6.2. Las guerras de Cuba, el conflicto bélico contra Estados Unidos y la crisis de 1898.
Antecedentes: La “Guerra larga” de Cuba. La gran preocupación de los gobiernos de la Restauración (Alfonso
XII, 1875-1885 y Regencia de María Cristina, 1885-1902) fue mantener a toda costa la soberanía sobre Cuba, en
vez de promover soluciones políticas de carácter autonomista, que satisficieran las demandas de la burguesía
criolla.
La guerra larga comenzó en 1868 con el “grito de Yara”. Los insurrectos, dirigidos por el criollo Céspedes,
denunciaban la esclavitud en las plantaciones azucareras y pedían su abolición y, además, una autonomía
política. Fue a la vez una guerra colonial entre Cuba y la metrópoli, y conflicto civil interno entre los criollos y los
españoles (burócratas, comerciantes y azucareros) residentes en la isla. Tuvo una dimensión internacional
debido al apoyo de los EE.UU. a los insurrectos. Las elevadas pérdidas humanas y materiales convirtieron el
conflicto de Cuba en un motivo de descontento que aumentó la inestabilidad del sexenio democrático. La paz
de Zanjón de 1878 puso fin a la “guerra larga”, pero solo aplazó el problema cubano. El tratado prometía unas
muevas condiciones políticas y administrativas, el fin de la esclavitud y una amnistía. Sin embargo, las
esperanzas criollas se vieron frustradas porque la esclavitud no fue abolida hasta 1886 y las primeras tentativas
de dotar a Cuba de instituciones de gobierno autonomistas llegaron demasiado tarde, en 1893. Por otra parte,
desde 1878 los círculos independentistas cubanos, bajo el liderazgo de José Martí, lograron el apoyo cada vez
mayor de EE.UU., que tenía fuertes intereses económicos en la isla y la consideraba, además un lugar
estratégico para controlar el Caribe y el estrecho de Panamá. De hecho en 1894, el 91,5% de las exportaciones
de azúcar cubano se destinaba a EEUU, frente al 2,2% que llegaba a la península. En 1892 José Martí fundó el
Partido Revolucionario Cubano, partidario de la independencia.
La guerra colonial.
1.- La guerra de Cuba.
Estalló de nuevo en 1895, con el “grito de Baire” promovida por los mambíes o mambises (tropas cubanas,
muchos de ellos desertores del ejército español) y tuvo un amplio apoyo de la población negra y mulata. Entre
1895 y 1898, fueron enviados a Cuba 220.000 soldados (dirigidos entre otros por Martínez Campos). Los
cubanos seguían una táctica de guerrilla, arropados por el pueblo, con mejor conocimiento del terreno y mayor
adaptación al clima, cuyos efectos fueron demoledores para los soldados españoles.
La opinión pública española fue inicialmente partidaria de la guerra, con la excepción de los federalistas,
socialistas, anarquistas y de algunos intelectuales, como Unamuno. Pero el apoyo popular fue disminuyendo a
medida que se hacían visibles los costes de la contienda. Los jóvenes adinerados llamados a filas compraban la
redención de su servicio de armas, por lo que sólo aquellos pertenecientes a las clases populares embarcaban.
La intervención norteamericana, estuvo jaleada por una apasionante campaña de prensa, por la descarada
utilización del conflicto por parte de ciertos teóricos de la política exterior norteamericana ("el buen amigo del
norte") y por unos intereses económicos latentes (compañías azucareras). El presidente Cleveland, mantenía
una posición correcta frente a España, pero al ser sustituido por MacKinley, éste comenzará el hostigamiento
que llevará a la guerra. En el verano del 97, protesta formal por la dureza de la represión del general Weyler. A
continuación, se da una nota a la regente que es un ultimátum si España no vende la isla por 300 millones de
dólares. Finalmente, la voladura del acorazado Maine en la Habana, en febrero del 98, manipulada la noticia
por la “prensa amarilla” de Hearst y Pulitzer, aceleró la intervención estadounidense que culpó a España de la
misma, y declara la guerra a España en mayo. Las derrotas de Cavite (Filipinas) en mayo y Santiago de Cuba en
Julio llevaron al gobierno español a negociar. Mientras, EEUU desembarcaba en Puerto Rico y en Manila
(Filipinas).
2. La guerra de Filipinas.
La insurrección de Filipinas comenzó en 1896 por el descontento de ciertos grupos indígenas con la
Administración española y con el excesivo poder de las órdenes religiosas, ya que en Filipinas la presencia
española estaba estrechamente vinculada a la iglesia católica. En 1892 José Rizal había fundado la Liga Filipina
con un programa simple, basado en la expulsión de los españoles, de las órdenes religiosas y en la confiscación
de los latifundios para, así, lograr la independencia.
