LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA
Capacidades con Proyección a Estándares Nacionales de Contenidos:
Identifica los géneros literarios de las obras leídas: narrativa
Reconoce el contexto histórico, social y filosófico de las obras paraguayas a partir del tratamiento de personajes considerando su género,
clase social y sus características psicológicas.
Indicadores:
Determina las características y elementos del género narrativo.
Identifica la estructura y formas de un texto narrativo.
Reconoce el contexto histórico, social y filosófico de las obras leídas.
Indica el género, clase social y características psicológicas de los personajes de las obras leídas.
Análisis de una obra narrativa
1. Lee detenidamente el siguiente texto y luego realiza los ejercicios propuestos a su continuación.
“Rosalía”
La cosa había sucedido mucho tiempo atrás, cuando don Genaro era joven, tenía los músculos fuertes y no tenía los
cabellos blancos de ahora.
Había sido el más gallardo, cantor y pendenciero del pueblo. Las mujeres suspiraban al paso airoso de su tordillo de larga
cola peinada. Y fue una de ellas, Rosalía González, quien una tarde, le dio la noticia:
_ Genaro, viá tené un hijo...
Se le rió en la cara.
_ Ese es tu problema mi hija...
Y se fue alejando, pensando que la mujer haría lo que hacían todas las que concebían un hijo sin padre. Pero Rosalía fue
distinta. Sorbió sus lágrimas y aguantó su vergüenza, con esa callada y heroica resignación de la mujer del campo que le
debe todo, hasta su desgracia al hombre.
Y Rosalía trajo al mundo un varón. Cuando el mita’i tenía dos meses, ella se lo trajo para mostrárselo. Pero él se negó a
verlo. Y Rosalía ya no volvió sino una sola vez, para decirle, que...
_ Patrocinio Colmán se quiere casar por mí. Y va a reconocer mi hijo.
_ Iporâite aipóramo, mi hija.
Ella esperaba en vano. Él, Genaro Servián, no quería aquella carga. Si otro se responsabilizaba, en buena hora. Pero allá
en el fondo de su corazón, un celo oscuro empezó a tomar forma, y le acompañó siempre, a lo largo de sus años. Y más
aún, cuando le vino la desgracia. Había atado, en aquel diciembre ardiente, a su tordillo en el sombreado pajonal que
bordeaba el estero. Y fue hacia la siesta cuando escuchó el relincho desesperado del animal, no podía zafarse. No pudo
dejar morir al compañero de tantas horas y se metió entre las llamas.
Cuando volvió del hospital, el fuego le devoraba en cicatrices la cara, y la mano izquierda se le quedó para siempre
agarrotada. Se aisló en su rancho y vio pasar los años tristes de su pobreza. Por el camino, veía pasar a veces a Patrocinio
Colmán, con su hijo, con el hijo que él no quiso, convertido en un robusto mita’i que se iba haciendo hombre. En esos días
la soledad le pesaba más, y en medio de ese sentimiento triste, se deslizaba un hilillo luminoso de orgullo.
_ Hoo che ra’y _ murmuraba – y cerraba los ojos y soñaba que cabalgaban juntos, o que se iban al monte a tumbar
árboles, para que él le enseñara a manejar el hacha a ese manojo de alegría y musculoso joven que era su hijo.
Y ahora, el mozo tenía 20 años y una herencia de pendencia y desprecio hacia los demás. La historia se repetía. Era otra la
Rosalía que esperaba un hijo. El hijo de su hijo, la ofensa era imperdonable. El muchacho no aceptaba su responsabilidad
y los hermanos de la mujer ofendida, lo buscaron por los caminos.
El hijo que no quiso caminaba quizá hacia su muerte. Le salió al encuentro. _ ¿Adónde te vas, che ra’y? _ le preguntó.
_ Dicen que me buscan. Me voy adonde no me encuentren... _ Le respondió el mozo con aire soberbio.
Quiso rogarle, contarle su historia de soledad. Gritarle a la cara que un hijo no se rechaza. Pero no pudo, porque se sintió
orgulloso de aquella hombría que era la suya. Su razón o su muerte, y nada más.
Los hermanos de la muchacha, eran tres. Pues bien, ellos serían dos.
_ Me parece numá que podemo ir junto...
_ Podemo, Karai _ le respondió.
Entonces, padre e hijo, reencontrados en una encrucijada de sangre, se fueron caminando juntos, a la búsqueda de un
destino, que si no les unió en la vida, podría unirlos en la muerte.
Mario Halley Mora
1. Completa el siguiente esquema:
Género literario o discursivo: Narrativo
Género textual o subgénero: Cuento
Forma de lenguaje: Prosa
Nivel de lenguaje predominante: Común
Función de lenguaje predominante: Coloquial
Estructura narrativa: Lineal
Capacidades con Proyección a Estándares Nacionales de Contenidos:
Identifica los géneros literarios de las obras leídas: narrativa
Reconoce el contexto histórico, social y filosófico de las obras paraguayas a partir del tratamiento de personajes considerando su género,
clase social y sus características psicológicas.
