9.3. El bienio de la CEDA y del Partido Radical. El Frente popular. Desórdenes públicos. Violencia y conflictos sociales.
El bienio radical-cedista (noviembre de 1933. febrero 1936) También conocido como Bienio Negro o Rectificador. Azaña dimitió
en septiembre del 33 y se convocaron elecciones en noviembre. Por primera vez votó la mujer en España. Ganaron las derechas.
La disolución de la coalición republicano socialista y la abstención de los anarquistas jugaron un papel importante
El presidente Alcalá Zamora llamó a Alejandro Lerroux a formar gobierno quien eligió a todos los ministros del gabinete del Partido
Republicano Radical. La CEDA tenía la mayoría de los escaños en la Cámara.
La actuación del gobierno estuvo completamente mediatizada por la presión de la CEDA cuyos votos eran necesarios para el
gobierno. Todas sus disposiciones tendieron a eliminar una parte considerable de las decisiones del bienio azañista. El gobierno
paralizó por completo la reforma agraria, detuvo el proceso de entrega de tierras y derogó la ley de términos municipales y el decreto
de intensificación de cultivos, miles de yunteros extremeños fueron expulsados de las tierras que habían ocupado y se decretó la
libertad de contratación y de fijación de salarios en el campo proliferando los abusos de los terratenientes. También quedó detenida
la reforma militar y se puso en destinos clave a militares como Goded, Cabanellas, Mola o Franco, alguno de ellos manifiestamente
antirrepublicanos. Las Cortes fijaron derechos pasivos para el clero, lo que iba contra la Constitución, y se paralizó el proceso de
secularización de la enseñanza, de construcciones escolares y de extensión cultural, al tiempo que se anulaba la enseñanza mixta.
Pese a ello, Pío XI continuó sin reconocer la República.
La revolución de octubre de 1934
El ascenso del nazismo en Alemania hizo aumentar la desconfianza hacia la CEDA. Largo Caballero, convencido de que Gil Robles
pretendía destruir la República, se fue inclinando hacia posiciones revolucionarias. La UGT declaró la huelga general al entrar tres
ministros de la CEDA en el gobierno y la radicalización del conflicto acabó con el estallido de la revolución en Asturias y Cataluña.
En Cataluña la revolución fue impulsada desde arriba por el presidente de la Generalitat, Lluis Companys, que proclamó el Estado
Catalán dentro de la República Federal Española, pero no contó con el apoyo de la CNT, hecho que permitió al ejército dominar
muy pronto la insurrección por el general Batet (10 horas: 46 muertos). La Generalitat se rindió y el Gobierno suspendió el Estatuto
de Cataluña, al tiempo que ordenaba centenares de detenciones.
En Asturias, en cambio, hubo mayor unidad revolucionaria. El 5 de octubre estalló la revolución en la que participaban los socialistas,
dominantes en la minería, los anarquistas, cuyo centro básico era Gijón, y los comunistas. El centro del movimiento era Mieres y la
cuenca minera. Los revolucionarios, después de ocupar diversos cuarteles y las fábricas de armas de Trubia y de la Vega, entraron
en Oviedo. Durante nueve días una parte de Asturias vivió bajo un régimen revolucionario. Pero el envío del ejército de Marruecos
permitió dominar el movimiento. La revolución había engendrado violencia, pero la represión fue de una extrema ferocidad: 1.051
muertos entre los insurrectos y 284 entre los militares, además de miles de heridos. La revolución del 34 dejó 30.000 detenidos
entre los que figuraban Companys, Azaña que no había participado en la insurrección, y la mayoría de los dirigentes socialistas.
Formación y programa del Frente Popular
La derrota de los revolucionarios envalentonó a las derechas y la CEDA tomó más protagonismo. Se incrementó el número de
ministros cedistas en el gobierno, siendo uno de ellos Gil Robles, encargado de la cartera de Defensa (con Franco al frente del
Estado Mayor). La política revisionista y contra reformadora del gobierno derechista continuó. La reforma agraria quedó suspendida
y se quedaron paralizados los estatutos vasco y gallego.
