La sospecha, como método usado por Nietzsche para desenmascarar las
propuestas antivitales y antiterrenales del nihilismo del resentimiento,
encuentra su uso más fecundo en el análisis de la moral. Nietzsche se propuso
en este campo estudiar la genealogía de la moral judeo-cristiana, con la
finalidad de descubrir los impulsos, la voluntad de poder de la que brota la
forma judeo-cristiana de valorar. Es lo que hace fundamentalmente en su obra
La genealogía de la moral.
Nietzsche, como gran filólogo, acude a la etimología, para detectar el sentido
primigenio que tienen los términos "bueno" y "malo" en las lenguas más
antiguas. Según este autor, para los antiguos germanos y prácticamente para
todas las culturas primitivas, el término "bueno" es sinónimo de noble, fuerte,
poderoso, rico, pues la virtud es considerada la fuerza que impulsa a cada cual
hasta su cumbre más alta . Fueron, en efecto, los hombres superiores, quienes
se sintieron a sí mismos y a sus actos como buenos y consideraron "malo" todo
lo bajo, débil, vulgar y plebeyo, a saber, las conductas propias del pueblo, la
forma de vivir las castas inferiores. Fueron los nobles (en el sentido estamental)
quienes establecieron una primera contraposición entre su moral, la moral de
los señores y el resto, la moral de los esclavos. En el campo de la moral de los
señores estaba el noble, con su forma de vivir y de actuar y en el campo de la
moral de los esclavos estaban los sacerdotes, que eran antiguos señores,
desposeídos de sus bienes y fortuna, que movilizaron en contra de los nobles y
guerreros a todos los débiles, enfermos, fracasados, a la plebe.
En la mayor parte de las sociedades primitivas, la forma noble y aristocrática de
valorar se impuso sobre la forma sacerdotal. Sin embargo, en el pueblo judío,
un pueblo dominado por la casta sacerdotal, triunfó la forma sacerdotal,
consiguiendo implantar en todos los grupos su valores y normas. Los
sacerdotes movilizaron al pueblo contra los nobles y contra los pueblos vecinos
más fuertes y poderosos que el pueblo judío, movidos por el resentimiento, por
el deseo de revancha que suelen tener los fuertes contra los débiles. Este es el
impulso que dio origen a la forma judía de valorar, esta fue la voluntad de poder
subyacente a sus valores . Fueron los sacerdotes quienes realizaron la primera
inversión de los valores, en relación con los ideales de las sociedades
aristocrático-caballerescas.
Es en base a esta primera inversión como llegó a considerarse "buena" la
compasión, la renuncia, la enfermedad, la debilidad ("Bienaventurados los
pobres, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre,...", dice Jesús en el
Sermón de la Montaña). Contrariamente, se estimó "malo" el poder, la
fortaleza, la salud, la crueldad y el goce.
Pero al entender de Nietzsche, como ya hemos dicho, el suelo premoral del
que surge esta forma de valorar es un suelo de debilidad, de resentimiento del
débil con respecto al fuerte, pues los resentidos y vengativos reprochan como
moralmente mala la posesión de todo lo que ellos no tienen, estiman malos los
placeres que ellos serían incapaces de disfrutar. Ha sido la impotencia de un
pueblo de débiles la que ha dado origen a la forma judía de valorar. Pero ha
sido esta forma de valorar la que ha terminado por imponerse en toda la cultura
occidental a través del cristianismo, que heredó la normativa y valoraciones del
propuestas antivitales y antiterrenales del nihilismo del resentimiento,
encuentra su uso más fecundo en el análisis de la moral. Nietzsche se propuso
en este campo estudiar la genealogía de la moral judeo-cristiana, con la
finalidad de descubrir los impulsos, la voluntad de poder de la que brota la
forma judeo-cristiana de valorar. Es lo que hace fundamentalmente en su obra
La genealogía de la moral.
Nietzsche, como gran filólogo, acude a la etimología, para detectar el sentido
primigenio que tienen los términos "bueno" y "malo" en las lenguas más
antiguas. Según este autor, para los antiguos germanos y prácticamente para
todas las culturas primitivas, el término "bueno" es sinónimo de noble, fuerte,
poderoso, rico, pues la virtud es considerada la fuerza que impulsa a cada cual
hasta su cumbre más alta . Fueron, en efecto, los hombres superiores, quienes
se sintieron a sí mismos y a sus actos como buenos y consideraron "malo" todo
lo bajo, débil, vulgar y plebeyo, a saber, las conductas propias del pueblo, la
forma de vivir las castas inferiores. Fueron los nobles (en el sentido estamental)
quienes establecieron una primera contraposición entre su moral, la moral de
los señores y el resto, la moral de los esclavos. En el campo de la moral de los
señores estaba el noble, con su forma de vivir y de actuar y en el campo de la
moral de los esclavos estaban los sacerdotes, que eran antiguos señores,
desposeídos de sus bienes y fortuna, que movilizaron en contra de los nobles y
guerreros a todos los débiles, enfermos, fracasados, a la plebe.
En la mayor parte de las sociedades primitivas, la forma noble y aristocrática de
valorar se impuso sobre la forma sacerdotal. Sin embargo, en el pueblo judío,
un pueblo dominado por la casta sacerdotal, triunfó la forma sacerdotal,
consiguiendo implantar en todos los grupos su valores y normas. Los
sacerdotes movilizaron al pueblo contra los nobles y contra los pueblos vecinos
más fuertes y poderosos que el pueblo judío, movidos por el resentimiento, por
el deseo de revancha que suelen tener los fuertes contra los débiles. Este es el
impulso que dio origen a la forma judía de valorar, esta fue la voluntad de poder
subyacente a sus valores . Fueron los sacerdotes quienes realizaron la primera
inversión de los valores, en relación con los ideales de las sociedades
aristocrático-caballerescas.
Es en base a esta primera inversión como llegó a considerarse "buena" la
compasión, la renuncia, la enfermedad, la debilidad ("Bienaventurados los
pobres, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre,...", dice Jesús en el
Sermón de la Montaña). Contrariamente, se estimó "malo" el poder, la
fortaleza, la salud, la crueldad y el goce.
Pero al entender de Nietzsche, como ya hemos dicho, el suelo premoral del
que surge esta forma de valorar es un suelo de debilidad, de resentimiento del
débil con respecto al fuerte, pues los resentidos y vengativos reprochan como
moralmente mala la posesión de todo lo que ellos no tienen, estiman malos los
placeres que ellos serían incapaces de disfrutar. Ha sido la impotencia de un
pueblo de débiles la que ha dado origen a la forma judía de valorar. Pero ha
sido esta forma de valorar la que ha terminado por imponerse en toda la cultura
occidental a través del cristianismo, que heredó la normativa y valoraciones del