FILOSOFÍA CLÁSICA II: PLATÓN Y ARISTÓTELES
CONTEXTO HISTÓRICO-FILOSÓFICO
Como principio, nos situamos en la Antigua Grecia, aproximadamente en el siglo V-IV a.C. Durante este
periodo se sucedieron numerosas guerras, entre ellas las famosas Guerras del Peloponeso, entre las
ciudades de Atenas y Esparta. Esta última fue la vencedora de la guerra, resultando la decadencia de
Atenas y un caos de mandatos llenos de tiranías e inestabilidad.
En el ámbito filosófico, Platón y su discípulo Aristóteles recogen la herencia de los presocráticos y
reaccionan frente a los sofistas, que defendían el relativismo moral y negaban la existencia de verdades
absolutas. Siguiendo a Sócrates, buscan un conocimiento universal basado en la razón.
PLATÓN: LOS PELIGROS DEL RELATIVISMO
Al igual que su maestro Sócrates, Platón se opuso a las teorías relativistas y escépticas defendidas por los
sofistas. El relativismo considera que no existen realidades absolutas, puesto que la verdad depende del
punto de vista desde el que se mira. De acuerdo con los sofistas, el significado que damos a valores como
el bien o la justicia varía según el momento y el lugar. Por eso las costumbres, normas y opiniones son tan
distintas en cada pueblo y en cada época histórica.
Sin embargo, tanto Sócrates como Platón creían que las teorías relativistas eran falsas y, además,
peligrosas. Los relativistas afirmaban que las cosas son tal y como las percibimos, pero olvidaban la
importante diferencia que hay entre la apariencia y la realidad.
A menudo las apariencias son engañosas, y en muchas ocasiones nuestras opiniones son incorrectas. Si
queremos conocer la verdadera realidad, tenemos que intentar ir más allá de nuestras creencias
personales, dejando atrás lo que las cosas parecen para descubrir lo que realmente son. Por eso Platón, al
igual que Sócrates, estaba convencido de que existía una realidad verdadera que era independiente de
nuestro punto de vista.
Sin embargo, alcanzar la auténtica realidad no resulta nada fácil. Para lograrlo debemos ir más allá de
nuestras opiniones particulares, recordando que las apariencias nos confunden. La tarea de la filosofía
consiste en ayudarnos a encontrar ese camino en busca de la verdad.
MUNDO SENSIBLE Y MUNDO INTELIGIBLE
El mundo sensible está constituido por todas las cosas que vemos y tocamos. Este es el mundo material
que percibimos con los sentidos y que está formado por cosas particulares que son imperfectas,
cambiantes y perecederas.
Pero también existe un mundo diferente, separado de todo lo material e integrado por las esencias. Se
trata del mundo inteligible, compuesto por realidades inmateriales que no se pueden captar con los
sentidos, sino únicamente mediante la razón. A diferencia de las cosas, las esencias son universales,
perfectas, eternas e inmutables. Este es el mundo al que pertenecen realidades como, por ejemplo, las
figuras geométricas perfectas, los números o los conceptos abstractos como el bien, la justicia o la belleza.
Las esencias existen en un plano muy distinto al de las cosas materiales. Las esencias son trascendentes,
porque están más allá del mundo sensible y pertenecen a una realidad de orden superior .
, METAFÍSICA DUALISTA
Para referirse a las esencias trascendentes que integran el mundo inteligible, Platón empleó el término
idea. Esta palabra significa en griego "forma". Por eso, la propuesta platónica que distingue el mundo de
las esencias del mundo sensible suele denominarse teoría de las Ideas.
La teoría de las Ideas es una doctrina ontológica, puesto que describe cuáles son las realidades que
verdaderamente existen. La metafísica de Platón es dualista, porque distingue dos ámbitos diferentes de
la realidad, que son el mundo sensible y el mundo inteligible.
Platón creía que la existencia de estos dos mundos tan distintos permitía explicar las enormes diferencias
que hay entre las cosas y las esencias. Sabemos por experiencia que todas las cosas que vemos y tocamos
están sujetas al cambio, la imperfección y el deterioro. Las esencias, sin embargo, no sufren alteraciones
ni perecen jamás. Por eso, las esencias no pueden formar parte del mundo de las cosas, sino que
pertenecen a un ámbito propio, que es eterno, perfecto e inmutable. A este ámbito en el que existen las
esencias es a lo que Platón denominó mundo inteligible o mundo de las Ideas.
