F.M.E
TEMA 3. LA ROMANIZACIÓN CULTURAL Y POLÍTICA DE LA
PENÍNSULA
1.- LOS CONTACTOS DE LOS PUEBLOS PENINSULARES CON LAS
CULTURAS MEDITERRÁNEAS
Ninguno de los pueblos colonizadores transformó sensiblemente el Derecho de los
pueblos preexistentes. Siendo la razón de su asentamiento puramente comercial, ni los
griegos se propusieron anexionar políticamente a la metrópoli los territorios próximos a
sus bases ni los fenicios trataron de trasladar a ellos sus instituciones o su Derecho. La
influencia de unos y otros concluyó con la desaparición de las colonias.
No muy distinta fue la finalidad perseguida por los cartagineses, su presencia interesa de
manera especial en medida en que fue pretexto de la posterior venida de los romanos y
del consiguiente fenómeno de la romanización.
A) La dominación cartaginesa
La llegada de los pueblos púnicos a las Baleares y a la Península se enmarca en el
contexto de hostilidades que mantuvieron Cartago y Roma, las dos mayores potencias
mediterráneas, cuya idéntica política expansionista y cuyos intereses económicos
similares necesariamente provocaron su enfrentamiento bélico. La rivalidad entre
cartagineses y romanos sucedió así en el mismo marco a la tradicional entre fenicios y
griegos.
Un viejo tratado entre Cartago y Roma, delimitaba las respectivas zonas
mediterráneas de influencia y comercio de cada potencia.
El territorio ibérico quedaba dentro de la órbita cartaginesa, y de hecho se constataba la
presencia púnica en él.
La primera de las llamadas “Guerras Púnicas”(264-241 a.C.) determinó la pérdida para
Cartago de Sicilia y, poco después, Cerdeña y su endeudamiento con Roma y con sus
propios ejércitos mercenarios.
En esta situación, Cartago tuvo que desplazarse hacia Occidente por la costa africana,
penetrar profundamente en la Península y ocupar las Baleares.
Las tierras ibéricas, las más productivas de la zona, interesaban como fuente de recursos
económicos, pero también desde el punto de vista estratégico. Los cartagineses, bajo la
dirección de Bárquidas iniciaron una sistemática ocupación del territorio, cuya mitad
sur aproximadamente quedó bajo su dominio. Pero a los cartagineses tampoco les
preocupaba la transformación de los pueblos indígenas, de sus tradiciones y costumbres,
no lesionaban sus intereses.
Los cartagineses, incumplieron un nuevo tratado que les obligaba respecto de Roma a
no rebasar la frontera del río Ebro.
Finalmente, derrotados los cartagineses en la segunda “Guerra Púnica”(206-201 a.C.)
y perdidas sus importantes bases peninsulares, se rompió el equilibrio político en el
Mediterráneo entre Roma y Cartago a favor de la primera, y con ello se abrió una nueva
era bajo el signo del predominio romano.
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TEMA 3. LA ROMANIZACIÓN CULTURAL Y POLÍTICA DE LA
PENÍNSULA
1.- LOS CONTACTOS DE LOS PUEBLOS PENINSULARES CON LAS
CULTURAS MEDITERRÁNEAS
Ninguno de los pueblos colonizadores transformó sensiblemente el Derecho de los
pueblos preexistentes. Siendo la razón de su asentamiento puramente comercial, ni los
griegos se propusieron anexionar políticamente a la metrópoli los territorios próximos a
sus bases ni los fenicios trataron de trasladar a ellos sus instituciones o su Derecho. La
influencia de unos y otros concluyó con la desaparición de las colonias.
No muy distinta fue la finalidad perseguida por los cartagineses, su presencia interesa de
manera especial en medida en que fue pretexto de la posterior venida de los romanos y
del consiguiente fenómeno de la romanización.
A) La dominación cartaginesa
La llegada de los pueblos púnicos a las Baleares y a la Península se enmarca en el
contexto de hostilidades que mantuvieron Cartago y Roma, las dos mayores potencias
mediterráneas, cuya idéntica política expansionista y cuyos intereses económicos
similares necesariamente provocaron su enfrentamiento bélico. La rivalidad entre
cartagineses y romanos sucedió así en el mismo marco a la tradicional entre fenicios y
griegos.
Un viejo tratado entre Cartago y Roma, delimitaba las respectivas zonas
mediterráneas de influencia y comercio de cada potencia.
El territorio ibérico quedaba dentro de la órbita cartaginesa, y de hecho se constataba la
presencia púnica en él.
La primera de las llamadas “Guerras Púnicas”(264-241 a.C.) determinó la pérdida para
Cartago de Sicilia y, poco después, Cerdeña y su endeudamiento con Roma y con sus
propios ejércitos mercenarios.
En esta situación, Cartago tuvo que desplazarse hacia Occidente por la costa africana,
penetrar profundamente en la Península y ocupar las Baleares.
Las tierras ibéricas, las más productivas de la zona, interesaban como fuente de recursos
económicos, pero también desde el punto de vista estratégico. Los cartagineses, bajo la
dirección de Bárquidas iniciaron una sistemática ocupación del territorio, cuya mitad
sur aproximadamente quedó bajo su dominio. Pero a los cartagineses tampoco les
preocupaba la transformación de los pueblos indígenas, de sus tradiciones y costumbres,
no lesionaban sus intereses.
Los cartagineses, incumplieron un nuevo tratado que les obligaba respecto de Roma a
no rebasar la frontera del río Ebro.
Finalmente, derrotados los cartagineses en la segunda “Guerra Púnica”(206-201 a.C.)
y perdidas sus importantes bases peninsulares, se rompió el equilibrio político en el
Mediterráneo entre Roma y Cartago a favor de la primera, y con ello se abrió una nueva
era bajo el signo del predominio romano.
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