Introducción
1. El conocimiento: definición, posibilidad y
límites
2. Las teorías del conocimiento: formas de
racionalismo, empirismo y otras teorías.
3. Acepciones de ciencia
4. Teorías y metodologías de la ciencia
5. La filosofía de la ciencia del constructivismo:
problemas y límites del conocimiento científico
5.1. Sobre la idea de ciencia unificada
5.2. El fundamentalismo científico
6. Las ciencias humanas
INTRODUCCIÓN
Comenzamos por diferenciar gnoseología y epistemología. Entre ambas disciplinas hay
intersecciones y relaciones muy complejas, como veremos. Por eso conviene partir de su
definición.
La gnoseología es la parte de la filosofía que se ocupa del estudio de la ciencia.
La epistemología hace referencia a la teoría del conocimiento.
La teoría del conocimiento no puede reducirse a teoría de la ciencia pues hay
conocimientos no científicos: técnicos, artísticos, filosóficos…, ni recíprocamente se
puede reducir la teoría de la ciencia a teoría del conocimiento ya que las ciencias, en
cuanto instituciones humanas, no se reducen a la condición de cúmulos de conocimientos,
a conocimientos verdaderos de la realidad. Las ciencias son construcciones de sujetos
humanos, gracias a las cuales dichos sujetos van ampliando el mundo. Por tanto,
aumentan el conocimiento de los sujetos (plano epistemológico) pero no se reducen al
conocimiento de la realidad, sino que la determinan.
1. EL CONOCIMIENTO: DEFINICIÓN, POSIBILIDAD Y LÍMITES
Saber y conocimiento son términos polisémicos. En su acepción más general ambos se
oponen a ignorancia, que figura en los diccionarios como su antónimo principal. Una de
las primeras tareas acometidas por la filosofía consistió precisamente en distinguir tipos
de saber y clasificar grados de conocimiento. A esta labor se dedica Platón en el libro VI
de La República, donde establece la siguiente clasificación de conocimientos según su
grado de profundidad y su relación a la verdad distingue entre doxa y episteme.
La doxa u opinión es un conocimiento superficial, parcial y limitado, vinculado a la
percepción sensorial, primaria e ingenua. El conocimiento dóxico versa sobre las
apariencias, no sobre la realidad. Se trata de un conocimiento fenoménico y, en
consecuencia, engañoso, a veces, incluso falso. De ahí que sea catalogado como un
conocimiento inferior, empírico, característico de la gente no instruida, inculta (saber
vulgar). Actualmente esta valoración negativa sobrevive cuando se homologa la opinión
al sentido común o al conocimiento ordinario que, por su carácter acrítico, asistemático
y contradictorio, se opone al conocimiento científico: explicativo, sistemático, metódico
y crítico. La creencia popular de que la dedalera es un estimulante cardíaco, porque sus
hojas se asemejan a un corazón seria de este género.
1
, Dentro de la doxa Platón diferenciaba dos niveles: la eikasía o conjetura, que se
correspondía, en el mito de la caverna, al conocimiento de las sombras que los esclavos
encadenados a la pared veían reflejadas en el fondo. Este grado ínfimo de conocimiento,
perfectamente ilustrado en el ejemplo anterior de la dedalera, se basa en analogías
superficiales y metáforas. Un grado superior, pero todavía engañoso y superficial, de
conocimiento se corresponde con la pistis, que se puede traducir como fe o creencia,
cuyo objeto son las imágenes de las cosas solidificadas por la imaginación. Creer que el
rayo es un signo de la ira de los dioses, que las rogativas pueden producir lluvias en
tiempos de sequía o que el horóscopo, la quiromancia o la cartomancia pueden
aseguramos el futuro ilustran el nivel cognoscitivo en el que todavía sigue amparándose
la superstición, no por popular y extendida, más verdadera. La doxa es siempre un
pseudo-conocimiento.
Episteme suele traducirse como conocimiento científico, pero para los griegos no tenía
aún el carácter especializado, que hoy se atribuye a la ciencia. Para ellos era un saber
absolutamente necesario, porque penetraba hasta las causas y fundamentos de las cosas;
objetivo, porque dependía de la naturaleza misma y no de nuestras construcciones
artificiales; sistemático, porque estaba organizado de acuerdo con parámetros lógicos y
racionales: no era el resultado de una mera acumulación sin orden ni concierto. En
consecuencia, era un conocimiento pleno, total, no fragmentario, ni parcial, ya que
versaba sobre la realidad misma, comprendía sus conexiones profundas, necesarias y
últimas, de modo que era capaz de dar razón del por qué íntimo de las cosas. El
significado de episteme ha variado a lo largo de los siglos, pero su vieja aspiración de
alcanzar un conocimiento cierto, verdaderamente explicativo, bien fundamentado,
organizado sistemáticamente y, a ser posible, riguroso y exacto, sigue viva en las
ciencias y en la filosofía
Platón distinguió dos grados de conocimiento dentro de la episteme: la diánoia o
conocimiento discursivo, que parte de ciertas hipótesis o presupuestos y deduce
lógicamente sus consecuencias, y el nóema o conocimiento intuitivo, que considera las
Ideas en sí mismas de las que alcanza una visión directa e inmediata. La diánoia
procede por demostración y su prototipo se encuentra en las matemáticas; sólo está
limitada por la hipótesis que asume como puntos de partida irrebasables, salvo en caso
de contradicción, por lo que su modo de proceder se asemeja mucho a los que hoy
conocemos con el nombre de ciencias. El noema, en cambio, accede directamente a la
verdadera realidad en-sí, las Ideas, cuya transparencia estructural las hace evidentes; al
trabajar con el mundo de las Ideas Platón inaugura la dimensión ontológica de la
filosofía académica.
Platón en la tradición racionalista tiende a concebir el conocimiento como si fuera
eterno. Se trata de un defecto que habrá que corregir. En cambio, es un logro de las
tendencias racionalistas el haber acertado a articular, frente al escepticismo y al
relativismo, criterios precisos para discriminar el conocimiento verdadero, válido y
cierto, del conocimiento falso, inadecuado y confuso. Discriminar, cribar, seleccionar
sigue siendo una tarea inexcusable del pensamiento racional.
Teoría y Praxis
Desde el punto de vista de su utilidad suele distinguirse, desde la antigüedad, entre
conocimiento teórico y conocimiento práctico. Variantes de esta distinción se encuentran
en las más diversas corrientes: saber hacer y saber qué, conocimiento básico y
conocimiento aplicado, ciencia y técnica, especulación y acción, entendimiento y
voluntad, razón pura y razón práctica, logos y bios.
Para Aristóteles el conocimiento teórico persigue la verdad con independencia de su
aplicación práctica, se basa exclusivamente en la especulación y en el razonamiento
2