VII. LA IDENTIFICACIÓN 1921
El psicoanálisis conoce la identificación como la más temprana exteriorización de una
ligazón afectiva con otra persona. Desempeña un papel en la prehistoria del complejo de
Edipo. El varón manifiesta un particular interés hacia su padre; querría crecer y ser como
él. Toma al padre como su ideal. Esta conducta nada tiene que ver con una actitud
pasiva o femenina hacia el padre (y hacia el varón en general); al contrario, es masculina
por excelencia. Se concilia bien con el complejo de Edipo, al que contribuye a preparar.
Contemporaneamente a esta identificación con el padre, y quizá antes, el varón emprende
una cabal investidura de objeto de la madre según el tipo del apuntalamiento (anaclítico).
Muestra entonces dos lazos psicológicamente diversos: con la madre, una directa
investidura sexual de objeto; con el padre, una identificación que lo toma por modelo.
Ambos coexisten un tiempo, sin influirse ni perturbarse entre sí. Pero la unificación de la
vida anímica avanza sin cesar, y aconsecuencia de ella ambos lazos confluyen a la
postre, y por esa confluencia nace el complejo de Edipo normal. El pequeño nota que el
padre le significa un estorbo junto a la madre; su identificación con él cobra entonces una
tonalidad hostil, y pasa a ser idéntica al deseo de sustuir al padre también junto con la
madre. Desde el comienzo mismo, la identificación es ambivalente; puede darse vuelta
hacia la expresión de la ternura o hacia el deseo de eliminación. Se comporta como un
retoño de la primera fase, oral, de la organización libidinal, en la que el objeto anhelado y
apreciado se incorpora por devoración y así se aniquila como tal. Al caníbal, le gusta
(ama) devorar a su enemigo, y no devora a aquellos de los que no puede gustar de algún
modo.
Puede ocurrir después que el Complejo de Edipo experimente una inversión, que se tome
por obj al padre en una actitud femenina, un objeto del cual las pulsiones sexuales
directas esperan su satisfacción; en tal caso, la identificación con el padre se convierte en
la precursora de la ligazón de objeto que recae sobre él. Lo mismo vale para la niña.
Es fácil expresar en una fórmula el distingo entre una identificación de este tipo con el
padre y una elección de objeto que recaiga sobre él. En el primer caso el padre es lo que
uno querría ser; en el segundo, lo que uno querría tener. La diferencia depende de que la
ligazón recaiga en el sujeto o en el objeto del yo. La primera ligazón ya es posible antes
de toda elección sexual de objeto. En lo metapsicológico, sólo se discierne que la
identificación aspira a configurar el yo propio a semejanza del otro tomado como
“modelo”.
En el caso de una formación neurótica de síntoma, por ejemplo, se supone que una niña
pequeña reciba el mismo síntoma de sufrimiento de su madre (tos martirizadora). Ello
puede ocurrir por diversas vías. La identificación puede ser la misma que la del complejo
de Edipo, que implica una voluntad hostil de sustituir a la madre, y el síntoma expresa el
amor de objeto por el padre; realiza la sustitución de la madre bajo el influjo de la
conciencia de culpa: “Has querido ser tu madre, ahora lo eres al menos en el sufrimiento”.
He aquí el mecanismo completo de la formación histérica de síntoma. O bien el síntoma
puede ser el mismo que el de la persona amada (“Dora”, imitaba la tos de su padre).
La identificación reemplaza la elección de objeto; la elección de objeto ha
regresado hasta la identificación. Bajo las constelaciones de la formación de síntomas,
de la represión y el predominio de los mecanismos del inconsciente, sucede a menudo
que la elección de objeto vuelva a la identificación, o sea, que el yo tome sobre sí las
propiedades del objeto. El yo copia en un caso a la persona no amada y en el otro a la
persona amada. En los dos casos la identificación es parcial, limitada, toma prestado un
único rasgo de la persona objeto.