Mientras, las izquierdas formaban un Frente Popular como coalición electoral integrado por republicanos, socialistas y comunistas,
a raíz de la decisión adoptada por la III Internacional para frenar el fascismo.
La crisis definitiva se produce en octubre de 1935, siendo Chapaprieta jefe del Gobierno, con los escándalos de corrupción del
straperlo (sobornos para instalar ruletas trucadas en casinos) y Nombela (malversación de fondos) que acabarán con Lerroux.
Portela Valladares, tras dos gabinetes sucesivos, consigue el compromiso de Alcalá Zamora de disolver las cortes cosa que
realizará en enero del 36.
Las elecciones de febrero del 36
Las fuerzas políticas españolas quedaron claramente divididas en dos bloques que acabarían por enfrentarse violentamente: las
derechas en el Bloque Nacional, y las izquierdas en el Frente Popular. La campaña electoral se celebró bajo los efectos de un
fuerte clima pasional. La CEDA organizó su campaña bajo el lema de cerrar el paso a la revolución y al marxismo. Gil Robles era
aclamado como “jefe” en tanto que las juventudes de su partido recordaban en sus actuaciones a los grupos fascistas. Las izquierdas
firmaron un pacto electoral en enero del 36 (Izquierda Republicana, Unión Republicana, PSOE, PCE y POUM) al que daban
tácitamente su apoyo los anarquistas.
Después de la victoria del Frente Popular, en febrero, se formó un gobierno de republicanos de izquierdas pero sin socialistas,
que puso en marcha el pacto electoral: decretó la anunciada amnistía y la reforma agraria se puso de nuevo en marcha (muchas
veces de forma espontánea). En solo tres meses se repartieron en las provincias de Toledo y Badajoz unas 250.000 ha. Mucho más
que cuanto se había distribuido desde 1931. Las clases conservadoras comenzaron a temer por la pérdida de sus privilegios, hasta
entonces prácticamente inalterados. El nuevo gobierno estuvo acompañado de un ambiente político y social cada vez más crispado.
Azaña fue nombrado presidente de la República y Casares Quiroga jefe del Gobierno.
La conflictividad social
Los conflictos sociales se multiplicaban, especialmente en los núcleos rurales. En las ciudades, la calle pasó a desempeñar un papel
protagonista, siendo escenario de choques violentos, por lo general entre milicias obreras y grupos falangistas paramilitares. Estos
incidentes callejeros, presentados por Gil Robles y Calvo Sotelo con tintes sombríos en las sesiones de Cortes, eran una excusa
para cobijar los planes que preparaban un golpe militar. Calvo Sotelo se mostraba partidario de un gobierno autoritario y
corporativista, típicamente fascista, frente al peligro de una revolución social, que, Largo Caballero parecía alentar desde el ala
más radical del socialismo.
La conspiración contra el gobierno del Frente Popular
Nada más triunfar el Frente Popular se empezó a fraguar una conspiración para poner fin al gobierno de la República. El gobierno
republicano, con el propósito de evitar la conspiración decidió enviar al general Goded a Baleares, a Franco a Canarias, y a Mola a
Pamplona. La primavera del 36 estuvo marcada por el radicalismo y el enfrentamiento social. La CNT y la UGT se lanzan a recuperar
los avances del bienio reformista con una oleada huelguista en el campo andaluz y en Madrid.
Los preparativos de la conspiración militar se reanudaron desde Pamplona donde Mola, el “jefe”, reunía a los militares
antirrepublicanos. Se incrementó el terrorismo: auge del pistolerismo falangista (intento de asesinato de Jiménez de Asúa o Largo
Caballero) que lleva al encarcelamiento de José Antonio. En estas circunstancias, un acontecimiento lamentable vino a precipitar
las cosas, el 12 de julio es asesinado José Castillo, guardia de Asalto y socialista, el 13 Calvo Sotelo el parlamentario más famoso
de extrema derecha, creador del Bloque Nacional. El 18, estalla el golpe de Estado.
