27º CONFERENCIA: LA TRANSFERENCIA (398-406)
Sigmund Freud (1917)
Resumen:
En una serie de formas de neurosis como las histerias, estados de angustia y neurosis obsesivas, el psicoanálisis ha demostrado
éxito al abordar la represión, descubrir resistencias y hacer consciente lo inconsciente. Este proceso implica una lucha interna entre
antiguos motivos represivos y nuevos que buscan resolver el conflicto a favor del paciente.
Sin embargo, existen otras formas de enfermedad, como la paranoia, la melancolía y la demencia precoz, donde estas técnicas no
logran eliminar resistencias ni revertir represiones. A pesar de la capacidad intelectual de estos pacientes, algo en su psique parece
inmune al tratamiento psicoanalítico, planteando dudas sobre las condiciones necesarias para el éxito terapéutico en cada caso.
Al seguir ocupándonos de nuestros histéricos y neuróticos obsesivos, pronto nos encontramos con un segundo hecho
sorprendente para el cual no estábamos preparados. Con el tiempo, notamos que estos pacientes se comportan de manera
particular hacia nosotros. A pesar de haber calculado todas las fuerzas impulsoras que intervienen en la cura, parece haberse
filtrado algo no evaluado en ese cálculo. Este nuevo elemento, inesperado, se manifiesta de varias formas, las cuales describiré a
continuación.
Este fenómeno nuevo e inesperado es multifacético, pero describiré primero sus formas de manifestación más frecuentes y
comprensibles.
Notamos que el paciente, inicialmente centrado en encontrar una salida para sus conflictos patológicos, desarrolla un interés
particular hacia la persona del médico. Durante un tiempo, el trato con el paciente es muy agradable, y muestra agradecimiento y
cortesía, lo que crea una opinión favorable del médico. Sin embargo, este período positivo no dura indefinidamente.
En un punto, el paciente comienza a mostrar falta de interés en el tratamiento y dificultades para seguir las indicaciones. Esto
sugiere una resistencia que obstaculiza el progreso terapéutico. Al investigar la causa de esta perturbación, descubrimos que el
paciente ha transferido intensos sentimientos de ternura hacia el médico, que van más allá de lo justificado por la relación
terapéutica.
La forma en que esta ternura se manifiesta y las metas que persigue dependen de las circunstancias individuales de ambos
participantes. Por ejemplo, si el paciente es una joven y el médico es un hombre joven, puede parecer un enamoramiento normal.
Sin embargo, esta situación puede ocultar una perturbación subyacente en la capacidad de amar de la paciente.
Por otro lado, incluso en casos donde no existe una atracción obvia, algunas pacientes casadas o solteras manifiestan una intensa
pasión hacia el médico, creyendo que solo a través del amor pueden sanar. Esta confesión sorprende al equipo médico y plantea
dudas sobre si se han pasado por alto aspectos cruciales en el enfoque terapéutico.
A medida que nos sumergimos en la experiencia, resulta cada vez más difícil negar esta enmienda vergonzosa a nuestro rigor
científico. Lo que inicialmente pudo parecer un obstáculo contingente, ajeno a los propósitos de la cura analítica, se revela como
un fenómeno recurrente y profundamente arraigado en la naturaleza misma de la enfermedad.
Identificamos este fenómeno como transferencia, que consiste en la proyección de sentimientos sobre la persona del médico,
aunque no consideramos que la dinámica terapéutica justifique su surgimiento. Más bien, creemos que estos afectos estaban
latentes en la paciente y se transfirieron al médico durante el tratamiento. La transferencia puede manifestarse como un intenso
reclamo de amor o de formas más atenuadas, como el deseo de ser aceptado paternalmente o la búsqueda de una amistad
idealizada.
La trasferencia no se limita a pacientes femeninas; también se observa en pacientes masculinos, con similares vínculos intensos
con el médico y tendencias hacia la sobrevaloración de sus cualidades. En el caso de hombres, las manifestaciones de transferencia
suelen ser más sutiles, con una mayor prevalencia de formas sublimadas y menos demandas sexuales directas. En algunos casos,
la transferencia puede incluso manifestarse de manera hostil o negativa, lo cual puede sorprender inicialmente, pero refleja la
complejidad de este fenómeno.
