A finales del siglo XIX y comienzos del XX se producen cambios que hacen que la sociedad entre en crisis
(desastre del 98, tensiones burguesía-obreros…). Surge la figura del intelectual como persona que detecta
la crisis, asume el papel e intenta encontrar soluciones. Estos intelectuales intentan influir culturalmente
en el país, para despertar a la masa adormecida.
El término Modernismo surgió en principio como una denominación despectiva para designar la
renovación estética, rebelde e inconformista, que se produjo en todo un movimiento literario.
Literaria y estéticamente, supone una reacción contra el excesivo sentimentalismo y descuido formal al
que el Romanticismo había llegado, al que sin embargo le une la propia esencia, ya que en lo que supone
de egocentrismo, el Modernismo es romántico: como el héroe romántico, el artista modernista se siente el
centro del universo. Precisamente por ello, es un ser solitario y marginado, no le interesa el contacto con
ese mundo materialista burgués al que desprecia profundamente. De ahí la relación de los modernistas
con la bohemia. El modernismo recoge elementos de otras corrientes literarias: del Parnasianismo (la idea
de “el arte por el arte”, el culto absoluto a la perfección formal), del simbolismo (quieren dotar a las
palabras de un fuerte valor emotivo, se sirve para lograrlo de instrumentos como la sinestesia y el
símbolo), del decadentismo (el encanto de lo prohibido, lo escandaloso, lo ruinoso…).
Socialmente, se liga a los bajos fondos de las ciudades (sobre todo París), al recorrido nocturno por
prostíbulos y tabernas, al consumo de alcohol y drogas… como un modo de reacción ante el mundo
burgués.
El modernismo literario tiene su cuna en Hispanoamérica de la mano de Rubén Darío.
Cronológicamente, se distinguen dos fases del Modernismo español. El modernismo militante o polémico
comenzaría con la llegada a España de Rubén Darío en 1904. Es cuando el modernismo conoce su época de
esplendor. El modernismo asimilado es cuando los autores modernistas pasan a ocupar un lugar central en
el mercado editorial, atenúan su actitud provocadora y son integrados socialmente.
Estilísticamente, el modernismo se caracteriza por:
-Lenguaje poético muy cuidado e inmensamente renovador que busca potenciar los valores de la palabra a
través de figuras retóricas como la aliteración, el epíteto o la sinestesia.
-La búsqueda de la brillantez lingüística por medio de neologismos, palabras extranjeras, vocablos cultos…
-La renovación y el enriquecimiento métricos: versos más largos, como los dodecasílabos o alejandrinos,
mezcla de distintos metros…
Rasgos generales de la literatura de principios de siglo:
Afán por ser originales, desde la peculiaridad de su atuendo hasta su radicalismo político, manifestaba su
deseo de provocar. El artista se sentía al margen de la sociedad, rebelde y protestaba contra el orden
burgués.
Los modernistas vuelven sus ojos al pasado medieval o a la Grecia clásica. Este primitivismo los lleva a
revalorizar lo antiguo, no como una recuperación histórica del pasado, sino deseando encontrar la verdad
en lo imperecedero.
El gusto por refugiarse en un pasado casi siempre decadente se advierte en el motivo de las ciudades
muertas como Brujas, Venecia, Toledo, Segovia, Ávila o Salamanca. Manifiestan tanto la conciencia de
decadencia como la fascinación por la idea de la muerte.