de Vergara (1839). El