TEMA 7 – PROCESO DE DESAMORTIZACIÓN Y
CAMBIOS AGRARIOS
Desde el siglo XVIII los ilustrados se propusieron producir un desarrollo económico
en el sector agrario. Para ello eran necesarias unas transformaciones ya que la
mentalidad burguesa era muy acomodada y casi toda la propiedad estaba en
manos de la Iglesia, la nobleza, el Estado o los municipios. Estas eran tierras en
“manos muertas”, es decir, vinculadas a dominios monásticos o municipios. No
podían ser vendidas ni capitalizadas, y eran explotadas incorrectamente. Para ello
se optó por las desamortizaciones, destacando la de Mendizábal en 1836 y la de
Madoz en 1855. Con el objetivo de lograr propiedades libres y libertad por parte de
los gobiernos liberales.
Las desamortizaciones son medidas liberales que consistían en la expropiación de
bienes civiles o eclesiásticos para su posterior venta, generando fondos. Fueron
clave para la revolución burguesa y en España se produjeron de manera
discontinua, desde 1766 hasta 1924.
Comenzaron en el siglo XVIII cuando los reformistas ilustrados vieron la necesidad
de desvincular las tierras de “manos muertas”, es decir, de la Iglesia, nobleza (por
mayorazgos) y municipios (por cesiones durante la Reconquista). Ya que las tierras
tenían una baja producción agrícola y eran difíciles de expropiar. Por tanto, se
empezaron a llevar a cabo medidas desamortizadoras.
Las desamortizaciones tenían varios objetivos, entre ellos fiscales, como la
recaudación de fondos para financiar guerra (Godoy y Mendizábal), sanear
Hacienda, o llevar a cabo inversiones públicas (Madoz). También políticos para
convertir a los nuevos propietarios al liberalismo, por lo que empeoraría la relación
con la Iglesia. Entre los económicos vemos el deseo de transformaciones agrarias,
un, desarrollo económico e industrial, y debilitar las bases económicas de la
Iglesia, enemiga del liberalismo.
Las primeras desamortizaciones ocurrieron en el siglo XVIII con Carlos III, cuando
los ilustrados actuaban contra las clases privilegiadas. Destaca el Tratado de la
Regalía de Amortización de Campomanes, que otorgaba tierras a los no
propietarios. También destaca el Informe sobre la Ley Agraria de Jovellanos, que
quiso desvincular las tierras de manos muertas a modo de desamortización.
Además, cuando los jesuitas fueron expulsados en 1767, se vendieron sus bienes
más tarde.
Fue Carlos IV el que vendió los bienes jesuitas en 1798, que correspondían a un
sexto de los bienes eclesiásticos. Estas se vendieron en subasta pública y el dinero
sirvió para amortizar la deuda pública.
Durante la Guerra de Independencia, José I y las Cortes de Cádiz llevaron a cabo o
propusieron nuevas desamortizaciones. Por ejemplo, las Cortes de Cádiz
CAMBIOS AGRARIOS
Desde el siglo XVIII los ilustrados se propusieron producir un desarrollo económico
en el sector agrario. Para ello eran necesarias unas transformaciones ya que la
mentalidad burguesa era muy acomodada y casi toda la propiedad estaba en
manos de la Iglesia, la nobleza, el Estado o los municipios. Estas eran tierras en
“manos muertas”, es decir, vinculadas a dominios monásticos o municipios. No
podían ser vendidas ni capitalizadas, y eran explotadas incorrectamente. Para ello
se optó por las desamortizaciones, destacando la de Mendizábal en 1836 y la de
Madoz en 1855. Con el objetivo de lograr propiedades libres y libertad por parte de
los gobiernos liberales.
Las desamortizaciones son medidas liberales que consistían en la expropiación de
bienes civiles o eclesiásticos para su posterior venta, generando fondos. Fueron
clave para la revolución burguesa y en España se produjeron de manera
discontinua, desde 1766 hasta 1924.
Comenzaron en el siglo XVIII cuando los reformistas ilustrados vieron la necesidad
de desvincular las tierras de “manos muertas”, es decir, de la Iglesia, nobleza (por
mayorazgos) y municipios (por cesiones durante la Reconquista). Ya que las tierras
tenían una baja producción agrícola y eran difíciles de expropiar. Por tanto, se
empezaron a llevar a cabo medidas desamortizadoras.
Las desamortizaciones tenían varios objetivos, entre ellos fiscales, como la
recaudación de fondos para financiar guerra (Godoy y Mendizábal), sanear
Hacienda, o llevar a cabo inversiones públicas (Madoz). También políticos para
convertir a los nuevos propietarios al liberalismo, por lo que empeoraría la relación
con la Iglesia. Entre los económicos vemos el deseo de transformaciones agrarias,
un, desarrollo económico e industrial, y debilitar las bases económicas de la
Iglesia, enemiga del liberalismo.
Las primeras desamortizaciones ocurrieron en el siglo XVIII con Carlos III, cuando
los ilustrados actuaban contra las clases privilegiadas. Destaca el Tratado de la
Regalía de Amortización de Campomanes, que otorgaba tierras a los no
propietarios. También destaca el Informe sobre la Ley Agraria de Jovellanos, que
quiso desvincular las tierras de manos muertas a modo de desamortización.
Además, cuando los jesuitas fueron expulsados en 1767, se vendieron sus bienes
más tarde.
Fue Carlos IV el que vendió los bienes jesuitas en 1798, que correspondían a un
sexto de los bienes eclesiásticos. Estas se vendieron en subasta pública y el dinero
sirvió para amortizar la deuda pública.
Durante la Guerra de Independencia, José I y las Cortes de Cádiz llevaron a cabo o
propusieron nuevas desamortizaciones. Por ejemplo, las Cortes de Cádiz