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TEMA 6: EL TEATRO ESPAÑOL DESDE 1936 (HASTA 1975)
Este periodo empieza con el fin de la Guerra Civil y el comienzo de la dictadura del general Francisco
Franco, y llega hasta la muerte de este, que da paso a una democracia que continúa hasta nuestros días.
El teatro en este periodo sigue la misma evolución que la poesía y narrativa: una tendencia oficial y
tradicional (en los cuarenta), frente a la que van surgiendo nuevas propuestas que buscan la denuncia de
las injusticias (teatro social), y el ansia de experimentación (finales de los 60). Fue quizás el género más
afectado, pues a la ausencia de los dramaturgos innovadores, que habían fallecido (Valle-Inclán, García
Lorca) o se encontraban exiliados, se añaden teatros destruidos, necesidades comerciales, y una censura
más difícil de sortear.
Con respecto al teatro del exilio, los autores presentan diversidad de tendencias, aunque se acercan a un
tema común: España, como paraíso perdido. Entre ellos destacan Alejandro Casona, La dama del alba;
Max Aub, El cerco; Rafael Alberti, El Adefesio.
En los años 40 hay dos corrientes: la comedia burguesa, defensora de los valores del régimen, y el teatro
humorístico, que busca la renovación con un humor más intelectual. La comedia burguesa plantea un
teatro de entretenimiento con temas como la fidelidad, la religión o la patria, y personajes planos
pertenecientes a la alta burguesía. Destacan José María Pemán, Cuando las Cortes de Cádiz; Luca de Tena,
¿Dónde vas, Alfonso XII?; y Jacinto Benavente, Los interese creados.
En el teatro de humor se encuentran intentos de renovación y crítica de la sociedad, basados en el
planteamiento de situaciones absurdas. Destaca Enrique Jardiel Poncela, que introdujo en sus obras de
“teatro de lo inverosímil” elementos imaginativos y absurdos: Eloísa está debajo de un almendro, Cuatro
corazones con freno y marcha atrás. El otro gran autor es Miguel Mihura, que destaca por su humor
inverosímil, su inconformismo ante las convenciones sociales y su lenguaje lleno de ingenio, que lo
convierten en un antecedente del teatro del absurdo: Tres sombreros de copa, Maribel y la extraña familia,
Ninette y un señor de Murcia.
A principios de los 50, Buero Vallejo y Alfonso Sastre inician el llamado teatro social. Estrenan obras que
intentan renovar la escena española con un teatro preocupado e inconformista. Sus temas son la injusticia
social, la explotación, la clase media y baja, los marginados. Los autores más importantes son:
Antonio Buero Vallejo. En sus obras defiende la verdad, la libertad, la justicia, empleando símbolos para
eludir la censura. Sus personajes son complejos, y utiliza técnicas novedosas como el “efecto de
inmersión”, a través de efectos de luz, sonido o tramoya. Sus obras más importantes son Historia de una
escalera, En la ardiente oscuridad, El concierto de San Ovidio, El tragaluz, El sueño de la razón, y La
fundación.
Alfonso Sastre. La finalidad de su teatro es la denuncia: Escuadrón hacia la muerte es una crítica feroz a la
guerra. Drama que denuncia las injusticias y el poder tiránico es Guillermo Tell tiene los ojos tristes.
Después escribió tragedias complejas, en las que se suprime el espacio entre el escenario y los
espectadores: La taberna fantástica. Sus obras siempre fueron censuradas y se representaban
clandestinamente.
Lauro Olmo. Pasa a la historia de nuestro teatro con su obra La camisa, que trata el tema de la emigración
para combatir la miseria, el paro, la marginalidad, etc.
El teatro comercial se sigue representando exitosamente. Además de Jardiel Poncela o Pemán, hay
jóvenes autores como Alfonso Paso, que comienza creando un teatro de intención social, aunque pronto
pasa a amoldar sus obras a los gustos del público burgués habituado a las representaciones amables, Los
pobrecitos; Antonio Gala empieza a gozar del favor del público con obras como Anillos para una dama.
