6.1. El sistema Canovista; la Constitución de 1876 y el turno de partidos. La oposición al sistema.
La Restauración de la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII (1875-1885), hijo de Isabel II, se produjo
tras el pronunciamiento militar de Martínez Campos en Sagunto en Valencia el 29 de diciembre de 1874. El sistema
político de la Restauración se mantendrá en España hasta 1931. El creador del sistema político de la Restauración fue
Cánovas del Castillo, autor del Manifiesto de Sandhurst, que fue firmado por Alfonso XII y que anticipaba la
restauración monárquica, que se produjo en enero de 1875. Cánovas era un político pragmático. En su juventud
participó en la Vicalvarada redactando el Manifiesto de Manzanares. Integró más tarde la Unión Liberal junto a
O´Donnell. Se mantuvo al margen de las conspiraciones contra Isabel II, y fue el líder del partido alfonsino durante el
Sexenio democrático. En estos años se atrajo a las élites políticas y sociales del país. Era admirador de la estabilidad
del parlamentarismo inglés y su sistema de turno de partidos (bipartidismo) y su principal mérito fue dotar a la
monarquía restaurada de un sistema liberal y autoritario, basado en el apoyo de la oligarquía y que permitía a la vez
la alternancia pacífica en el Gobierno de dos fuerzas políticas, derecha e izquierda dinásticas, que no se marginaban
entre sí ni recurrían a la insurrección popular o al ejército para desalojarse mutuamente del poder. Los partidos
antimonárquicos, antiliberales y regionalistas/autonomistas quedaron, en un principio, excluidos y fuera del sistema;
al igual que las masas populares, ya que los resultados electorales de los dos partidos gobernantes se obtenían gracias
a la manipulación y el fraude. Cánovas ocupó la jefatura de gobierno en cinco ocasiones y fue asesinado por un
anarquista italiano en 1897 en un atentado en Mondragón.
El marco legal del sistema Canovista fue la Constitución de 1876: Cánovas diseñó el proyecto de Constitución que
fue discutido en las Cortes Constituyentes elegidas por sufragio universal masculino (se mantuvo, hasta la realización
de una nueva ley, el sufragio del Sexenio). La Constitución fue aprobada con el 87% de los votos. Estaba inspirada en
el liberalismo doctrinario de la Constitución moderada de 1845 y estuvo vigente hasta 1923, siendo la más duradera
de todas las que la precedieron. Sus principios fueron: a) Modelo centralista del Estado. b) Soberanía compartida
entre el rey y las Cortes. No existía una clara división de poderes. El rey era el mando supremo del ejército, elegía al
Gobierno y tenía poder de veto, iniciativa legislativa y autoridad para disolver las Cortes. El Gobierno necesitaba de
la doble confianza del rey y de las Cortes. c) Sistema bicameral. El Congreso era elegido por sufragio censitario
(restablecido en 1878:5% de la población), y, desde 1890, por sufragio universal masculino; una parte de los
miembros del Senado eran vitalicios y otra parte eran elegidos por corporaciones y mayores contribuyentes. d) El
catolicismo era la religión oficial del Estado pero había tolerancia hacia otros cultos en el ámbito privado.e) Se
mantenía la declaración de derechos de la Constitución de 1869.
La creación de partidos políticos: Se trataba de configurar dos fuerzas políticas que aceptasen las reglas del juego y
pudieran alternarse en el Gobierno: se les llamó partidos dinásticos. Ninguno de los dos partidos, que protagonizaron
esta etapa, eran partidos de masas, diseñados para ganar votos y elecciones, sino partidos de notables,
profundamente elitistas. El Partido Conservador, liderado por Cánovas primero (hasta su muerte en 1897) y por
Francisco Silvela después, aglutinó a liberales moderados, a miembros de la Unión Liberal y a algún progresista. Sus
bases sociales fueron los grandes propietarios agrarios y la alta burguesía financiera e industrial. El Partido Liberal,
encabezado por Sagasta representó dentro del sistema a la izquierda, sus bases sociales se hallaban entre el alto
funcionariado y las clases medias. Sagasta era un antiguo progresista que había presidido varios gobierno en la
monarquía de Amadeo I y no había colaborado con la Primera República. Aglutinó a conservadores moderados,
unionistas, progresistas y algunos demócratas.