El general Polavieja, capturó y ejecutó a Rizal, pero un nuevo líder, Aguinaldo, mantuvo la insurrección
obligando al gobierno español a enviar nuevos contingentes militares al mando del general Fernando Primo de
Rivera. En 1897 la guerra fue favorable a España, que alcanzó un acuerdo con Aguinaldo. Pero el rumbo de los
Antecedentes: La “Guerra larga” de Cuba. La gran preocupación de los gobiernos de la Restauración (Alfonso
XII, 1875-1885 y Regencia de María Cristina, 1885-1902) fue mantener a toda costa la soberanía sobre Cuba, en
vez de promover soluciones políticas de carácter autonomista, que satisficieran las demandas de la burguesía
criolla.
La guerra larga comenzó en 1868 con el “grito de Yara”. Los insurrectos, dirigidos por el criollo Céspedes,
denunciaban la esclavitud en las plantaciones azucareras y pedían su abolición y, además, una autonomía
política. Fue a la vez una guerra colonial entre Cuba y la metrópoli, y conflicto civil interno entre los criollos y los
españoles (burócratas, comerciantes y azucareros) residentes en la isla. Tuvo una dimensión internacional
debido al apoyo de los EE.UU. a los insurrectos. Las elevadas pérdidas humanas y materiales convirtieron el
conflicto de Cuba en un motivo de descontento que aumentó la inestabilidad del sexenio democrático. La paz
de Zanjón de 1878 puso fin a la “guerra larga”, pero solo aplazó el problema cubano. El tratado prometía unas
muevas condiciones políticas y administrativas, el fin de la esclavitud y una amnistía. Sin embargo, las
esperanzas criollas se vieron frustradas porque la esclavitud no fue abolida hasta 1886 y las primeras tentativas
de dotar a Cuba de instituciones de gobierno autonomistas llegaron demasiado tarde, en 1893. Por otra parte,
desde 1878 los círculos independentistas cubanos, bajo el liderazgo de José Martí, lograron el apoyo cada vez
mayor de EE.UU., que tenía fuertes intereses económicos en la isla y la consideraba, además un lugar
estratégico para controlar el Caribe y el estrecho de Panamá. De hecho en 1894, el 91,5% de las exportaciones
de azúcar cubano se destinaba a EEUU, frente al 2,2% que llegaba a la península. En 1892 José Martí fundó el
Partido Revolucionario Cubano, partidario de la independencia.
La guerra colonial.
1.- La guerra de Cuba.
Estalló de nuevo en 1895, con el “grito de Baire” promovida por los mambíes o mambises (tropas cubanas,
muchos de ellos desertores del ejército español) y tuvo un amplio apoyo de la población negra y mulata. Entre
1895 y 1898, fueron enviados a Cuba 220.000 soldados (dirigidos entre otros por Martínez Campos). Los
cubanos seguían una táctica de guerrilla, arropados por el pueblo, con mejor conocimiento del terreno y mayor
adaptación al clima, cuyos efectos fueron demoledores para los soldados españoles.
La opinión pública española fue inicialmente partidaria de la guerra, con la excepción de los federalistas,
socialistas, anarquistas y de algunos intelectuales, como Unamuno. Pero el apoyo popular fue disminuyendo a
medida que se hacían visibles los costes de la contienda. Los jóvenes adinerados llamados a filas compraban la
redención de su servicio de armas, por lo que sólo aquellos pertenecientes a las clases populares embarcaban.
La intervención norteamericana, estuvo jaleada por una apasionante campaña de prensa, por la descarada
utilización del conflicto por parte de ciertos teóricos de la política exterior norteamericana ("el buen amigo del
norte") y por unos intereses económicos latentes (compañías azucareras). El presidente Cleveland, mantenía
una posición correcta frente a España, pero al ser sustituido por MacKinley, éste comenzará el hostigamiento
que llevará a la guerra. En el verano del 97, protesta formal por la dureza de la represión del general Weyler. A
continuación, se da una nota a la regente que es un ultimátum si España no vende la isla por 300 millones de
dólares. Finalmente, la voladura del acorazado Maine en la Habana, en febrero del 98, manipulada la noticia
por la “prensa amarilla” de Hearst y Pulitzer, aceleró la intervención estadounidense que culpó a España de la
misma, y declara la guerra a España en mayo. Las derrotas de Cavite (Filipinas) en mayo y Santiago de Cuba en
Julio llevaron al gobierno español a negociar. Mientras, EEUU desembarcaba en Puerto Rico y en Manila
(Filipinas).
2. La guerra de Filipinas.
La insurrección de Filipinas comenzó en 1896 por el descontento de ciertos grupos indígenas con la
Administración española y con el excesivo poder de las órdenes religiosas, ya que en Filipinas la presencia
española estaba estrechamente vinculada a la iglesia católica. En 1892 José Rizal había fundado la Liga Filipina
con un programa simple, basado en la expulsión de los españoles, de las órdenes religiosas y en la confiscación
de los latifundios para, así, lograr la independencia.
El general Polavieja, capturó y ejecutó a Rizal, pero un nuevo líder, Aguinaldo, mantuvo la insurrección
obligando al gobierno español a enviar nuevos contingentes militares al mando del general Fernando Primo de
Rivera. En 1897 la guerra fue favorable a España, que alcanzó un acuerdo con Aguinaldo. Pero el rumbo de los