La psicología social como dispositivo desconstruccionista
Según el supuesto ontológico, se ha ido consolidadno progresivamente la idea de que la realidad
social no es independiente de las prácticas humanas, y de que constituye precisamente un
resultado de estas prácticas. Este reconocimiento no deja otra opción más que la de resaltar la
insoslayable dimensión histórica de los fenómenos sociales, con todo lo que ello implica, todos los
fenómenos sociales son producciones históricamente situadas, y por lo tanto son, por naturaleza,
cambiantes con las épocas. La modificación de los fenómenos sociales resulta inevitable si se
piensa que las prácticas humanas que los constituyen presentan, precisamente, la peculiaridad de
ser unos procesos que crean en el transcurso de su desarrollo las condiciones para su propia
transformación.
El conocimiento que elabora la psicología social sobre sus objetos de estudio no es un
conocimiento que cambia, al igual que los conocimientos de otras ciencias, únicamente porque se
hace más preciso, rico o acertado, sino que es un conocimiento que también es cambiante porque
cambian las características de los objetos sobre los que versa. Es conveniente por lo tanto, que el
psicólogo social adquiera la mentalidad de un constructor de obras efímeras, aunque solo sea
porque no tiene sentido utilizar los mismos materiales y métodos para realizar una construcción a
prueba de los siglos o para realizar un puente provisional. Se puede considerar que todo
fenómeno social lleva incorporada la memoria de las relaciones sociales que lo instituyeron como
tal y que han visto los postestructuralistas, entre otros, no se puede dar cuenta satisfactoriamente
de un fenómeno sino se dilucida también su proceso de constitución.
La genealogía de un fenómeno de un fenómeno social cambia a medida que se producen
acontecimientos posteriores y por otra parte, nunca se puede acceder a un conocimiento total de
esa genealogía. Las consecuencias, si para conocer un fenómeno es preciso conocer su genealogía,
si esta es cambiante, entonces también debe ser cambiante el conocimiento del fenómeno, la
genealogía de un fen{omeno no es nunca totalmente cognoscible, tampoco lo es el fen{omeno,
con lo cual el conocimiento psicosocial es necesariamente incompleto.
Entre los científicos quizá sean los psicólogos sociales, junto con los sociólogos, los antropólogos e
historiadores, quienes tengan, o deberían tener, una conciencia más aguda del carácter
sociohis´toricamente situado, de las categorías de pensamiento a las que recurren para dar cuenta
de la realidad. El conocimiento que podemos producir en un período histórico dado es
dependiente del entramado sociocultural que caracteriza ese periodo. Esos conocimientos son
intrínsicamente provisionales, puesto que ninguna forma sociocultural es invariante. Los
conocimientos deben ser permanentemente desconstruidos para poder hacer aflorar las
determinaciones socioculturales implícitas que vehiculan de forma acrítica.
La combinación entre la dimensión simbólica de la realidad social, por una pate, por otra, la
dimensión agencial del ser social, se traduce por lo que Gergen ha llamado el efecto de ilustración,
es decir por el hecho de que los conocimientos producidos acerca de su determinado fenómeno
social revisten sobre ese fenómeno, modificándolo.
No es el nivel fenomenológico sino el propiamente ontológico el que queda parcialmente
constituido por los saberes a los que recurrimos para conceptualizarlo. Sea cuáles sean sus
opciones políticas, el psicólogo social se encuentra en la necesidad de interrogar
permanentemente los conocimientos que produce para saber cuáles son las formas sociales que
contribuye a reforzar o a subvertir y para saber en definitiva cuáles son los intereses que está
sirviendo. Hay una provisionalida intrínseca de los conocimientos psicosociales y de la
correspondiente necesidad de proceder a deshacerlos con cierta frecuencia. Uno de los
instrumentos más eficaces, y que el psicólogo social debe recurrir a la desconstrucción sistemática
como método básico par aproducir conocimientos relevantes en el marco de su disciplina.