El bienio radical-cedista (noviembre de 1933. febrero 1936) También conocido como Bienio Negro o Rectificador. Azaña dimitió
en septiembre del 33 y se convocaron elecciones en noviembre. Por primera vez votó la mujer en España. Ganaron las derechas.
La disolución de la coalición republicano socialista y la abstención de los anarquistas jugaron un papel importante
El presidente Alcalá Zamora llamó a Alejandro Lerroux a formar gobierno quien eligió a todos los ministros del gabinete del Partido
Republicano Radical. La CEDA tenía la mayoría de los escaños en la Cámara.
La actuación del gobierno estuvo completamente mediatizada por la presión de la CEDA cuyos votos eran necesarios para el
gobierno. Todas sus disposiciones tendieron a eliminar una parte considerable de las decisiones del bienio azañista. El gobierno
paralizó por completo la reforma agraria, detuvo el proceso de entrega de tierras y derogó la ley de términos municipales y el decreto
de intensificación de cultivos, miles de yunteros extremeños fueron expulsados de las tierras que habían ocupado y se decretó la
libertad de contratación y de fijación de salarios en el campo proliferando los abusos de los terratenientes. También quedó detenida
la reforma militar y se puso en destinos clave a militares como Goded, Cabanellas, Mola o Franco, alguno de ellos manifiestamente
antirrepublicanos. Las Cortes fijaron derechos pasivos para el clero, lo que iba contra la Constitución, y se paralizó el proceso de
secularización de la enseñanza, de construcciones escolares y de extensión cultural, al tiempo que se anulaba la enseñanza mixta.
Pese a ello, Pío XI continuó sin reconocer la República.
La revolución de octubre de 1934
El ascenso del nazismo en Alemania hizo aumentar la desconfianza hacia la CEDA. Largo Caballero, convencido de que Gil Robles
pretendía destruir la República, se fue inclinando hacia posiciones revolucionarias. La UGT declaró la huelga general al entrar tres
ministros de la CEDA en el gobierno y la radicalización del conflicto acabó con el estallido de la revolución en Asturias y Cataluña.
En Cataluña la revolución fue impulsada desde arriba por el presidente de la Generalitat, Lluis Companys, que proclamó el Estado
Catalán dentro de la República Federal Española, pero no contó con el apoyo de la CNT, hecho que permitió al ejército dominar
muy pronto la insurrección por el general Batet (10 horas: 46 muertos). La Generalitat se rindió y el Gobierno suspendió el Estatuto
de Cataluña, al tiempo que ordenaba centenares de detenciones.
En Asturias, en cambio, hubo mayor unidad revolucionaria. El 5 de octubre estalló la revolución en la que participaban los socialistas,
dominantes en la minería, los anarquistas, cuyo centro básico era Gijón, y los comunistas. El centro del movimiento era Mieres y la
cuenca minera. Los revolucionarios, después de ocupar diversos cuarteles y las fábricas de armas de Trubia y de la Vega, entraron
en Oviedo. Durante nueve días una parte de Asturias vivió bajo un régimen revolucionario. Pero el envío del ejército de Marruecos
permitió dominar el movimiento. La revolución había engendrado violencia, pero la represión fue de una extrema ferocidad: 1.051
muertos entre los insurrectos y 284 entre los militares, además de miles de heridos. La revolución del 34 dejó 30.000 detenidos
entre los que figuraban Companys, Azaña que no había participado en la insurrección, y la mayoría de los dirigentes socialistas.
Formación y programa del Frente Popular
La derrota de los revolucionarios envalentonó a las derechas y la CEDA tomó más protagonismo. Se incrementó el número de
ministros cedistas en el gobierno, siendo uno de ellos Gil Robles, encargado de la cartera de Defensa (con Franco al frente del
Estado Mayor). La política revisionista y contra reformadora del gobierno derechista continuó. La reforma agraria quedó suspendida
y se quedaron paralizados los estatutos vasco y gallego.