Permitámonos aclarar que la transferencia surge desde el inicio del tratamiento y durante un tiempo impulsa poderosamente el
trabajo terapéutico. Mientras esta transferencia opera a favor del análisis, no necesitamos prestarle atención. Sin embargo, si se
1
Realizado por MatyBuda
Sigmund Freud (1917)
Resumen:
En una serie de formas de neurosis como las histerias, estados de angustia y neurosis obsesivas, el psicoanálisis ha demostrado
éxito al abordar la represión, descubrir resistencias y hacer consciente lo inconsciente. Este proceso implica una lucha interna entre
antiguos motivos represivos y nuevos que buscan resolver el conflicto a favor del paciente.
Sin embargo, existen otras formas de enfermedad, como la paranoia, la melancolía y la demencia precoz, donde estas técnicas no
logran eliminar resistencias ni revertir represiones. A pesar de la capacidad intelectual de estos pacientes, algo en su psique parece
inmune al tratamiento psicoanalítico, planteando dudas sobre las condiciones necesarias para el éxito terapéutico en cada caso.
Al seguir ocupándonos de nuestros histéricos y neuróticos obsesivos, pronto nos encontramos con un segundo hecho
sorprendente para el cual no estábamos preparados. Con el tiempo, notamos que estos pacientes se comportan de manera
particular hacia nosotros. A pesar de haber calculado todas las fuerzas impulsoras que intervienen en la cura, parece haberse
filtrado algo no evaluado en ese cálculo. Este nuevo elemento, inesperado, se manifiesta de varias formas, las cuales describiré a
continuación.
Este fenómeno nuevo e inesperado es multifacético, pero describiré primero sus formas de manifestación más frecuentes y
comprensibles.
Notamos que el paciente, inicialmente centrado en encontrar una salida para sus conflictos patológicos, desarrolla un interés
particular hacia la persona del médico. Durante un tiempo, el trato con el paciente es muy agradable, y muestra agradecimiento y
cortesía, lo que crea una opinión favorable del médico. Sin embargo, este período positivo no dura indefinidamente.
En un punto, el paciente comienza a mostrar falta de interés en el tratamiento y dificultades para seguir las indicaciones. Esto
sugiere una resistencia que obstaculiza el progreso terapéutico. Al investigar la causa de esta perturbación, descubrimos que el
paciente ha transferido intensos sentimientos de ternura hacia el médico, que van más allá de lo justificado por la relación
terapéutica.
La forma en que esta ternura se manifiesta y las metas que persigue dependen de las circunstancias individuales de ambos
participantes. Por ejemplo, si el paciente es una joven y el médico es un hombre joven, puede parecer un enamoramiento normal.
Sin embargo, esta situación puede ocultar una perturbación subyacente en la capacidad de amar de la paciente.
Por otro lado, incluso en casos donde no existe una atracción obvia, algunas pacientes casadas o solteras manifiestan una intensa
pasión hacia el médico, creyendo que solo a través del amor pueden sanar. Esta confesión sorprende al equipo médico y plantea
dudas sobre si se han pasado por alto aspectos cruciales en el enfoque terapéutico.
A medida que nos sumergimos en la experiencia, resulta cada vez más difícil negar esta enmienda vergonzosa a nuestro rigor
científico. Lo que inicialmente pudo parecer un obstáculo contingente, ajeno a los propósitos de la cura analítica, se revela como
un fenómeno recurrente y profundamente arraigado en la naturaleza misma de la enfermedad.
Identificamos este fenómeno como transferencia, que consiste en la proyección de sentimientos sobre la persona del médico,
aunque no consideramos que la dinámica terapéutica justifique su surgimiento. Más bien, creemos que estos afectos estaban
latentes en la paciente y se transfirieron al médico durante el tratamiento. La transferencia puede manifestarse como un intenso
reclamo de amor o de formas más atenuadas, como el deseo de ser aceptado paternalmente o la búsqueda de una amistad
idealizada.
La trasferencia no se limita a pacientes femeninas; también se observa en pacientes masculinos, con similares vínculos intensos
con el médico y tendencias hacia la sobrevaloración de sus cualidades. En el caso de hombres, las manifestaciones de transferencia
suelen ser más sutiles, con una mayor prevalencia de formas sublimadas y menos demandas sexuales directas. En algunos casos,
la transferencia puede incluso manifestarse de manera hostil o negativa, lo cual puede sorprender inicialmente, pero refleja la
complejidad de este fenómeno.
Permitámonos aclarar que la transferencia surge desde el inicio del tratamiento y durante un tiempo impulsa poderosamente el
trabajo terapéutico. Mientras esta transferencia opera a favor del análisis, no necesitamos prestarle atención. Sin embargo, si se
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Realizado por MatyBuda