Indicadores:
Determina las características y elementos del género narrativo.
Identifica la estructura y formas de un texto narrativo.
Reconoce el contexto histórico, social y filosófico de las obras leídas.
Indica el género, clase social y características psicológicas de los personajes de las obras leídas.
Análisis de una obra narrativa
1. Lee detenidamente el siguiente texto y luego realiza los ejercicios propuestos a su continuación.
“Rosalía”
La cosa había sucedido mucho tiempo atrás, cuando don Genaro era joven, tenía los músculos fuertes y no tenía los
cabellos blancos de ahora.
Había sido el más gallardo, cantor y pendenciero del pueblo. Las mujeres suspiraban al paso airoso de su tordillo de larga
cola peinada. Y fue una de ellas, Rosalía González, quien una tarde, le dio la noticia:
_ Genaro, viá tené un hijo...
Se le rió en la cara.
_ Ese es tu problema mi hija...
Y se fue alejando, pensando que la mujer haría lo que hacían todas las que concebían un hijo sin padre. Pero Rosalía fue
distinta. Sorbió sus lágrimas y aguantó su vergüenza, con esa callada y heroica resignación de la mujer del campo que le
debe todo, hasta su desgracia al hombre.
Y Rosalía trajo al mundo un varón. Cuando el mita’i tenía dos meses, ella se lo trajo para mostrárselo. Pero él se negó a
verlo. Y Rosalía ya no volvió sino una sola vez, para decirle, que...
_ Patrocinio Colmán se quiere casar por mí. Y va a reconocer mi hijo.
_ Iporâite aipóramo, mi hija.
Ella esperaba en vano. Él, Genaro Servián, no quería aquella carga. Si otro se responsabilizaba, en buena hora. Pero allá
en el fondo de su corazón, un celo oscuro empezó a tomar forma, y le acompañó siempre, a lo largo de sus años. Y más
aún, cuando le vino la desgracia. Había atado, en aquel diciembre ardiente, a su tordillo en el sombreado pajonal que
bordeaba el estero. Y fue hacia la siesta cuando escuchó el relincho desesperado del animal, no podía zafarse. No pudo
dejar morir al compañero de tantas horas y se metió entre las llamas.
Cuando volvió del hospital, el fuego le devoraba en cicatrices la cara, y la mano izquierda se le quedó para siempre
agarrotada. Se aisló en su rancho y vio pasar los años tristes de su pobreza. Por el camino, veía pasar a veces a Patrocinio
Colmán, con su hijo, con el hijo que él no quiso, convertido en un robusto mita’i que se iba haciendo hombre. En esos días
la soledad le pesaba más, y en medio de ese sentimiento triste, se deslizaba un hilillo luminoso de orgullo.
_ Hoo che ra’y _ murmuraba – y cerraba los ojos y soñaba que cabalgaban juntos, o que se iban al monte a tumbar
árboles, para que él le enseñara a manejar el hacha a ese manojo de alegría y musculoso joven que era su hijo.
Y ahora, el mozo tenía 20 años y una herencia de pendencia y desprecio hacia los demás. La historia se repetía. Era otra la
Rosalía que esperaba un hijo. El hijo de su hijo, la ofensa era imperdonable. El muchacho no aceptaba su responsabilidad
y los hermanos de la mujer ofendida, lo buscaron por los caminos.
El hijo que no quiso caminaba quizá hacia su muerte. Le salió al encuentro. _ ¿Adónde te vas, che ra’y? _ le preguntó.
_ Dicen que me buscan. Me voy adonde no me encuentren... _ Le respondió el mozo con aire soberbio.
Quiso rogarle, contarle su historia de soledad. Gritarle a la cara que un hijo no se rechaza. Pero no pudo, porque se sintió
orgulloso de aquella hombría que era la suya. Su razón o su muerte, y nada más.
Los hermanos de la muchacha, eran tres. Pues bien, ellos serían dos.
_ Me parece numá que podemo ir junto...
_ Podemo, Karai _ le respondió.
Entonces, padre e hijo, reencontrados en una encrucijada de sangre, se fueron caminando juntos, a la búsqueda de un
destino, que si no les unió en la vida, podría unirlos en la muerte.
Mario Halley Mora
1. Completa el siguiente esquema:
Género literario o discursivo: Narrativo
Género textual o subgénero: Cuento
Forma de lenguaje: Prosa
Nivel de lenguaje predominante: Común
Función de lenguaje predominante: Coloquial
Estructura narrativa: Lineal