buena apariencia a través de una línea temporal de eventos que conducen a consecuencias catastróficas. En
este ensayo explicaré cómo la hambre de poder y estatus de Bernarda afecta las relaciones familiares y
provoca la represión de los deseos individuales, además de costarle la vida a su hija menor, Adela.
La obsesión de Bernarda por las apariencias lleva a la represión emocional y física de sus hijas. Esto queda
claro cuando Bernarda impone un período de luto de ocho años después de la muerte de su marido y afirma
que “En esta casa no hay lugar para tus deseos”, prohibiendo a sus hijas que interactúen con el mundo
exterior o que persigan sus deseos personales. Esta represión resulta en una profunda frustración,
particularmente en Adela, quien está decidida a desafiar la autoridad de Bernarda. El aislamiento forzado de
la sociedad representa cómo Bernarda prioriza la opinión de la sociedad sobre la felicidad de sus hijas,
destruyendo cualquier posibilidad de que ellas puedan expresar sus deseos naturales de amor y libertad. Esta
opresión emocional sienta las bases de los conflictos y la eventual tragedia de la obra.
La obsesión de Bernarda fomenta la tensión y la rivalidad entre sus hijas, especialmente en lo que respecta a
sus intereses románticos. La competencia entre Martirio y Adela por la atención de Pepe el Romano se ve
agravada por Bernarda al permitir que ninguno de ellos se case. Por ello, los celos de Martirio la llevan a
traicionar a Adela, diciendo “Es que quiero buena fachada y armonía familiar”. Al obligar a sus hijas a reprimir
sus sentimientos, Bernarda crea un ambiente tóxico de desconfianza y amargura. Además, la competencia
por el afecto de Pepe, que surge de sus vidas reprimidas, finalmente lleva a Martirio a sabotear la relación de
Adela, temiendo que si Bernarda supiera la verdad, las consecuencias serían devastadoras. Esta ruptura de
los vínculos fraternales refleja cómo la obsesión de Bernarda por el honor y la posición social fractura la
armonía interna de la familia, empeorando el aislamiento emocional de sus hijas.
La fijación de Bernarda por las apariencias conduce a la trágica rebelión y muerte de Adela. Adela desafía las
estrictas reglas de su madre al buscar en secreto una relación con Pepe el Romano, negándose ajustarse a
las expectativas sociales que impone Bernarda. Su declaración “¡Yo hago con mi cuerpo lo que me parece!”
muestra su rechazo al control de su madre. Además, el rebelión de Adela es consecuencia directa del
régimen opresivo de Bernarda, que no deja lugar a la expresión individual, así que su trágico suicidio al final
de la obra es la culminación de su fallida lucha por la libertad. Temiendo que si Bernarda se entera de su
relación, su castigo será severo, Adela se siente atrapada y sin opciones. Incluso después de la muerte de
Adela, Bernarda sigue obsesionada con las apariencias y ordena que su muerte sea retratada como virtuosa,
diciendo “Mi hija ha muerto virgen”. Esto refuerza cómo el deseo de Bernarda de mantener el honor la ciega
ante la devastación emocional dentro de su familia, lo que la lleva a consecuencias irreversibles.
La obsesión de Bernarda por las apariencias le lleva a la represión y a consecuencias trágicas, que culminan
con la muerte de Adela. Los críticos han argumentado que Lorca utiliza el personaje de Bernarda para criticar
las rígidas normas sociales que valoran el honor y la reputación por encima de los deseos personales y la
realización emocional. Además, la obsesión de Bernarda sirve como símbolo de una opresión social más
amplia, particularmente en lo que respecta al papel de las mujeres en la España de principios del siglo XX, lo
que sugiere que si estas normas no se cuestionan, las mujeres seguirán sufriendo bajo un sistema opresivo.