Introducción
1. El saber filosófico
1.1. Características y concepciones
1.2. Origen de la Filosofía
1.3. División tradicional de la Filosofía y áreas de investigación
1.4. Vigencia y utilidad de la Filosofía hoy
2. La relación de la Filosofía con otros saberes y con la propia actividad humana
3. El método filosófico y los problemas fundamentales que trata la Filosofía
4. La tradición filosófica y la Historia de la Filosofía
INTRODUCCIÓN
Joaquín Salvador Lavado, Quino, Mafalda (Lumen)
Dik Browne: Olaf el Vikingo. René Descartes; 1596-1650, funda la Filosofía Moderna sobre la
subjetividad, la conciencia, como primera certeza capaz de resistir cualquier duda…
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, Forges
1. EL SABER FILOSÓFICO
El término filosofía procede del griego "filos" (amigo, amante, amor) y "sophia"
(sabiduría), por lo que etimológicamente vendría a significar amor al saber.
Platón, por boca de su personaje Diotima, lo expresa de manera plástica y precisa:
“- …Ocupa un término medio entre la sabiduría y la ignorancia, porque
ningún dios filosofa, ni desea hacerse sabio, puesto que la sabiduría es aneja
a la naturaleza divina, y en general el que es sabio no filosofa. Lo mismo
sucede con los ignorantes; ninguno de ellos filosofa, ni desea hacerse sabio,
porque la ignorancia produce precisamente el pésimo efecto de persuadir a
los que no son bellos, ni buenos, ni sabios, de que poseen estas cualidades;
porque ninguno desea las cosas de que se cree provisto.
—Pero, Diotima, ¿quiénes son los que filosofan, si no son ni los sabios, ni los
ignorantes?
—Hasta los niños saben, dijo ella, que son los que ocupan un término medio
entre los ignorantes y los sabios, y el Amor es de este número. La sabiduría
es una de las cosas más bellas del mundo, y como el Amor ama lo que es
bello, es preciso concluir que el Amor es amante de la sabiduría, es decir,
filósofo; y como tal se halla en un medio entre el sabio y el ignorante.”
(El Banquete, o del Amor, 202e-203b. En Obras completas de Platón, por
Patricio de Azcárate, tomo quinto, Madrid 1871, páginas 297-366)
Ahora bien, muchos se dan por satisfechos con esta respuesta etimológico-psicológica,
como si el amor o el deseo de saber tuviera que ser, por sí mismo, filosófico, siendo así
que casi siempre el deseo de saber es de índole práctica, tecnológica o científica, y muchas
veces simple curiosidad o curiosidad infantil. Y, por otro lado, como si la filosofía no
fuese también algo más que un mero amor al saber, es decir, como si la filosofía no
comportase por sí misma un saber, por modesto que sea, pero un saber propio, específico.
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