Mientras, las izquierdas formaban un Frente Popular como coalición electoral integrado por republicanos, socialistas y comunistas,
a raíz de la decisión adoptada por la III Internacional para frenar el fascismo.
La crisis definitiva se produce en octubre de 1935, siendo Chapaprieta jefe del Gobierno, con los escándalos de corrupción del
straperlo (sobornos para instalar ruletas trucadas en casinos) y Nombela (malversación de fondos) que acabarán con Lerroux.
Portela Valladares, tras dos gabinetes sucesivos, consigue el compromiso de Alcalá Zamora de disolver las cortes cosa que
realizará en enero del 36.
Las elecciones de febrero del 36
Las fuerzas políticas españolas quedaron claramente divididas en dos bloques que acabarían por enfrentarse violentamente: las
derechas en el Bloque Nacional, y las izquierdas en el Frente Popular. La campaña electoral se celebró bajo los efectos de un
fuerte clima pasional. La CEDA organizó su campaña bajo el lema de cerrar el paso a la revolución y al marxismo. Gil Robles era
aclamado como “jefe” en tanto que las juventudes de su partido recordaban en sus actuaciones a los grupos fascistas. Las izquierdas
firmaron un pacto electoral en enero del 36 (Izquierda Republicana, Unión Republicana, PSOE, PCE y POUM) al que daban
tácitamente su apoyo los anarquistas.
Después de la victoria del Frente Popular, en febrero, se formó un gobierno de republicanos de izquierdas pero sin socialistas,
que puso en marcha el pacto electoral: decretó la anunciada amnistía y la reforma agraria se puso de nuevo en marcha (muchas
veces de forma espontánea). En solo tres meses se repartieron en las provincias de Toledo y Badajoz unas 250.000 ha. Mucho más
que cuanto se había distribuido desde 1931. Las clases conservadoras comenzaron a temer por la pérdida de sus privilegios, hasta
entonces prácticamente inalterados. El nuevo gobierno estuvo acompañado de un ambiente político y social cada vez más crispado.
Azaña fue nombrado presidente de la República y Casares Quiroga jefe del Gobierno.
La conflictividad social
Los conflictos sociales se multiplicaban, especialmente en los núcleos rurales. En las ciudades, la calle pasó a desempeñar un papel
protagonista, siendo escenario de choques violentos, por lo general entre milicias obreras y grupos falangistas paramilitares. Estos
incidentes callejeros, presentados por Gil Robles y Calvo Sotelo con tintes sombríos en las sesiones de Cortes, eran una excusa
para cobijar los planes que preparaban un golpe militar. Calvo Sotelo se mostraba partidario de un gobierno autoritario y
corporativista, típicamente fascista, frente al peligro de una revolución social, que, Largo Caballero parecía alentar desde el ala
más radical del socialismo.
La conspiración contra el gobierno del Frente Popular
Nada más triunfar el Frente Popular se empezó a fraguar una conspiración para poner fin al gobierno de la República. El gobierno
republicano, con el propósito de evitar la conspiración decidió enviar al general Goded a Baleares, a Franco a Canarias, y a Mola a
Pamplona. La primavera del 36 estuvo marcada por el radicalismo y el enfrentamiento social. La CNT y la UGT se lanzan a recuperar
los avances del bienio reformista con una oleada huelguista en el campo andaluz y en Madrid.
Los preparativos de la conspiración militar se reanudaron desde Pamplona donde Mola, el “jefe”, reunía a los militares
antirrepublicanos. Se incrementó el terrorismo: auge del pistolerismo falangista (intento de asesinato de Jiménez de Asúa o Largo
Caballero) que lleva al encarcelamiento de José Antonio. En estas circunstancias, un acontecimiento lamentable vino a precipitar
las cosas, el 12 de julio es asesinado José Castillo, guardia de Asalto y socialista, el 13 Calvo Sotelo el parlamentario más famoso
de extrema derecha, creador del Bloque Nacional. El 18, estalla el golpe de Estado.