EL PAPEL DE LA MODA EN LAS SOCIEDADES POSTMODERNAS
El individualismo
El vestir dice algo de nosotros, pero no nos desvela completamente, de modo que siempre queda algo por conocer.
Es la mediación necesaria para el trato social. Nos da la posibilidad de entrar en diálogo con los demás se dirigen a
nosotros según nos presentemos. El vestir es una invitación al diálogo y al tipo de diálogo que buscamos [22]. En que
sea simplemente una sugerencia para ello consiste, como mencionamos más arriba, la elegancia. Esa sugerencia se
caracteriza por el respeto a quienes me ven y con los que quiero dialogar. Así no supone una violenta interferencia
en su intimidad.
La elegancia no es el lujo o la ostentación, y ni siquiera la riqueza del vestido, sino que es la finura en el trato con los
que nos rodean; la elección adecuada para el diálogo adecuado.
El hecho de que exista moda en el vestir nos habla de otro fenómeno espiritual, que tiene que ver con el ya
mencionado diálogo, y es la necesidad que tenemos de asemejarnos y distinguirnos de los demás. Ya hacía
referencia a ello G. Simmel en la definición que da de la moda: “Así la moda no es otra cosa que una de las formas de
vida en las cuales la tendencia a la igualdad social y a la diferenciación individual y a la variedad se conjugan en un
hacer unitario”.
Las personas necesitamos reconocernos en los demás para no sentirnos solos, pero al tiempo nos queremos
distinguir, porque de hecho somos diferentes en nuestra individualidad. Esa posibilidad de distinción en el contexto
de igualdad nos la da, entre otras cosas, el vestido y la moda. Con la mediación del vestido podemos al tiempo
acercarnos y marcar las distancias precisas.
El vestir supone, por tanto, una relación entre la interioridad y la exterioridad; entre el ocultamiento y el aparecer.
Sin ese claroscuro no hay lugar para una experiencia verdaderamente humana en el ámbito del vestir. El vestido, por
tanto, representa la necesidad de ocultar la intimidad a la mirada de los demás y, al mismo tiempo –pues sólo se
puede comunicar lo que de algún modo está oculto-, la necesidad de comunicarla “medialmente”, es decir, la
necesidad de modelar la propia exterioridad.
La masificación.
La masificación se refiere; cuando las cosas y las personas pierden su individualidad en nombre de la moda siguiente,
este estado de cosas que podemos ver y observar con gran claridad en el universo de la moda, muy pocas personas
pueden escapar de la red que capta e impone utilizar lo que se decide desde el establecimiento de moda, se
entiende por esto a los medios especializados, la televisión, las marcas de ropa más comerciales, entre los
principales. El concepto de masificación tiene varias aplicaciones y puede estudiarse desde diferentes puntos de
vista, por lo que no es difícil advertir ciertas ventajas y desventajas que surgen de este fenómeno inevitable para
nuestra especie. Cuando se lleva a cabo dentro de los límites de la industria y permite que un producto o servicio
llegue a millones de usuarios de forma persistente, con un ritmo de demanda que no disminuye considerablemente,
generalmente se puede decir que este es un evento positivo para la economía; pero esto depende de cada caso
particular.
EL CONSUMIDOR FRENTE A LA MODA.
Las “compras sociales”
Entre otros aspectos destacamos el nuevo, y más ambicioso, uso que los consumidores están haciendo de las redes
sociales. Unas plataformas que empezaban a generalizarse precisamente con la llegada de la anterior crisis
económica, y que han encontrado en la actual un terreno abonado para su expansión hasta campos como las de las
relaciones con amigos y con familiares. Campos en los que su uso no estaba tan implantado como comienza a estarlo
ahora, lo que está favoreciendo la llegada de un nuevo modelo de conducta que permitirá que los consumidores
están mucho más predispuestos a continuar relacionándose a través del medio digital, así como a todos esos
cambios que traerá consigo la futura implantación del 5G. Unas nuevas formas de relacionarse que en el ámbito
comercial todo hace indicar que se traducirá en el aumento de las comunidades de influencia generadoras de
“compras sociales”.
