El pensamiento cartesiano surge como respuesta a una época marcada por la incertidumbre: el
derrumbe del modelo geocéntrico y la emergencia del heliocentrismo, junto con la fractura entre
catolicismo y protestantismo, pusieron en duda las dos grandes fuentes tradicionales de la
verdad: la ciencia y la religión. Ante esta crisis, Descartes encuentra en la razón humana el
fundamento firme para construir un conocimiento sólido y confiable, capaz de resistir la duda.
Su proyecto filosófico gira en torno a un método universal para todas las ciencias, basado en
reglas ciertas y fáciles que aseguren evitar el error y alcanzar la verdad sin esfuerzo inútil,
aumentando progresivamente el saber. Este método tiene un doble objetivo:
1. Evitar el error y llegar a verdades indudables.
2. Derivar nuevas verdades a partir de las ya conocidas.
Para ello, propone destruir todo conocimiento previo que no se sostenga en la evidencia,
eliminando prejuicios y verdades basadas en la autoridad, para levantar un edificio del
conocimiento fundado únicamente en la verdad.
Las dos facultades clave de la razón humana en este proceso son:
1. La intuición, que permite conocer verdades evidentes de manera inmediata.
2. La deducción, que posibilita extraer nuevas verdades a partir de las evidentes.
Las reglas del método cartesiano, según el Discurso del Método, son:
a) Regla de la evidencia: solo aceptar como verdadero aquello que se presenta clara y
distintamente a la mente. La evidencia implica claridad (presencia manifiesta a una mente
atenta) y distinción (precisión que excluye cualquier confusión con otras ideas). Esto implica
que la realidad ya no es un objeto externo independiente, sino un contenido del pensamiento.
b) Regla del análisis: descomponer el problema en partes simples para entenderlo mejor.
c) Regla de la síntesis: recomponer el problema original partiendo del conocimiento de sus
partes elementales.
d) Regla de las comprobaciones: verificar cuidadosamente el proceso completo para evitar
errores, especialmente en análisis y síntesis.
Así, el método garantiza un sistema de conocimiento cierto, pues cada etapa sostiene la verdad.
Descartes también se enfrenta a la necesidad de fundamentar metafísicamente el criterio de
verdad que sostiene el método. Usa la metáfora del conocimiento como un árbol: la raíz es la
metafísica, el tronco la física, y las ramas las demás ciencias. Si encuentra una certeza
indudable, podrá fundamentar todo el edificio del conocimiento.
Para hallar esa certeza, adopta la duda metódica: cuestiona sistemáticamente todo conocimiento
para encontrar algo absolutamente evidente e indudable. La duda se eleva en cuatro etapas:
1. Duda de los sentidos, porque pueden engañar.
2. Duda de la realidad externa mediante la hipótesis del sueño, que plantea que no
podemos distinguir con certeza entre soñar y estar despiertos.