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Resumen

Sumario Temas Historia de España PAU.

Puntuación
-
Vendido
-
Páginas
49
Subido en
02-05-2025
Escrito en
2024/2025

Resumen de cada uno de los temas de Historia de España de Segundo de Bachillerato. Resumidos por alumna de sobresaliente, cada tema está sintetizado en menos de 2 carillas.

Institución
Bachillerato
Grado
History











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Escuela, estudio y materia

Institución
Escuela secundaria
Estudio
Bachillerato
Grado
Año escolar
2

Información del documento

Subido en
2 de mayo de 2025
Número de páginas
49
Escrito en
2024/2025
Tipo
Resumen

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1. Crisis de la Mon. Borbónica y Guerra de Independencia (1788-1814).

La crisis de la monarquía borbónica se inicia con Carlos IV (1788-1808), hijo de Carlos III y
Mª Amalia de Sajonia. Aunque intenta continuar con las reformas de su padre, carece de su
habilidad política, lo que da paso al despotismo ministerial, donde el poder recae
principalmente en el 1er ministro. La Revolución Francesa de 1789 afecta a España,
agravando la crisis de los Pactos de Familia. Para evitar la propagación de ideas
revolucionarias, se establece un “cordón sanitario pirenaico” bajo la supervisión de la
Inquisición y del anglófilo Conde de Floridablanca, pero no se evita la influencia revoluc.
En 1792, con la llegada del francófilo Conde de Aranda como 1er ministro, España intenta un
acercamiento con Francia, frustrado tras la ejecución de Luis XVI. Esto da inicio a la Guerra
del Rosellón (1792-1795), que concluye en la desfavorable Paz de Basilea en 1795, y
entonces, Manuel Godoy como “Principe de la Paz”, impulsado por la reina, se convierte en
el valido del rey. En 1796, firma el Tratado de San Ildefonso, y España se alía con Francia,
declarando la guerra a Inglaterra, lo que culmina en los desastres navales del Cabo de San
Vicente (1797) y Trafalgar (1805), quedando cortado el comercio con América.
La crisis política interna se profundiza con la oposición de la nobleza y el clero a Godoy, lo
que culmina en la 1ª desamortización en 1798. Paralelamente, la quiebra del Antiguo
Régimen y la injerencia napoleónica en 1799 generan agrupaciones denotables: absolutistas
(fernandinos), reformistas (patriotas), liberales o ilustrados (jovellanistas), y afrancesados
(bonapartistas).
La situación se agrava cuando Godoy, tras un intento de separar a Carlos IV de su hijo
Fernando con el Proceso de El Escorial, firma el Tratado de Fontainebleau (1807) con
Napoleón, lo que permite el paso de tropas francesas hacia Portugal. Esto desencadena el
Motín de Aranjuez (17 de marzo de 1808), capitaneado por el Conde de Montijo, que es
concluido el 19 de marzo por la tropa.
Ante la crisis política, Carlos IV abdica en su hijo Fernando VII (“el deseado”), el embajador
francés Beauharnais no le reconoce hasta recibir instrucciones de Paris.
El 23 de marzo de 1808, el mariscal Murat entra en Madrid y obliga a Carlos IV a retractarse
de su abdicación. Napoleón envía a Savary para revelar sus planes de reemplazar a los
Borbones, llevando a Fernando VII a Bayona mediante engaños. El 20 de abril, Fernando VII
se aloja en bayona y deja en Madrid una Junta Suprema presidida por su tío Antonio Pascual
de Borbón. El 2 de mayo, el pueblo de Madrid resiste la captura del infante Francisco de
Paula, lo que desencadena el Levantamiento del 2 de mayo, que es duramente reprimido por
los franceses, como reflejó Goya en “La Carga de los Mamelucos”.
Napoleón, al enterarse, obliga a Fernando VII a ceder la corona en las Abdicaciones de
Bayona (5-6 de mayo), sin saber que su padre ya le había entregado el poder un día antes.
Esto marca el inicio de la Guerra de Independencia Española (1808-1814), un conflicto que
enfrentó a patriotas (liberales y absolutistas) con afrancesados, en un escenario de
confrontación entre las potencias de Francia y Gran Bretaña (aliada europea y enemiga
americana), junto a España y Portugal. La guerra tuvo 3 etapas:

