concretamente en la Ilustración del siglo XVIII, una época marcada por la
Revolución Francesa y por el debate filosófico sobre el origen y los límites del
conocimiento. En este contexto surgen dos grandes corrientes: el racionalismo y
el empirismo. El racionalismo defiende que la razón es la fuente principal del
conocimiento y tiene como representantes a Descartes, Leibniz y Spinoza, así
como a Wolff, maestro de Kant. Frente a esta corriente se desarrolla el empirismo,
que sostiene que el conocimiento procede de la experiencia, representado por
John Locke, Berkeley y especialmente David Hume.
Hume realiza una crítica radical al principio de causalidad, lo que pone en
cuestión las leyes de Newton y la posibilidad de la ciencia tal y como se entendía
hasta entonces. Su empirismo radical desemboca en el fenomenismo, según el
cual solo existe el conocimiento a posteriori, basado en la experiencia. Esta crítica
supone un problema para la ciencia newtoniana y es uno de los puntos de partida
del pensamiento kantiano.
Ante este conflicto entre racionalismo y empirismo, Kant propone el idealismo
trascendental como un tercer camino que no es ni realista ni empirista. En él, el
conocimiento surge de la relación entre el sujeto cognoscente y el objeto de
conocimiento. Este planteamiento se conoce como el giro copernicano: no es el
sujeto el que se adapta al objeto, sino el objeto el que se adapta a las estructuras
cognoscitivas del sujeto. Por ello, Kant se propone evaluar nuestras estructuras
mentales y nuestras formas de procesar y experimentar la realidad.
Kant distingue entre fenómeno y noúmeno. El fenómeno es la parte de la realidad
que experimentamos y percibimos, aquello que llega a nosotros a través de los
sentidos y pasa por el filtro de la conciencia humana. El noúmeno, en cambio, es
lo que está más allá de nuestras capacidades sensoriales y cognitivas, y puede
existir o no independientemente de nuestro conocimiento. El sujeto cognoscente
posee una estructura que impone al mundo, de modo que solo percibe aquello
que se adapta a su estructura cognoscitiva.
Para conocer intervienen tres facultades: sensibilidad, entendimiento y razón. A
Kant no le interesa la sensibilidad en sí misma, sino su forma pura, es decir, los
filtros que posibilitan la percepción. El estudio de estas formas puras constituye la
primera parte de la Crítica de la Razón Pura, llamada Estética trascendental. En
ella, Kant afirma que las formas puras de la sensibilidad son el espacio y el
tiempo. Todo lo que no es espaciotemporal queda fuera de nuestro entendimiento.
El estudio del espacio se corresponde con la geometría y el del tiempo con su
medición, relacionada con el álgebra. Gracias a que las matemáticas se
fundamentan en el espacio y el tiempo, son posibles como ciencia.