El individualismo
El vestir dice algo de nosotros, pero no nos desvela completamente, de modo que siempre queda algo por conocer.
Es la mediación necesaria para el trato social. Nos da la posibilidad de entrar en diálogo con los demás se dirigen a
nosotros según nos presentemos. El vestir es una invitación al diálogo y al tipo de diálogo que buscamos [22]. En que
sea simplemente una sugerencia para ello consiste, como mencionamos más arriba, la elegancia. Esa sugerencia se
caracteriza por el respeto a quienes me ven y con los que quiero dialogar. Así no supone una violenta interferencia
en su intimidad.
La elegancia no es el lujo o la ostentación, y ni siquiera la riqueza del vestido, sino que es la finura en el trato con los
que nos rodean; la elección adecuada para el diálogo adecuado.
El hecho de que exista moda en el vestir nos habla de otro fenómeno espiritual, que tiene que ver con el ya
mencionado diálogo, y es la necesidad que tenemos de asemejarnos y distinguirnos de los demás. Ya hacía
referencia a ello G. Simmel en la definición que da de la moda: “Así la moda no es otra cosa que una de las formas de
vida en las cuales la tendencia a la igualdad social y a la diferenciación individual y a la variedad se conjugan en un
hacer unitario”.
Las personas necesitamos reconocernos en los demás para no sentirnos solos, pero al tiempo nos queremos
distinguir, porque de hecho somos diferentes en nuestra individualidad. Esa posibilidad de distinción en el contexto
de igualdad nos la da, entre otras cosas, el vestido y la moda. Con la mediación del vestido podemos al tiempo
acercarnos y marcar las distancias precisas.
El vestir supone, por tanto, una relación entre la interioridad y la exterioridad; entre el ocultamiento y el aparecer.
Sin ese claroscuro no hay lugar para una experiencia verdaderamente humana en el ámbito del vestir. El vestido, por
tanto, representa la necesidad de ocultar la intimidad a la mirada de los demás y, al mismo tiempo –pues sólo se
puede comunicar lo que de algún modo está oculto-, la necesidad de comunicarla “medialmente”, es decir, la
necesidad de modelar la propia exterioridad.
La masificación.
La masificación se refiere; cuando las cosas y las personas pierden su individualidad en nombre de la moda siguiente,
este estado de cosas que podemos ver y observar con gran claridad en el universo de la moda, muy pocas personas
pueden escapar de la red que capta e impone utilizar lo que se decide desde el establecimiento de moda, se
entiende por esto a los medios especializados, la televisión, las marcas de ropa más comerciales, entre los
principales. El concepto de masificación tiene varias aplicaciones y puede estudiarse desde diferentes puntos de
vista, por lo que no es difícil advertir ciertas ventajas y desventajas que surgen de este fenómeno inevitable para
nuestra especie. Cuando se lleva a cabo dentro de los límites de la industria y permite que un producto o servicio
llegue a millones de usuarios de forma persistente, con un ritmo de demanda que no disminuye considerablemente,
generalmente se puede decir que este es un evento positivo para la economía; pero esto depende de cada caso
particular.
EL CONSUMIDOR FRENTE A LA MODA.
Las “compras sociales”
Entre otros aspectos destacamos el nuevo, y más ambicioso, uso que los consumidores están haciendo de las redes
sociales. Unas plataformas que empezaban a generalizarse precisamente con la llegada de la anterior crisis
económica, y que han encontrado en la actual un terreno abonado para su expansión hasta campos como las de las
relaciones con amigos y con familiares. Campos en los que su uso no estaba tan implantado como comienza a estarlo
ahora, lo que está favoreciendo la llegada de un nuevo modelo de conducta que permitirá que los consumidores
están mucho más predispuestos a continuar relacionándose a través del medio digital, así como a todos esos
cambios que traerá consigo la futura implantación del 5G. Unas nuevas formas de relacionarse que en el ámbito
comercial todo hace indicar que se traducirá en el aumento de las comunidades de influencia generadoras de
“compras sociales”.