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Notas de lectura

Literatura Española del siglo XX a partir de 1939

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En este documento encontrarás todo el temario de la literatura española del siglo XX a partir de 1939 necesario para poder pasar la selectividad. En él encontrarás: el teatro desde 1939 hasta nuestros días: tendencias [teatro de humor, realista y vanguardista], autores y obras representativas, la novela desde 1939 hasta los años 70: tendencias [existencial tremendista, social y experimental], autores y obras representativas, la novela desde 1975 hasta nuestros días: tendencias [poemática, histórica y de memorias], autores y obras representativas, la poesía desde 1939 a los años 70: tendencias [testimonial, social y del conocimiento], autores y obras representativas y la poesía desde los años 70 a nuestros días: tendencias [poesía culturalista, de la experiencia y neovanguardista], autores y obras representativas.

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Literatura Española del siglo XX a partir de 1939:

1.​ El teatro desde 1939 hasta nuestros días: tendencias [teatro de humor,
realista y vanguardista], autores y obras representativas.

La situación del teatro tras la contienda es de crisis general: autores fallecidos durante la guerra (Valle
Inclán, Lorca, Unamuno), otros parten al exilio (Alberti, Casona, Max Aub) y los que se quedan en España, o
abandonan su carrera o apenas estrenarán. Además, el teatro estará sometido a una fuerte censura, el público y
los empresarios no están dispuestos a la innovación y aparecerá un competidor feroz: el cine.

Hasta los años 50 predomina un teatro conservador, que busca entretener y moralizar. Se cultiva la
alta comedia benaventina, el sainete costumbrista y el drama burgués. La crítica es muy superficial y nunca
hiere al espectador con obras como ¿Dónde vas, Alfonso XII? de Luca de Tena. En esta línea están los
autores de la comedia de la felicidad, que convierten la realidad en un mundo donde el amor y las buenas
costumbres llevan a los protagonistas a lograr sus sueños; destaca el exiliado Alejandro Casona, con La dama
del alba. Mayor innovación supone el teatro de humor, dotado de un carácter intelectual, y con situaciones
absurdas, vistas entre el desenfado y la crítica. Destacan Enrique Jardiel Poncela, con Eloísa está debajo de
un almendro y Miguel Mihura, con Tres sombreros de copa, que se anticipa al teatro del absurdo, con
diálogos ilógicos que satirizan la rutina y mediocridad de la vida de provincias.

La obra de Antonio Buero Vallejo, supuso un giro radical en el teatro de posguerra porque inaugura el
drama del realismo social, con unos protagonistas víctimas de la opresión de la sociedad en que viven y que
muestran su angustia existencial o se comprometen, intentando cambiarla con actitudes críticas o abiertamente
revolucionarias. El teatro de Buero Vallejo defiende la libertad, la verdad, la justicia y la solidaridad, frente a la
opresión, la mentira, la injusticia o el individualismo. Sus obras más destacadas son Historia de una escalera,
drama existencial donde la escalera simboliza la inmovilidad, que acaba con los deseos de los personajes o El
tragaluz, situada en un sótano, que apenas se relaciona con el exterior a través de la abertura que da nombre a
la obra.

También destaca Alfonso Sastre, defensor de un teatro de agitación y compromiso revolucionario, que
investiga la condición del ser humano y examina sus relaciones con la sociedad para invitar a reflexionar sobre
la necesidad de un cambio social; destaca el drama antibelicista Escuadra hacia la muerte.

Los autores de los sesenta recogen la herencia del realismo social en obras donde se denuncia la
injusticia, las condiciones precarias de los trabajadores, la vida en los barrios marginales y la explotación de los
patronos, expresadas con un lenguaje directo y a veces desgarrado y violento. Destaca Lauro Olmo con La
camisa.

En los últimos años de la Dictadura se desarrolla un teatro vanguardista donde la crítica social se viste
de recursos experimentales, de formas alegóricas y simbólicas y se potencian los demás lenguajes escénicos
para componer un espectáculo total y colectivo. Tenemos dos tendencias:

-​ Una alegórica, con personajes que encarnan una idea, acciones alegóricas y presencia de
símbolos en la escena, lo que requiere la interpretación del espectador, representada por
autores como José Ruibal en El asno.

-​ Otra experimental, que busca nuevas fórmulas, con un lenguaje y unos elementos escénicos
diferentes en donde Buero Vallejo donde desarrolla el efecto de inmersión, que introduce en
el drama al espectador (se apagan las luces en obras de ciegos como El concierto de San
Ovidio); Francisco Nieva, con obras de acción disparatada como Nosferatu; y Fernando
Arrabal, con su teatro pánico, un teatro total presidido por la libertad creadora, la temática
sexual, política y religiosa, el tono provocador e iconoclasta y la mezcla de lo absurdo con lo
cruel e irónico (Pic-Nic).




