1. Las fuerzas políticas y el proceso estatutario vasco
1.1 La proclamación de la II República: el inicio del proceso estatutario vasco
En 1930 los principales partidos republicanos y el PSOE firmaron el Pacto de San Sebastián. Los
nacionalistas vascos del PNV se habían excluido del pacto, mientras que los carlistas eran
contrarios al régimen republicano. La victoria en las elecciones municipales de la conjunción
republicano-socialista en las principales ciudades trajo consigo la caída de la monarquía de Alfonso
XIII y la proclamación de la Segunda República.
Una de las obras más importantes de la Segunda República fue la Constitución de 1931. Esta
Constitución, a pesar de definir un Estado central fuerte, ofrecía una opción para resolver los
problemas derivados de los nacionalismos mediante la promulgación de estatutos de autonomía.
Es por esto que los nacionalistas vascos vieron en la Segunda República una gran oportunidad de
que se hiciera realidad la autonomía vasca. Los carlistas vasco-navarros, a pesar de sus reticencias,
también verán en el estatuto una herramienta para defender la religión católica en esas tierras. La
buena sintonía entre carlistas y nacionalistas vascos ya se había materializado con la alianza de
estas dos fuerzas en las elecciones de 1931. En poco tiempo, el alcalde republicano de San
Sebastián, Fernando Sasiain, y el socialista Indalecio Prieto comenzaron a trabajar en la inclusión de
la autonomía vasca en el nuevo Estado republicano.
1.2 El Estatuto de Estella o el Proyecto de Estatuto Vasco-Navarro
El proyecto de estatuto se puso en marcha el mismo 14 de abril cuando, el alcalde del PNV de
Getxo, José Antonio Aguirre, encabezó un movimiento de ayuntamientos vasco-navarros a favor
de la autonomía. En la reunión de Estella del 14 de junio de 1931, con el apoyo de nacionalistas y
los carlistas de la Comunión Tradicionalista, se aprobó un proyecto de estatuto: el Estatuto de
Estella. Este estatuto estaba redactado por la Sociedad de Estudios Vascos (Eusko Ikaskuntza). Para
los carlistas y los nacionalistas el estatuto era una esperanza para convertir al territorio vasco-
navarro en un lugar a salvo de las leyes anticlericales de la República.
Es por eso que el artículo más conflictivo defendía que el poder autonómico (el futuro Gobierno
vasco) tendría el poder de negociar concordatos con el Papa. El Estatuto de Estella fue aprobado
por 427 alcaldes vasco-navarros de un total de 548, gracias al apoyo de nacionalistas, carlistas y
católicos independientes y, solamente faltaba su aprobación por parte de las Cortes. El ya
mencionado artículo fue declarado inconstitucional por el Gobierno de la República ya que veía
que el futuro Gobierno Vasco quería reservarse una competencia exclusiva del Gobierno
republicano. El 8 de diciembre de 1931 el Gobierno de la República encargó a las principales
fuerzas vasco-navarras, llamadas comisiones gestoras, la elaboración de un nuevo estatuto.
1.2 El Estatuto de las Gestoras
El Gobierno republicano ya había impuesto que el nuevo estatuto debía de hacerse conforme al
espíritu laico de la Constitución de 1931. Este proyecto de estatuto constaba de 53 artículos, se
suprimió la expresión Estado Vasco, se reducían las competencias de las instituciones vascas y
definía que las elecciones a estas deberían de hacerse bajo sufragio universal, directo y secreto.
También se mencionan los Conciertos económicos establecidos por Cánovas en 1876.