11.3. El Franquismo: transformaciones sociales y económicas.
I.- Política económica del franquismo.
a) La autarquía (1939-59). Al finalizar la guerra civil se impulsó una política económica autárquica, es decir
intervencionista y de autosuficiencia. El Estado se convertía en un gran inversor y se fomentó la tendencia
al monopolio. En toda la década de los 40 se estuvo por debajo de los índices de renta y producción
anteriores a la guerra y se desató la inflación. La escasez obligó a las cartillas de racionamiento y se
desarrolló el mercado negro o estraperlo. Hubo un parón en el desarrollo industrial, iniciándose un proceso
de ruralización. La sociedad estaba empobrecida. Los únicos que obtuvieron beneficios en estos años
fueron los grandes terratenientes, a los que se devolvieron las tierras expropiadas durante la República. La
legislación proteccionista culminó en 1941 con la creación del Instituto Nacional de Industria (INI) que
pretendía impulsar la industrialización, pero faltaban materias primas y bienes de equipo.
En la década de los 50 hubo un progresivo abandono de la política autárquica. Las buenas cosechas de
comienzos de la década y la normalización de las relaciones exteriores permitieron suprimir el
racionamiento y disminuirá el intervencionismo. Además, la inflación y la amenaza seria de una recesión
económica hicieron necesario una progresiva liberalización de la economía.
b) De la autarquía al desarrollismo. (1959-73). La llegada al gobierno de los tecnócratas del Opus Dei
promovió una mayor integración en la economía internacional. España ingresó entre 1958 y 1959 en la
OECE, el FMI y el Banco Mundial. Los tecnócratas pusieron en práctica un Plan de Estabilización conforme
con las directrices del Banco Mundial y el FMI. Se liberalizó la economía, se recortó el gasto público, y se
facilitaron las inversiones extranjeras. Entre 1961 y 1973 la situación favorable de la economía capitalista a
nivel mundial, permitieron a EE. UU., el FMI y la banca privada, conceder a España importantes ayudas.
El gobierno aprobó a partir de 1962 el I Plan de Desarrollo (luego se darían dos más) Inspirados en la
planificación indicativa. Pretendían corregir los peores resultados del desarrollo económico, señalando las
direcciones de inversión preferentes y estimulando la iniciativa privada con ventajas fiscales y crediticias.
Se crearon Polos de desarrollo en siete ciudades (Burgos, Huelva, Vigo, A Coruña, Valladolid, Zaragoza y
Sevilla). No se alcanzaron todos los objetivos, y creció el desequilibrio entre regiones, ya que Galicia, las
dos Castillas, Aragón, Andalucía y Extremadura no lograron salir de su atraso; mientras que País Vasco,
Cataluña y Madrid, seguían a la cabeza de mayores ingresos por persona. Aun así, España tuvo en los años
sesenta una de las tasas de crecimiento más altas del mundo “milagro español”. La producción industrial
aumentó con una tasa anual del 10%. El sector que más destacó fue el del automóvil, sobre todo SEAT y
Renault, seguido del sector de electrodomésticos.
España debió importar bienes de equipo y tecnología, dando como resultado una balanza comercial
deficitaria. El déficit de la balanza de pagos se compensó con las divisas procedentes del turismo y de los
ahorros enviados por los emigrantes. Entre 1960 y 70 más de un millón de trabajadores españoles
emigraron sobre todo a Alemania y Francia. La inversión de capital extranjero, especialmente alemán y
estadounidense facilitó asimismo la compra de materias primas necesarias. Podemos destacar como
positivo: a) la renta per cápita aumentó en más del doble entre 1960 y 1970 y la tasa de crecimiento anual
solo fue superada en todo el mundo por Japón. b) se emprendió una modernización de todos los sectores
económicos, basada esencialmente en la incorporación de nuevas tecnologías (automóvil, sector metal...),
en el terciario destacó el turismo por la llegada de extranjeros a nuestras costas y en primario se mejoró el
rendimiento de la tierra notablemente.
No obstante, podemos señalar como negativo: a) se generaron grandes desequilibrios regionales entre
Madrid, Cataluña y País Vasco junto a los Nuevos Polos de Desarrollo, quedando el resto despoblado. b) se
optó por un modelo de crecimiento acelerado, que desaprovechaba en gran medida la mano de obra
disponible en el país, daba preferencia a la inversión en capital (maquinaria fundamentalmente) así se
amentaba la productividad a corto plazo de las empresas, pero no se generaba un aumento paralelo y
proporcional del empleo, provocando emigración al extranjero. c) además, la balanza comercial española,
seguía siendo deficitaria, en gran medida, porque más de la mitad del valor de las importaciones eran
productos caros pero imprescindibles (petróleo, materias primas industriales…) y esto provoca una mayor
dependencia de la economía europea (la inversión extranjera en ciertos sectores de la industria española;
La recepción de divisas que los emigrantes enviaban y la entrada masiva de divisas introducidas por el
turismo, que serán vitales para nuestra economía).