La alternancia en el Gobierno: El proceso de elección de gobierno en la Restauración solía empezar con una crisis de
gobierno, las Cámaras se disolvían y se encontraban los apoyos para que uno de los dos partidos dinásticos llegará al
poder, movilizaba a sus “clientes”, compraban o presionaban a los electores y a los poderes locales, falseaban las
listas electorales y manipulaban los votos obtenidos. Cuando el Partido llegaba al poder, se dedicaba a repartir cargos,
concesiones y privilegios (tolerancia en el cobro de contribuciones, por ejemplo) a sus clientes. Estas prácticas
, fraudulentas recibieron el nombre de pucherazo. El sistema se basaba pues, en la corrupción electoral, pero además
deterioraba grandemente la moralidad y la ética públicas (“al amigo el favor, al enemigo la ley”). Figuras como el
“cesante” el “cliente” o el “enchufado” se hacen habituales. “El cacique”, político que manipulaba las elecciones, era
más eficaz en las áreas rurales que en las urbanas, donde los votos eran difíciles de controlar. La alternancia en el
poder se inició en 1881 cuando el rey llamó a gobernar a Sagasta en lugar de Cánovas. Tras la prematura muerte de
Alfonso XII en 1885, su esposa María Cristina de Habsburgo, embarazada del que sería Alfonso XIII, asumió la Regencia
(1885-1902). Cánovas, jefe de Gobierno cuando falleció el rey, acordó en el Pacto del Pardo, mantener la alternancia
en el poder cediéndoselo a Sagasta durante los primeros años de la regencia.
La oposición al sistema: Los que provenían de la etapa anterior eran: 1) Los carlistas se encontraban a la derecha
del sistema. Tras su derrota en 1876 se dividieron en dos grupos: una corriente integrista, liderada por Cándido
Nocedal, muy intransigente con el liberalismo y otro grupo que creyó más conveniente formar un partido político
y luchar dentro de la legalidad. 2) Los republicanos se encontraban a la izquierda del sistema y estaban muy
desunidos tras la experiencia del Sexenio Democrático. Durante la Restauración fue un movimiento que estuvo
completamente divido, en gran parte por rencillas personalistas de los líderes republicanos y expresidentes de la
Primera República. Sus bases políticas se asentaban en la creencia de que la monarquía no representaba la paz, la
modernidad ni el progreso. Defendían el laicismo del Estado, la educación pública, impuestos progresivos e,
incluso, el servicio militar obligatorio. Como forma de Estado, Salmerón dirigía el grupo de los que querían una
república unitaria, mientras que el grupo que dirigía Pi i Margall aspiraba a una república federal. Ambos grupos
tenían gran influencia entre las clases medias y los trabajadores.
Como nuevos movimientos surgen: 1) Los nacionalismos de Cataluña, Galicia y el País Vasco: En Cataluña se
impulsó el movimiento conocido como la Renaixença, que reivindicaba la cultura y la lengua catalanas. Almirall
abanderó la línea del catalanismo moderno. Con él, se constituye definitivamente en un movimiento político. Su
planteamiento era regenerador autonomista y no independentista. Ese impulso llevó al surgimiento de
organizaciones políticas como la Unió Catalanista de Prat de la Riba en 1891. En su primera asamblea se aprobaron
las Bases de Manresa en 1892, para elaborar una constitución catalana. Incluía un proyecto de estatuto de
Autonomía de carácter conservador y tradicionalista. Se establecía el uso del idioma catalán como lengua oficial, la
dotación de los cargos públicos solamente con catalanes y la creación de unas Cortes para Cataluña. En 1901 se
formó el primer partido, la Lliga Regionalista, liderada por Prat de la Riba y Cambó.
En Galicia, el Rexurdimento fue un movimiento básicamente cultural que mantuvo vivo el galleguismo durante esta
etapa. El regionalismo gallego fracasó en su intento de construir una fuerza política homogénea, pero edificó una
ideología. En este aspecto destaca Alfredo Brañas, entro otros, que teorizó con radicalidad sobre la naturaleza
nacional de Galicia: territorio, raza, lengua, historia y conciencia nacional.
En el País Vasco el nacionalismo vasco no se formó desde una burguesía modernizadora. La ley que derogaba sus
fueros históricos en 1876, aportó dos tipos de reacciones: a) la de los que, transigiendo, supieron rentabilizar
perfectamente la situación para transformar la pérdida en conciertos económicos con Madrid en provecho propio.
