Resumen del libro: “Trascendencia: apego, memoria y conflicto, una nueva ruta” de
Nerea Báez
1. PUNTO DE PARTIDA
• La memoria es un elemento central de la experiencia humana, funcionando como el vínculo
que une nuestro pasado con nuestro presente. Daniel Siegel (2007) la define como “la forma
en la que el pasado influye en el presente”. Esta no es meramente un archivo de eventos
pretéritos, sino un proceso dinámico que configura nuestra percepción, nuestras respuestas
y nuestras expectaJvas. Incluso al imaginar, o planificar el futuro, estamos evocando
“recuerdos del futuro”, que son ideas fundamentadas en experiencias pasadas sobre cómo
y cuándo algo podría ocurrir.
• El sufrimiento psicológico, por su parte, puede entenderse como una emoción dolorosa que
no ha sido resuelta o procesada adecuadamente. A diferencia de las emociones, que son
respuestas adaptaJvas y transitorias, el sufrimiento emerge cuando una emoción,
parJcularmente una dolorosa, se encapsula, concentra y manJene a lo largo del Jempo. Es
una emoción sin una vía de escape, que se percibe como oprimida, retenida, colapsando o
anclándose en nuestro interior.
• Una de las diferencias más notables entre los seres humanos y otras especies radica en
nuestra capacidad para experimentar sufrimiento psicológico. Aunque las emociones son
universales entre los homínidos y otros seres vivos, el sufrimiento psicológico parece ser una
caracterísJca disJnJva de nuestra especie. Esto se atribuye, en gran medida, a nuestra
compleja habilidad para sostener emociones en el Jempo y a la naturaleza de nuestra
conciencia.
• Robert Sapolsky (2008) ilustra esta disJnción con su pregunta retórica: “¿Por qué las cebras
no Jenen úlcera?”. La implicación es que solo los seres humanos desarrollamos sufrimiento
psicológico. Las emociones, en su estado puro, son adaptaJvas; nos informan, dirigen y
orientan. Sin embargo, cuando una emoción dolorosa no se resuelve, no se “ejecuta” para
actuar y alcanzar un fin, se transforma en sufrimiento. Es una emoción concentrada,
encapsulada, dolorosa y sin una salida aparente.
El Papel de la Conciencia y la Finitud
La clave de nuestra singularidad reside en nuestra conciencia. Los seres humanos somos únicos
en nuestra capacidad de ser conscientes de nuestra propia existencia y, crucialmente, de nuestra
propia finitud. Esta conciencia, si bien es una herramienta poderosa para la supervivencia y el
avance de la especie, también nos presenta un desaZo: la tendencia a querer controlar lo
incontrolable. Nuestra capacidad de anJcipar, generar secuencias de pensamiento y planificar el
futuro, aunque fundamental para nuestro desarrollo, nos hace dolorosamente conscientes de
aquello que, en úlJma instancia, escapa a nuestro control absoluto, como la muerte. Esta
conciencia de nuestra mortalidad y la imaginación del dolor asociado pueden ser abrumadoras.
La evolución nos ha provisto de mecanismos de defensa para protegernos de esta verdad
ineludible, permiJéndonos funcionar en el día a día. No obstante, en algunos individuos, estos
mecanismos son menos robustos o se encuentran colapsados, impidiendo la sublimación de la
necesidad de supervivencia y generando malestar.
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Nerea Báez
1. PUNTO DE PARTIDA
• La memoria es un elemento central de la experiencia humana, funcionando como el vínculo
que une nuestro pasado con nuestro presente. Daniel Siegel (2007) la define como “la forma
en la que el pasado influye en el presente”. Esta no es meramente un archivo de eventos
pretéritos, sino un proceso dinámico que configura nuestra percepción, nuestras respuestas
y nuestras expectaJvas. Incluso al imaginar, o planificar el futuro, estamos evocando
“recuerdos del futuro”, que son ideas fundamentadas en experiencias pasadas sobre cómo
y cuándo algo podría ocurrir.
• El sufrimiento psicológico, por su parte, puede entenderse como una emoción dolorosa que
no ha sido resuelta o procesada adecuadamente. A diferencia de las emociones, que son
respuestas adaptaJvas y transitorias, el sufrimiento emerge cuando una emoción,
parJcularmente una dolorosa, se encapsula, concentra y manJene a lo largo del Jempo. Es
una emoción sin una vía de escape, que se percibe como oprimida, retenida, colapsando o
anclándose en nuestro interior.
• Una de las diferencias más notables entre los seres humanos y otras especies radica en
nuestra capacidad para experimentar sufrimiento psicológico. Aunque las emociones son
universales entre los homínidos y otros seres vivos, el sufrimiento psicológico parece ser una
caracterísJca disJnJva de nuestra especie. Esto se atribuye, en gran medida, a nuestra
compleja habilidad para sostener emociones en el Jempo y a la naturaleza de nuestra
conciencia.
• Robert Sapolsky (2008) ilustra esta disJnción con su pregunta retórica: “¿Por qué las cebras
no Jenen úlcera?”. La implicación es que solo los seres humanos desarrollamos sufrimiento
psicológico. Las emociones, en su estado puro, son adaptaJvas; nos informan, dirigen y
orientan. Sin embargo, cuando una emoción dolorosa no se resuelve, no se “ejecuta” para
actuar y alcanzar un fin, se transforma en sufrimiento. Es una emoción concentrada,
encapsulada, dolorosa y sin una salida aparente.
El Papel de la Conciencia y la Finitud
La clave de nuestra singularidad reside en nuestra conciencia. Los seres humanos somos únicos
en nuestra capacidad de ser conscientes de nuestra propia existencia y, crucialmente, de nuestra
propia finitud. Esta conciencia, si bien es una herramienta poderosa para la supervivencia y el
avance de la especie, también nos presenta un desaZo: la tendencia a querer controlar lo
incontrolable. Nuestra capacidad de anJcipar, generar secuencias de pensamiento y planificar el
futuro, aunque fundamental para nuestro desarrollo, nos hace dolorosamente conscientes de
aquello que, en úlJma instancia, escapa a nuestro control absoluto, como la muerte. Esta
conciencia de nuestra mortalidad y la imaginación del dolor asociado pueden ser abrumadoras.
La evolución nos ha provisto de mecanismos de defensa para protegernos de esta verdad
ineludible, permiJéndonos funcionar en el día a día. No obstante, en algunos individuos, estos
mecanismos son menos robustos o se encuentran colapsados, impidiendo la sublimación de la
necesidad de supervivencia y generando malestar.
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