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, No podemos olvidar tampoco la labor de los grupos de teatro independientes en esta renovación, que,
sin dejar de ser críticos, buscan nuevas formas de expresión a partir del experimentalismo europeo, crean el
texto en grupo, usan todos los recursos escénicos posibles y rompen la barrera entre escenario y patio de
butacas. Con el tiempo, algunos de estos grupos se profesionalizan y proliferan hasta nuestros días: Los
Goliardos, La Cuadra, Els Joglars, Els Comediants, La Fura dels Baus entre otros.

La restauración de las libertades democráticas a partir de 1975 posibilitó la llegada a los escenarios de
buena parte del teatro que había permanecido soterrado, invisible (Lorca, ValleInclán, Alberti...). Nos
encontramos con una gran diversidad de tendencias:

a) Obras de técnica vanguardista.

b) Obras de técnica y orientación realista, como Las bicicletas son para el verano de Fernando
Fernán Gómez o José Luis Alonso de Santos con Bajarse al moro.

c) Obras de autores ya consagrados (Buero Vallejo, Sastre o Antonio Gala) que se han adaptado a
las nuevas tendencias y a los nuevos problemas de nuestra sociedad.


2.​ La novela desde 1939 hasta los años 70: tendencias [existencial
tremendista, social y experimental], autores y obras representativas.

La Guerra Civil supuso un profundo corte en la evolución literaria española por una serie de razones:

a)​ La muerte de algunos de los grandes modelos de la novela española (Unamuno, Valle-Inclán)

b)​ El exilio de autores que comienzan a destacar en los años treinta: Max Aub, Francisco Ayala o
Ramón J. Sénder

c)​ Las nuevas circunstancias políticas y la censura impiden que se siga con la novela social y con la
deshumanizada y vanguardista.

En la década de los cuarenta surgen obras sobre la angustia existencial y la frustración por el
desajuste entre sus protagonistas y la realidad en que viven, pero sin una denuncia clara para evitar la censura.
Hay una preferencia por la primera persona y el monólogo. Muy novedosa es La familia de Pascual Duarte,
que inicia el tremendismo, de Camilo José Cela, cuyo protagonista, marcado por el determinismo, narra su
vida desgraciada llena de escenas sórdidas y truculentas; Carmen Laforet, con Nada, sobre el choque de la
ilusión juvenil de la protagonista con una familia y una sociedad gobernadas por la nada y la hipocresía; Miguel
Delibes, con La sombra del ciprés es alargada, sobre el conflicto entre las ilusiones de la infancia y el miedo a
la muerte; y Gonzalo Torrente Ballester, con Javier Mariño.

En los cincuenta nace la novela social, condicionada por el influjo de la Generación perdida
(Steinbeck, Dos Passos, Faulkner...), del neorrealismo italiano y del Nouveauroman francés; y por la propia
dictadura, ya que la novela pasa a ser un arma de resistencia y denuncia, al plantear situaciones de miseria,
marginación o injusticia, achacables a la falta de libertades. Hay dos tendencias: el objetivismo y el realismo
crítico. En ambas hay compromiso social, pero en la primera, la crítica está implícita, y en la segunda, explícita.
En estas novelas prima el personaje colectivo; el lenguaje será claro y sencillo, con diálogos en estilo directo
llenos de coloquialismos y vulgarismos (propios del grupo social retratado); el narrador usa la tercera persona
omnisciente; hay narración lineal de situaciones cotidianas y la localización espacio-temporal está restringida a
un ambiente único o limitado. Para algunos críticos, La colmena de Cela inicia la novela social por su visión
objetivista de la clase media madrileña sumida en la penuria económica y la mediocridad moral.

Los principales autores son: Rafael Sánchez Ferlosio, con El Jarama; Juan García Hortelano, con
Nuevas amistades; Ignacio Aldecoa (Con el viento solano); Jesús Fernández Santos, con Los bravos;
Carmen Martín Gaite con Entre visillos; Alfonso Grosso, con La zanja, entre otros. Otros autores tienen un
fuerte contenido ideológico: Armando López Salinas (La mina) y Jesús López Pacheco (Central eléctrica).




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Información del documento

Estudio
Bachillerato
Año escolar
2
Subido en
27 de agosto de 2025
Número de páginas
7
Escrito en
2024/2025
Tipo
Notas de lectura
Profesor(es)
Jesús daniel acosta morales
Contiene
Todas las clases
$13.29

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