b) la de los que, apelando al tradicionalismo, defendieron la recuperación íntegra de los fueros. Eran los que se
aferraban a un País Vasco tradicionalmente agrario, contrario al fenómeno urbano y su industria, para quienes la
defensa de los fueros totales equivalía a defender la esencia de “lo vasco”. La industrialización y la masiva llegada
de inmigrantes eran señaladas como enemigas de la sociedad tradicional vasca, junto con el gobierno liberal
español que había abolido los fueros. El propulsor del nacionalismo vasco, Sabino Arana, desde una perspectiva
fuerista tradicional, se limitó en los años noventa a recoger y dar coherencia a estas ideas. En 1895, se fundó el
Partido Nacionalista Vasco con una solemne declaración antiespañola. El partido se vio obligado a ampliar sus
bases hacia una burguesía más moderna e industrial. Fue entonces cuando apareció la tensión interna entre los
La Restauración de la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII (1875-1885), hijo de Isabel II, se produjo
tras el pronunciamiento militar de Martínez Campos en Sagunto en Valencia el 29 de diciembre de 1874. El sistema
político de la Restauración se mantendrá en España hasta 1931. El creador del sistema político de la Restauración fue
Cánovas del Castillo, autor del Manifiesto de Sandhurst, que fue firmado por Alfonso XII y que anticipaba la
restauración monárquica, que se produjo en enero de 1875. Cánovas era un político pragmático. En su juventud
participó en la Vicalvarada redactando el Manifiesto de Manzanares. Integró más tarde la Unión Liberal junto a
O´Donnell. Se mantuvo al margen de las conspiraciones contra Isabel II, y fue el líder del partido alfonsino durante el
Sexenio democrático. En estos años se atrajo a las élites políticas y sociales del país. Era admirador de la estabilidad
del parlamentarismo inglés y su sistema de turno de partidos (bipartidismo) y su principal mérito fue dotar a la
monarquía restaurada de un sistema liberal y autoritario, basado en el apoyo de la oligarquía y que permitía a la vez
la alternancia pacífica en el Gobierno de dos fuerzas políticas, derecha e izquierda dinásticas, que no se marginaban
entre sí ni recurrían a la insurrección popular o al ejército para desalojarse mutuamente del poder. Los partidos
antimonárquicos, antiliberales y regionalistas/autonomistas quedaron, en un principio, excluidos y fuera del sistema;
al igual que las masas populares, ya que los resultados electorales de los dos partidos gobernantes se obtenían gracias
a la manipulación y el fraude. Cánovas ocupó la jefatura de gobierno en cinco ocasiones y fue asesinado por un
anarquista italiano en 1897 en un atentado en Mondragón.
El marco legal del sistema Canovista fue la Constitución de 1876: Cánovas diseñó el proyecto de Constitución que
fue discutido en las Cortes Constituyentes elegidas por sufragio universal masculino (se mantuvo, hasta la realización
de una nueva ley, el sufragio del Sexenio). La Constitución fue aprobada con el 87% de los votos. Estaba inspirada en
el liberalismo doctrinario de la Constitución moderada de 1845 y estuvo vigente hasta 1923, siendo la más duradera
de todas las que la precedieron. Sus principios fueron: a) Modelo centralista del Estado. b) Soberanía compartida
entre el rey y las Cortes. No existía una clara división de poderes. El rey era el mando supremo del ejército, elegía al
Gobierno y tenía poder de veto, iniciativa legislativa y autoridad para disolver las Cortes. El Gobierno necesitaba de
la doble confianza del rey y de las Cortes. c) Sistema bicameral. El Congreso era elegido por sufragio censitario
(restablecido en 1878:5% de la población), y, desde 1890, por sufragio universal masculino; una parte de los
miembros del Senado eran vitalicios y otra parte eran elegidos por corporaciones y mayores contribuyentes. d) El
catolicismo era la religión oficial del Estado pero había tolerancia hacia otros cultos en el ámbito privado.e) Se
mantenía la declaración de derechos de la Constitución de 1869.
La creación de partidos políticos: Se trataba de configurar dos fuerzas políticas que aceptasen las reglas del juego y
pudieran alternarse en el Gobierno: se les llamó partidos dinásticos. Ninguno de los dos partidos, que protagonizaron
esta etapa, eran partidos de masas, diseñados para ganar votos y elecciones, sino partidos de notables,
profundamente elitistas. El Partido Conservador, liderado por Cánovas primero (hasta su muerte en 1897) y por
Francisco Silvela después, aglutinó a liberales moderados, a miembros de la Unión Liberal y a algún progresista. Sus
bases sociales fueron los grandes propietarios agrarios y la alta burguesía financiera e industrial. El Partido Liberal,
encabezado por Sagasta representó dentro del sistema a la izquierda, sus bases sociales se hallaban entre el alto
funcionariado y las clases medias. Sagasta era un antiguo progresista que había presidido varios gobierno en la
monarquía de Amadeo I y no había colaborado con la Primera República. Aglutinó a conservadores moderados,
unionistas, progresistas y algunos demócratas.