RELACIÓN ENTRE LAS IDEAS Y LAS COSAS
La teoría de la participación afirma que las Ideas actúan como modelos eternos e inmutables de las
cosas, que a su vez son lo que son porque participan de aquella Idea de la cual proceden. Las cosas del
mundo sensible proceden de una Idea a la que tratan de imitar aunque solo lo consigan parcialmente. De
esta manera, las Ideas son el arquetipo, modelo o paradigma del cual proceden las cosas.
JERARQUÍA DE LAS IDEAS
Aunque todas las Ideas son imperecederas, perfectas y eternas, no todas ellas tienen la misma
importancia. Platón afirma que las Ideas están ordenadas en una jerarquía que recuerda a la forma de
una pirámide. En la base están las Ideas menos importantes, mientras que en la cúspide se encuentran las
más generales, significativas y valiosas.
De entre todas las Ideas, Platón afirma que las principales son las de relaciones y valores como la Bondad,
la Belleza o la Justicia. Y por encima de todas ellas, en el vértice de la pirámide, está la Idea de Bien, que es
la más importante de todas.
MITO DEL DEMIURGO
Platón explica el origen de todas las cosas que existen mediante una narración alegórica: el mito del
Demiurgo.
La idea de que el universo haya podido crearse de la nada era algo inconcebible para los griegos. Platón
compartía con los demás filósofos antiguos la creencia en la eternidad del mundo. Sin embargo, pensaba
que el cosmos no siempre había sido una realidad similar a la que ahora vemos. Según Platón, en un
principio solo existía una materia caótica, imperfecta e informe. Si hoy vemos un mundo múltiple,
diverso y ordenado es porque las cosas que actualmente existen a nuestro alrededor fueron modeladas
por una especie de dios, un artesano sabio y bueno al que Platón llama el Demiurgo.
El mito del Demiurgo cuenta cómo esta divinidad trató de materializar las Ideas modelando la materia de
la que disponía, dando así lugar a todas las cosas que ahora existen en el mundo. Sin embargo, al estar
hechas de materia, las cosas del mundo no son perfectas, sino que tienen fallos, cambian y acaban
envejeciendo y estropeándose.
CONTEXTO HISTÓRICO-FILOSÓFICO
Como principio, nos situamos en la Antigua Grecia, aproximadamente en el siglo V-IV a.C. Durante este
periodo se sucedieron numerosas guerras, entre ellas las famosas Guerras del Peloponeso, entre las
ciudades de Atenas y Esparta. Esta última fue la vencedora de la guerra, resultando la decadencia de
Atenas y un caos de mandatos llenos de tiranías e inestabilidad.
En el ámbito filosófico, Platón y su discípulo Aristóteles recogen la herencia de los presocráticos y
reaccionan frente a los sofistas, que defendían el relativismo moral y negaban la existencia de verdades
absolutas. Siguiendo a Sócrates, buscan un conocimiento universal basado en la razón.
PLATÓN: LOS PELIGROS DEL RELATIVISMO
Al igual que su maestro Sócrates, Platón se opuso a las teorías relativistas y escépticas defendidas por los
sofistas. El relativismo considera que no existen realidades absolutas, puesto que la verdad depende del
punto de vista desde el que se mira. De acuerdo con los sofistas, el significado que damos a valores como
el bien o la justicia varía según el momento y el lugar. Por eso las costumbres, normas y opiniones son tan
distintas en cada pueblo y en cada época histórica.
Sin embargo, tanto Sócrates como Platón creían que las teorías relativistas eran falsas y, además,
peligrosas. Los relativistas afirmaban que las cosas son tal y como las percibimos, pero olvidaban la
importante diferencia que hay entre la apariencia y la realidad.
A menudo las apariencias son engañosas, y en muchas ocasiones nuestras opiniones son incorrectas. Si
queremos conocer la verdadera realidad, tenemos que intentar ir más allá de nuestras creencias
personales, dejando atrás lo que las cosas parecen para descubrir lo que realmente son. Por eso Platón, al
igual que Sócrates, estaba convencido de que existía una realidad verdadera que era independiente de
nuestro punto de vista.
Sin embargo, alcanzar la auténtica realidad no resulta nada fácil. Para lograrlo debemos ir más allá de
nuestras opiniones particulares, recordando que las apariencias nos confunden. La tarea de la filosofía
consiste en ayudarnos a encontrar ese camino en busca de la verdad.
