Los dos primeros filósofos conocidos que enseñaron en las ciudades griegas del Sur de
Italia fueron dos emigrantes de Jonia, Jenófanes y Pitágoras, que florecieron hacia el final
del siglo vi a. C. Pero las filosofías que se desarrollaron en el Sur de Italia fueron, desde el
principio, muy diferentes en sus motivos impulsores y en su Índole de las de los Milesios.
Mientras que estos se sintieron impulsados por una curiosidad intelectual y la insatisfacción
con las viejas versiones mitológicas.
El impulso subyacente al pitagorismo fue de orden religioso y los eleáticos Parménides y
Zenón propusieron paradojas metafísicas que destruyeron, de raíz, la creencia en la
existencia misma del mundo natural. El único pensador importante que continuó en
Occidente la tradición Jonia de investigación sobre la naturaleza, fue Empédocles. A pesar
de todo, experimentó una poderosa influencia tanto del pensamiento pitagórico como del de
Parménides; su sistema está enmascarado por preocupaciones metafísicas y religiosas
Resulta tentador conjeturar que estas diferencias entre la filosofía griega occidental y la
Jonia están en relación con diferencias en las condiciones sociales y políticas de la vida en
estas partes tan distantes del mundo griego. Se ha sugerido que las ciudades occidentales
eran inherentemente menos estables y que el compromiso de sus ciudadanos con los
valores típicamente políticos de la polis griega. Fue, en el Sur de Italia y no en Jonia, donde
nacieron los elementos más distintivos de la moderna concepción de la filosofía. Pitágoras
es el arquetipo del filósofo considerado como sabio, que enseña a los hombres el
significado de la vida y de la muerte y Parménides es el fundador de la filosofía, entendida
no como investigación de primer orden sobre la naturaleza de las cosas, sino como un
estudio de segundo orden sobre lo que quiere decir el que algo exista, esté en movimiento o
sea una pluralidad.