,En la primera etapa (mayo-noviembre de 1808), tras las Abdicaciones de Bayona, Napoleón
impuso a su hermano José Bonaparte como rey (“Pepe Botella”). Su reinado fue respaldado
por los "josefinos" (antes afrancesados), aunque encontró resistencia popular. Las Juntas
provinciales, formadas tras el 2 de mayo, se consideraron legítimas, reclamando la soberanía
nacional. En la Batalla de Bailén (19 de julio de 1808), el general Castaños derrotó al
mariscal Dupont, marcando la primera derrota del ejército napoleónico.
En la segunda etapa (noviembre de 1808-enero de 1812), tras la derrota de Bailén, Napoleón
reorganizó su Grand Armée y derrotó a las fuerzas españolas en batallas clave, como
Espinosa de los Monteros, Uclés y Ocaña. Esto obliga a la Junta Suprema Central a huir a
Cádiz, donde resistió un largo asedio con apoyo británico. La guerra de guerrillas intensificó
las escaramuzas con figuras como el Empecinado y Curro Jiménez, y en 1810 surgieron las
Cortes de Cádiz que crearían la 1ª Constitución en 1812.
La tercera etapa (enero de 1812-diciembre de 1813) comenzó con una ofensiva
anglo-hispano-portuguesa liderada por el Duque de Wellington, que derrotó a los franceses en
Ciudad Rodrigo y los Arapiles (1812), lo que obligó a José Bonaparte a huir al norte. Tras el
deterioro de Napoleón por la campaña de Rusia en 1813, y las batallas de Vitoria y San
Marcial, los aliados expulsaron a los franceses en octubre, y las tropas españolas cruzaron los
Pirineos y continuaron la guerra en Francia, donde Napoleón pidió paz. Finalmente, con el
Tratado de Valençay (diciembre de 1813), Napoleón devolvió el trono a Fernando VII para
asegurar la neutralidad española.
Las consecuencias de la Guerra de Independencia fueron significativas.
En el ámbito político, surgieron juntas locales en ausencia del rey, promoviendo la
participación popular y militarizando el poder, lo que generó tensiones entre civiles y
militares.
Económicamente, la guerra provocó una grave crisis fiscal, con altos gastos militares,
destrucción de infraestructuras, aumento de la deuda y dificultades económicas, agravadas
por la interrupción del comercio y la devastación de caminos.
En términos sociales, la guerra causó alrededor de 300,000 muertes, debilitando las
comunidades. La iglesia, aunque jugó un papel clave en la defensa, creó divisiones en la
sociedad por su ambivalencia.
Culturalmente, el exilio de intelectuales limitó el debate y la circulación de ideas, pero
también impulsó reflexiones sobre la identidad nacional y la soberanía.

,2. Las cortes de Cádiz y la constitución de 1812.
Las abdicaciones de Bayona y el rechazo a José I Bonaparte generaron un vacío de poder que
exigió la creación de una nueva estructura política, administrativa y jurídica. En el contexto
de la Guerra de Independencia (1808-1814), durante la etapa de predominio francés, se dio
inicio a una revolución liberal burguesa y a un intento de modernización en España. Tras la
victoria de Napoleón en diversas batallas, como las de Espinosa de los Monteros, Uclés, el
segundo Sitio de Zaragoza y Ocaña (1809), la Junta Suprema Central se vio obligada a
abandonar la Meseta y refugiarse en Sevilla y luego en Cádiz, donde resistiría un largo asedio
con el apoyo de la armada británica. En un entorno de descontento y derrotas, la Junta
Suprema fue disuelta y el poder transferido a un Consejo de Regencia presidido por Castaños.
Cádiz era la única ciudad junto a Alicante no ocupada por los franceses. y se convirtió en el
centro comercial repleto de burgueses ilustrados. El 24 de sep. de 1810, en la Isla de León, se
convirtieron las Cortes Generales y Extraordinarias del Reino, en una Asamblea constituyente
que abandonaba el voto por estamentos en favor del voto por diputado, la mayoría de un clero
urbano e ilustrado, (Espiga, Villanueva) y del 3er estamento. Los gaditanos actuaron como
diputados suplentes de los representantes de las Indias. En ausencia de Fernando VII, las
Cortes proclamaron la soberanía nacional y una constitución que limitaba el poder del rey.
El proceso reformador impulsado por los liberales en las Cortes de Cádiz consistió en
reemplazar las estructuras del Antiguo Régimen por las de un Estado liberal. Se suprimieron
privilegios feudales, como los de la Mesta y los gremios, y se avanzó en la desamortización y
en la creación de un mercado libre, con la abolición de los mayorazgos y el establecimiento
de contratos de propiedad particular. También se promovió la igualdad jurídica y ante la ley.
A nivel cultural, se impulsó la libertad de imprenta y se suprimió la Inquisición en 1813. El
19 de marzo de 1812, las Cortes aprobaron la 1ª Constitución española, "La Pepa", que se
convirtió en un modelo para otras constituciones, como la de la República de Weimar (1919).
La Constitución de 1812, resultado del compromiso entre liberales y absolutistas, consagraba
varios principios clave: la soberanía nacional, que otorgaba el poder al pueblo representado
en las Cortes; la división de poderes, con un poder legislativo en manos de las Cortes, un
poder ejecutivo limitado al rey y un poder judicial en los tribunales; y el derecho de
representación, en que los diputados representaban a la nación y no a los estamentos.
También incluía una declaración de derechos que garantizaba la igualdad ante la ley, la
defensa de la propiedad privada, la libertad de expresión, el sufragio y la educación. Además
la constitución proclamaba al catolicismo como única religión oficial, y se incluyó la creación
de una Milicia Nacional, destinada a defender la nación.
A pesar de sus avances, la Constitución de 1812 fue un intento parcial de liberalizar el Estado
español. Tras el regreso de Fernando VII, se restauró el absolutismo y se reprimieron las
reformas liberales. La pérdida de las colonias americanas reflejó el conflicto entre el deseo de
modernizar el Imperio español y su realidad decadente. Así este período se vio marcado por
la lucha entre liberalismo y absolutismo, y la búsqueda de una identidad nacional. La
Constitución de 1812, 3ª del mundo tras Francia y EEUU, dejó un legado importante que
influiría en los movimientos políticos futuros y en la modernización de España.