Según el supuesto ontológico, se ha ido consolidadno progresivamente la idea de que la realidad
social no es independiente de las prácticas humanas, y de que constituye precisamente un
resultado de estas prácticas. Este reconocimiento no deja otra opción más que la de resaltar la
insoslayable dimensión histórica de los fenómenos sociales, con todo lo que ello implica, todos los
fenómenos sociales son producciones históricamente situadas, y por lo tanto son, por naturaleza,
cambiantes con las épocas. La modificación de los fenómenos sociales resulta inevitable si se
piensa que las prácticas humanas que los constituyen presentan, precisamente, la peculiaridad de
ser unos procesos que crean en el transcurso de su desarrollo las condiciones para su propia
transformación.
El conocimiento que elabora la psicología social sobre sus objetos de estudio no es un
conocimiento que cambia, al igual que los conocimientos de otras ciencias, únicamente porque se
hace más preciso, rico o acertado, sino que es un conocimiento que también es cambiante porque
cambian las características de los objetos sobre los que versa. Es conveniente por lo tanto, que el
psicólogo social adquiera la mentalidad de un constructor de obras efímeras, aunque solo sea
porque no tiene sentido utilizar los mismos materiales y métodos para realizar una construcción a
prueba de los siglos o para realizar un puente provisional. Se puede considerar que todo
fenómeno social lleva incorporada la memoria de las relaciones sociales que lo instituyeron como
tal y que han visto los postestructuralistas, entre otros, no se puede dar cuenta satisfactoriamente
de un fenómeno sino se dilucida también su proceso de constitución.
La genealogía de un fenómeno de un fenómeno social cambia a medida que se producen
acontecimientos posteriores y por otra parte, nunca se puede acceder a un conocimiento total de
esa genealogía. Las consecuencias, si para conocer un fenómeno es preciso conocer su genealogía,
si esta es cambiante, entonces también debe ser cambiante el conocimiento del fenómeno, la
genealogía de un fen{omeno no es nunca totalmente cognoscible, tampoco lo es el fen{omeno,
con lo cual el conocimiento psicosocial es necesariamente incompleto.
Entre los científicos quizá sean los psicólogos sociales, junto con los sociólogos, los antropólogos e
historiadores, quienes tengan, o deberían tener, una conciencia más aguda del carácter
sociohis´toricamente situado, de las categorías de pensamiento a las que recurren para dar cuenta
de la realidad. El conocimiento que podemos producir en un período histórico dado es
dependiente del entramado sociocultural que caracteriza ese periodo. Esos conocimientos son
intrínsicamente provisionales, puesto que ninguna forma sociocultural es invariante. Los
conocimientos deben ser permanentemente desconstruidos para poder hacer aflorar las
determinaciones socioculturales implícitas que vehiculan de forma acrítica.
La combinación entre la dimensión simbólica de la realidad social, por una pate, por otra, la
dimensión agencial del ser social, se traduce por lo que Gergen ha llamado el efecto de ilustración,
es decir por el hecho de que los conocimientos producidos acerca de su determinado fenómeno
social revisten sobre ese fenómeno, modificándolo.
No es el nivel fenomenológico sino el propiamente ontológico el que queda parcialmente
constituido por los saberes a los que recurrimos para conceptualizarlo. Sea cuáles sean sus
opciones políticas, el psicólogo social se encuentra en la necesidad de interrogar
permanentemente los conocimientos que produce para saber cuáles son las formas sociales que
contribuye a reforzar o a subvertir y para saber en definitiva cuáles son los intereses que está
sirviendo. Hay una provisionalida intrínseca de los conocimientos psicosociales y de la
correspondiente necesidad de proceder a deshacerlos con cierta frecuencia. Uno de los
instrumentos más eficaces, y que el psicólogo social debe recurrir a la desconstrucción sistemática
como método básico par aproducir conocimientos relevantes en el marco de su disciplina.