Hay un tercer caso de formación de síntoma en el que la identificación prescinde por
completo de la relación de objeto con la persona copiada. Si una muchacha recibió en el
El psicoanálisis conoce la identificación como la más temprana exteriorización de una
ligazón afectiva con otra persona. Desempeña un papel en la prehistoria del complejo de
Edipo. El varón manifiesta un particular interés hacia su padre; querría crecer y ser como
él. Toma al padre como su ideal. Esta conducta nada tiene que ver con una actitud
pasiva o femenina hacia el padre (y hacia el varón en general); al contrario, es masculina
por excelencia. Se concilia bien con el complejo de Edipo, al que contribuye a preparar.
Contemporaneamente a esta identificación con el padre, y quizá antes, el varón emprende
una cabal investidura de objeto de la madre según el tipo del apuntalamiento (anaclítico).
Muestra entonces dos lazos psicológicamente diversos: con la madre, una directa
investidura sexual de objeto; con el padre, una identificación que lo toma por modelo.
Ambos coexisten un tiempo, sin influirse ni perturbarse entre sí. Pero la unificación de la
vida anímica avanza sin cesar, y aconsecuencia de ella ambos lazos confluyen a la
postre, y por esa confluencia nace el complejo de Edipo normal. El pequeño nota que el
padre le significa un estorbo junto a la madre; su identificación con él cobra entonces una
tonalidad hostil, y pasa a ser idéntica al deseo de sustuir al padre también junto con la
madre. Desde el comienzo mismo, la identificación es ambivalente; puede darse vuelta
hacia la expresión de la ternura o hacia el deseo de eliminación. Se comporta como un
retoño de la primera fase, oral, de la organización libidinal, en la que el objeto anhelado y
apreciado se incorpora por devoración y así se aniquila como tal. Al caníbal, le gusta
(ama) devorar a su enemigo, y no devora a aquellos de los que no puede gustar de algún
modo.
Puede ocurrir después que el Complejo de Edipo experimente una inversión, que se tome
por obj al padre en una actitud femenina, un objeto del cual las pulsiones sexuales
directas esperan su satisfacción; en tal caso, la identificación con el padre se convierte en
la precursora de la ligazón de objeto que recae sobre él. Lo mismo vale para la niña.
Es fácil expresar en una fórmula el distingo entre una identificación de este tipo con el
padre y una elección de objeto que recaiga sobre él. En el primer caso el padre es lo que
uno querría ser; en el segundo, lo que uno querría tener. La diferencia depende de que la
ligazón recaiga en el sujeto o en el objeto del yo. La primera ligazón ya es posible antes
de toda elección sexual de objeto. En lo metapsicológico, sólo se discierne que la
identificación aspira a configurar el yo propio a semejanza del otro tomado como
“modelo”.
En el caso de una formación neurótica de síntoma, por ejemplo, se supone que una niña
pequeña reciba el mismo síntoma de sufrimiento de su madre (tos martirizadora). Ello
puede ocurrir por diversas vías. La identificación puede ser la misma que la del complejo
de Edipo, que implica una voluntad hostil de sustituir a la madre, y el síntoma expresa el
amor de objeto por el padre; realiza la sustitución de la madre bajo el influjo de la
conciencia de culpa: “Has querido ser tu madre, ahora lo eres al menos en el sufrimiento”.
He aquí el mecanismo completo de la formación histérica de síntoma. O bien el síntoma
puede ser el mismo que el de la persona amada (“Dora”, imitaba la tos de su padre).
La identificación reemplaza la elección de objeto; la elección de objeto ha
regresado hasta la identificación. Bajo las constelaciones de la formación de síntomas,
de la represión y el predominio de los mecanismos del inconsciente, sucede a menudo
que la elección de objeto vuelva a la identificación, o sea, que el yo tome sobre sí las
propiedades del objeto. El yo copia en un caso a la persona no amada y en el otro a la
persona amada. En los dos casos la identificación es parcial, limitada, toma prestado un
único rasgo de la persona objeto.
Hay un tercer caso de formación de síntoma en el que la identificación prescinde por
completo de la relación de objeto con la persona copiada. Si una muchacha recibió en el