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TEMA 6: EL TEATRO ESPAÑOL DESDE 1936 (HASTA 1975)
Este periodo empieza con el fin de la Guerra Civil y el comienzo de la dictadura del general Francisco
Franco, y llega hasta la muerte de este, que da paso a una democracia que continúa hasta nuestros días.
El teatro en este periodo sigue la misma evolución que la poesía y narrativa: una tendencia oficial y
tradicional (en los cuarenta), frente a la que van surgiendo nuevas propuestas que buscan la denuncia de
las injusticias (teatro social), y el ansia de experimentación (finales de los 60). Fue quizás el género más
afectado, pues a la ausencia de los dramaturgos innovadores, que habían fallecido (Valle-Inclán, García
Lorca) o se encontraban exiliados, se añaden teatros destruidos, necesidades comerciales, y una censura
más difícil de sortear.
Con respecto al teatro del exilio, los autores presentan diversidad de tendencias, aunque se acercan a un
tema común: España, como paraíso perdido. Entre ellos destacan Alejandro Casona, La dama del alba;
Max Aub, El cerco; Rafael Alberti, El Adefesio.
En los años 40 hay dos corrientes: la comedia burguesa, defensora de los valores del régimen, y el teatro
humorístico, que busca la renovación con un humor más intelectual. La comedia burguesa plantea un
teatro de entretenimiento con temas como la fidelidad, la religión o la patria, y personajes planos
pertenecientes a la alta burguesía. Destacan José María Pemán, Cuando las Cortes de Cádiz; Luca de Tena,
¿Dónde vas, Alfonso XII?; y Jacinto Benavente, Los interese creados.
En el teatro de humor se encuentran intentos de renovación y crítica de la sociedad, basados en el
planteamiento de situaciones absurdas. Destaca Enrique Jardiel Poncela, que introdujo en sus obras de
“teatro de lo inverosímil” elementos imaginativos y absurdos: Eloísa está debajo de un almendro, Cuatro
corazones con freno y marcha atrás. El otro gran autor es Miguel Mihura, que destaca por su humor
inverosímil, su inconformismo ante las convenciones sociales y su lenguaje lleno de ingenio, que lo
convierten en un antecedente del teatro del absurdo: Tres sombreros de copa, Maribel y la extraña familia,
Ninette y un señor de Murcia.
A principios de los 50, Buero Vallejo y Alfonso Sastre inician el llamado teatro social. Estrenan obras que
intentan renovar la escena española con un teatro preocupado e inconformista. Sus temas son la injusticia
social, la explotación, la clase media y baja, los marginados. Los autores más importantes son:
Antonio Buero Vallejo. En sus obras defiende la verdad, la libertad, la justicia, empleando símbolos para
eludir la censura. Sus personajes son complejos, y utiliza técnicas novedosas como el “efecto de
inmersión”, a través de efectos de luz, sonido o tramoya. Sus obras más importantes son Historia de una
escalera, En la ardiente oscuridad, El concierto de San Ovidio, El tragaluz, El sueño de la razón, y La
fundación.
Alfonso Sastre. La finalidad de su teatro es la denuncia: Escuadrón hacia la muerte es una crítica feroz a la
guerra. Drama que denuncia las injusticias y el poder tiránico es Guillermo Tell tiene los ojos tristes.
Después escribió tragedias complejas, en las que se suprime el espacio entre el escenario y los
espectadores: La taberna fantástica. Sus obras siempre fueron censuradas y se representaban
clandestinamente.
Lauro Olmo. Pasa a la historia de nuestro teatro con su obra La camisa, que trata el tema de la emigración
para combatir la miseria, el paro, la marginalidad, etc.
El teatro comercial se sigue representando exitosamente. Además de Jardiel Poncela o Pemán, hay
jóvenes autores como Alfonso Paso, que comienza creando un teatro de intención social, aunque pronto
pasa a amoldar sus obras a los gustos del público burgués habituado a las representaciones amables, Los
pobrecitos; Antonio Gala empieza a gozar del favor del público con obras como Anillos para una dama.
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