I.- Política económica del franquismo.
a) La autarquía (1939-59). Al finalizar la guerra civil se impulsó una política económica autárquica, es decir
intervencionista y de autosuficiencia. El Estado se convertía en un gran inversor y se fomentó la tendencia
al monopolio. En toda la década de los 40 se estuvo por debajo de los índices de renta y producción
anteriores a la guerra y se desató la inflación. La escasez obligó a las cartillas de racionamiento y se
desarrolló el mercado negro o estraperlo. Hubo un parón en el desarrollo industrial, iniciándose un proceso
de ruralización. La sociedad estaba empobrecida. Los únicos que obtuvieron beneficios en estos años
fueron los grandes terratenientes, a los que se devolvieron las tierras expropiadas durante la República. La
legislación proteccionista culminó en 1941 con la creación del Instituto Nacional de Industria (INI) que
pretendía impulsar la industrialización, pero faltaban materias primas y bienes de equipo.
En la década de los 50 hubo un progresivo abandono de la política autárquica. Las buenas cosechas de
comienzos de la década y la normalización de las relaciones exteriores permitieron suprimir el
racionamiento y disminuirá el intervencionismo. Además, la inflación y la amenaza seria de una recesión
económica hicieron necesario una progresiva liberalización de la economía.
b) De la autarquía al desarrollismo. (1959-73). La llegada al gobierno de los tecnócratas del Opus Dei
promovió una mayor integración en la economía internacional. España ingresó entre 1958 y 1959 en la
OECE, el FMI y el Banco Mundial. Los tecnócratas pusieron en práctica un Plan de Estabilización conforme
con las directrices del Banco Mundial y el FMI. Se liberalizó la economía, se recortó el gasto público, y se
facilitaron las inversiones extranjeras. Entre 1961 y 1973 la situación favorable de la economía capitalista a
nivel mundial, permitieron a EE. UU., el FMI y la banca privada, conceder a España importantes ayudas.
El gobierno aprobó a partir de 1962 el I Plan de Desarrollo (luego se darían dos más) Inspirados en la
planificación indicativa. Pretendían corregir los peores resultados del desarrollo económico, señalando las
direcciones de inversión preferentes y estimulando la iniciativa privada con ventajas fiscales y crediticias.
Se crearon Polos de desarrollo en siete ciudades (Burgos, Huelva, Vigo, A Coruña, Valladolid, Zaragoza y
Sevilla). No se alcanzaron todos los objetivos, y creció el desequilibrio entre regiones, ya que Galicia, las
dos Castillas, Aragón, Andalucía y Extremadura no lograron salir de su atraso; mientras que País Vasco,
Cataluña y Madrid, seguían a la cabeza de mayores ingresos por persona. Aun así, España tuvo en los años
sesenta una de las tasas de crecimiento más altas del mundo “milagro español”. La producción industrial
aumentó con una tasa anual del 10%. El sector que más destacó fue el del automóvil, sobre todo SEAT y
Renault, seguido del sector de electrodomésticos.
España debió importar bienes de equipo y tecnología, dando como resultado una balanza comercial
deficitaria. El déficit de la balanza de pagos se compensó con las divisas procedentes del turismo y de los
ahorros enviados por los emigrantes. Entre 1960 y 70 más de un millón de trabajadores españoles
emigraron sobre todo a Alemania y Francia. La inversión de capital extranjero, especialmente alemán y
estadounidense facilitó asimismo la compra de materias primas necesarias. Podemos destacar como
positivo: a) la renta per cápita aumentó en más del doble entre 1960 y 1970 y la tasa de crecimiento anual
solo fue superada en todo el mundo por Japón. b) se emprendió una modernización de todos los sectores
económicos, basada esencialmente en la incorporación de nuevas tecnologías (automóvil, sector metal...),
en el terciario destacó el turismo por la llegada de extranjeros a nuestras costas y en primario se mejoró el
rendimiento de la tierra notablemente.
No obstante, podemos señalar como negativo: a) se generaron grandes desequilibrios regionales entre
Madrid, Cataluña y País Vasco junto a los Nuevos Polos de Desarrollo, quedando el resto despoblado. b) se
optó por un modelo de crecimiento acelerado, que desaprovechaba en gran medida la mano de obra
disponible en el país, daba preferencia a la inversión en capital (maquinaria fundamentalmente) así se
amentaba la productividad a corto plazo de las empresas, pero no se generaba un aumento paralelo y
proporcional del empleo, provocando emigración al extranjero. c) además, la balanza comercial española,
seguía siendo deficitaria, en gran medida, porque más de la mitad del valor de las importaciones eran
productos caros pero imprescindibles (petróleo, materias primas industriales…) y esto provoca una mayor
dependencia de la economía europea (la inversión extranjera en ciertos sectores de la industria española;
La recepción de divisas que los emigrantes enviaban y la entrada masiva de divisas introducidas por el
turismo, que serán vitales para nuestra economía).