, 3. El reinado de Fernando VII (1814-1833).
Fernando VII, hijo de Carlos IV, regresó a España el 22 de marzo de 1814 tras el Tratado de
Valençay. Las Cortes le exigieron jurar la Constitución de 1812, pero desobedeció,
desviándose hacia Zaragoza para medir su apoyo popular. En Valencia, el Cardenal Luis Mª
de Borbón, debía exigirle el juramento, pero terminó jurando lealtad al monarca. En abril, un
grupo de 69 diputados absolutistas (“los persas”) entregó al rey un manifiesto solicitando el
retorno al absolutismo. Entonces, el 4 de mayo de 1814, Fernando VII dio un golpe de
Estado, invalidando la Constitución y los decretos de las Cortes con un Real Decreto.
Durante el Sexenio Absolutista (1814-1820), Fernando VII reinstauró el absolutismo,
anulando las reformas liberales. Se ejecutó la represión de liberales y afrancesados, con miles
de exiliados, y la restauración de instituciones del Antiguo Régimen, como la Inquisición. La
economía estaba devastada por la guerra, con una deuda de 1500 millones de reales, y la
oposición de la nobleza y el clero bloqueó la reforma fiscal.
Entonces los liberales y militares desataron pronunciamientos, como los de Espoz y Mina y
Díaz Porlier, pero fracasaron. El gobierno de Fernando VII se distinguió por su inestabilidad,
y la aparición de una “camarilla” cortesana, lo que convirtió al sexenio en un período fallido.
El 1 de enero de 1820, comenzó el Trienio Liberal con el pronunciamiento de Rafael Riego
en Cabezas de San Juan, que reflejó la debilidad del régimen. Tras los sucesivos
levantamientos, el 7 de marzo el rey restableció la Constitución de 1812. Se eliminaron el
régimen señorial y gremial, se suprimió la Inquisición y la Compañía de Jesús, y se continuó
con la desamortización. Se crearon ayuntamientos y diputaciones provinciales y se elaboró un
Código Penal. Sin embargo, el régimen enfrentó la oposición interna de la nobleza, el clero y
el propio rey, y externa de la Santa Alianza. En 1822, un golpe de Estado de Fernando VII,
resultó en la intervención de la Santa Alianza y la entrada del ejército francés en España. El 1
de octubre de 1823, Cádiz se rindió, marcando el fin del Trienio Liberal.
En este periodo los liberales se dividieron. Los moderados (o doceañistas) defendían una
soberanía compartida, sufragio censitario, privilegios para la Iglesia y la nobleza y un sistema
político monárquico tradicional, reflejados en el Estatuto Real de 1834, y la constituciones de
1845 y 1876. Su base social estaba en la nobleza terrateniente, la alta burguesía (Martinez de
la Rosa) y los altos mandos militares.
Por otra parte, los progresistas (o veinteañistas), defendían la soberanía nacional, la división
de poderes, el sufragio universal masculino y el laicismo, plasmados en las Constituciones
1837, 1854 (nonnata), 1869 y 1874 (I República). Su base social incluía a la baja burguesía,
los profesionales liberales y parte del ejército.
Con la caída del Trienio Liberal en 1823, comenzó la Década Ominosa (1823-1833), marcada
por la restauración absolutista de Fernando VII, declarando nula la Constitución. En octubre
de 1823, ordenó la ejecución del liberal Rafael Riego, desencadenando una represión feroz.
Entre 15.000 y 20.000 liberales como Arguelles y Mendizábal se exiliaron, y se crearon
instrumentos represivos, como la Superintendencia General de Policía y las Comisiones
Militares, los tribunales, las Juntas de Fe y el Cuerpo de Voluntarios Realistas. Además, se
restauraron instituciones absolutistas previas a 1820, como el Consejo de Ministros, y se
implementó una reforma fiscal en 1824 (López Ballesteros), que causó la fuga de capitales.
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