MUNDO SENSIBLE Y MUNDO INTELIGIBLE
El mundo sensible está constituido por todas las cosas que vemos y tocamos. Este es el mundo material
que percibimos con los sentidos y que está formado por cosas particulares que son imperfectas,
cambiantes y perecederas.
Pero también existe un mundo diferente, separado de todo lo material e integrado por las esencias. Se
trata del mundo inteligible, compuesto por realidades inmateriales que no se pueden captar con los
sentidos, sino únicamente mediante la razón. A diferencia de las cosas, las esencias son universales,
perfectas, eternas e inmutables. Este es el mundo al que pertenecen realidades como, por ejemplo, las
figuras geométricas perfectas, los números o los conceptos abstractos como el bien, la justicia o la belleza.
Las esencias existen en un plano muy distinto al de las cosas materiales. Las esencias son trascendentes,
porque están más allá del mundo sensible y pertenecen a una realidad de orden superior .
, METAFÍSICA DUALISTA
Para referirse a las esencias trascendentes que integran el mundo inteligible, Platón empleó el término
idea. Esta palabra significa en griego "forma". Por eso, la propuesta platónica que distingue el mundo de
las esencias del mundo sensible suele denominarse teoría de las Ideas.
La teoría de las Ideas es una doctrina ontológica, puesto que describe cuáles son las realidades que
verdaderamente existen. La metafísica de Platón es dualista, porque distingue dos ámbitos diferentes de
la realidad, que son el mundo sensible y el mundo inteligible.
Platón creía que la existencia de estos dos mundos tan distintos permitía explicar las enormes diferencias
que hay entre las cosas y las esencias. Sabemos por experiencia que todas las cosas que vemos y tocamos
están sujetas al cambio, la imperfección y el deterioro. Las esencias, sin embargo, no sufren alteraciones
ni perecen jamás. Por eso, las esencias no pueden formar parte del mundo de las cosas, sino que
pertenecen a un ámbito propio, que es eterno, perfecto e inmutable. A este ámbito en el que existen las
esencias es a lo que Platón denominó mundo inteligible o mundo de las Ideas.
RELACIÓN ENTRE LAS IDEAS Y LAS COSAS
La teoría de la participación afirma que las Ideas actúan como modelos eternos e inmutables de las
cosas, que a su vez son lo que son porque participan de aquella Idea de la cual proceden. Las cosas del
mundo sensible proceden de una Idea a la que tratan de imitar aunque solo lo consigan parcialmente. De
esta manera, las Ideas son el arquetipo, modelo o paradigma del cual proceden las cosas.
JERARQUÍA DE LAS IDEAS
Aunque todas las Ideas son imperecederas, perfectas y eternas, no todas ellas tienen la misma
importancia. Platón afirma que las Ideas están ordenadas en una jerarquía que recuerda a la forma de
una pirámide. En la base están las Ideas menos importantes, mientras que en la cúspide se encuentran las
más generales, significativas y valiosas.
De entre todas las Ideas, Platón afirma que las principales son las de relaciones y valores como la Bondad,
la Belleza o la Justicia. Y por encima de todas ellas, en el vértice de la pirámide, está la Idea de Bien, que es
la más importante de todas.
MITO DEL DEMIURGO
Platón explica el origen de todas las cosas que existen mediante una narración alegórica: el mito del
Demiurgo.
La idea de que el universo haya podido crearse de la nada era algo inconcebible para los griegos. Platón
compartía con los demás filósofos antiguos la creencia en la eternidad del mundo. Sin embargo, pensaba
que el cosmos no siempre había sido una realidad similar a la que ahora vemos. Según Platón, en un
principio solo existía una materia caótica, imperfecta e informe. Si hoy vemos un mundo múltiple,
diverso y ordenado es porque las cosas que actualmente existen a nuestro alrededor fueron modeladas
por una especie de dios, un artesano sabio y bueno al que Platón llama el Demiurgo.
El mito del Demiurgo cuenta cómo esta divinidad trató de materializar las Ideas modelando la materia de
la que disponía, dando así lugar a todas las cosas que ahora existen en el mundo. Sin embargo, al estar
hechas de materia, las cosas del mundo no son perfectas, sino que tienen fallos, cambian y acaban
envejeciendo y estropeándose.