La alternancia en el Gobierno: El proceso de elección de gobierno en la Restauración solía empezar con una crisis de
gobierno, las Cámaras se disolvían y se encontraban los apoyos para que uno de los dos partidos dinásticos llegará al
poder, movilizaba a sus “clientes”, compraban o presionaban a los electores y a los poderes locales, falseaban las
listas electorales y manipulaban los votos obtenidos. Cuando el Partido llegaba al poder, se dedicaba a repartir cargos,
concesiones y privilegios (tolerancia en el cobro de contribuciones, por ejemplo) a sus clientes. Estas prácticas
, fraudulentas recibieron el nombre de pucherazo. El sistema se basaba pues, en la corrupción electoral, pero además
deterioraba grandemente la moralidad y la ética públicas (“al amigo el favor, al enemigo la ley”). Figuras como el
“cesante” el “cliente” o el “enchufado” se hacen habituales. “El cacique”, político que manipulaba las elecciones, era
más eficaz en las áreas rurales que en las urbanas, donde los votos eran difíciles de controlar. La alternancia en el
poder se inició en 1881 cuando el rey llamó a gobernar a Sagasta en lugar de Cánovas. Tras la prematura muerte de
Alfonso XII en 1885, su esposa María Cristina de Habsburgo, embarazada del que sería Alfonso XIII, asumió la Regencia
(1885-1902). Cánovas, jefe de Gobierno cuando falleció el rey, acordó en el Pacto del Pardo, mantener la alternancia
en el poder cediéndoselo a Sagasta durante los primeros años de la regencia.
La oposición al sistema: Los que provenían de la etapa anterior eran: 1) Los carlistas se encontraban a la derecha
del sistema. Tras su derrota en 1876 se dividieron en dos grupos: una corriente integrista, liderada por Cándido
Nocedal, muy intransigente con el liberalismo y otro grupo que creyó más conveniente formar un partido político
y luchar dentro de la legalidad. 2) Los republicanos se encontraban a la izquierda del sistema y estaban muy
desunidos tras la experiencia del Sexenio Democrático. Durante la Restauración fue un movimiento que estuvo
completamente divido, en gran parte por rencillas personalistas de los líderes republicanos y expresidentes de la
Primera República. Sus bases políticas se asentaban en la creencia de que la monarquía no representaba la paz, la
modernidad ni el progreso. Defendían el laicismo del Estado, la educación pública, impuestos progresivos e,
incluso, el servicio militar obligatorio. Como forma de Estado, Salmerón dirigía el grupo de los que querían una
república unitaria, mientras que el grupo que dirigía Pi i Margall aspiraba a una república federal. Ambos grupos
tenían gran influencia entre las clases medias y los trabajadores.
Como nuevos movimientos surgen: 1) Los nacionalismos de Cataluña, Galicia y el País Vasco: En Cataluña se
impulsó el movimiento conocido como la Renaixença, que reivindicaba la cultura y la lengua catalanas. Almirall
abanderó la línea del catalanismo moderno. Con él, se constituye definitivamente en un movimiento político. Su
planteamiento era regenerador autonomista y no independentista. Ese impulso llevó al surgimiento de
organizaciones políticas como la Unió Catalanista de Prat de la Riba en 1891. En su primera asamblea se aprobaron
las Bases de Manresa en 1892, para elaborar una constitución catalana. Incluía un proyecto de estatuto de
Autonomía de carácter conservador y tradicionalista. Se establecía el uso del idioma catalán como lengua oficial, la
dotación de los cargos públicos solamente con catalanes y la creación de unas Cortes para Cataluña. En 1901 se
formó el primer partido, la Lliga Regionalista, liderada por Prat de la Riba y Cambó.
En Galicia, el Rexurdimento fue un movimiento básicamente cultural que mantuvo vivo el galleguismo durante esta
etapa. El regionalismo gallego fracasó en su intento de construir una fuerza política homogénea, pero edificó una
ideología. En este aspecto destaca Alfredo Brañas, entro otros, que teorizó con radicalidad sobre la naturaleza
nacional de Galicia: territorio, raza, lengua, historia y conciencia nacional.
En el País Vasco el nacionalismo vasco no se formó desde una burguesía modernizadora. La ley que derogaba sus
fueros históricos en 1876, aportó dos tipos de reacciones: a) la de los que, transigiendo, supieron rentabilizar
perfectamente la situación para transformar la pérdida en conciertos económicos con Madrid en provecho propio.
b) la de los que, apelando al tradicionalismo, defendieron la recuperación íntegra de los fueros. Eran los que se
aferraban a un País Vasco tradicionalmente agrario, contrario al fenómeno urbano y su industria, para quienes la
defensa de los fueros totales equivalía a defender la esencia de “lo vasco”. La industrialización y la masiva llegada
de inmigrantes eran señaladas como enemigas de la sociedad tradicional vasca, junto con el gobierno liberal
español que había abolido los fueros. El propulsor del nacionalismo vasco, Sabino Arana, desde una perspectiva
fuerista tradicional, se limitó en los años noventa a recoger y dar coherencia a estas ideas. En 1895, se fundó el
Partido Nacionalista Vasco con una solemne declaración antiespañola. El partido se vio obligado a ampliar sus
bases hacia una burguesía más moderna e industrial. Fue entonces cuando apareció la tensión interna entre los